24 de septiembre de 2021

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Los desafíos que deja la pandemia

por Gabriel E. Levy

La brecha digital ha estado presente durante todo el desarrollo de las denominadas tecnologías de la información y de la comunicación (TIC). Sin embargo, la aparición de una inesperada pandemia puso en evidencia el impacto tan significativo que genera en la economía, la sociedad y la cultura, especialmente en Latinoamérica.

 

[ ILUSTRACIÓN: JUÁREZ CASANOVA ]

 

La brecha digital como fenómeno no es atribuible a la pandemia causada por el coronavirus. Su génesis se remonta a la evolución misma de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) y una historia cargada de asimetrías en su proceso de implementación y apropiación alrededor del mundo. Un triste relato cargado de desigualdades sociales, culturales, económicas y tecnológicas, en el que los ciudadanos del primer mundo han tenido un acceso privilegiado a los desarrollos derivados de la innovación en el campo de las comunicaciones, mientras que los habitantes de los países del denominado tercer mundo han quedado rezagados en el acceso y apropiación de estas tecnologías.

Si bien la pandemia no es la responsable de este fenómeno, su repentina e inesperada aparición puso en evidencia la gravedad, magnitud e impacto de la brecha digital, especialmente en América Latina, donde millones de personas se quedaron desconectadas durante meses de las cadenas productivas, educativas, de salud e información por falta de tecnología, conectividad, conocimiento y recursos. Mientras, otra parte de la población, más pudiente y con mayores recursos, continuó con sus vidas casi de forma normal aún en el contexto de un confinamiento prolongado y extensivo.
La brecha digital, gracias a la pandemia, dejó de ser simplemente un tema de estudio relevante para los académicos y se convirtió en una dura realidad social que amenaza con aumentar exponencialmente la abrumadora desigualdad social existente en toda América Latina.

Entender el fenómeno

El autor Benjamin M. Compaine, en el libro The Digital Divide (La brecha digital)1, afirma que el concepto de “brecha digital” se refiere a la división percibida “entre aquellos que tienen acceso a las tecnologías de la información y la comunicación contemporáneas y aquellos que no”. Es por lo anterior, que las personas que no poseen el acceso a la Red terminan experimentando una significativa desventaja en el plano económico, social, cultural y hasta recreativo con respecto a los demás ciudadanos que disfrutan de este servicio, poniéndose en evidencia que esta marcada diferencia se da principalmente entre los contextos urbanos y rurales.

Probablemente, el mejor indicador para medir la brecha digital sea la falta de acceso a Internet, ya sea por la ausencia de conectividad, la mala calidad o por el natural desconocimiento en su uso —el factor denominado apropiación—, siendo estos tipos de indicadores, posiblemente, los más mencionados y estudiados en las investigaciones de tipo académico, al igual que en los informes gubernamentales, las encuestas privadas y los datos que proveen las empresas de telecomunicaciones.

La pandemia hizo que la brecha digital dejara de ser un tema de estudio y se convirtió en una dura realidad social que amenaza con aumentar exponencialmente la desigualdad social en América Latina

Para comprender el impacto del fenómeno de la brecha digital, resulta de mucha utilidad el informe Datareportal: We Are Social2 presentado en 2020, resultado del asocio entre Statista, Globalwebindex, GSMA y Hootsuite. Señala que 4.500 millones de personas tienen acceso a Internet globalmente, lo que constituye un 59 por ciento de la población mundial, con un factor de proporción equivalente a un 59/41, es decir, que alrededor de 3.200 millones de personas no tienen acceso a Internet en el planeta.

El estudio igualmente afirma que los indicadores más altos se los lleva Europa, con una relación 90/10, aunque si se reduce la muestra exclusivamente a Europa Occidental la cifra es de 93/7.

Para muchas personas utilizar Zoom, Meet o Teams se convirtió en parte de su vida cotidiana. Gracias a estas sencillas herramientas, los ciudadanos que habitan las grandes urbes evitaron que el confinamiento interrumpiera los negocios, el estudio, el trabajo e, incluso, la asistencia sanitaria, permitiéndoles desde la virtualidad mantener su ritmo de vida. Sin embargo, para muchas otras personas menos privilegiadas, estas herramientas son desconocidas y el acceso a Internet es un lujo que no pueden costearse.

La inesperada llegada de la pandemia COVID-19 convirtió a Internet en un recurso indispensable, que permitió que los humanos continuaran de forma relativamente normal con muchos aspectos de la vida cotidiana moderna, ya fuera el trabajo, el estudio o la comunicación misma con amigos. Las personas carentes de este recurso simplemente terminaron encerradas en sus casas y totalmente aisladas del resto de la humanidad, lo que a su vez convirtió a la denominada brecha digital, que hasta ahora solo parecía una fría estadística, en una realidad palpable, en donde millones de personas se quedaron, de un día para otro, sin acceso al trabajo, a las comunicaciones, a la salud, pero sobre todo a la educación.

 

 

Según informes presentados por Naciones Unidas, 1.200 millones de niños en todo el mundo se quedaron durante el período de confinamiento sin poder ir a la escuela debido a la pandemia3.

En Ecuador, apenas el 37 por ciento de las familias tiene acceso a Internet, lo que significa que seis de cada diez niños no pueden estudiar, según UNICEF; más de un millón de niños y adolescentes solo en la zona del litoral de este país no puede conectarse a los contenidos educativos digitales y muchos deben recorrer grandes distancias o pedir Internet prestado, un fenómeno que es cada vez más frecuente en la nación Andina4.

En Argentina, según el informe Desigualdades sociales en tiempos de pandemia del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), el déficit de acceso a la información en la infancia y adolescencia evidenció que el 48,7 por ciento no tiene computadora en sus casas y el 47,1 por ciento no tiene acceso a Internet5.

Políticas públicas

Con excepción de Uruguay, Chile y, en algunos aspectos, Colombia, las políticas públicas en materia de conectividad en América Latina han sido débiles e insuficientes, los gobiernos parecieran no entender la magnitud de la situación, condenando a sus pueblos al rezago tecnológico y la falta de acceso a la sociedad de la información, un fenómeno que no solo terminará impactando en el componente social, sino que, más temprano que tarde, perjudicará a toda la cadena productiva y el Producto Interno Bruto (PIB).

Se requieren con urgencia colosales inversiones en conectividad, en infraestructura, pero, sobre todo, en formación y apropiación de las TIC.

Cerrar la brecha digital no es un asunto que competa exclusivamente a los gobiernos

Un reciente informe publicado por el Banco Mundial denominado Efecto viral: COVID-19 y la transformación acelerada del empleo en América Latina y el Caribe6 ha sido muy enfático en referirse a la importancia que tiene aumentar la cobertura y las reales posibilidades de acceso a Internet por parte de todos los ciudadanos, especialmente aquellos que habitan en el tercer mundo, en particular en entornos laborales, dejando claro que este es un factor determinante para el crecimiento económico a nivel global, resaltando que la significativa brecha digital en América Latina, en lugar de promover la igualdad, tiende a exacerbar las inequidades y, por consiguiente, se convierte en un lastre para el desarrollo económico. “Cerrar esa brecha, promover la creación de capital humano y abrir oportunidades en el mercado laboral del futuro a la enorme masa de trabajadores que hoy integran la economía informal, fuertemente golpeada por la pandemia, son desafíos impostergables para garantizar el desarrollo y crecimiento económico en toda la región”7. La brecha digital no es un asunto que competa exclusivamente a los gobiernos, sino que debe ser una responsabilidad compartida por todos los agentes de la sociedad, incorporando la voluntad y compromiso de organismos multilaterales, empresa privada, sociedad civil y por supuesto de los gobiernos.

 

Notas

 1The Digital Divide: Facing a Crisis Or Creating a Myth?, Benjamin M. Compaine, MIT Press.

 2Disponible en: https://datareportal.com/reports/digital-2020-global-digital-overview

 3Artículo periodístico de New Herald sobre el impacto de la pandemia. Disponible en: https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/andres-oppenheimer-es/article243828227.html

 4Nota de prensa sobre la situación de la brecha digital durante la pandemia. Disponible en: https://lahora.com.ec/esmeraldas/noticia/1102321527/trabajar-y-estudiar-con-internet-prestado-la-nueva-normalidad-

 5Nota periodística sobre la situación de la pandemia en Argentina. Disponible en: https://www.ambito.com/opiniones/alumnos/covid-19-visibilizo-brecha-educacion-publica-y-privada-n5111353

 6Informe del Banco Mundial: Efecto viral de COVID-19. Disponible en: https://openknowledge.worldbank.org/bitstream/handle/10986/34413/211448SP.pdf

 7Idem.

Bibliografía

Beylis, G. y otros (2020): Efecto viral COVID-19 y la transformación acelerada del empleo en América Latina y el Caribe. Washington D. C., Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundical. Disponible en: https://openknowledge.worldbank.org/bitstream/handle/10986/34413/211448SP.pdf
Castaño, C. “La segunda brecha digital” en Feminismos, Volumen 95. 2008. Ediciones Cátedra.
Compaine, B.M. (2001): The Digital Divide: Facing a Crisis Or Creating a Myth? Cambridge, MIT Press Sourcebooks.
Flores Simental, R. (2008): ¿Qué es la brecha digital?: una introducción al nuevo rostro de la desigualdad. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Cuerpo Académico-Globalización, Ciudadanía y Democracia.
Kemp, S. (2020): Digital 2020 Global Overview Report. Hootsuite y We Are Social. Disponible en: https://datareportal.com/reports/digital-2020-global-digital-overview
Serrano Santoyo, A. y Martínez Martínez, E. (2003): La brecha digital: mitos y realidades. Mexicali, UABC.

Artículo publicado en la revista Telos 117


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Gabriel E. Levy

Académico, asesor y consultor en temas de transformación digital, posee más de veinte años de experiencia en el sector privado y público.


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