8 de enero de 2020

E

El cíborg transhumanista y feminista

por Carlos Colina

La integración del ser humano y la máquina digital es revisada a partir de dos movimientos importantes de la posmodernidad: el transhumanismo y el ciberfeminismo. Con el cíborg poshumano y el cíborg feminista pretendemos dar cuenta de mutaciones sin precedentes en el sistema comunicativo.

 

[ ILUSTRACIÓN: MARÍA LUSIA CEJUDO ]

 

El cíborg transhumanista resulta de la integración del ser humano con la máquina o de la modificación de nuestros genes en la línea germinal, con el objetivo último de transformar nuestra especie en una dirección tecnocientífica, hacia una ontología poshumana. La supuesta caducidad de nuestro cuerpo demandaría un ciber organismo potenciado mecánicamente y rediseñado genéticamente, con el objeto de incrementar la inteligencia, la memoria, la salud física y la fuerza.

“El transhumanismo está inspirado en los trabajos especulativos de científicos e ingenieros provenientes en buena parte del campo de la inteligencia artificial y de la robótica (Eduard Fredkin, Robert Jastrow, Marvin Minsky, Hans Moravec, Raymond Kurzweil)” (Dieguez, 2018). En suma, es un tipo de antropotécnica, definida por el filósofo Peter Sloterdijk como toda clase de ejercicio que tienda a moldear el ser humano (Rodríguez, 2018).

El transhumanismo nos ofrece la superación del envejecimiento y liberarnos de las limitaciones fisiológicas y hasta de la propia muerte. Algunos lo catalogan como un proyecto de salvación laica. De hecho, Zoltan Istvan, creador del Partido Transhumanista en Estados Unidos, utiliza la palabra “evangelización” para significar la buena nueva del papel mesiánico que adquirirá la ciencia y la tecnología en un mundo poshumano.

Stephen Lilley establece tres tipos ideales de transhumanismo: cósmico, personal y civitas (Rodríguez, 2018). El primero tiene como meta la expansión del ser humano por todo el cosmos y como representante conspicuo a Ray Kurzweil y su ley de rendimientos acelerados. El segundo, parte de la premisa de que cada persona tiene el derecho a buscar su felicidad y a ser libre, por ende, a modificarse a sí misma. El tercero, el más sugestivo de todos, entiende el transhumanismo como un bien común y, por lo tanto, propende a su democratización, regulando el uso de las “biomejoras” y minimizando los posibles daños por inequidad de acceso. Como movimiento cultural, filosófico y político, el transhumanismo cuenta con organizaciones internacionales y con un renovado activismo político.

Hemos de admitir que la técnica es constitutiva del ser humano. Somos también seres tecnológicos

Podríamos decir que el cíborg transhumanista sigue a pie juntillas el imperativo tecnológico, la performatividad generalizada lyotardiana1 y la lógica de la racionalidad instrumental; una de las múltiples lógicas que atraviesan las sociedades occidentales. Uno de sus conceptos neurálgicos es el de mejora, a partir del cual se podrían formular un sinnúmero de interrogantes, imposibles de desarrollar aquí: ¿mejora de qué rasgos? ¿Por qué? ¿Cuáles son los criterios para establecer qué es beneficioso? ¿Quiénes deciden qué se mejora? ¿A partir de qué visión se conciben las limitaciones?

Un horizonte promisorio lo encontramos en las “biomejoras” y prótesis médicas que vislumbran la maravillosa posibilidad de superar el concepto de discapacidad. No obstante, reaparece el problema del acceso: ¿quiénes podrán costearse las mejoras? De hecho, actualmente, solo una ínfima minoría de los candidatos a implantes cocleares han podido sufragar el procedimiento.

La denominada mejora humana se busca fundamentalmente mediante la ciencia aplicada y las altas tecnologías, a saber: IA, robótica, biotecnología, biología sintética y nanotecnología. Al lado de la categoría de enhancement (mejoramiento), los autores críticos del llamado inhumanismo, resaltan el lugar de la noción de embodiment (encarnación, personificación, incorporación) para significar alteraciones que no son exclusivamente físicas y corporales sino que alcanzan otros elementos de la personalidad.

 

 

Lejos ya de cualquier postura romántica o de cierta ingenuidad falsamente humanista, hemos de admitir que la técnica es constitutiva del ser humano. No obstante, como “centauros tecnológicos” (Ortega y Gasset, 1997), nuestro com- ponente natural no puede ser degradado como un mero apéndice de nuestra sobrenaturaleza, aún admitiendo que la misma naturaleza humana, evidentemente, no ha sido inmutable.

Un criterio biotecnoético se impone para rescatar las nociones de autonomía, dignidad y equidad. Inclusive, más allá de los derechos humanos, todavía muy antropocéntricos, habría que rescatar también los derechos de los seres vivos y del ecosistema. La biotecnoética incluye no solo la noción de límite, sino de responsabilidad efectiva y práctica ante toda forma de vida en el planeta. ¿Tenemos derecho a dirigir la evolución de nuestra especie y de las otras especies de manera artificial?

La admisibilidad de los bio-org y de las mejoras a los animales también debería ser una cuestión sometida al debate ético y moral. La eugenesia y selección artificial de sí mismo y de los demás seres sintientes nos coloca en una suerte de antropocentrismo teológico donde ahora nosotros somos los dioses (Rodríguez, 2018).

Los excesos de la sociedad de consumo y del industrialismo se relacionan con el cambio climático y todo nos hace pensar que es hora de conciliarnos con la naturaleza, aún más allá de la imprescindible transición energética. Si bien somos también seres tecnológicos, creadores y conformados simultáneamente por la técnica y con una vocación tecnológica com- probada, no es pertinente sustituir el esencialismo biologicista por un esencialismo tecnocrático. Desde la segunda mitad del siglo XX, sectores académicos visionarios habían definido ya al ser humano como una totalidad bio-psico-sociológica.

La versión transhumanista fuerte habla de la obligatoriedad de las mejoras que nos beneficien. Existe una versión más moderada que indica su plausibilidad moral pero no de su obligatoriedad. De momento, pensamos que la superación de la discapacidad nos indica excelente el uso de la biotecnología. La naturaleza es sabia pero parece no haber estado exenta de errores. Por otra parte, la mejora de la capacidad natural cuando la persona no tiene ninguna discapacidad es un terreno harto posible, al parecer ineluctable, pero controvertible. En líneas generales, se amerita un debate profundo. El peligro de una divisoria entre los superhumanos ricos y los subhumanos pobres es solo una posibilidad entre múltiples oportunidades y riesgos.

Equidad de género

Para el ciberfeminismo, el cíborgismo no será simple objeto laudatorio del desarrollo tecnocrático y médico, sino punto de partida para relanzar y repotenciar nuevas subjetividades hic et nunc (aquí y ahora). No es escatológico como el cíborgismo transhumanista. Más allá de mejoras que parten de una racionalidad instrumental o de las necesidades ortopédicas, la meta política de este tipo de activismo tiende al logro de objetivos relacionados con la equidad de género y el reconocimiento de la diversidad afectivo-sexual. En esta tendencia se entremezclan metas políticas, planteamientos teóricos, activismo y body art.

A pesar de cierto feminismo panfletario y simplificador, como necesaria e innecesaria expresión cotidiana de muchos activismos políticos, el feminismo teórico y cierto activismo de alto nivel académico han contribuido y enriquecido profundamente las rupturas epistemológicas del otrora denominado paradigma emergente de la ciencia. El movimiento feminista en su integridad ha coadyuvado, evidentemente, al socavamiento del sujeto tradicional definido por el patriarcado. Este último ha sido progresivamente descentrado. El feminismo posmoderno rompió con la sinonimia entre ser humano y hombre, amplificó los derechos y denunció el sexismo y el heterosexismo. Dicho sea de paso, en los últimos tiempos, el movimiento animalista ha combatido el especismo.

El teléfono inteligente está más adherido al cuerpo que muchos de nuestros miembros biológicos

El ciberfeminismo coloca a las TIC al servicio de la lucha política por la igualdad de género y la deconstrucción del sistema patriarcal y falocéntrico. De lo que se trata es de reapropiarse y resignificar las TIC para/por/desde las mujeres. De la mano de la figura del cíborg, el ciberfeminismo ha planteado el surgimiento de nuevas subjetividades y ha coadyuvado a su configuración. De hecho, la imagen del cíborg participa en la construcción y reconstrucción de nuevas subjetividades. Estamos hablando de un cíborg real, cotidiano, ciberciudadano, pero también metafórico.

El planteamiento pionero y central de la cíborgización se traduce en el manido y lúcido lema de Donna Haraway: “prefiero ser una cíborg que una Diosa”. La imaginería del cíborg es utilizada para de- construir distintos binarismos y no solo el de género. De esta manera, se contribuye al desdibujamiento de los límites entre lo biológico y lo cultural, entre organismo vivo y artefacto muerto, entre el sujeto y el objeto. La alianza entre el feminismo y la teoría queer resulta fructífera. Ahora bien, la sugestiva, creativa y perspicaz propuesta de Haraway no ha sido total- mente consensual en el feminismo. Por otra parte, la representación social corriente de los cíborgs no parece corresponderse con aquella que es compartida por los colectivos de feministas.

Para Beatriz Preciado (2008), desde hace tiempo, presenciamos nuevos dispositivos protésicos del control de la subjetividad que emplean técnicas biomoleculares, mediáticas y digitales. Nuestros estados anímicos, deseos, sexualidad y afectos están influenciados cada vez más por sustancias químicas moleculares. Entre las subjetividades tóxico-pornográfi- cas de la contemporaneidad estarían los sujetos prozac, sujetos silicona, sujetos alcohol, sujetos viagra, sujetos rivotril, sujetos triterapia, entre otros. De hecho, la emergencia y consolidación del tecno- cuerpo es irreversible. Es una entidad tecnoviva que genera la implosión del sujeto y el objeto, de lo natural y lo artificial. A través de aplicaciones móviles para la edición de selfies como Facetune nos encontramos ahora ante la cíborgización de la imagen de nuestros propios rostros, en una intensificación del narcisismo identificado por varios autores posmodernos.

Según Preciado, el género es siempre tecnogénero y ha sido fabricado exitosamente por la industria farmacéutica y pornográfica a finales del siglo XX. Es decir, la incorporación protésica es central en esta teoría del género. Ahora bien, los polos industriales citados funcionan más en oposición que en convergencia. A la manera butleriana no estaríamos ni ante un régimen disciplinario pero tampoco ante un régimen soberano. De alguna manera, las tecnologías fallan y se generan discontinuidades y rupturas. En esta línea de ideas, en el cuerpo, como en cualquier espacio en donde se despliega el poder, hay un campo de transacciones, reapropiaciones, resistencias y goce.

Cíborg feminista

En todo caso, la ciberciudadanía ha roto con el dualismo que ha pretendido reinstaurarse entre la identidad física y la identidad online. Las mediaciones digitales son simultáneamente espacios de producción y reproducción de las identidades. La mujer cíborg deja muy atrás la pasividad del receptor de la comunicación clásica para enmarcar y reenmarcar la realidad y generar textos de singular valor. Además, más allá del plano semántico, su incursión se produce en una prágmática de la comunicación que pretende efectos societales.

El cíborg feminista es un proyecto emancipador del cuerpo biológico, y por ende, hereda las limitaciones del concepto utópico de emancipación. La ola celebratoria de emancipación cíborgiana elude las nuevas diferencias que podrían erigirse en el futuro entre los individuos intervenidos y los bioindividuos.

Los cíborgs crean la ilusión de un futuro más allá de la carne y, por lo tanto, más libre. No obstante, la ruptura de la dicotomía natural/tecnológico y la decantación por el segundo polo, tiene el riesgo de un especismo de nuevo tipo que requerirá de nuevas exigencias de ajuste democrático. La diferencia nos constituye y nos seguirá constituyendo, al igual que la exigencia de equidad. La paradoja antropológica de la igualdad y la diferencia resurge otra vez.

Con el cíborg, nos encontramos ante la imbricación y solapamiento delos componentes y funciones del sistema de la comunicación. Si el cíborg establece una relación comunicativa no lo hace como un simple emisor; en él se imbrica el emisor, el canal o medio inteligente que simultáneamente emite y recibe mensajes para acometer una acción específica. El emisor, el medio y el receptor se amalgaman para transformarnos en un sujeto-medio que solo ve desde y para la pantalla, de cara a la difusión en las redes sociales. De esta manera, se intensifica la realidad del usuario corriente del teléfono móvil celular y del asistente digital.

El teléfono inteligente está más adherido al cuerpo que muchos de nuestros miembros biológicos. Nunca hubo tantos fotógrafos, cineastas y videoastas como ahora. Se estima que en 2018 los usuarios de móviles tomaron la enorme cantidad de 1.2 trillones de fotos (Rubin,2019). El evento cotidiano pasa a tener más validez extrínseca que intrínseca; solo sirve para su puesta en escena en un modesto espectáculo o en uno grande, si se torna viral. Paulatinamente, se naturaliza el corte visual del encuadre inicial o editado. Por otra parte, las prótesis biónicas no hacen sino evidenciar el carácter performativo de las nuevas modalidades comunicativas, donde decir, emitir y hacer son la misma cosa. En el cíborg encontramos condensadas todas las funciones del sistema comunicativo, que ya no pueden ser asignadas a sendos componentes separados. El individuo y su prótesis robótica establecen una suerte de comunicación intrapersonal en la que se coloca en continuo intercambio de mensajes con y a través de su implantación digital.

Un criterio biotecnoético se impone para rescatar las nociones de autonomía, dignidad y equidad

El emisor no es ahora el portador de un lenguaje natural que siempre deberá ser traducido al lenguaje analógico o electrónico. Además de su lenguaje natural, ha incorporado el código digital como lenguaje propio. Además de las TIC
y de las redes sociales como intermediadoras digitales hemos pasado también a la intramediación o incorporación de las tecnologías en los cuerpos y su hibridación. Con la Internet de las cosas de las ciudades inteligentes, la intermediación e intramediación se entretejen en una red infinita. Nos encontramos con el cuerpo interfásico e interconectado que propone el artista Sterlac. La realidad virtual y aumentada y las nuevas prótesis nos hablan del surgimiento de un radical nuevo sensorium que transforma los planteamientos benjaminianos en algo simplemente metafórico y anacrónico.

Por otra parte, si el ser humano construye su entorno, como todo organismo con su respectivo sistema sensorial y si esté es cada vez más tecnológico, la política tecnológica debería tender a la visibilización del amplio componente natural, en el macrocosmos y en el microcosmos. El entorno no puede reducirse ni a una “ecología mediática” centrada en medios e instrumentos digitales ni al contexto construido y por construir por el Homo faber. Los distintos niveles del umwelt también se han hibridado. Además de los drones, las nubes siempre estarán allí, al menos eso esperamos.

Paradójicamente, la ontología cíborg nos obliga a reconocer el papel de la biología y a escudriñar en el funcionamiento
de nuestro cuerpo biológico, que ahora intercambiará información con los dispositivos digitales. El cíborg implica intercambio de información entre el resto de nuestro cuerpo biológico y las prótesis inteligentes. En su diseño, han cumplido un papel crucial la biotecnología y la biónica. Además de la intervención del paradigma de la complejidad, con las innovaciones tecnológicas se evidencia el descentramiento del sujeto de la comunicación que siempre había incluido entre sus actores a los organismos vivos pero que cierto antropologismo había negado. Desde un punto de vista ciudadano podríamos asumir un biocentrismo ecologista, pero a partir de un diagnóstico fáctico no podemos sino ver una sociedad cuyos procesos comunicativos están caracterizados por el descentramiento entre distintos actores, a saber: biohumanos, cíborg, IA, animales no humanos.

Los procesos semióticos están presentes desde la constitución de la vida misma en el planeta. En algún momento, cabría profundizar en la biosemiótica, como disciplina que ha identificado la competencia interpretativa y comunicativa de los sistemas vivos, tanto en un plano exosemiótico —entre organismos— como endosemiótico —dentro de los organismos—.

La ciencia delos signos delos sistemas vivos postula la cualidad natural-cultural del signo y, por tanto, la semiotización de la naturaleza. De esta manera, la semiótica logra romper con el antropocentrismo y con sus fronteras tradicionales; sin dejar de considerar los diferentes grados de complejidad alcanzados por los distintos organismos hasta llegar al ser humano. La idea es que el Homo sapiens demens abrace y acoja una biotecnoética, en el marco de una política tecnológica que reintegre la larga tradición académica de los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad y de la Filosofía de la tecnología.

Notas

 1En referencia al filósofo francés Jean-François Lyotard.

Bibliografía

Aguilar, W. y Brito, L (2017). “El cuerpo, entre la mirada antropológica y la tecnológica” en Revista Universitas No.
26. Enero-Junio 2017. Disponible en: https://revistas.ups.edu.ec/index.php/universitas/article/view/26.2017.08

Barei, S. y Gómez, A. (2018). Lecciones sobre la cultura y las formas de vida. Encuentro Córdoba-Tartu. Córdoba: Centro de Estudios Avanzados. Universidad Nacional de Córdova. Disponible en: https://rdu.unc.edu.ar/bitstream/ handle/11086/6455/Encuentro%20C%C3%B3rdoba%20Tartu.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Colina, C. (2011). Arcoíris Mediático. Comunicación, género y disidencia sexual. Madrid, Fragua.

Cuervo, M. (2017). “De Prometeo al Ciberprometeo “en Revista Nexus Comunicación. Universidad del Valle. pp. 188-
223. Disponible en: http://nexus.univalle.edu.co/index.php/nexus/article/view/1841/1946

Dieguez, A. (2017). “Transhumanismo. Propuesta y límites” en Revista Telos 108. Disponible en: https://telos. fundaciontelefonica.com/la-integracion-del-hombre-con-la-maquina-transhumanismo-propuestas-y-limites/ Dieguez, A.

(2013). “Biología sintética, transhumanismo y ciencia bien ordenada”. Revista Viento Sur No. 131. pp.71-
80. Disponible en: https://vientosur.info/IMG/pdf/VS131_A_Dieguez_Biologia_sintetica_ciencia_ordenada.pdf

Hernández, JM; De Maya, B. et al (2016). “Los usos posthumanistas de la biotecnología: De la manipulación genética al cíborg” en Revista Nuevas Tendencias en Antropología No. 7. pp. 213-228. Disponible en: https://dialnet. unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5779186

Ortega y Gasset, J. (1997). Meditación de la Técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Madrid, Alianza.

Preciado, B. (2008). Testo Yonqui. Madrid, Espasa.

Rodríguez, M. (2018). Zoltan Istvan y el Partido Transhumanista. Política y transhumanismo en el siglo XXI. Tesis de Maestría en Sociología. Universidad de Puerto Rico. Disponible en: https://osf.io/preprints/socarxiv/r6qsz/

Rubin, P. (2019). “Tech Effects: How photography impact you” en Wired, Science. Videoreport.

Velázquez, H. (2017). ”¿Es la naturaleza humana modificable mediante la biotecnología? Transhumanismo del perfeccionamiento ético al «enhacement»” en Revista de Filosofía Naturaleza y Libertad. Vol. 10. No. 1. Disponible en: http://www.revistas.uma.es/index.php/naturaleza-y-libertad/article/view/3677

Artículo publicado en la revista Telos 112


Ir al número ...


Carlos Colina

Sociólogo y comunicólogo de la Universidad Central de Venezuela. Catedrático de Teoría de la Comunicación. Ha publicado 19 libros en el área de la comunicación social, cultura y TIC, en calidad de autor (4), compilador (7) y coautor (8). Premio Nacional del libro 2003 y 2005.


Comentarios

Artículos relacionados