10 de julio de 2019

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El sueño del cíborg

por Javier Méndez

La literatura, la ciencia y las nuevas narraciones tecnológicas intentan dar una respuesta al sueño de trascendencia o inmortalidad del ser humano en una época en la que domina el nihilismo y que la filósofa Hannah Arendt denominó “tiempos de oscuridad”.

 

[ ILUSTRACIÓN: SANDRA RILOVA ]

 

El problema al que nos enfrentamos, respecto a las posibilidades que la tecnociencia ofrece al hombre, no es nuevo sino que viene incrustado en el mismo proceso de la modernización. ¿Cuándo empezó el mundo a ser considerado como una máquina que podía ser conocida y puesta a disposición de la voluntad humana? Como dice Ortega en su Meditación sobre la técnica, la mecanización del mundo empezó en el 1600. El mundo tecnificado y tecnológico de hoy enlaza con Galileo, Descartes, Huygens y los científicos que les siguieron, que empezaron a poner las bases de la interpretación mecánica del universo: “El mundo, como puro mecanismo, es la máquina de las máquinas”. Desde entonces, la mecanización no ha parado de extenderse hasta nuestros días.

La modernidad significó la preponderancia de la vida activa, del Homo faber, sobre la contemplativa. El mundo no es como aparece ante los sentidos sino que tiene que ser construido por la mente humana como un descubrimiento de la verdad. Desde la tradición idea- lista de la verdad, dentro de nosotros cobra más importancia el objeto que el sujeto, pero en la medida en que ese objeto es construido por un sujeto que no puede ser mecanizado. La palabra clave de la modernidad, entendida como proceso, como época que todavía no ha acabado, es el cambio.

De esta manera el cuerpo se objetiviza. No nos encontramos solo con una objetivización del mundo exterior, que admitía su mecanización y matematización por lo que podía ser explicado y utilizado para los distintos fines humanos, sino que ahora es el mismo cuerpo humano el que es objeto de esa mecanización de la que había estado ausente o, mejor dicho, apenas era rozado por la técnica en su superficie.

Es así como apareció la mente y con ella el ideal del autómata. Sujeto y objeto fueron separados, cada uno de ellos se rodearon de un dominio exclusivo, manteniendo una relación polémica y constante durante toda la historia del pensamiento hasta lo que Charles Percy Snow, en 1959, llamó en su libro Las dos culturas, y que marca el inicio de la discusión entre ciencia y literatura que actualmente podemos, sin lugar a dudas, ampliar al mundo del cine y el videojuego. Discusión que muchos pensarán que no es nueva. Mary Shelley, en 1818, publicó Frankenstein o el moderno Prometeo despertando los peligros de la ciencia sobre el cuerpo humano y más cuando esa aplicación, que hoy es no solo científica sino también tecnológica, intenta dar respuesta a las más secretas aspiraciones del hombre.

Parece que nos enfrentamos a lo que muchos filósofos y científicos llaman la nueva frontera humana, el nacimiento de una nueva singularidad, un nuevo hombre, el poshumano o transhumano, el cíborg, el replicante o, en palabras de Javier Echeverría, la tecnopersona, que se refiere a la transformación de las personas, mediante la inteligencia artificial, las tecnologías de la información y de la comunicación, las biotecnologías y las nanotecnologías, en un nuevo ser, una nueva modalidad de especie humana que superaría a lo que entendemos por humanidad.

Transhumanismo

El poshumanismo o transhumanismo sería entonces la fase que deja atrás el humanismo y se caracteriza por la aparición de una nueva especie, ¿humana?

Parece que se impone, entonces, primero empezar por dilucidar eso que entendemos por humanismo: ¿Qué significa humanismo? La palabra humanismo va ligada a la animalidad del hombre, como forma de culturización opuesta a barbarie. El humanismo se ha caracterizado por ser una cultura literaria, del libro y la escritura. Los libros guardarían la memoria de la humanidad y serían los vehículos de trasmisión de la discusión de la humanidad.

Nos enfrentamos a una nueva frontera humana: el nacimiento de una nueva singularidad; un nuevo hombre, el poshumano o transhumano, el cíborg, el replicante, la tecnopersona

El mundo poshumano o la poshumanidad sería una era tecnológica en la cual el libro es sustituido por los aparatos electrónicos, el ordenador, el móvil, la tableta, etcétera, y cuyo lenguaje sería el tecnolenguaje, un lenguaje de bits y de programación. El poshumanismo sería una sociedad posliteraria. En el poshumanismo se trataría de dejar atrás a la animalidad propia del hombre, es una lucha biotecnológica que se da en el cuerpo mismo del ser humano y que tiene como objetivo mecanizar el propio cuerpo humano y vencer la naturaleza biológica del hombre, la animalidad, para inaugurar ¿un nuevo ser? —Frankenstein desde este punto de vista anuncia el primer ser humano máquina — o ¿ya no es un humano sino otra cosa? Un nuevo ser que ya hemos denominado como “la nueva singularidad tecnológica”: el cíborg, el transhumano o la tecnopersona, que funcionan como profecías tecnológicas del actual tecnopoder, que tiende a imponerse sobre la mayoría de los seres humanos a través de las redes sociales y la primacía del poder financiero y mediático que se impone sobre el poder tradicional de la polis y los Estados.

El tecnopoder es el poder que surge, como dice Echeverría, en el tercer entorno: el digital, que se superpone a los ya clásicos de la physis y la polis.

Ejemplos de esta realidad los encontramos en el proyecto BRAIN, que busca acelerar los campos de la neurociencia y la computación cerebral; la herramienta CRISPR, que permite editar el genoma de cualquier especie como si fuera un editor de textos, y la Fundación Cíborg1 que nos propone un humano a la carta de acuerdo a las posibilidades que ofrece la tecnología.

La poshumanidad sería una era tecnológica en la que el libro es sustituido por los aparatos electrónicos, idioma cuyo lenguaje sería el tecnolenguaje, un lenguaje de bits y de programación

El humanismo pertenece al pasado. Es un pensamiento que gira en torno a la animalidad del hombre, que piensa el cuerpo como cuerpo biológico, que produce literatura, y del logos —lógica racional: búsqueda de sentido y medios y fines—. El mundo de la literatura es el mundo en el que los hombres son engendrados, viven y mueren, aman y odian, triunfan y fracasan, de las esperanzas, ilusiones, penas y alegrías, de las locuras y del sentido común. El mundo de la ciencia, por el contrario, no se ocupa de la vida sino de los hechos, como dice Habermas, de las “regularidades cuantificadas”, o en palabras de Huxley, el “universo mundano de los hechos”.

¿Cuál es el lenguaje de este nuevo Prometeo poshumano? Sería un ser post-lógico que utilizaría un lenguaje post-lógico. ¿El cíborg poshumano seguiría leyendo o simplemente se introduciría un chip con las lecturas y las almacenaría? ¿Hablaría? Las ciencias transfieren las informaciones sin mundo al mundo de la vida de las sociedades de humanos.

Democracia y técnica

Políticamente puede tener una implicación muy seria: las relaciones entre democracia y técnica. Hay una “cientificación” de la política al estilo de El Político de Platón donde se describe una sociedad ideal de humanos gobernados, o mejor dicho, domesticados y apacentados por la misma divinidad: el arte de la política como el arte del pastoreo. Esta divinidad estaría representada por una nueva aristocracia tecnológica similar a un feudalismo de nuevo cuño. El resultado pudiera ser una raza de superhumanos que esclavizarían a los humanos. El poshumano o el transhumano sería un humano mejorado tecnológicamente convertido en ser superior. Los humanos nos convertiríamos en el rebaño domesticado de esa aristocracia pos-humana. La nueva sociedad sería una sociedad posliteraria y poshumanista en la que la literatura ya no es la portadora del espíritu nacional ni de la forma de producir narraciones identitarias. La literatura sería sustitui- da por las redes sociales, que trabajan en un nivel de intercomunicación intenso y breve, en donde los grandes relatos se en- cuentran ausentes. El fin del humanismo es el fin del animal humano. La base de la cultura humanista es el texto y la edu- cación, que asegura una continuidad de sujetos-agentes lectores.

La revolución digital ha producido una nueva modalidad de tecnoescritura y de tecnolenguaje. El nuevo logos es un logos matemático que ha ido creciendo y perfeccionándose desde el siglo XVII.

Las tecnociencias actuales han conseguido una transformación radical del lenguaje al digitalizar, representar y analizar el logos común y el científico. Echeverría defiende que “el tecno-logos contemporáneo integra en un mismo sistema de signos (el lenguaje binario) las hablas y las escrituras de las diversas lenguas” que puede ser considerado como una Lingua Universalis accesible a través de Internet2.

 

 

El mundo humano deja paso al mundo de los nuevos tecno-objetos y tecno-cosas digitales, que pueden aportar una ruptu- ra o “singularidad” como, por ejemplo, los tecno-genes, que pudieran ser inte- grados junto a la inteligencia artificial, de manera tan innovadora que dieran lugar a un nuevo Prometeo o Frankenstein con la capacidad reproductora.

Nos encontramos pues con varias posibilidades sobre este nuevo hombre o ser que nos permiten aclararnos terminológicamente en esta nueva realidad:

1 La posibilidad de modificar el cuerpo humano mediante las tecnologías incorporando prótesis o aparatos electrónicos minúsculos que potencien los sentidos y las capacidades cognitivas (el desarrollo de la nanotecnología). El cíborg. Y cuando trascendiese el cuerpo biológico, abandonándolo para adoptar un cuerpo totalmente mecánico, el poshumano.

2 La creación de máquinas pensantes mediante la Inteligencia Artificial. El robot.

3 El surgimiento de una o varias inteligencias sin cuerpo que se desenvolverían en la redes sociales e Internet. La tecnopersona.

4 Traspasar nuestras redes neuronales a la memoria de un ordenador. El transhumano. Su objetivo es extraer la mente del cuerpo superfluo para acceder al espacio digital, en el que podría adoptar formas mecánicas variadas. No tendría por qué tener un cuerpo de forma humana.

5 Los biorrobots: robots a los que se les incorpora aspectos y partes biológicas.

No es ninguna tontería lo que aquí se plantea pues el futuro de la especie humana puede correr serio peligro como numerosas distopías en películas de ciencia ficción han desarrollado. La posibilidad de generar un mundo de máquinas pensantes que dominen al hombre empieza a abandonar los terrenos de la ciencia ficción para convertirse en una posibilidad real. Por otro lado, la posibilidad de modificar tecnológicamente la información genética de los individuos daría lugar a innovaciones biológicas de individuos modificados artificialmente, a través de las biotecnologías junto a las nanotecnologías: los cíborgs.

Esto podría generar también grandes temores en relación a la propiedad de la biotecnología: empresas privadas que practiquen la eugenesia mediante una industria genética que busca el modo de producción más rentable y subsidiado. En una industria en manos privadas o en manos de estados privatizados, el resultado no será distinto sino peor, porque habría más pobres y más analfabetos. Y aparece también la tercera opción del trilema y, probablemente, la más tem da. Quizás, las tecnopersonas no sean individuos físicos, sujetos individualizados a los que podamos dirigirnos y ser identificados. Serían fantasmas digitales, personalidades creadas en el entorno digital pero que no tengan ninguna base, ni biológica ni mecánica, individualizada. No serían ni persona ni objeto, simplemente un rastro que deja su huella en las redes de Internet.

Es posible una sociedad tecnopopular en la convivan humanos, transhumanos, cíborgs, robots y tecnopersonas

La realización de otro de los sueños humanos: la existencia de una inteligencia sin cuerpo, una sustancia intelectual que nace, vive y muere en un mundo digital hecho y mantenido por los humanos en un primer momento hasta que pueda mantenerse solo automáticamente como la gran máquina del universo y, cuando llegue ese momento, cuando el humano ya no sea necesario, procederá a su aniquilación. El nacimiento de Matrix. No olvidemos tampoco el desarrollo por parte de los gobiernos de los killer robots o robots asesinos, armas completamente autónomas para su utilización en conflictos3.

Pero todavía podemos concebir dos escenarios distintos. El primero, la posibilidad de un mundo en el que convivan humanos, transhumanos, cíborgs, robots y tecnopersonas, todos juntos dando lugar a nuevas sociedades tecnoplurales. ¿Tiene futuro la democracia en este escenario de la “taberna galáctica”? Todo depende de la futura evolución de estas sociedades “tecnopolíticas”. El segundo, la posibilidad de territorios de seres homogéneos, similar a un Juego de Tronos. Por un lado, tendríamos al reino de los cíborgs, por otro, el de los robots, por otro, los poshumanos y etcétera. Nuevas sociedades tecnofeudales dominadas por los señores de Tecnópolis, en las que la posición social dependa del tipo de ser que seas, es decir, como en las sociedades medievales, la clase social es producto del nacimiento.

Pero no creo que tenga que ser así. Podemos programar las inteligencias artificiales, bien en un robot o en ordenador, para que sean políticamente democráticas y no hagan crecer los niveles de desigualdad, claro está, siempre y cuando dichas inteligencias no se nos vuelvan autónomas como se ha sugerido antes. De esta manera, el problema de la democracia seguiría estando donde ha estado siempre, en la condición humana, en cómo facilitar el acceso igualitario a la educación, en la igualdad de oportunidades y el reparto de la riqueza que generen una esperanza de un mundo mejor, es decir, en la capacidad de mantener viva la utopía. Y añado yo: de vencer esa ansiedad metafísica cartesiana de trascendencia que ha dominado la filosofía occidental. En definitiva, el deseo de ser inmortales, ser como dioses, ahora reproducido en el sueño del cíborg transhumano, en el cual la bioingeniería nos promete la civilización triple S: superinteligencia, superlongevidad y superfelicidad.

La gran diferencia entre el humano y el poshumano es su capacidad de generar auténtico pensamiento. Lo grave es que nos olvidemos de pensar y este nuevo ser poshumano sea incapaz de pensar y, por lo tanto, ya no sea hombre sino otra cosa.

Porque el pensamiento está relacionado con la condición humana. ¿Puede una máquina pensar? Todo depende a lo que entendamos por pensar. El pen- samiento no es lo mismo que la inteligencia, con la que muchas veces se confunde. La inteligencia es la capacidad de resolución de problemas, de anticipación y adaptación al medio. En esto las máquinas nos superan y pueden hacerlo mucho mejor. Otra cosa es la capacidad de preguntarse por el sentido de las cosas, la conciencia. Y aunque una máquina puede hacer cosas maravillosas, dudo que pueda llegar en algún momento a pensar en el sentido humano.

Otra cosa es el cíborg, el pos o transhumano, que, en definitiva, son mentes humanas cuyo cuerpo biológico ha sido modificado o transformado. Pero aquí surge otra cuestión filosófica, la posibilidad de un pensamiento sin sentimiento, sin el placer y sin el dolor, un pensamiento inseparable de la experiencia de los sentidos, de los afectos. De lo que estoy hablando es de la posibilidad de una nueva forma de pensar o ¿quizás deberíamos decir de no-pensar? Porque de eso es de lo que se trata, si este poshumano, transhumano o lo que sea, es un ente capaz de pensar y si la capacidad de pensamiento es una facultad exclusivamente humana. Por lo tanto, este nuevo ser podrá hacer muchas cosas, pero si es algo que ha traspasado lo humano entonces no piensa, no tiene mente. En definitiva, no es humano.

Notas

 1Disponible en: https://www.cyborgfoundation.com

 2Tecnociencias e innovaciones, II Congreso Internacional Red Española de Filosofía (REF).

 3Disponible en: https://www.stopkillerrobots.org/learn

Bibliografía

Arendt, H. (2014): Más allá de la filosofía. Escritos sobre cultura, arte y literatura. Madrid, Editorial Trotta.

Castells, M. (1997): La era de la información: economía sociedad y cultura. Madrid, Alianza. Echevarria, J. (2017): Tecnociencias e innovaciones: desafíos filosóficos. Zaragoza, Actas del II Congreso de la REF.

Haraway, D. (1991): “A Cyborg Manifesto” en Simians, Cyborgs and Women: The Reinvention of Nature, páginas 149-181. Nueva York, Free Association Books.

Huxley, A. (2017): Literatura y Ciencia. Barcelona, Página Indómita.

Ortega y Gasset, J. (1997): Meditación de la Técnica. Madrid, Santillana.

Platón. El político. Madrid, Gredos

Artículo publicado en la revista Telos 111


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Javier Méndez

Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Filosofía moral y política, dirige la revista Paideía de la Sociedad Española de Profesores de Filosofía (SEPFI).


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