7 de febrero de 2022

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Un transhumanismo sostenible y en futuro presente

por Alejandro Sacristán

El transhumanismo ha de estar anclado en la ciencia y en el presente. No hay transhumanismo sin ciencia. La ciencia nos enseña que sólo hay un camino seguro en estos momentos y tiene que ver con la sostenibilidad.

 

Cada vez todos somos más conscientes que la civilización, hoy, afronta una transformación sistémica, un cambio de paradigma, así lo afirman expertos como James Lovelock, creador de la hipótesis Gaia que dice que los principales aliados de la humanidad en este combate contra la extinción de la vida, por asegurar la sostenibilidad, serán las inteligencias artificiales cyborgs y daremos paso a una nueva era, el Novaceno (Lovelock, 2021).

El transhumanismo tiene una visión del mundo, propia, en clave de futuro, orientada al futuro, proliferan fechas claves como 2045. El transhumanismo debería estar hoy, más que nunca, anclado en el futuro presente, en los retos críticos de esta década decisiva de 2021 a 2030. La ciencia urge cada vez más a la acción presente frente a las buenas intenciones futuras. Probablemente, es mejor limitar un tanto esa actitud de estar inmerso cotidianamente en las previsiones futuras, para poder dedicarse a la situación presente con consciencia e intencionalidad, como advierte, en relación al Cambio Global, el científico del CSIC, divulgador de la crisis de la biodiversidad, Fernando Valladares1.

El transhumanismo ha de entrar en la agenda de transformación de una civilización que, de alguna manera, ha chocado consigo misma, quizás por su excesivo éxito como especie. El transhumanismo empieza a transitar espacios menos “cómodos” y sabidos y a participar más de la construcción y protección del presente y del futuro. Una de sus figuras destacadas, de los grandes reformuladores del transhumanismo, Nick Bostrom, doctor en filosofía de la Universidad de Oxford, matemático, neurocientífico, sigue investigando sobre los riesgos existenciales que afrontamos como especie, como civilización, riesgos existenciales que afectarían dramáticamente a la agenda tradicional del transhumanismo, a la “evolución consciente”. Bostrom analiza las claves y amenazas a la sostenibilidad de la vida humana en la Tierra tal que asegure la agenda transhumanista de transición a una era posthumana diversa: “Los riesgos existenciales son amenazas que podrían causar nuestra extinción o destruir el potencial de vida inteligente originaria de la Tierra”.

Sara Lumbreras, profesora de la Universidad Pontificia de Comillas, ha investigado el lugar del transhumanismo en un nuevo paradigma de civilización por venir. Nos ha dicho que no hay alternativas, o el futuro es mucho mejor de lo que existe hoy, o no tendremos futuro. Lumbreras, en el pasado evento Transvision 2021 —organizado en octubre en Madrid por Humanity+ y José Luis Cordeiro, futurista ingeniero del MIT— reflexionó también sobre los hechos dramáticos de estos tiempos de coronavirus que han impactado en el presente. Apreció que debemos “ser conscientes de nuestra vulnerabilidad. Y ser lo suficientemente humildes para apreciar el camino que todavía nos queda por recorrer, para poder alcanzar esa sociedad mejor, nos hará más capaces a la hora de diseñar nuestro futuro”. Lumbreras mencionó que el existencialismo tecnológico ha de basarse en esa ética que reconoce la vulnerabilidad y opera en la humildad para aspirar a que la tecnología nos ayude a conseguir mayor justicia e igualdad en un marco de progresiva abundancia para todos. También aludió a la sostenibilidad como condición de posibilidad existencial, refiriéndose a las amenazas existenciales que nos afectan.

El transhumanismo ha de entrar en la agenda de transformación de una civilización que, de alguna manera, ha chocado consigo misma, quizás por su excesivo éxito como especie.

El escritor de ciencia ficción William Gibson dijo en ArtFutura-El Palacio de la Memoria que “el futuro llega temprano”, adelantado. Así ha sido. El coronavirus ha soltado el futuro sobre la mesa, ha acelerado muchos procesos a la vez que nos ha mostrado nuestra debilidad: mueren más los más pobres, los más vulnerables y los más mayores. La pandemia del coronavirus, asociada a la pérdida de biodiversidad como a nuestro modo de vida global, es un adelanto de escenarios de vulnerabilidad como los que va a traer, amplificados, el cambio climático. Estas experiencias colectivas nos han hecho conscientes de nuestra vulnerabilidad. Y a la vez, el transhumanismo, al señalar los límites y carencias de la condición humana, de la especie humana, incorpora, por principio, la vulnerabilidad humana en su cosmovisión. Amenazas existenciales, como la sucesión de epidemias y la emergencia climática, avisadas por la ciencia2, 233 revistas médicas lanzan una alerta mundial, también introducen en nuestra reflexión la humildad. En septiembre de este año, los editores de las principales revistas médicas acotaron mucho más, exigiendo a los gobiernos que hagan todo lo posible para mantener el aumento global de la temperatura del planeta en menos de 1,5°C. Un incremento mayor nos enfrentaría al colapso del mundo que conocemos. El mismo movimiento transhumanista no puede aspirar a la extensión radical de la vida para todas las personas si está en riesgo existencial a la Humanidad al completo. Ha de sumarse a la agenda.

El transhumanismo, como todos los movimientos éticamente transformadores, tiene la responsabilidad, de cuidar del futuro desde el presente, del futuro de la especie, del futuro de la vida, el de todas las especies y del futuro de la inteligencia, tanto la orgánica, como la cyborg o la artificial y cuidar la evolución y expansión de la inteligencia por nuestro rincón de la galaxia (Rees, 2019), tal y como el astrónomo real y futurista Martin Rees o el transhumanista Anders Sandberg3 nos han hecho ver en libros y publicaciones.

La década de los 20 es ambivalente, promete los más decisivos impactos hacia la extensión de la vida, los medicamentos basados en el entendimiento del proceso del envejecimiento y el comienzo de la medicina personalizada y regenerativa, la amplificación de los seres humanos y la convergencia mente máquina gracias a la IA, la VR, el Internet de los humanos y de las cosas, pero a la vez se está produciendo ya la primera fase de una dura transición energética y el comienzo de la caída al abismo del colapso climático y la crisis de la biodiversidad, con esa mencionada amenaza de las enfermedades infecciosas y las pandemias.

El británico y transhumanista David Wood —inventor del primer sistema operativo de teléfonos móviles inteligentes de Nokia, Symbian— apuntó, en Transvision 2021, un programa político transhumanista para esta década, para Londres 2024. David Wood resaltó varios puntos, por ejemplo, pasar del “todos online” al “todos empoderados” con la Inteligencia Artificial. La idea es crear una “superdemocracia” a nivel local mediante asambleas locales vinculantes, como proponen desde Extinction Rebellion a la OCDE4. “Creando una agenda para el florecimiento humano y de la sociedad”, aseguró David Wood en Madrid, en octubre de 2021. Más dosis de presente, de realismo, de futuro presente si se quiere. Prosigue David Wood: “Ciudades que florecen a partir de alcanzar la neutralidad en emisiones de carbono y de implementar una medicina y gestión sanitaria orientada a la calidad de la vida en la extensión de la longevidad, incentivando la alimentación humana de fuentes no sintientes”.

El transhumanismo, como todos los movimientos éticamente transformadores, tiene la responsabilidad, de cuidar del futuro desde el presente

De acuerdo con Lovelock, podemos afirmar que tanto los humanos como las inteligencias artificiales necesitan para sobrevivir y supervivir unas condiciones de habitabilidad imposibles con el creciente calentamiento global, la salud del clima y de los ecosistemas es la salud humana y posthumana. Un transhumanismo sostenible se me antoja pues imprescindible. La ciencia ha comprobado que nuestro planeta tiende a modificar su entorno y su clima de un modo que favorece la vida en él, Lovelock señala que el ambiente actual de la Tierra no es mera casualidad geológica, sino que es la vida la que ha controlado el calor del Sol, desde que comenzó ha trabajado para modificar su entorno y si se acabara con la vida en la Tierra, ésta sería imposible de habitar. Lovelock piensa, como muchos transhumanistas, que no habrá guerra con las IA: nos necesitarán a nosotros y a todo el mundo orgánico para seguir regulando el clima, mantener fría a la Tierra para poder vivir y evolucionar en ella.

Martin Rees afirma que la evolución proseguirá, “la evolución posthumana podría prolongarse tanto como la darwiniana y se trasladará fuera de la Tierra, a las estrellas”. La especie humana parece pues jugar un papel singular. Sin duda, como argumenta Rees, los humanos no son la rama definitiva de un árbol evolutivo, sin embargo, pueden tener una importancia cósmica, en la diseminación de la inteligencia por el universo: “Los humanos como punto de partida de una transición hacia entidades basadas en el silicio (y potencialmente inmortales) que puedan trascender las limitaciones humanas en el espacio”.

Notas

 1Emiliano Bruner y Fernando Valladares. Aceptación y compromiso para el cambio (climático): https://www.valladares.info/aceptacion-y-compromiso-para-el-cambio-climatico/

 2Eduardo Costas. 233 revistas médicas lanzan una alerta mundial: «se acerca una catástrofe mucho más mortífera que la Covid» https://buscandorespuestas.lne.es/salud/233-revistas-medicas-lanzan-una-alerta-mundial-se-acerca-una-catastrofe-mucho-mas-mortifera-que-la-covid/

 3Anders Sandberg. Looking to the future of technology and human being. An Interview with Anders Sandberg. By Antonio Diéguez. https://www.researchgate.net/publication/349412864_Looking_to_the_future_of_technology_and_human_being_An_Interview_with_Anders_Sandberg

 4OCDE. Innovative Citizen Participation and New Democratic Institutions. Catching the Deliberative Wave https://www.oecd.org/gov/innovative-citizen-participation-and-new-democratic-institutions-339306da-en.htm

Bibliografía

Rees, M. (2019): En el futuro. Perspectivas para la humanidad. Colección Drakontos. Barcelona, Editorial CRÍTICA.
Lovelock, J. (2021): Novaceno: La  próxima era de la hiperinteligencia. Barcelona, Editorial Paidós.
Bostrom, N. (2011): Existencial Risks. Analyzing Human Extinction Scenarios and Related Hazards. Osford, Universidad de Oxford. Disponible en: https://www.nickbostrom.com/existential/risks.html


Alejandro Sacristán

Comisario de ArtFutura y curador para eventos de talento, ciencia y cultura digital. Periodista y ponente. Pionero Vr. Miembro del grupo Aviador DRO. asesor del Instituto Mutante de narrativas ambientales. Directivo del club nuevo Mundo.


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