12 de septiembre de 2022

L

La letra

por Amanda Lemus Cano
Ilustradora Andrea Devia-Nuño

La letra es la unidad mínima que detona la lectura. Es un agente vivo con reglas propias que, a lo largo de la historia, ha salido del soporte. El acompañarnos de la tecnología nos obligará a repensar los mensajes y, por lo tanto, a cuestionar nuestras prácticas de lectura y de escritura.

 

La letra como signo escriturario siempre se ha establecido en un espacio mediado y controlado. Aglutinada en unidades de sentido, la escritura es un sistema gráfico delimitado y visualizado en un soporte final, ya sea la página impresa o la pantalla. Este recuadro con márgenes le impone a la letra limitantes, le exige no excederlos y establece una serie de reglas para construir significados. Pero ¿qué ocurre cuando la letra se manifiesta en soportes en donde los límites son borrosos, amplios e híbridos?

Es importante identificar, reconocer y reflexionar en torno a la letra y su paso por la historia. Contemplar sus manifestaciones expandidas en lugares públicos —las cuales decodificamos y leemos— nos abre la posibilidad del hipersimbolismo y, al convertirse en la columna vertebral del mensaje, la letra nos hace sentir, más allá de solo leer estas expresiones.

Busco aclarar mis propias ideas e intento encontrar una lógica en el camino. De tal forma, propongo establecer las siguientes cuatro líneas de lectura para poder entender las manifestaciones que la letra ha construido a lo largo de la historia.

 

La reflexión nace cuando se involucran varias personas para escribir

 

I. La letra en resistencia. La encuentro en aquellas manifestaciones que se oponen a las prácticas comunes: resistir dentro de la forma, del tamaño o de la ubicación específica para estar y significar. Me pregunto: ¿Cómo la letra es capaz de resistir para forzar la lectura? ¿Por qué los grupos en resistencia utilizan la letra y cómo lo hacen?

Un ejemplo claro es el colectivo Guerrilla girls1, grupo feminista con sede en Nueva York que crea una serie de carteles tipográficos distribuidos por las calles, a través de los cuales sus integrantes buscan denunciar la desigualdad de género. De igual manera identifico la propuesta de Barbara Kruger2, artista conceptual que utiliza la familia tipográfica Futura para manifestarse, imponiéndonos una estrategia de lectura en gran formato en la que el mensaje es todo: la forma, la jerarquía y la dimensión tipográfica. Kruger utiliza la letra para expresarse, sin dejar de lado el potente uso cromático del rojo, blanco y negro como base en todas sus propuestas. En estos casos, las formas de lectura se sublevaron a la página, el soporte ha cambiado. Encuentro sentido también en la propuesta de la artista conceptual Jenny Holzer3, quien utiliza potentes sistemas de proyección y carteles luminosos con letras robustas de palo seco. Estas formas tipográficas se manifiestan proyectadas en paisajes rocosos, tocando temas como el abuso sexual, la violencia, el amor, la guerra y la muerte.

II. La letra inclusiva. La reflexión nace cuando se involucran varias personas para escribir. La escritura ha estado asociada a la creación individual, pero esto ha cambiado con el paso del tiempo con escrituras comunitarias ¿Cómo incluir a todos los participantes de una comunidad? ¿Cómo convertirse en un participante activo? ¿Cómo leer en comunidad? En 2015, el francés Ruedi Baur4 creó diez kilómetros de poesía en las calles de Mons, una localidad que se encuentra en la región de Provenza-Alpes-Costa Azul, al sur de Francia. El artista consensuó con la comunidad sobre “sacar a las calles” la poesía y literatura de Mons: los pobladores eran quienes decidían qué se pintaba y en dónde, la participación era activa, incluyente y bajo acuerdos. Leer la poesía al salir de paseo potencializa la letra, la lectura y la comprensión, a la vez que socializa las emociones. Pasa algo parecido con la pieza Las obsesiones empeoran mi vida y mejoran mi trabajo, un proyecto creado por el diseñador Stefan Sagmeister5, quien recolectó alrededor de 300.000 monedas de un centavo de euro del Banco Central de Holanda en tres tonalidades de brillo diferentes. En el lapso de una semana y con la ayuda de cientos de personas, las colocaron en una matriz monumental que formaba la frase que da nombre a la pieza.

 

 

III. La letra reapropiada. La propongo como la acción de adueñarse de la letra y generar una variante de ella, ya sea reconfigurando sus elementos o sustituyendo alguno de ellos, con lo que se genera una nueva versión. En esta línea encuentro el proyecto RobotLab6, que consiste en un brazo robótico que crea caligrafía gótica con una plumilla de metal y fija las letras en rollos de papel con la precisión de una máquina. El proyecto alemán intenta reflexionar evocando al monje del scriptorium medieval. ¿Qué significa regresar en el tiempo y sustituir el trabajo manual con el de una máquina robótica? Por su parte, el colectivo GRL7, con un proyector y un lápiz láser, escriben mensajes en edificios, puentes y galerías alrededor del mundo como acción que detona preguntas que se traducen en escrituras lumínicas momentáneas que los integrantes del colectivo y el público plasman sobre espacios públicos.

IV. La letra maquínica. ¿Qué significado retiene la letra al gozar de una existencia fugaz? Inspirado en la vieja costumbre de hacer caligrafía china con agua en los espacios públicos, Nicholas Hanna8adaptó un triciclo con una impresora que escribe con caracteres de agua mediante un sistema de válvulas y movimiento. De tal forma, Hanna sale a las calles con este triciclo escribiendo hànzì con agua, que después de unos instantes desaparecen gracias al calor del mismo suelo. ¿Cómo leer estos fragmentos volátiles de escritura? Bit.Fall es el proyecto del alemán Julius Popp9, quien, a través de una cortina de agua, iluminación adecuada y programación computarizada, explora las posibilidades de la letra efímera, reflejada apenas unos pocos minutos. Popp rastrea las palabras más comunes en Internet y por medio de programación las escribe sobre esta cortina de agua en donde el rastro se disuelve al terminar de caer la misma, con lo que deja paso a la siguiente palabra. Esto es una metáfora de lo que ocurre con la información instantánea de Internet: la máquina se convierte en quien comunica y propone cómo leer el texto, nos incluye en sus propias reglas para decodificar el mensaje. El claro ejemplo de la letra construida por máquinas es la pieza hotspot poet, en la que cuatro cajas-dispositivo de acrílico —cada una correspondiente a un poeta (Matsuo Bashõ, Goethe, Boris Pasternak y Petrarca)— funcionan como antena, con lo que crean su propia red wifi visible en computadoras y celulares. Las cajas, a través de la antena, son capaces de cambiar automáticamente el nombre de la red cada diez segundos: el poema se escribe a través del nombre que se asigna a la red. Si dejamos el menú de configuración de wifi abierto, entonces gradualmente, línea por línea, se revelarán todos los poemas de cada poeta representado en la caja y cada diez segundos los cuatro poetas estarán conversando virtualmente. Es aquí donde la máquina determina el acto de leer: la reflexión invita a pensar estos dispositivos inertes como objetos activos que se convierten en transmisores de poesía efímera.

La reflexión nace cuando se involucran varias personas para escribir

Con estos marcos de referencia pretendo repensar la letra como agente activo que permite el intercambio, la significación y el diálogo fuera de la página, mostrándonos sus propias reglas para ser leída. Desde hace tiempo estas manifestaciones se encuentran habitando entre nosotros, entender que la letra ha dejado de ser un ente inmóvil y fijo es importante para ponderarla como el reflejo de un signo cultural que cambia junto con nosotros, que manifiesta significados. Sin embargo, seguimos escribiendo consignas y contando historias en paredes como lo hacían en la antigüedad, los brazos robóticos ahora nos acompañan con obras caligráficas y, finamente, la programación ha hecho que la máquina escriba por sí misma. Aprender a leer los ajustes que ha sufrido la escritura a lo largo de la historia nos hará sentir y reaprender la lectura, que en estos momentos nos exige acompañarla para comprender sus reglas.

Notas

 1Disponible en: https://www.guerrillagirls.com/

 2Disponible en: https://www.wikiart.org/es/barbara-kruger

 3Disponible en: https://projects.jennyholzer.com/

 4Disponible en: http://ruedi-baur.eu/

 5Disponible en: https://sagmeister.com/

 6Disponible en: https://www.robotlab.com/

 7Disponible en: https://www.grlcollective.com/

 8Disponible en: https://www.nicholashanna.net/

 9Disponible en: http://sphericalrobots.org/

Bibliografía

Chartier, R. (2018): Las revoluciones de la cultura escrita. Ciudad de México, Gedisa.
Manguel, A. (2005): Una historia de la lectura. Oaxaca, Almadía.
Unger, G. (2009): ¿Qué ocurre mientras lees? Tipografía y legibilidad. Valencia, Campgràfic Editors.
Vallejo, I. (2019): El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo. Madrid, Siruela.

Artículo publicado en la revista Telos 120


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Autor

Coordinadora del Laboratorio de Publicaciones Digitales y Sistemas Interactivos del Centro Multimedia, en el Centro Nacional de las Artes de México. Licenciada en Diseño de la Comunicación Gráfica por la UAM-Xochimilco, con especialidad en Diseño Editorial por la Escuela de Diseño del INBA.

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