28 de abril de 2020

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Los sueños de los escritores de ciencia ficción española

por Covadonga González-Pola

La ciencia ficción transforma la realidad para que reflexionemos sobre ella y nos percatemos de lo que podemos mejorar, de lo que debemos evitar y de lo que el presente y el pasado nos enseñan. Gracias a los sueños de los escritores podemos caminar hacia un futuro mejor.

 

[ ILUSTRACIÓN: VÍCTOR COYOTE ]

 

“En los momentos de crisis, solo la imaginación
es más importante que el conocimiento”.
Albert Einstein


El futuro llega cada vez más deprisa. El ritmo al que se producen los cambios resulta cada vez más vertiginoso en un mundo globalizado y ultraespecializado en el que, si algo podemos asegurar, es que no hay una persona a los mandos del devenir y avance de la realidad. Tal vez es por eso que el gobierno de Francia ha puesto en marcha una curiosa y quizás paranoica iniciativa: anticiparse al futuro contratando a un “equipo rojo”1 de escritores de ciencia ficción y de futurólogos. Eso sí, solamente pensando en las posibles amenazas bélicas a las que se enfrentarán. No vaya a ser que podamos imaginar un futuro mejor, como proponía Michael Ende en La Historia Interminable con la derrota de la Nada.

Aun así, el modelo de buscar ayuda en las imaginativas mentes de los escritores de ciencia ficción no es algo nuevo. Pero parece que aquí siempre tenemos complejo del hermano zote que no alcanzó sus objetivos vitales y nos olvidamos de la gran cantidad de mentes pensantes que dirigen su vista hacia los días que vendrán —o que pudieron haber venido— para advertirnos de aquello que podría convertirse en una amenaza —distopías—, para proponernos posibles soluciones que creen un mundo de la piruleta —utopías— o incluso avisarnos para que no repitamos los mismos errores y de lo que podría haber sido y que estuvo muy cerca —ucronías o «qué hubiese pasado si…»—.

Los escritores de ciencia ficción no son solamente redactores y creadores de historias. Son ávidos buscadores en todo tipo de ciencias —algunos incluso con títulos en diferentes campos de las ciencias sociales, biológicas, ecológicas o aeronáuticas—, locos de documentarse y no solo de plantearse constantemente hacia dónde vamos, sino de realizar llamadas a la reflexión a través de sus historias.

En nuestro país miramos con demasiada frecuencia más allá de nuestras fronteras. Olvidamos que es mucho más sencillo que los que aventuran el futuro que puede venir son los autores que viven aquí, entre nosotros. La ciencia ficción made in Spain no es un fenómeno de masas —por ahora—, así que muchas veces no sabemos que nos estamos cruzando con un escritor o con una escritora que observa el mundo, se pregunta hacia dónde va y piensa de manera incansable en cómo puede hacernos pensar con sus historias. Y en cómo hacer que las leamos.

Por eso, el objetivo es dar a conocer esos sueños de futuro de nuestros escritores, esos que aparecen en los medios, pero no en primera página, y que tienen grandes historias que contar. Esos que a veces se catalogan como “independientes”. Nos centraremos en relatos y recopilaciones, con mención especial a alguna novela, pero siempre intentando que de la mano de esos mundos que aún están por llegar descubramos también a las mentes que los han imaginado. ¿Qué vaticinan estos soñadores?

Lo maravilloso del universo…y reflexiones sobre la inmortalidad. El espíritu de la ciencia ficción que buscaba maravillarnos con la exploración del espacio nos trae relatos cargados con posibilidades de volver a impresionarnos y causarnos un buen síndrome de Stendhal. Un buen ejemplo es Tras mi último invierno, de Gisela Baños (I Premio Ripley), que nos enfrenta, en medio de la sensación de maravilla, a la idea de la inmortalidad, esa que nos dicen que ya no está tan lejos. Sobre el tema de la inmortalidad reflexiona también María Zaragoza en La vida sin cáncer (Poshumanas), donde, tras hallar la cura a esta temidísima enfermedad se crea una ilusión de inmortalidad en el primer mundo que desencadena una ola de depresión y suicidios. Esto hace que se desarrollen sectas anticiencia, antinanotecnología y antiavances médicos, que acaban devolviendo al ser humano a una era casi pretecnológica con persecución a científicos incluida.

Un mundo contaminado por el que luchar. Los términos relacionados con la ciencia ficción y el pensamiento ecologista son variados. Posiblemente el más empleado en la actualidad sea el de ciencia ficción climática o cli-fi, donde vemos cómo el cambio climático ha sido el principal artífice del deterioro de planeta, aunque no el único. Sequía, emisiones de CFC2, un fracking3 que se va de las manos… son solo algunas de las posibilidades que más llaman la atención. En este sentido, cabe destacar la antología de relatos de ficción climática El futuro es bosque —un título que supone un homenaje evidente a El nombre del mundo es Bosque, de Ursula K. Leguin—, coordinada por Giny Valrís, en la que se nos presentan diferentes perspectivas de lo que puede llegar a ser la Tierra en no tanto tiempo.

Este género en concreto sí que ha desarrollado una cantidad interesante de novelas, como la novelette de Cristina Jurado Clorofilia, que nos plantea cómo la necesidad de adaptación al medio puede llevar a la humanidad a sobrepasar los límites de la ética, o la novela de Bruno Puelles Nistagmo, ubicada en una tierra de altísima temperatura donde la resistencia de las bacterias a los antibióticos y la desigualdad se mezclan con el lanzamiento de un fármaco que elimina la necesidad de dormir. Más allá en la devastación avanza Álvaro Escudero que, en El nómada de Aggar, nos presenta un planeta irreconocible, seco y cuyo pasado avergüenza a los supervivientes. Sin duda, obras cargadas de advertencias que nos recuerdan que aún estamos a tiempo y que tal vez podemos parar el deterioro de la Tierra.

 

 

Un futuro social con sueños cumplidos. Pero no todo es mal agüero en la escritura. Existen ilusiones que todos deseamos ver convertidas en realidad. Prueba de ello es la novela corta de Lola Robles, El árbol de Sefarad, que nos presenta un futuro relativamente próximo en el que se han creado lo que se llaman enclaves libres, enclaves autónomos que viven o intentan vivir fuera del capitalismo, sin poder, en espacios ecológicos y pacifistas. Un mundo con un Oriente Medio muy distinto, donde es posible que la misma persona se presente a las elecciones por Israel y una ya reconocida Palestina. En este marco de ideales se mueve también El futuro que hicimos, una utopía realista —sí, existen utopías creíbles— de Óscar Eslava, que nos plantea un fin de siglo con una España que se rige por los ideales del 15M, gracias al fuerte respaldo de la tecnología como herramienta de una democracia más representativa… pero en la que también existen algunas fallas.

A un tema más concreto nos lleva Juanma Santiago en La inversa no es cierta (actos de fe), donde se propone la creación de pequeñas cooperativas encargadas de pasteurizar leche y agua con baterías solares en un futuro post oil peak4 —de nuevo cli-fi—, así como la llamada comida eléctrica.

La lucha por la igualdad. Dicen que estamos asistiendo a una nueva ola de feminismo y los llenos absolutos de las manifestaciones del 8 de marzo deberían dar la razón a esta hipótesis. También la literatura debería darnos pistas de por dónde vamos. Publicaciones como el Premio Ripley, Alucinadas, Distópicas, Posthumanas o Insólitas nos dan la razón y nos descubren la visión de estas autoras sobre este género cargado de alternativas a nuestra realidad. Es interesante ver, en este sentido, cómo se están abordando temas controvertidos relacionados con la gestación. En este ahonda Gloria T. Dauden en su relato Otras pieles, perteneciente a la selección de Terroríficas —una llamada a las escritoras de terror para lanzarse a publicar—, donde vemos cómo las mujeres pueden ser convertidas en meros úteros con piernas y, ya si eso, con sentimientos, si les dejan.

También, aunque hablando de una gestación ya no necesariamente subrogada, cabe destacar la antología de relatos ProyEctogénesis, coordinada por Lola Robles, en la que se realizó una llamada a las distintas autoras a plantearse nuevos futuros donde la gestación no estuviera ligada necesariamente al cuerpo de la mujer —ectogénesis significa gestación fuera del cuerpo humano—, precisamente ante la noticia de los primeros experimentos en animales con estas técnicas y las posibles implicaciones que tendría —o tendrá— su posible aplicación futura a la gestación de seres humanos. El debate está servido.

Despersonalización y tecnología. ¿Y si la tecnología, en lugar de ayudarnos a vivir más nuestra humanidad, nos convierte en seres desprendidos y carentes de emociones? En un mundo donde la palabra transhumanismo debería ser conocida por todos, este es uno de los temas para reflexionar que se coloca entre los favoritos de los escritores y escritoras españoles. Desde androides que replican personalidades y emociones de escritores victorianos en una suerte de parque temático de celebridades, como propone Haizea M. Zubieta en Despertar (Madre de Monstruos), hasta una progresión inesperada —o no tanto— del desarrollo de emociones y dramas en un mundo donde los robots sexuales o incluso robots pareja están a la orden del día, como nos muestra Coral Carracedo en Androidismo a través del tiempo (I Premio Ripley).

Otros planteamientos son más crudos y carecen de la vertiente jocosa, como en Chapa, de Chus Álvarez —parte de la selección de Alucinadas II, invitación a descubrir a escritoras de ciencia ficción—, donde Próximo Oriente está dominado por un califato integrista, los cíborg y las modificaciones corporales están a la orden del día y la esclavitud por deudas de los refugiados se considera legal, o Granja 357, de Míriam Iriarte (I Premio Ripley), donde lo que crece en las granjas puede llegar a volverse humano. Y más vale acabar con ello pronto, no vaya a ser que le de por pensar o incluso aprender.

Éxodo (o cómo salvar a la reina), novela de David Luna, también avanza por estos derroteros, planteando una metáfora de la deshumanización a través de un mundo en el que los vestigios de la humanidad han evolucionado hasta comportarse como un enjambre de abejas que inicia su migración estacional… para huir de un asfixiante calor. Sí, más ficción climática.

De este mal uso de la tecnología se pretende reflexionar también en De espejos negros (y siervos de un dios digital), una serie de relatos que pretende emular esa invitación a la reflexión sobre el mal uso de la tecnología, como hace la serie Black Mirror. Así, plantea cuestiones como el empobrecimiento global, la materialización de los recuerdos de los moribundos, aplicaciones que permiten detectar las mentiras, dioses creados por tecnología, inteligencias artificiales que se convierten en las creadoras del arte o impresoras 3D que sintetizan virus para sectas que buscan el exterminio de nuestra especie.

Futuros desde otros lugares. Porque el futuro no siempre está por llegar; hay futuros que han pasado, porque para haberse producido la historia debería haber sido otra. A los escritores de nuestras tierras les gusta ese “qué hubiese pasado si…” que ha permitido acuñar el término ucronía y, unido a él —aunque no siempre—, también plantean cómo se imaginaban el futuro las generaciones pasadas.

Una buena aproximación a este tipo de lectura la tenemos en las recopilaciones de relatos steampunk de Josué Ramos y Paulo César Ramírez en los cuatro volúmenes de Ácronos. ¿Qué es el steampunk? Digamos, grosso modo, que es una variante de la ciencia ficción que plantea un futuro tal como lo habrían imaginado los victorianos y con una tecnología basada en el vapor. Siempre es una buena oportunidad que, desde esa distancia del tiempo y de la historia virtual, nos ayuda a analizar los errores que se han ido cometiendo desde el final del siglo XIX, para no volver a cometerlos… o bien para recordar algunos de los aciertos de entonces y rescatarlos por nuestro propio bien.

 

En esta ambientación se desarrolla también Las guerras infinitas, de Juan Antonio Oliva. La humanidad ha logrado que la muerte deje de ser una enfermedad… Claro que cuando se es inmortal y todo se ha probado, ¿qué queda? Solo buscar nuevas diversiones, como la de crear combates para el disfrute de los humanos de las criaturas llamadas bioingenios que disponen de tres vidas. Como vemos, el tema de la inmortalidad es tan atemporal que podemos reflexionar sobre él en una historia gótica, en una narración biopunk o en una distopía retrofuturista.

En un enfoque distinto se sitúan futuros que juegan con la vertiente más cercana a la filosofía del mundo de la física. Así es un mundo más real, cercano y a la vez lleno de lugares posibles, que existen a la vez y también no existen, y juegan con dramas humanos y familiares que la ciencia —aún— no puede solucionar; dramas que quizá nunca ocurrieron. Así es Una teoría del Todo y la Nada, de Mariana Rodríguez Jurado, en Alucinadas III, y desde un enfoque diferente, En sus arenas infinitas, escrito por Óscar Navas en Stardust for Bowie.

Resulta evidente que estas recomendaciones son solo algunas de las que podrían llenar páginas enteras de literatura adictiva, emocionante y cargada de reflexión —y cuyas ediciones colmarían las más grandes bibliotecas—; obras que nos ayudan a acercaros a las reflexiones de nuestro tiempo y, además, a darnos cuenta de que más allá de la lectura más a la moda de la que hemos disfrutado este verano, existe todo un mundo de imaginación que muchas veces lleva a cristalizar en avances positivos y/o necesarios. Porque si algo es cierto es que la ciencia ficción transforma la realidad, sobre todo, para que reflexionemos sobre ella y nos demos cuenta de lo que podemos mejorar, lo que debemos evitar y lo que el presente y el pasado nos enseñan. Gracias a los sueños de escritores como estos podemos caminar hacia un futuro mejor. Porque si no podemos imaginarlo, no podemos realizarlo.

Notas

 1“Francia está contratando escritores de ciencia ficción para predecir la guerra del futuro” en El Español (2019). Disponible en: https://www.elespanol.com/omicrono/tecnologia/20190723/francia-contratando-escritores-ciencia-ficcion-predecir-futuro/415959641_0.html

 2Clorofluorocarbonos (CFC), los culpables de la reducción de la capa de ozono.

 3Fracturación hidráulica o hidrofracturación.

 4Oil peak o pico petrolero es el momento en el cual se alcanza la tasa máxima de extracción de petróleo global y tras el cual la tasa de producción entra en un declive terminal.

Bibliografía

Escudero, A. (2018): El nómada de Ággar. Madrid, Círculo Rojo
Eslava, O. (2017): El futuro que hicimos. Granada, Esdrújula Ediciones
Jurado, C. (2017): Clorofilia. Cádiz, Editorial Cerbero
Luna, D. (2017): Éxodo (o cómo salvar a la reina). Madrid, Apache Libros
Oliva, J.A. (2018): Las guerras infinitas. Cádiz, Cazador de Ratas
Puelles, B. (2019) Nistagmo. Madrid, Apache Libros
Robles, L. (2018) El árbol de Sefarad. Cádiz, Editorial Cerbero
VV. AA. (2018):  El futuro es bosque. (Giny Valrís, ed.). Madrid, Apache Libros
VV. AA. (2016): Ácronos (I-IV). (Josué Ramos y Paulo César Ramírez ed.). Barcelona, Tyrannosaurus Books
VV. AA. (2019): ProyEctogénesis. Relatos de la matriz artificial. (Lola Robles ed.) Madrid, Enclave de Libros
VV. AA. (2018): Distópicas. (Lola Robles y Teresa López-Pellisa coord.). Madrid, Libros de la Ballena
VV. AA. (2018): Poshumanas. (Lola Robles y Teresa López-Pellisa coord.). Madrid, Libros de la Ballena
VV. AA. (2018): Insólitas. (Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón ed.). Madrid, Páginas de Espuma
VV. AA. (2018): Terroríficas. Gijón, Palabaristas
VV. AA. (2019): Actos de Fe. Cádiz, Editorial Cerbero
VV. AA. (2016): Alucinadas II.  Gijón, Palabaristas
VV. AA. (2017): Alucinadas III. Gijón, Palabaristas
VV. AA: (2018): De espejos negros (y siervos de un dios digital). Madrid, Tinta Púrpura
VV. AA. (2017): I Premio Ripley. Sevilla, Triskel Ediciones
VV. AA. (2018): Madre de monstruos. Madrid, Tinta Púrpura
VV. AA. (2017): Stardust for Bowie.  Madrid, Tinta Púrpura

Artículo publicado en la revista Telos 113


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Covadonga González-Pola

Escritora, editora y formadora en técnicas de escritura. Acaba de publicar De espejos negros (y siervos de un dios digital)que desarrolla relatos inspirados en la serie Black Mirror.  Su canal de enseñanza de la escritura en Youtube, Talleres Literarios Online, fue el primero en nuestra lengua.


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