7 de junio de 2018

Q

¿Quién dijo tecnofobia?

por Covadonga González-Pola

Cuando vemos o leemos ciencia ficción distópica tendemos a creer que nos está avisando de un futuro horripilante cuyo culpable será la tecnología. Nada más lejos de su objetivo real: advertirnos de cómo nuestra propia naturaleza puede convertir los avances en amenazas

 

Es del todo grato para los amantes de la ciencia ficción descubrir que ciertos contenidos propios de este género se popularizan y dejan de pertenecer únicamente a un nicho exclusivo, que no por llamarse a veces friki deja de ser un público inquieto, culto y bien documentado.

Es a ese público al que le toca explicar a los demás que, narraciones como las de Black Mirror, son ciencia ficción. Les llevará un poco más de tiempo explicarles que la serie no es tan futurista. Y que ni siquiera habla de la tecnología. Que estas historias de distopía tecnológica de lo único que nos hablan es de la humanidad.

Son muchos los pensadores que nos han hablado de la importancia que tienen las circunstancias en el comportamiento humano y el social, mientras seguimos tratando de decidir si “el hombre es un lobo para el hombre” o es la sociedad la que lo convierte en un monstruo.

Y es que, en una época de rapidísimo avance tecnológico, como es la actual, se ha empezado a oír la palabra tecnofobia cada vez con más frecuencia. ¿Pero verdaderamente tenemos miedo de la tecnología?

Viajemos al pasado y pensemos en el primer cuchillo que tuvo una comunidad humana. ¿Tienes miedo del cuchillo? ¿De esa herramienta que te va a ayudar a cazar y a sobrevivir gracias al alimento que consigas? Claro que si tu enemigo lo empuña para clavártelo, ahí sí que te da miedo el cuchillo. No. El que te da miedo es tu enemigo y el comportamiento que se permite mostrar cuando le das una herramienta que le da poder. Esta forma rudimentaria de tecnología ha sacado lo peor de él.

¿Es mala la tecnología que nos permite medirlo todo? ¿No será el malo, en este caso, un sistema de gobierno que permite tener totalmente controlados a sus ciudadanos y que, si no los ve lo suficientemente dóciles, opta por recortar sus derechos?

Así es Black Mirror, pero también así es nuestra realidad. Y es que la tecnología nos está ayudando con mil cosas. Parece que hace milagros. A mi tía ya la llamamos cyborg, desde que los electrodos que lleva en el cerebro han logrado mejorar con mucho su calidad de vida y mitigar los pesadísimos síntomas de la enfermedad de Parkinson con la que vive. Avances médicos como éste no dejan de sorprendernos, pero no lo son menos los relacionados con la comunicación o con el acceso a la información.

Sin embargo, de vez en cuando, nos encontramos con algunos individuos —o grupos, o sociedades— que, como toda la vida de Dios, siguen usando esa tecnología para hacer el mal y ponen de manifiesto que los seres humanos no siempre somos tan simpáticos.

Seguramente ya somos muchos los que conocemos el sistema de puntuación que está implementando el Gobierno chino. En él, cada ciudadano contará con una valoración basada en factores crediticios, laborales, sociales, políticos y legales; serán estos los que determinarán qué pueden hacer y qué no los ciudadanos de tan enorme país. Ya hay un periodista que tiene una prohibición de viajar en avión durante un año por hablar mal del gobierno. Los que hayan visto “Nosedive”, el capítulo 1 de la temporada 3 de Black Mirror, ya sabrán que a la protagonista le sucede algo similar. ¿Es mala la tecnología que nos permite medirlo todo? ¿No será el malo, en este caso, un sistema de gobierno que permite tener totalmente controlados a sus ciudadanos y que, si no los ve lo suficientemente dóciles, opta por recortar sus derechos?

Pero éste no es el único caso. En el mundo de los influencers ya existen fiestas a las que solamente se puede acudir si tienes un número determinado de seguidores . ¿Es malo interactuar a través de las redes sociales y tener seguidores? ¿No será peor invitar a la gente a tus eventos únicamente pensando en el beneficio económico que esto te va a reportar? Esto no es del futuro. Ha pasado toda la vida.

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      Ciencia ficción distópica
      La serie nos advierte de cómo nuestra propia naturaleza puede convertir los avances en amenazas. En el vídeo, el tráiler de la temporada 4 de Black Mirror

En el ámbito más cercano también estamos pasando por situaciones del estilo. Aún recuerdo cuando hace tiempo una amiga me dijo que si conocía a alguien que le pudiera ayudar a hackear la cuenta de su novio. ¿Por qué? Porque tenía ciertas sospechas, dejémoslo ahí. Pero no necesitamos siquiera un hacker: la triste moda es mirar el teléfono de tu pareja, para ver con quién chatea y en qué tono lo hace.

Tal es el problema que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha tenido que preparar una campaña para explicar que esta práctica, aparte de bien fea, es ilegal. También la hemos visto en ese personaje obsesivo de “Tu historia completa”, que obligó a su mujer a mostrarle sus grabaciones para confirmar la sospecha que tenía de su infidelidad. ¿El problema es el móvil o el pequeño “grano”, como lo llaman ellos, que llevan debajo del oído derecho? (Inciso: ya existe el Narrative Clip, que nos vende esto mismo) ¿No será que estamos asistiendo a una versión más tecnológica de la típica inseguridad de una persona que trata de gestionar con un comportamiento celoso y que aleja la culpa de uno mismo para estrellársela al otro? Por algo será que leer el móvil a tu pareja se considera violencia de género. Celos, inseguridad, control, lectura de correspondencia… a mí no me suena muy novedoso. No.

Pero vamos más allá. El primer capítulo de la serie, “El himno nacional”, es uno de los que más sorprende e impacta. Tiene menos de tecnológico y más de crítica al sensacionalismo de la gente, a la pérdida de escrúpulos a la hora de ver algo verdaderamente morboso, de actualidad, para que no te lo cuente otro. En este caso es la emisión en directo del primer ministro inglés manteniendo relaciones sexuales con una cerda —cerda a la que, por cierto, nadie ha preguntado—, emisión que detiene el país y deja las calles vacías.

Nos plantearemos si nosotros habríamos sido tan morbosos como para estar pegados al televisor en una situación así. Habrá gente que no, claro está. Pero no deja de ser una aberrante realidad que uno de los vídeos más buscados en los últimos meses en servidores de pornografía ha sido la violación perpetrada por esos cinco de un grupo más grande que se autodenominan La Manada. Gente que busca, en páginas donde tienen todo tipo de ficciones para conjugar con sus fantasías, una historia real y trágica que ha conmovido al país… como entretenimiento morboso. Una violación real. ¿Es tan diferente del capítulo de apertura de esta aguda serie? ¿No encaja también un poco con ese plan divertido y autojustificado que se ve en el capítulo de “Oso blanco”, donde los espectadores torturan una y otra vez a una mujer y dejan claro lo divertido que les parece?

A veces uno se plantea qué tal les vendría a quienes buscan este tipo de vídeos ser protagonistas de una versión a la española de “Cállate y baila”.

Si las circunstancias nos acaban dominando y sacando lo más feo que llevamos dentro, solamente las personas que son capaces de tomar una mayor distancia de las situaciones que están viviendo y pasarlas por un juicio crítico son las capaces de reaccionar.

Y tenemos más: abejas drones que polinizan —pero que en la ficción pueden ser la perfecta Death Note del futuro—. La IA de Google ya hace llamadas con personas, es muy cómodo para una cita en la peluquería, pero quién sabe hasta dónde podrá usarse para el engaño… Vivimos en mundos cada vez más virtuales, donde nuestras experiencias son mayores en estos entornos que en la realidad. Seguramente, vivir en pisos de 30 metros a precios astronómicos no nos deja espacios ni presupuesto para mucho más. Pero la culpa no es de la realidad virtual. Si eso, de la especulación y de la desigualdad. Nuestros jóvenes sueñan con ser youtubers e influencers, ¿qué importa la biología, la medicina o las matemáticas? Saben que para salir de la pobreza hay que convertirse en un famosillo. Los méritos no se premian, ni aunque llegues a los quince millones.

Pero sigamos creyendo que lo que tenemos que hacer es temer es la tecnología. Que el problema no nos corresponde. Y es que resulta difícil responsabilizarnos nosotros. Es más sencillo culparla a ella.

Philip Zimbardo, en su obra El efecto Lucifer: el porqué de la maldad, que describe el experimento de Stanford y también algunos de los peores comportamientos de torturas que se dieron en Abu Graib, dio claramente con la clave. Si las circunstancias nos acaban dominando y sacando lo más feo que llevamos dentro, solamente las personas que son capaces de tomar una mayor distancia de las situaciones que están viviendo y pasarlas por un juicio crítico son las capaces de reaccionar.

De eso van Black Mirror y las distopías tecnológicas. Nos ayudan a ver estos futuros, que ya están aquí, a la suficiente distancia para que reaccionemos cuando nos estemos metiendo en una situación que hará brillar lo peor de nosotros. Para que intentemos que sea al contrario y que alimenten nuestra luz. No nuestras sombras.

 

Bibliografía

“China implementará un sistema de puntaje ciudadano basado en la confiabilidad. Sí, ‘Black Mirror’ se vuelve real” en Xataka. Disponible en: https://www.xataka.com/privacidad/china-implementara-un-sistema-de-puntaje-ciudadano-basado-en-la-confiabilidad-si-black-mirror-se-vuelve-real

“China bans journalist from buying a home due to ‘social credit score’ system that punishes anyone who questions the state· en Intellihub. Disponible en: https://www.intellihub.com/china-bans-journalist-from-buying-a-home-due-to-social-credit-score-system-that-punishes-anyone-who-questions-the-state/

“China Assigns Every Citizen A ‘Social Credit Score’ To Identify Who Is And Isn’t Trustworthy” en CBS. Disponible en: http://newyork.cbslocal.com/2018/04/24/china-assigns-every-citizen-a-social-credit-score-to-identify-who-is-and-isnt-trustworthy/

“Controlar el móvil de tu pareja también es violencia de género” en Universia. Disponible en: http://noticias.universia.es/cultura/noticia/2017/03/30/1151065/controlar-movil-pareja-violencia-genero.html

“Narrative Clip review” en CNET. Disponible en: https://www.cnet.com/products/narrative-clip/review/

“El vídeo de la presunta violación de ‘La Manada’, lo más buscado en páginas porno”(2017) en Los replicantes. Disponible en: https://www.losreplicantes.com/articulos/video-manada-lidera-ranking-busquedas-pornografia/

“Científicos desarrollan drones capaces de polinizar flores (porque cada vez hay menos abejas)” en Gizmodo. Disponible en: https://es.gizmodo.com/cientificos-desarrollan-drones-capaces-de-polinizar-flo-1792196330

“La inteligencia artificial de Google habla por teléfono como una persona” en El Mundo, 2018. Disponible en: http://www.elmundo.es/tecnologia/2018/05/10/5af2da5246163fd2648b4658.html

“La historia del experimento de Stanford, el estudio psicológico que acabó en horror” en Hipertextual. Disponible en https://hipertextual.com/2015/03/experimento-de-stanford

Zimbardo, P. (2006): El efecto Lucifer: el porqué de la maldad. Barcelona, Paidós


Covadonga González-Pola

Escritora, editora y formadora en técnicas de escritura. Acaba de publicar De espejos negros (y siervos de un dios digital)que desarrolla relatos inspirados en la serie Black Mirror.  Su canal de enseñanza de la escritura en Youtube, Talleres Literarios Online, fue el primero en nuestra lengua.


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