17 de mayo de 2021

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La IA y la reformulación del trabajo

por Juan Diego Molina

La introducción de la IA en la economía trae consigo importantes consecuencias para los trabajadores. La pérdida de empleo es el temor más extendido. Sin embargo, la IA ofrece una oportunidad para plantear un mercado laboral que satisfaga todas las necesidades humanas.

 

[ ILUSTRACIÓN: CINTA ARRIBAS ]

 

Desde el punto de vista material, la historia de la humanidad se puede entender a la luz de sus avances técnicos, ya que estos son los que van determinando el nivel de bienestar alcanzado por la población. Hoy la humanidad goza de unas condiciones que vienen dadas por una serie de revoluciones tecnológicas que se han producido a lo largo de la historia en el ámbito de la agricultura, el manejo de los metales o la luz eléctrica. Estas revoluciones nunca son instantáneas y suelen venir de largos periodos de gestación. En este sentido la inteligencia artificial (IA) es diferente a revoluciones anteriores, no porque no exista un periodo de gestación, sino porque su concreción en aplicaciones prácticas en la vida económica sigue un ritmo extremadamente acelerado, incomparable con la velocidad de revoluciones anteriores.

Las posibilidades que ofrece la IA son cada vez mayores y pueden afectar a casi cualquier ámbito de la vida dada su naturaleza como tecnología de utilidad general (general purpose technology)1. Pese a las grandes ventajas que ofrece, es necesario hacer una valoración integral que nos permita evaluar objetivamente sus pros y contras, de manera que nuestras sociedades puedan adaptarse a esta nueva realidad. Derivado de la IA podemos observar cambios en distintos ámbitos, tales como en el comercio, en la seguridad personal o en la Administración Pública. Nos centraremos en los efectos de esta tecnología en el mercado laboral.

Somos lo que hacemos

En el mundo contemporáneo, el desarrollo personal se entiende asociado al qué, al cómo y al porqué del trabajo realizado; esto se debe a que normalmente un puesto de trabajo mejor irá asociado a un mayor salario y realización personal que nos permitirá un nivel de vida mejor. Sin embargo, dado que la IA posibilitará la sustitución de la mano de obra humana, esto puede cambiar radicalmente en los próximos años, afectando no solo a las relaciones laborales y comerciales sino también a las relaciones humanas. Se han hecho distintas proyecciones sobre el volumen y tipo de empleos que se verán afectados por la introducción de la IA y, aunque las técnicas de medición varían, los diferentes resultados nos ayudan a esbozar una idea de lo que podría significar en el mercado laboral la automatización del trabajo.

De acuerdo con el estudio titulado The Future of Employement (Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, 2013), el 47 por ciento del total de los empleos en Estados Unidos podrían automatizarse para 2023. Este dato parece particularmente alarmante, sin embargo, el enfoque de esta investigación está centrada en trabajos y no desglosa cada una de las actividades que un trabajador realiza en su puesto. Aun así, es importante considerar que casi la mitad de los puestos de trabajo en este país tendrían al menos una actividad que podría automatizarse. La relevancia del estudio que se cita yace en su primogenitura, ya que de allí parten posteriores análisis.

Es necesario que en medio de la revolución de la IA comprendamos el valor del trabajo de una manera diferente, más allá de lo pecuniario, poniendo de relieve la mejora integral de la persona

De acuerdo con una investigación posterior realizada por la OCDE (Arntz y otros, 2016) solo el nueve por ciento de los trabajos podrían automatizarse por completo en los países miembros de dicha organización. Un estudio posterior de la OCDE (Nedelkoska et al, 2018) en el que se consideran los datos recopilados por el Programa Internacional para el Análisis de las Competencias de las Personas Adultas (PIAAC) señala que, dentro de los 32 países estudiados, el 14 por ciento de los empleos son altamente automatizables, mientras que un 32 por ciento de los trabajos tienen una probabilidad de entre el 50 por ciento y el 70 por ciento de automatizarse. Tanto el estudio de Frey y Osborne como el de Nedelkoska coinciden en que son los empleos en los que se requiere una menor cualificación académica los que tienen un mayor riesgo de ser automatizados, como, por ejemplo, los empleos en el sector agrícola o en la industria manufacturera.

En 2017 la consultora McKinsey realizó un estudio que abarca 800 trabajos en 19 sectores de 46 países distintos; esta amplitud nos da una idea más cercana de los posibles impactos de la introducción de esta tecnología en el mundo. El estudio analiza actividades y no solo trabajos, e indica que un 49 por ciento de las actividades pueden ser automatizadas con la tecnología existente, sin embargo, y muy relacionado con el informe de Arnetz (2016), indica que el cinco por ciento de los trabajos pueden ser completamente automatizados. Otro punto particularmente interesante es que se identifica que en países como México, Colombia, Costa Rica, Perú y Kenia se concentran la mayor parte de las actividades automatizables, lo cual se entiende si consideramos que estas economías se basan en actividades agrícolas y manufactureras.

 

¿Quiénes seremos?

Cabe preguntarse qué pasará con los trabajadores que puedan ser desplazados por la automatización o cuándo se toparán las nuevas generaciones con que el trabajo que pueden hacer sea realizado por un algoritmo. Anteriormente se mencionaba que el desarrollo de las personas se ha entendido en base al trabajo, lo cual deja sin espacio a las demás realidades en las que el ser humano se desenvuelve. Mientras tanto, el trabajo es enaltecido porque es a través de él que conseguimos subsistir en el mundo, sin embargo, ya señalaba Kant que para alcanzar la libertad el hombre debe desarrollar todas las capacidades humanas mediante la cultura (Kant, 2016).

Si hoy en día percibimos que nos desarrollamos como personas en función de nuestro trabajo es, porque, aunque el bienestar material no sea el fin de nuestra existencia, sí que es una condición para que el hombre sea libre y pueda conseguir el progreso cultural y el desarrollo personal (Corazón González, 2007). Entonces, es necesario que en medio de la revolución que la IA trae a la sociedad, comprendamos el valor del trabajo de una manera diferente, más allá de lo pecuniario, poniendo de relieve la mejora integral de la persona que conduzca a su dignificación.

Si somos lo que hacemos, la IA nos podría dejar el espacio para ser más nosotros, para ser más humanos

Si anteriormente se mencionaba que los empleos con mayor riesgo de ser automatizados son aquellos que requieren menores cualificaciones y que realizan tareas mecánicas, es necesario considerar la posibilidad de que la revolución de la IA acabe siendo positiva para los trabajadores. De acuerdo con Acemoglu y Restrepo (2019) uno de los principales contrapesos al desplazamiento de la mano de obra humana es la creación de nuevos trabajos. Tomando en cuenta esta idea, debe hacerse una profunda reflexión sobre lo que somos y lo que queremos que nuestra sociedad sea, estamos ante una oportunidad única para reformular nuestra relación con el trabajo.

La progresiva automatización del trabajo no afectará a todos por igual, tal y como se ha mencionado. Los principales afectados serán las personas que, por falta de preparación, han debido aceptar trabajos que requieren poca cualificación. La IA y la automatización nos ofrecen la posibilidad de centrar nuestro trabajo en actividades que contribuyan al crecimiento de la persona más allá de lo material. Si el trabajo mecánico/sucio/pesado lo realizan máquinas y algoritmos, las personas que lo hacían deben tener una salida que les permita desarrollar aquellas áreas que los trabajos mecánicos no promueven.

Ante la posibilidad de que, derivado del cambio de paradigma en la producción nos encontremos ante una crisis existencial colectiva, es de suma importancia que la sociedad otorgue un rol principal al desarrollo integral de la persona. Una vez sean los algoritmos de la IA los que se encarguen de actividades repetitivas y programables, los seres humanos podrán dedicarse a aquellas habilidades que les hacen diferentes y que solo ellos pueden desarrollar. Si somos lo que hacemos, la IA nos podría dejar el espacio para ser más nosotros, para ser más humanos.

Notas

 1Las tecnologías de utilidad general pueden a afectara a una economía entera. Las GPT, por sus siglas en inglés, tienen el potencial de alterar drásticamente las sociedades a través de su impacto en las estructuras económicas y sociales preexistentes.

Bibliografía

Acemoglu, D. y Restrepo, P. (2019): Artificial Intelligence, Automation, and Work. The Economics of Artificial Intelligence: An Agenda. Chicago, The University of Chicago Press.
Arntz, M.; Gregory, T. y Zierahn, U. (2016): The Risk of Automation in OECD Countries: A Comparative Analysis. OECD. 16 de junio de 2016. Disponible en: https://dx.doi.org/10.1787/5jlz9h56dvq7-en
Corazón González, R. (2007): Filosofía del trabajo. Madrid, Rialp.
Frey, C. y Osborne, M. (2013): The Future of Employement: How Suceptible are jobs to computerisation? Oxford Martin School. Disponible en: https://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf
Kant, I. (2016): Collected Works of Immanuel Kant. Hastings, Delphi Classics.
McKinsey Global Institute (2017): A future that Works: Automation, Employement, and Productivity. McKinsey. Disponible en: https://www.mckinsey.com/~/media/mckinsey/featured%20insights/Digital%20Disruption/Harnessing%20automation%20for%20a%20future%20that%20works/MGI-A-future-that-works-Full-report.ashx
Nedelkoska, L. y Quintini, G. (2018): Automation, Skills use and training. OCDE. Disponible en: https://dx.doi.org/10.1787/2e2f4eea-en
Pieper, J. (1998): Leisure, the Basis of Culture. South Bend, St. Augustine’s Press.

Artículo publicado en la revista Telos 116


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Juan Diego Molina

Graduado en Historia, máster en Ciencia Política y máster en Análisis Económico del Derecho y de las Políticas Públicas por la Universidad de Salamanca. Su trabajo se centra en las políticas para el desarrollo humano y económico.


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