5 de octubre de 2020

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Conectados con la escuela que viene

por Rodrigo Fábrega

Desde su concepción más temprana la educación se desarrolló con miras a formar ciudadanos productivos. Unos sabían y otros aprendían; unos fijaban los estándares, otros los seguían. A la vista de una sociedad industrial, la sociedad escolarizada fue exitosa en transformar por completo el bienestar de la población mundial en los últimos 150 años. ¿Sigue siendo así? ¿Qué cambios están ocurriendo? Todo indica que, a la lógica unidireccional de enseñar, le queda poco que aportar.

 

[ ILUSTRACIÓN: SOL UNDURRAGA

 

Desde su concepción más temprana la educación, como institución administrada y financiada por los Estados, se desarrolló con la formación de la ciudadanía como uno de sus principales objetivos y asumió así su contribución a la sociedad. Los análisis sociológicos acerca de los orígenes de la educación para todos han observado un fuerte vínculo en la tríada educación-ciudadanía-trabajo sostenido por un amplio espectro de intereses en la creación del bien común. Pero ahora que ya sabemos que los trabajos del futuro van a cambiar radicalmente, que la idea de ciudadanía está experimentando aceleradas modificaciones, entonces ¿la educación va a mantenerse en un modelo instruccional? Es decir, donde unos saben y otros aprenden; unos fijan los estándares, otros los siguen. Dentro de las oportunidades que está abriendo la sociedad del conocimiento todo indica que, a la lógica unidireccional de enseñar, le queda poco por aportar. Nos encontramos con la necesidad de comprender y enfrentar la incertidumbre; el imperativo de asumir que la educación no está solo en manos del Estado y por ello debemos asumir la corresponsabilidad en la tarea educativa; y de esta manera, destacar la prioridad por escuchar y promover las nuevas formas de didácticas como una oportunidad.

Hay que admitir que el mundo de la educación vive una incertidumbre. En las sociedades en vías al desarrollo, hasta no hace mucho tiempo, bastaba con tener una credencial universitaria para tener —de alguna forma u otra— la vida asegurada. La certeza que daba la escuela ya no es tal. Eso ya no es así, la pregunta acerca de “qué y dónde estudió usted” está cambiando rápidamente a “qué sabe hacer usted y cómo aprende”.

 

 

Este cambio de poder institucional de la escuela ha llevado a algunos investigadores a afirmar que la escuela no importa, incluso no ha estado libre de críticas por su efecto homogeneizante; “educación bancaria”1 como lo formulara el educador brasileño Paulo Freire en los años 60; o se llamará a avanzar a una “sociedad desescolarizada” como lo propusiera el educador austríaco Iván Ilich en la década de los setenta; o simple y popularmente se criticaba cantando que los estudiantes no querían ser un ladrillo más en la pared2.

¿Va a cumplir la escuela el mismo rol que venía cumpliendo hasta ahora? Frecuentemente se confunde el efecto escuela con el efecto de la escolaridad. David P. Baker en The Schooled Society, The Educational Transformation of Global Culture, entre otros, se ha encargado de mostrar que pese a las mejoras que se pueden hacer en la escuela, el hecho de ir a la escuela, es decir, el efecto de la escolaridad ha sido un avance notable para la sociedad.

Ciudadanos productivos

El actual formato educativo diseminado en los últimos 150 años transformó por completo el bienestar de la población mundial, al punto de que la sociedad es creada y definida por la masificación de la educación. En un formato bastante homogéneo a nivel mundial, con años de escolaridad prescritos y obligatorios, con pruebas estandarizadas, con currículos internacionales, todo con el doble objetivo de formar ciudadanos responsables y productivos. Al parecer eso ya no bastará para el mundo de la mentefactura (Goñi Zabala, J.J.), muchas formas de trabajo se van a extinguir, otras se van a reemplazar. Otras se van a crear, dado que las lógicas del trabajo actual están cada día más siendo desarrolladas bajo la diseminación de las tecnologías de la computación e información, como lo anotara Taichi Sakaiya hace ya cuarenta años, las brechas no serían necesariamente ni de hardware, ni de software sino de humanware, es decir, cuán capaces y creativos seamos. Esta incertidumbre debe ser movilizadora y llevarnos a un plano de la ética de hacer algo, en un sentido de sumar ideas.

Los docentes están tomando las oportunidades con rapidez, con sentido de equidad y con la mirada puesta en el futuro

La corresponsabilidad en el desarrollo de la escolaridad consiste en la necesidad de contribuir en una tarea que sobrepasa a la escuela y su organización estatal, es otra forma de conectarse. Aunque la escuela ha adoptado distintos formatos, pasando por la rural, la educación en casa, el internado, la mixta, la nocturna y, ahora último, la incipiente legitimación de la escuela virtual, entre muchas otras formulaciones, en nuestros días, se requiere no solo flexibilidad de formato sino también de currículos y formas de aprender.

En la sociedad del conocimiento, es importante abandonar la idea predominantemente industrial y su tan útil división del trabajo, lo que implica menos tiempo para aprender a hacer algo, en contraposición a un escenario de aprendizaje como una actividad para toda la vida o “aprendizaje de por vida”, donde nunca se deja de aprender. Así, cuando las imprentas terminan de distribuir cierto tipo de conocimiento, parte de este ya está obsoleto. Pero incluso esa supuesta obsolescencia no sería del todo mala, como lo ha apuntado Humberto Maturana, ya que la parte esencial de la innovación —en los sistemas biológicos— es lo que se mantiene, no lo que se innova. La idea de la corresponsabilidad, la entendemos como un escenario de roles recíprocos, como lo visualizara Habermas, en cuanto a que para hacer algo en conjunto debemos hacernos al menos unas siete preguntas: ¿Qué quiero yo? ¿Qué quieres tú? ¿Qué quieres tú de mí? ¿Qué quiero yo de ti? ¿Cómo hago para que te pongas en mi lugar? ¿Cómo haces tú para que yo me ponga en tu lugar? Y luego qué podemos hacer en conjunto.

Sentido de equidad

En este espíritu, las organizaciones empresariales de la sociedad civil están aportando desde fuera de la escuela, pero dentro de la escolaridad, importantes insumos que antes solo estaban disponibles para los suyos. Una solución proveniente de la industria del software, que hace unos veinte años instauró la idea del software as a service, es el currículo como servicio (a veces se les conoce como plataformas online). Ni los docentes, ni los estudiantes tienen que esperar que, luego de una intrincada tecnología curricular, se pueda acceder al conocimiento. Las formas de aprender han evolucionado de acuerdo con la tecnología disponible. Las nuevas plataformas para formación docente, por ejemplo, se han desarrollado con la combinación de premisas teóricas acerca del aprendizaje y si antes fueron revolucionarias las ideas de Piaget, Vigostky y Papert en el sentido de que el conocimiento se construye, hoy se les suman versiones prácticas como la de George Siemems que se aprende reconociendo y conectando, es decir, una teoría conectivista del aprendizaje que requiere de una didáctica heutagógica, en cuanto a considerar la autonomía de los estudiantes. Sin duda, aquí hay una oportunidad que los docentes han sabido anticipar e implementar.

Los docentes están tomando las oportunidades con rapidez, con sentido de equidad y con la mirada puesta en el futuro. Con conciencia de su tiempo histórico, como Tamara Rapú que llega a su escuela situada en el lugar más “apartado del mundo”, Rapa Nui, saluda a sus estudiantes y comienzan a trabajar. Ellos hoy van a trabajar sobre un modelo de contagio de COVID-19. Pero no van a estudiar lo que dice explícitamente el currículo, la autoridad o la Organización Mundial de la Salud, van a crear algo propio de su interés. Tampoco lo van a hacer en español o inglés, lo van a hacer en su propio idioma, el rapa nui; no van a partir de cero, van a participar de una comunidad que ha enfrentado desafíos similares; ese esfuerzo no va a quedar circunscrito a un espacio físico, sus creaciones van a estar disponibles en una red con millones de usuarios.

En nuestros días, se requiere no solo flexibilidad de formato sino también de currículos y formas de aprender

En efecto, hasta hace muy poco tiempo, la posibilidad de combinar la plataforma ProPuturo de Fundación Telefónica Movistar y La Caixa con una red del Massachusetts Institute of Technology (MIT) no estaba disponible. Como ella, millones de docentes están aprendiendo nuevas ideas y cultivando el pensamiento computacional, el pensamiento creativo, el aprendizaje basado en proyectos, la neurodidáctica, la robótica, la educación emocional. Interesantemente, los estudiantes también tienen posibilidades similares y pueden generar ambientes que actúan localmente, pero desde una perspectiva global y así estimular lo que Freire y Faudez3 proponían: “El origen del conocimiento está en la pregunta, o en las preguntas, o en el mismo acto de preguntar; me atrevería a decir que el primer lenguaje fue una pregunta, la primera palabra fue, a la vez, pregunta y respuesta, en un acto simultáneo”.

Los docentes están participando activamente en una comunidad que debe ser más equitativa. Si bien el avance de la tecnología en las escuelas ha sido exponencial, todavía hay importantes necesidades. Los docentes han mostrado una actitud ejemplar y decidida, ante la imposibilidad de acceso a Internet, han adaptado creativamente el uso de sistemas de mensajería para hacer sus clases y recibir tareas. Han pasado la lista y se han fijado no solo en los presentes, sino también en los ausentes y han hecho los esfuerzos necesarios por tenerlos en clases. Así, por ejemplo, se ha observado que los docentes comienzan a participar en un área que no les era propia: buscar conectividad para sus alumnos.

Es tal la importancia de la escuela como institución en nuestra sociedad, que podemos decir que vivimos en una sociedad escolarizada. La escuela como la conocíamos, que asignó roles a los ciudadanos a temprana edad, que se encargó primero de asegurar la asistencia obligatoria mediante años de estudios y la prescripción de un currículo, está dando paso a un modelo reticular, en red de la transmisión y formación en cómo aprender. Estamos viviendo un proceso de adaptación de la escuela a la sociedad del conocimiento, donde el espacio de la política educativa se abre a escenarios prometedores en orden a superar la didáctica unidireccional, como medio para enfrentar la incertidumbre, ejercer la corresponsabilidad y estimular a los docentes, siguen poniendo en práctica –de manera ejemplar– aquel pensamiento atribuido a la premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral que nos decía que “el futuro de los niños y niñas es siempre hoy, mañana será tarde”.

Notas

 1La educación bancaria es la concepción de la educación como un proceso en el que el educador deposita contenidos en la mente del estudiante. El término aparece por primera vez en la obra Pedagogía del oprimido​ del pedagogo brasileño Paulo Freire.

 2En alusión a la canción Another Brick in the Wall (Otro ladrillo más en la pared) del grupo británico de rock Pink Floyd que criticaba la educación como “una fábrica de salchichas”.

 3Freire, P. y Faundez, A. (2013): Una pedagogía de la pregunta. Crítica a una educación basada en respuestas a preguntas inexistentes. Buenos Aires, Siglo XXI.

Bibliografía

Baker, D.P. (2015): The Schooled Society: The Educational Transformation of Global Culture. Stanford, Stanford University Press.
Minsky, M. (2019): Inventive Mind. Boston, MIT Press.
Resnick, M. (2019): Pensadores Creativos. Cultivar la creatividad como en Infantil con pasión, proyectos, compañeros y juegos. Madrid, SM.

Artículo publicado en la revista Telos 114


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Rodrigo Fábrega

Es presidente de la Fundación Cruzando y asesor de Fundación Telefónica Movistar en Chile. Trabaja en el desarrollo de políticas de lenguaje y creatividad. Es doctor de Teoría y política de la educación por PennState University.


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