5 de enero de 2018

B

Buscando el amor en la Red

por Ana M. González Ramos

ILUSTRACIÓN: DANIEL TORNERO

El presente trabajo analiza un caso de inclusión de las mujeres en las tecnologías: las aplicaciones de contactos (apps, en la contracción anglosajona de uso más extendido). Un primer nivel de análisis describe los cambios sociales apoyados por las tecnologías; en un segundo nivel aborda la realidad compleja e intimista de seres nómadas (Braidotti, 1994) con múltiples identidades, incluidas las identidades virtuales (Haraway, 1995; Turkle, 2011) y las elecciones afectivas de las mujeres.

 

La domesticación de las tecnologías (Lie y Sørensen, 1996), es decir, la incorporación de las tecnologías en nuestro espacio cotidiano ha transformado nuestra intimidad, y nuestras relaciones personales y familiares. Por ejemplo, los cuidados de los hijos se coordinan a través de mensajes telefónicos instantáneos y las recetas de cocina se transmiten de madres a hijas mediante videoconferencia (González, 2017). Las tecnologías no determinan nuestras vidas, se transforman y crean por nuestra actividad humana, no basta que la tecnología exista para ser usada sino que ha de ser apropiada (modificada y adoptada) por las personas (MacKenzie and Wajcman, 1999; Rommes, 2002; Oudshoon and Pinch, 2003; Wacjman, 2007). Durante el proceso de apropiación, las tecnologías se transforman en una herramienta útil y, a veces, toman un nuevo significado. Como Internet que se creó para trasmitir secretos militares y ahora ayuda a visibilizar mensajes y sentimientos públicamente.

Las funciones instrumentales tradicionales de las familias se han transformado. Por una parte, las mujeres han conseguido mayor grado de autonomía personal, emancipación política y están menos sometidas al control social informal. Por otra, el hedonismo (la constante búsqueda de la felicidad) son valores reguladores de las relaciones humanas (Alberdi y Escario, 2003; Giddens, 1992). Las parejas también han protagonizado cambios importantes, sobre todo, en relación a sus funciones y del modo de actuar de sus miembros. La sexualidad se persigue por sí misma, no por motivos reproductivos y el amor puede nacer al margen de la legitimidad del matrimonio o entre personas del mismo sexo. Los miembros de la pareja muestran mayor agencia, dando lugar a relaciones íntimas más igualitarias.

Nada es para siempre, las relaciones son temporales y cambiantes, pueden romperse, entrar en crisis y recomponerse (Bauman, 2005; Kaufmann, 2013). Las subjetividades son cada vez más fuertes y la negociación de las decisiones es constante. Los sentimientos son mucho más visibles que en el pasado y de su exteriorización adecuada depende la duración de las relaciones amorosas. Los encuentros amorosos fuera del matrimonio son mucho más habituales porque la individualización y el hedonismo requieren sentimientos intensos. La libertad de elección de las mujeres también muestra expectativas más exigentes respecto a sus parejas como resultado de su emancipación, mayor conciencia de sí mismas y determinación en perseguir sus propias expectativas.

La humanidad construye herramientas tecnológicas para mejorar su posición en el mundo

La sensación de elección aporta mayor valor a las relaciones. La capacidad de elegir a una persona entre mil, funciona como un talismán que prueba la idoneidad de esas dos personas. La capacidad de amar se define por la libertad mutua de aceptarse y satisfacer las expectativas del/a otro/a. Una pareja tiene que ser al mismo tiempo, un amigo, un compañero y una marca social, es decir, un símbolo de su relación/posición social. Las uniones continúan creando vínculos sociales como en el pasado, pero la mayor libertad social permite crear un mensaje dirigido al círculo social más próximo (por ejemplo, “no es de mi clase social, es extranjero, pero es un intelectual”).

El mestizaje es otro de los factores novedosos de las nuevas relaciones sociales. En el pasado, las relaciones se establecían dentro de un grupo social para mantener la estabilidad de la sociedad, en la actualidad, por el contrario, la transgresión de barreras se sublima, como una capacidad de manejar el propio destino, aviva el deseo y la emotividad. Razas, orígenes sociales, culturas y hasta normas religiosas antes infranqueables son trasvasadas por la unión de ‘dos personas distintas’. La homosexualidad, e incluso la homosexualidad dinámica (cuando la misma persona exhibe orientaciones sexuales distintas en diferentes momentos), es otra manifestación de libertad y agencia (forjar el propio destino). La individualización y la diferenciación identitaria es casi angustiosa, es difícil encontrar un alma gemela, alguien con quien mestizarse buscando una unidad singular.

Inclusión digital de las mujeres

Las tecnologías de la información permiten estrechar lazos con otras personas alejadas geográficamente y superar los límites de los círculos sociales habituales. Según el portal Mobifriends, el 47 por ciento de los/as usuarios/as de esta app son mujeres sin pareja o hijos y el 29 por ciento son hombres con hijos. Todas las sociedades, incluso las más progresistas, ejercen un control moral sobre las elecciones de las mujeres a las que consideran más vulnerables. Por tanto, la utilización de las apps de contacto por parte de las mujeres ha sido más lenta y silenciosa.

A pesar de los cambios sociales, las relaciones amorosas aún están marcadas por el género. Las mujeres aún se comportan condicionadas por el concepto de amor romántico, es decir, confiando en que las relaciones amorosas deben ser duraderas, centradas en la familia y el cuidado mutuo. Los encuentros ocasionales pueden serán una fase inicial de la relación que debe culminar en una relación estable. Además, la libertad sexual de las mujeres arrastra consecuencias sociales, juicios morales que las penaliza. Ello retroalimenta que en cierto momento busquen relaciones estables y que respondan a las expectativas sociales asociadas a los roles del amor romántico.

Se estima que un 25 por ciento de las parejas se han formado a partir de un encuentro en la red

En España, se estima que una de cada cuatro parejas formadas después de 2005 se ha formado por un encuentro en la red, no sólo por el uso de apps de contacto sino por reencuentros con viejos/as amigos/as a través de redes sociales como Facebook. Pero, las mujeres siguen comportándose más tímidamente. Según el Mobifriends, ellos suelen visitar los perfiles de otros/as usuarios/as tres veces más que las mujeres. Además, los hombres se muestran un 40 por ciento más dispuestos a iniciar el primer contacto tras visitar un perfil virtual. Las mujeres están interesadas por características diferentes a los hombres: las usuarias dan mayor importancia a la edad, el nivel educativo y el salario de las parejas.

La virtualidad permite desarrollar relaciones a distancia, nos permite gestionar el tiempo para conocer diferentes parejas, sincerarse y dejar aflorar la emotividad sin ser vistos. El tiempo es un recurso escaso, las tecnologías de la comunicación permiten conocer rápidamente más personas que antes y elegir entre varios/as candidatos/as al mismo tiempo. Además, las plataformas de contactos permiten analizar los perfiles de otros/as candidatos/as anónimamente, analizar sus características y personalidades sin tener un contacto previo. La soledad del cuarto propio virtual (Zafra, 2012) es una ventaja. La conversación con un extraño puede mantenerse como un ejercicio de mera introspección y las normas de comportamiento pueden negociarse. Por el contrario, la virtualidad puede facilitar engaños, mentiras y equívocos, por lo que hay que recordar que las relaciones virtuales requieren siempre una retroalimentación física que confirme las primeras impresiones. Cuando la relación no funciona, la ruptura es más fácil, puede ser unilateral y no requiere explicaciones complejas. El mestizaje cultural y las relaciones transnacionales son más accesibles y probables.

Las TIC permiten construir una personalidad propia menos dependientes socialmente, incluso travestida o desviada de los roles tradicionales. La intención puede ser lúdica o real. Donna Haraway (1995), habla de cíborgs, sujetos de la postmodernidad, entre animales biológicos y tecnológicos, que permiten multiplicar y moldear las identidades sociales. Es posible que las tecnologías muestren identidades fragmentarias de las personas (boyd, 2014), lo cual permite representar diversas dimensiones de la persona social (Goffman, 1993). Así, una red profesional gestionaría nuestro perfil profesional; una red social, la necesidad de comunicación con la familia; y una red de contactos, nuestras demandas afectivas.

Las tecnologías se convierten en mediadores de nuestra vida íntima

El incremento del uso de las tecnologías con fines sociales indica que estamos preparados para crear nuevos tipos de relaciones. Empleando la terminología de Donna Haraway, los y las cíborgs están preparados/as para vivir en la realidad física y en la virtual, dentro y fuera de la red, crear un tipo nuevo de sociabilidad y un continuo ir y venir entre ambas realidades. Son imprescindibles para aquellas personas con un perfil internacional porque todas sus redes sociales son transnacionales. González (2017) ha señalado que las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) permiten a los estudiantes internacionales estar conectados entre sí o la comunicación de las expatriadas con sus hijos. Los dispositivos electrónicos son parte del mobiliario, tan importante como el refrigerador y con una presencia tan central/real como la de un padre o una madre. Un hombre explica que cuando se fue a Bruselas compró una tableta (tablet o computadoras portátiles con tecnología táctil) a su exmujer, que situaron en la cocina desde donde se conecta con sus hijos mientras ambas familias están cenando cada día. Otra mujer comparte consejos y recetas con su madre mientras las dos cocinan en tiempo real.

Una persona entre un millón

Las apps utilizan un sistema lógico-matemático para establecer qué perfiles son compatibles. Algunos sistemas de decisión utilizan las preferencias especificadas en las bases de datos de los/as usuarios/as, otros se basan en sus comportamientos durante los primeros mensajes, otros en las preferencias mostradas por actividad en Facebook u otras redes sociales, siguiendo las recomendaciones de productos, música o películas. Christian Rudder, fundador de OKCupid, asegura que la clave de que una pareja perdure no consiste en que compartan los mismos valores sino de la intensidad de esas creencias y si consiguen armonizarlas, si son capaces de sincronizar sus hábitos y acordar qué objetivos son realmente importantes en su futuro.

Encontrar a alguien especial, a pesar de los/as numerosos/as candidatos/as en internet, se convierte en un motivo que refuerza la elección. Las casualidades y los encuentros fortuitos suelen esgrimirse para justificar su compromiso con otra persona para toda la vida. Encontrar una persona mediante una plataforma virtual se convierte en un elemento mágico en la que descansa el amor romántico. Como una profecía autocumplida, si se cree fuertemente en una relación, se convierte en una relación exitosa.

Las apps son una oportunidad para trasgredir las relaciones patriarcales, especialmente, para las mujeres que se sienten atrapadas en las normas morales o limitadas por un pequeño círculo social. Las apps permiten ampliar las posibilidades, aunque las mujeres que han conseguido una relación mediante este medio dicen que han tenido que buscar mucho y han conocido muchas personas hasta encontrar la adecuada.

Las tecnologías han transformado el cortejo, pero no los fundamentos del amor

La tecnología no está ligada a la soledad, la realidad se muestra más compleja. Para algunas personas las tecnologías incrementan el aislamiento, pero para otras son una herramienta para mejorar la situación de soledad, inscribirse en una realidad social más allá de su comunidad local. Por ejemplo, las jóvenes lesbianas pueden superar la soledad cultural, compartiendo su experiencia con otras lesbianas en contextos más libres a través de los foros de internet.

Según la IBISWorld, las agencias de citas virtuales como OKCupid, Match.com y eHarmony ingresan unos 2.000 millones de dólares al año (1.668 millones de euros). Y, las cifras aumentarán con la segmentación del mercado que ha de ofrecer una solución para cada tipo de cliente.

Puesto que hombres y mujeres muestran respuestas diferenciadas, las compañías ofrecen un producto diferente: Meeting es para buscar pareja; Badoo, para flirtear con otras personas; AdoptaUnTio.es, para las mujeres empoderadas. La publicidad se ha especializado en convencer a todo tipo de mujeres de que pueden encontrar lo que buscan, desde eDarling, “para solteros exigentes” [sic] que en su versión femenina muestra a una mujer madura con alto nivel adquisitivo y sofisticada, hasta AdoptaUnTio.es que publicita la imagen de una mujer joven que usa un carrito de la compra para escoger al hombre que “quiere mimar” [sic].

También las orientaciones sexuales tienen su representación en las plataformas de citas. La más conocida es Grindr que facilita encuentros sexuales entre homosexuales; ellas utilizan FindHrr, que se define como la “más popular app para lesbianas y mujeres queer y bisexuales” [sic]. Estas apps son más discretas o, al menos, no exhiben sus campañas publicitarias en las televisiones sino en foros y canales frecuentados por la población LGTBI. Ello denota cierto pudor hacia este tipo de relaciones, lo cual llama la atención en países como España donde los matrimonios entre personas del mismo sexo se legalizaron hace más de quince años. También sorprende la gran cantidad de apps dirigidas a homosexuales, frente a la escasez de ellas dirigidas a las lesbianas.

Los derechos sexuales de las mujeres están por detrás de los hombres

La relevancia de la sexualidad en la contemporaneidad es visible en la cultura, las costumbres, el mercado… El cambio social ha sido de dos tipos: la normativización de la sexualidad como una esfera más de la vida cotidiana y la incorporación de las mujeres como protagonistas y de sus preferencias en la segmentación del mercado. Si en el pasado la sexualidad era experimentada en la vida privada (reservadamente), en la actualidad son un hecho cotidiano que se exhibe sin reparo. La domesticación de las tecnologías del sexo es tan habitual y popular que se puede adquirir en las farmacias como un producto más de cuidado de la salud.

Las mujeres acaparan el mismo grado de atención que los hombres del mercado, pero la asimetría de género persiste. Aunque disfrutan de mayor libertad sexual, los roles de género siguen reproduciéndose material y simbólicamente. La prostitución sigue siendo mayoritariamente femenina y alimentada por los hombres. El juego sexual repite roles de dominación masculina sobre las mujeres, que se siguen mostrando como simples objetos sexuales. Los ideales del amor romántico siguen reproduciendo las relaciones de subordinación de las mujeres simbólicamente.

Conclusiones

El desarrollo de las tecnologías se ha topado con cambios sociales claves. Los modelos de familias y sus funciones han cambiado diametralmente. Pero los roles sociales no se han transformado completamente. Las relaciones humanas son más complejas y diversas, y las tecnologías pueden crear más vínculos, canales de contacto y nuevos matices en las relaciones interpersonales. Las apps de contactos son útiles para conocer más personas, propiciar otro tipo de relaciones y vehicular deseos. Mujeres y hombres las utilizan con fines diferentes y siguiendo pautas distintas, ellos siguen tomando la iniciativa y las usan para flirtear más que las mujeres. Pero, algunas apps también se utilizan por mujeres que flirtean y toman la iniciativa en primer lugar. La domesticación de las tecnologías permite transformar las relaciones personales, las identidades virtuales diferentes y las funciones de cuidado y afecto de las familias y amigos.

La industria del sexo ha creado nuevos productos y mensajes para una población femenina cada vez más centrada en su sexualidad, como demuestra el consumo de libros y las herramientas eróticas. Pero las mujeres siguen ocupando una posición subalterna y sus cuerpos tratados como objetos. Las cotas de libertad de las mujeres no gozan del mismo grado de respeto que la de los hombres. Mientras algunos avances sociales y tecnológicos permiten avanzar en términos de libertad y de agencia para las mujeres, otros aspectos y herramientas siguen reproduciendo la desigualdad y comporta nuevas amenazas.

 

Bibliografía

Alberdi, I. y Escario, P. (2003): Flexibilidad, elección y estilos de vida familiar. Madrid. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
Bauman, Z. (2005): Amor líquido. Barcelona, Paidós.
Braidotti, R. (1994): Nomadic Subjects. Embodiment and Sexual Difference in Contemporany Feminist Theory. New York, Columbia University Press.
boyd, d. (2014): It’s Complicated: The Social Lives of Networked Teens. New Haven, Yale University Press.
Giddens, A. (1992): La transformación de la intimidad: sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Madrid, Cátedra.
Goffman, I. (1993): La presentación de la persona en la vida cotidiana. Buenos Aires, Amorrortu.
González, A.M. (2017): “Las eMigrantes: la mediación de las tecnologías en las experiencias de movilidad de las mujeres cualificadas”. En Roldán, G.; Guerra, M. J. y Pérez, N. (coords.). Las Odiseas de Penélope. Feminización de las Migraciones y Derechos Humanos. Ciudad de México, Instituto de Investigaciones Económica, UNAM.
Haraway, D.J. (1995): Ciencia, Cyborgs y Mujeres: La Reinvención de La Naturaleza. Madrid, Cátedra.
Kaufmann, J.C. (2013): Sex@mor. Madrid, Pasos Perdidos.
Lie, M. y Sørensen, K.H. (1996): Making Technology Our Own?; Domesticating Technology Into Everyday Life. Scandinavian University Press North America.
MacKenzie, D.A. y Wajcman, J. (Ed.). (1999): The Social Shaping of Technology. Maidenhead (England), Open University Press.
Rommes, E. (2002): “Creating Places for Women on the Internet The Design of a `Women’s Square’ in a Digital City” en European Journal of Women’s Studies, 9 (4), pp. 400-429.
Turkle, S. (2011): Alone Together. Why we expect more from technology and less from each other. New York, Basic Books.
Zafra, R. (2012): (h)adas Mujeres que crean, programan, prosumen, teclean. Málaga, Páginas de Espuma.


Ana M. González Ramos

Investigadora sénior en el IN3 (UOC) y profesora asociada en la Universitat Autònoma de Barcelona. Es miembro y secretaria de AMIT-CAT (Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, nodo de Cataluña). Sus líneas de investigación incluyen las relaciones de hombres y mujeres con las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC)


Comentarios

Artículos relacionados