9 de febrero de 2024

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Hallar y obtener

por Adrián Pradier

La evolución tecnológica de las humanidades ha provocado cambios y avances muy profundos en la obtención, difusión y elaboración del conocimiento, lo cual interroga sobre el valor del saber anterior y la posible obsolescencia de algunas rutinas tradicionales.

 

El giro computacional y la obsolescencia del trabajo hermenéutico

Los saberes humanísticos padecen desde hace algunas décadas los efectos de un «giro computacional» (computational turn) (Berry 2011). Se caracteriza por la aplicación de técnicas, instrumentos y métodos provenientes de las ciencias de la información con el fin de abrir nuevos modos de abordar y entender mejor nuestros legados culturales. Esta nueva circunstancia afectó primero a la gestión, obtención y preparación de los materiales, y después a la elaboración y difusión del propio conocimiento. De acuerdo al Manifiesto sobre las Humanidades Digitales 2.0, las tareas asumidas durante la «primera ola» fueron de naturaleza «cuantitativa»: «potenciar los motores de búsqueda y recuperación de bases de datos, automatizar cuerpos lingüísticos, apilar hypercards en matrices críticas». Por el contrario, la segunda ola se ha caracterizado por un giro «cualitativo, interpretativo, experiencial, emotivo, generativo». Se aprecia así una cierta analogía entre ambas etapas y los dos momentos que integran el trabajo humanístico, extractivo y hermenéutico respectivamente. Con la diferencia de que la capacidad de rastreo y análisis que ahora se ofrece en el primero de ellos es mucho más potente gracias a las nuevas herramientas tecnológicas.

El salto cuantitativo es de tal magnitud que una de las cuestiones características de este segundo período consiste en determinar si la relación de ítems identificados en una rutina básica de minería de datos define el momento extractivo o asume, también, el hermenéutico. Esto sucede, por ejemplo, en el campo de la estilometría, donde parte de la discusión apunta a si los patrones hallados por el agente informático de turno pueden «ser útiles para comprender los equilibrios de fuerzas o la estructura local» o si logran ofrecer por sí solos «un método o una rutina para modelar o describir todo el sistema subyacente» (Dixon 2012, 207), sin necesidad de ejercicio interpretativo alguno. Si, con anterioridad a la implementación de las nuevas herramientas tecnológicas el dilema no tenía mucho sentido, la diferencia estriba ahora en la mastodóntica capacidad de aquellas para manejar, bajo distintos fines, acumulaciones masivas de datos. A esto se añade además el refinamiento de los filtros de búsqueda, la rapidez en la recuperación de la información y su exhaustividad.

No está en juego la pérdida de una romántica forma de entender la investigación humanística, sino una manera de habitar el mundo

Crece así el acervo de los datos por medio de dispositivos que enumeran, determinan y registran similitudes, concordancias y patrones especialmente valiosos para la investigación, satisfaciendo, ante todo, un criterio de eficiencia: se ahorra tiempo, esfuerzo y recursos. Y, entretanto, nos libramos de tareas engorrosas que limitan la aceleración de todo el proceso: ya no es necesaria la presencia del investigador en las bibliotecas correspondientes; ya no es necesario leerlo todo; y, gracias a las nuevas herramientas de procesamiento de lenguaje natural, ni siquiera es necesaria la escritura para elaborar informes, síntesis o resúmenes, pero tampoco trabajos académicos o tesis doctorales. Todo ello nos obliga a repensar el estatuto del saber humanístico, tarea específica de nuestro tiempo en la que ya anda embarcada una legión de especialistas. Y, de entre todas las preguntas posibles, destaca una de ellas que afecta a la gestión del saber anterior: ¿qué valor tienen ahora todos aquellos estudios realizados antes de la implementación de tales recursos y agentes artificiales, ahora que parecen condenados a la obsolescencia?

 

El caso de Roberto Busa, impulsor de nuevas tecnologías e investigador obsoleto

Hay un caso especialmente apasionante, por cuanto en él confluyen el espíritu de la investigación humanística tradicional y el de la innovación tecnológica. Se trata de Roberto Busa, un joven sacerdote jesuita que en 1946 comenzó su disertación teológica sobre el concepto de interioridad en la obra de Santo Tomás de Aquino. Se trataba de un trabajo difícil, cuya complejidad se debía ante todo a la naturaleza filosófica del tema y su carácter transversal. La clave de su éxito dependía así de la elección de un método adecuado, señalado por la propia personalidad de Busa y sus compromisos con la exhaustividad y la fidelidad al texto. Un método que comenzaba por priorizar la búsqueda de aquellas palabras del dominio conceptual de la interioridad que con más frecuencia aparecieran en la obra del santo. El enfoque, por lo tanto, era lexicológico, lo cual contempla varias fases: determinar una lista de términos previsibles, de acuerdo a la pragmática vigente; rastrear su presencia en las fuentes a través de una lectura atenta de las mismas; fijar el sentido de cada ocurrencia en su respectivo contexto; y, por último, discriminar los casos relevantes para el objeto de investigación.

Los problemas aparecieron cuando Busa incluyó entre los términos de búsqueda la preposición latina «in». Pese a que ya a mediados de siglo eran más que habituales los índices analíticos, en ninguno figuraba algo tan insignificante y de uso tan frecuente. Tras miles de fichas manuscritas, sus hallazgos, aunque suficientes para escribir y publicar su tesis tres años después (Busa, 1949), fueron ciertamente limitados: al fin y al cabo, se trataba de un solo hombre contra una obra de más de diez millones de palabras. Pese a la potencia del método elegido, las limitaciones materiales eran evidentes. Pero quizá no lo fueran para las nuevas máquinas de computación.

Ese mismo año el propio Busa viajó a Estados Unidos con el propósito de reunirse en Nueva York con Thomas J. Watson, fundador de IBM. La idea era proponer la creación de una «obra de referencia» que permitiera al investigador buscar y encontrar cualquier palabra (Jones 2016, 28), pero también sus distintas inflexiones en virtud de sus respectivos lemas o lexemas, lo cual era especialmente útil para lenguas fuertemente flexivas, como el español, el ruso o el latín. Si el objeto de investigación consistía, por ejemplo, en analizar el uso del concepto de belleza en la obra de Santo Tomás, la nueva técnica garantizaría la búsqueda del lema latino correspondiente para la forma flexionada pulchritudo y todas sus variantes. Se introducía así la lematización como un proceso algorítmico básico y definitorio del giro computacional de las Humanidades. Nacían, por lo demás, las Humanidades Digitales (Nyhan & Passarotti, 2019).

No sin resistencias al comienzo, el primero de los cincuenta y seis volúmenes que integran el Index Thomisticus vería la luz en 1974. El trabajo concluyó en 1980 y doce años después se lanzó el CD-ROM, que quedó obsoleto cuando a finales de 2001 se subió a la red el Corpus Thomisticum, proyecto dirigido por el profesor Enrique Alarcón. Desde entonces, el sitio pone a disposición de los usuarios tanto la edición de las obras completas del santo, como un sistema de gestión de datos que permite, tal y como figura en su página web, «encontrar, reunir y ordenar palabras, frases, citas, semejanzas, correlaciones y datos estadísticos». Además, y con el beneplácito del padre Busa, se incluyó la publicación de la «nueva edición del Index» bajo el propósito de que fuera «consultada gratuitamente a través de Internet» (Alarcón 2002, 799), privilegio del que seguimos beneficiándonos hoy mismo.

Hallar frente a obtener: el valor irreductible de la experiencia

La lematización, como técnica de recuperación de datos, se aplica ya a numerosos corpus textuales y amplía los límites del quehacer humanístico al incrementar y agilizar la percepción de los investigadores. Sirva de ejemplo el hecho de que la misma tarea que emprendiera Busa en 1946 consume hoy apenas unas milésimas de segundo y arroja, sin embargo, un total de 303047 ocurrencias de la preposición latina «in», localizadas en 59263 lugares de la obra tomista. La pregunta que formulábamos con anterioridad puede aplicarse ahora a su propio trabajo. Al fin y al cabo, si las limitaciones materiales de 1946 han sido ampliamente superadas en virtud del recurso que el propio sacerdote impulsó, ¿qué valor tiene ahora, además de genealógico o histórico, su estudio sobre la terminología tomística de la interioridad? Ciertamente próximo a la anécdota, si lo comparamos con los resultados de la búsqueda.

El argumento conforme al cual las tareas tradicionales de las Humanidades se han vuelto innecesarias es falso

No obstante, esto sería así si la pregunta girara en torno al valor de los datos obtenidos, cuando debería hacerlo en torno al valor del hallazgo no deseado, comoquiera que la diferencia elemental entre ambos modos de hacer radica entre las palabras «hallar» y «obtener». Siguiendo con el ejemplo de la lematización, a medida que nos libramos de leerlo todo, también nos perdemos el irreductible valor de la errancia por los textos, que revelan siempre un fondo de esencial indisponibilidad al que sólo se tiene acceso parcial caminando, explorando y preguntando. Saber lo que se quiere encontrar no es así lo mismo que hallar lo que no se esperaba y entrever lo que siempre queda más allá: el sentido oculto de las cosas.

Sobrecoge, a este respecto, la semejanza entre los hábitos de consumo de los usuarios de Internet a la hora de buscar información y los nuevos modos que amenazan a la investigación humanística, ya desde los estudios de grado, en los que parece cobrar más importancia la recuperación inmediata de los datos que las tareas de contextualizar, interpretar o, en palabras de Kissinger, «conceptualizar su significado»: «la información», escribía en 2018, «amenaza con arrollar a la sabiduría» (Kissinger, 2018).

Toda nueva incorporación tecnológica al campo de las Humanidades parece llevar aparejada la consiguiente pérdida de una o varias rutinas. Algunas de ellas, sin embargo, son irrenunciables para la propia formación humanística. Ya es habitual la presentación de trabajos finales en los que la redacción se ha realizado con herramientas de procesamiento de lenguaje natural o donde la lectura de la novela u obra filosófica de turno se considera innecesaria, máxime cuando el texto está disponible para filtrados cada vez más eficientes. Falta compromiso con la obra. Y aún más preocupante: falta el elemento crucial del placer liberado de los fines, pero incardinado en la generación del saber.

El ejercicio de libertad que implica toda praxis de la sensibilidad se colapsa así en una mecanización del propio proceso de lectura y, paulatinamente, también del de escritura, cuyo desmontaje responde aquí al mismo criterio de eficiencia anteriormente descrito. No está en juego la pérdida de una romántica forma de entender la investigación humanística, sino una manera de habitar el mundo; conservada y alimentada en las universidades; contraria a la aceleración; donde la intuición es un método… y la lentitud, un valor. El argumento conforme al cual las tareas tradicionales de las Humanidades se han vuelto innecesarias es falso en cuanto sustraemos el valor de la experiencia, en particular de la errancia, en la cual se posibilita la auténtica apropiación del hallazgo. Solo quien se atreve a mirar más allá de los márgenes algo asfixiantes del parámetro se expone así al silencioso rumor del saber, cuyos estratos se despliegan mucho más profundamente que la mera información obtenida sin esfuerzo alguno.

Bibliografía

Alarcón, E. El proyecto Corpus Thomisticum: descripción y perspectivas. Anuario Filosófico 35: 701-801, 2002. Disponible en: https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/867/4/1.%20EL%20PROYECTO%20CORPUS%20THOMISTICUM%2C%20DESCRIPCIÓN%20Y%20PERSPECTIVAS%2C%20ENRIQUE%20ALARCÓN.pdf

Berry, D. M. The Computational Turn: Thinking About the Digital Humanities, Culture Machine, 12, 2011 http://culturemachine.net/index.php/cm/issue/view/23

Busa, R., S.J. (1949): La terminologia tomistica dell’interiorità. Saggio di método per un’interpretazione della Metafisica della Presenza. Milán, Fratelli Bocca.

Dixon, D. (2012): «Analysis Tool or Research Methodology». En Understanding Digital Humanities (191-209), ed. David M. Berry. Londres, Palgrave MacMillan.

Kissinger, H. A. «How the Enlightenment Ends» en The Atlantic, junio de 2018. Disponible en: https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2018/06/henry-kissinger-ai-could-mean-the-end-of-human-history/559124/

Nyhan, J. y Passarotti, M. (eds.) (2019): One Origin of Digital Humanities. Fr. Roberto Busa in his Own Words. Cham, Springer Nature.

Autor

Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Es profesor en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid, donde compagina docencia e investigación en Estética y la Teoría de las Artes.

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