5 de julio de 2021

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e-Europa, nación digital universal

por Rafael Martínez-Cortiña

El humanismo tecnológico, impulsado desde una nación digital europea, se configura como una oportunidad para hacer frente a los estados-plataforma que operan desde la nube.

 

China y Estados Unidos están liderando la revolución tecnológica en el siglo XXI. Ello deja a la Unión Europea ante el reto de construir su propio espacio digital o asumir una menor relevancia geoestratégica, una mayor vulnerabilidad en su propia gobernanza y una mayor dependencia ante tecnologías ajenas a sus valores. Ello implicaría una mayor dificultad para resolver conflictos, una mayor inestabilidad social y una menor capacidad para generar soluciones propias ante cambios y nuevos ciclos.

Con el objeto de salvaguardar la esencia de la Unión Europea y para evitar que se desdibujen nuestros valores europeos en la década de 2020, nos veremos obligados a liderar una revolución digital centrada en las personas utilizando las mismas reglas de juego que las corporaciones que operan en territorio digital, como Google, Amazon, Facebook, Apple, AliExpress o TikTok, entre otros gigantes tecnológicos que se están configurando como estados-plataforma, término acuñado por el filósofo Pierre Levy1. De esta manera, frente a políticas dirigidas al territorio físico, la Unión Europea podría construir en territorio digital un espacio capaz de generar soluciones propias con impacto a escala global.

Una nación digital que ofreciera bajo un mismo paraguas tecnológico respuestas a las necesidades de todas las personas que compartimos los valores europeos por todo el mundo podría brindar un marco de confianza que permitiese despejar algunas de las incógnitas —seguridad, libertad, empatía, comunidad y transparencia— que surgen de nuestra interacción con unas corporaciones digitales que impactan en nuestros valores y en la esencia misma del proyecto europeo. Bajo el impulso del humanismo tecnológico, en el que la tecnología está erigida para responder a las necesidades de las personas, el sueño europeo de luchar por unos valores que dignifican al ser humano trascendería el espacio físico de los 27 Estados miembros de la Unión Europea para tener un carácter universal.

Este enfoque sería coherente con los planes de la Comisión Europea de crear mecanismos propios que permitan evitar la dependencia y colonización tecnológica bajo valores que no siempre son los europeos. Para la Comisión Europea esto supone una prioridad para la década de los 2020.

Una década digital con valores europeos

La Comisión Europea presentó en febrero de 2020 su estrategia para dar forma al futuro digital de Europa, centrada en tres objetivos: que la tecnología digital redunde en beneficio de las personas, que fomente una economía justa y competitiva; y que impulse una sociedad abierta, democrática y sostenible. Dicha estrategia para lograr que Europa se convierta en líder mundial de soluciones digitales deberá “reflejar lo mejor de Europa: ser abierta, justa, diversa, democrática y con confianza en sí misma”2.

La estrategia destinada a lograr la soberanía digital europea está centrada en tres pilares fundamentales. El primero son los datos, impulso básico de la sociedad digital, por lo que la Comisión Europea construirá una nube propia (GaiaX3), con fondos de NextGenerationEU4, para facilitar espacios comunes para la interacción digital. El segundo pilar es una inteligencia artificial centrada en el ser humano en diversos sectores como son educación, salud o transporte. El tercer pilar son infraestructuras que permitan una conectividad segura, tanto en redes (fibra, 5G y 6G) como en superordenadores. La estrategia para lograr la soberanía digital europea también agrega elementos de humanismo tecnológico. Así, la estrategia digital europea impulsa, entre otros, que los ciudadanos tengamos un mayor control “sobre quién puede acceder a los datos generados por máquinas”5.

Una nación digital que ofreciera bajo un mismo paraguas tecnológico respuestas a las necesidades de todas las personas que compartimos valores europeos por todo el mundo podría brindar un marco de confianza

La decisión de la Comisión Europea es firme. Durante la década de los 2020 la soberanía digital europea deberá permitir establecer pautas propias que estén en consonancia con valores europeos, para no seguir dependiendo de otras con valores ajenos. Lo que está destinado a convertirse como la «Década Digital» de Europa es un reto colosal, ya que, según la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen6, “el futuro digital de Europa abarca todo, desde la ciberseguridad a las infraestructuras críticas, desde la educación digital a las capacidades, desde la democracia a los medios de comunicación”.

Soluciones tecnológicas éticas

Un territorio digital que albergase soluciones alternativas en un marco de confianza podría garantizar elementos básicos para las personas como son la seguridad, la libertad, la empatía, la comunidad y la transparencia. De esta manera, una persona en cualquier parte del mundo operaría en el territorio digital europeo con la seguridad de que sus datos no serían utilizados en su contra, con la libertad de elegir soluciones procedentes de todo el mundo, en un entorno empático para personas que aportan soluciones a otras personas, en comunidades donde los valores europeos son vitales y con la posibilidad de operar con transparencia. Todo ello generaría un entorno de confianza que superaría al de los estados-plataforma.

Además, puesto que la Unión Europea no tiene ánimo de lucro —como sí lo tienen los estados-plataforma—, eEuropa podría remunerar a los ciudadanos por su participación proactiva en la generación de soluciones alineadas con las estrategias europeas mediante un sistema de recompensas. Estas podrían ser monetarias o emocionales, de manera que el flujo de tesorería que se generase podría dedicarse a cubrir necesidades individuales o a apoyar proyectos colectivos, como pueden ser el desarrollo local, la protección ambiental o la inclusión social, por poner algunos ejemplos.

Durante la década de los 2020 la soberanía digital europea deberá permitir establecer pautas propias que estén en consonancia con valores europeos, para no seguir dependiendo de otras con valores ajenos

A diferencia de los estados-plataforma, un valor añadido de operar en el espacio digital europeo sería el sentimiento de pertenencia a una comunidad que opera a escala global defendiendo valores centrados en el ser humano. La participación proactiva en un espacio diseñado para las personas podría promover un tipo de tecnología que consiguiera reducir distintas brechas que existen hoy entre los europeos, desde las socioeconómicas, las de género o las relacionadas con la capacitación digital.

La nación del humanismo tecnológico

El término nación (derivado del latín nātio, nacer) podría definirse como el conjunto de personas que comparten vínculos basados en valores culturales, tienen conciencia de pertenecer a una misma comunidad y comparten un territorio, que en este caso sería el digital. Bajo este espíritu, un estado miembro de la Unión Europea, Estonia, creó una nación digital —eEstonia7) que permite la residencia digital8—. En la sociedad digital estonia cualquiera puede solicitar la e-residencia para registrar su empresa, participar en la e-educación, abrir una cuenta bancaria y disfrutar de los beneficios de una residencia digital, que no física. En julio de 2017 ya había más residentes digitales en Estonia que recién nacidos9 y en 2025 se prevé que la población digital sea diez veces mayor que la territorial. ¿No podemos imaginar una nación digital europea similar que congregase a diez veces la población territorial? La Unión Europea albergaría a 450 millones de europeos y eEuropa, a 4.500 millones de personas con valores europeos. El ejemplo estonio ha demostrado que una nación digital impulsada desde el gobierno trasciende el territorio físico y permite una mayor eficiencia en la gestión de los recursos, lo que ha aumentado el orgullo de pertenencia de los estonios, que han sido capaces de construir la nación digital más avanzada del mundo10.

¿No podemos imaginar una nación digital europea similar que congregase a diez veces la población territorial? La UE albergaría a 450 millones de europeos y eEuropa, a 4.500 millones de personas con valores europeos.

Si los estados miembro de la Unión Europea se unen inspirados en el modelo de eEstonia para configurar un espacio único que opera a escala global, donde la tecnología está al servicio de las personas bajo criterios éticos y valores europeos, eEuropa podría ser una respuesta no para la población europea, sino para el conjunto de personas que compartimos valores europeos, netamente humanistas. Poner el foco de eEuropa en el Humanismo Tecnológico como elemento diferenciador obligaría a los estados plataforma a reconfigurar sus modelos de negocio, incorporando elementos éticos en sus planteamientos tecnológicos, que ya no estarían centrados exclusivamente en el ánimo de lucro. La mera existencia de una nación digital humanista europea obligaría a los estados-plataforma a reposicionarse y a repensar su futuro tecnológico.

El camino que están recorriendo los gigantes tecnológicos plantea incertidumbres a las personas que deseamos mantener nuestra identidad, nuestra libertad, nuestra privacidad, nuestro pensamiento crítico y nuestra dignidad, entre otros. La Comisión Europea puede empezar a pavimentar un camino en que estos valores estén garantizados. Un camino no solo para los europeos, sino para todas aquellas personas con valores europeos en cualquier lugar del mundo. De esta manera alcanzaremos una sociedad abierta, justa, diversa, democrática y con confianza en sí misma, que no solamente beneficie a los europeos, sino al conjunto de la humanidad.

El planteamiento de base de eEuropa como nación digital universal puede parecer utópico y hasta irrealizable, pero no debemos olvidar que algunos de los estados que estuvieron enfrentados en la Segunda Guerra Mundial fueron los artífices de la Unión Europea. Ello demostró que cuando Europa camina unida es capaz de liderar el camino hacia una sociedad más fuerte, con valores y con visión de futuro. Ahora más que nunca tenemos la oportunidad de seguir construyendo a un ser humano con valores europeos. Aunque parezca una utopía.

Notas

 1Más información. Entrevista con Pierre Levy en El País: https://elpais.com/eps/2021-06-27/pierre-levy-aunque-muchos-no-lo-crean-ya-eramos-muy-malos-antes-de-que-existiera-internet.html

 2Estrategia de la Comisión Europea para dar forma al futuro digital de Europa: https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_20_273

 3Disponible en: https://www.data-infrastructure.eu/GAIAX/Navigation/EN/Home/home.html

 4Más información: https://ec.europa.eu/info/strategy/recovery-plan-europe_es

 5Más información: https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/TXT/?qid=1593073685620&uri=CELEX:52020DC0066

 6Más información: https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_20_273

 7Disponible en: https://e-estonia.com/

 8Disponible en: https://e-resident.gov.ee/

 9Más información: https://www.nextnature.net/story/2017/estonia-more-e-residents-than-babies

 10Más información: https://www.wired.co.uk/article/digital-estonia

Bibliografía

Baubock, R. (2018): Debating transformations of national citizenship. Springer Open. ISBN: 978-3-319-92718-3.
Hobbs, C. y Torreblanca, J.I. (2020): La soberanía digital de Europa. Madrid, La catarata. ISBN: 9788413521404.
Martínez-Cortiña, R. (2019): (Tu) Nación Digital. León, Eolas ediciones. ISBN: 978-84-17315-93-1.
Schmidt, E. y Cohen, J. (2014): El futuro digital. Madrid, Anaya Multimedia. ISBN: 9788441535848.

Autor

Economista por la Universidad Complutense y MBA por ESCP Europe. Co-fundador de Thinkeers. Miembro del Comité Científico de TELOS. Analista en Millenium Project. Su último libro es (Tu) Nación Digital, que publica Eolas Ediciones.

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