12 de mayo de 2021

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Un pacto intergeneracional para el futuro

por Elsa Arnaiz

La brecha intergeneracional que existe entre jóvenes e instituciones crece día a día. Esta desafección requiere de soluciones que van más allá de las urnas, como la implementación de metodologías que transformen su voz en medidas accionables y consensuadas.

 

[ ILUSTRACIÓN: DANIEL TORNERO ]

 

El cuarenta por ciento de la juventud española considera que en tres años la situación será peor al momento actual. Según el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, los jóvenes de 15 a 29 años son la primera generación que cree que sus hijos vivirán peor que ellos (Megías Quirós, 2019). Lo que empezó como un fenómeno de hartazgo hacia la clase política ha evolucionado hacia una brecha de confianza con respecto a las instituciones y el sistema democrático.

El 15-M trajo un soplo de aire fresco a la política, pero desde entonces toda esperanza depositada en los nuevos partidos se ha esfumado. Los y las jóvenes se han cansado de participar en el sistema democrático a través de las vías tradicionales. El Informe Juventud en España 2020 elaborado por el INJUVE y el Observatorio de la Juventud en España1 alerta de que la participación joven en las últimas elecciones fue un 6,6 veces menor que entre los adultos. La juventud muestra su descontento en redes sociales y en las calles, pero no obtiene el impacto deseado: un cambio real en la política en el que su opinión y perspectiva sea considerada fundamental para la elaboración de políticas públicas. Debido a que esto nunca sucede, acaban por considerar que el sistema no funciona y da paso a una indefensión aprendida.

Frente a este panorama, podemos diagnosticar un claro caso de desafección política. El problema no solo reside en la desafección en sí, sino que esta presenta un carácter intergeneracional. La pandemia ha agravado la situación socioeconómica de la juventud. De acuerdo con 40dB2, la mayoría considera que la actual crisis tendrá un mayor impacto en la calidad de vida de los jóvenes que la anterior3. Además, hay una clara percepción en la sociedad de que la crisis de la COVID-19 dará lugar a una mayor desigualdad generacional4. Estos factores, unidos a que durante el desarrollo de la pandemia hemos presenciado diferentes ataques a la juventud desde los diferentes partidos políticos, instituciones y sociedad civil, criminalizándola, dan lugar a una opinión desfavorable hacia el Gobierno con respecto a la protección de los jóvenes durante la crisis de COVID-195.

Esta brecha entre los jóvenes y los adultos presenta un reto de elevada magnitud, pero sobre todo una oportunidad. Durante la pandemia se han creado plataformas para que la juventud tome acción e incida en los procesos de toma de decisiones. Las nuevas tecnologías, como aliadas, han permitido el empoderamiento de la juventud, a través de metodologías donde miles de jóvenes han sido capaces de aunar voces —realmente distintas y diferenciadas—, encontrar vías de entendimiento y han definido y delimitado políticas públicas transversales para el escenario 2030 con medidas factibles, realizables
y accionables.

Es así como en marzo de 2020 nacía Talento para el Futuro, una plataforma que une ya a más de 70 organizaciones de la sociedad civil con el objetivo de que la voz de los jóvenes esté presente en los procesos de toma de decisiones. Talento para el Futuro nace desde la autocrítica, asumiendo que la juventud no ha agotado todas las vías existentes para que su voz se oiga. A través del uso de herramientas tecnológicas, se ha construido una comunidad de casi 2.000 jóvenes que se han reunido cada semana telemáticamente para poner en común y desarrollar propuestas para la sociedad del futuro. Una sociedad que ellos y ellas tendrán que vivir y sostener y que, por lo tanto, resulta crítico que su voz esté representada en la elaboración de políticas públicas.

El valor diferencial de este paquete de medidas propuestas por la juventud, agrupadas bajo el marco del Pacto Intergeneracional por el Futuro, es que no se dirige a la juventud necesariamente, sino a la sociedad en general y a los futuros líderes de la década que viene en particular. El proceso de elaboración del pacto presenta tres fases: elaboración, contraste y adhesión.

En primer lugar, se realizó un exhaustivo trabajo de investigación y diálogo entre jóvenes que, acompañado con metodologías basadas en design thinking, permitió encontrar consenso entre una juventud realmente heterogénea. Para poder identificar las temáticas que más preocupaban a la juventud, se organizaron diferentes sesiones de trabajo. Una vez establecidas cuáles eran las áreas en las que se trabajaría durante los próximos meses, se alinearon con los Objetivos de Desarrollo Sostenible recogidos en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Finalmente, se identificaron cuatro grandes temáticas: (1) Sostenibilidad, innovación y tecnología, (2) Educación, empleo y tejido empresarial, (3) Nuevo contrato social, economía, bienestar y derechos y (4) Democracia, instituciones y relaciones internacionales. Dentro de estos grandes ejes se crearon grupos de trabajo por subtemáticas, llegando a un cómputo total de veinte grupos. Estos trabajaron con expertos desde mayo de 2020 hasta diciembre en la elaboración de objetivos, apoyándose en documentos con propuestas de política pública (policy papers).

Un paso crucial

Pero tal y como adelantábamos, el valor no reside solo en los objetivos propuestos, sino en el trabajo realizado en la segunda etapa: la fase de contraste. Desde enero de 2021 un equipo de voluntarios especializado en incidencia política se ha dedicado a establecer reuniones y sesiones de trabajo con las principales organizaciones y personalidades políticas, económicas, académicas y sociales del país. El objetivo es simple pero no por ello menos importante: recabar retorno (feedback) de todos estos actores para que el pacto deje de ser un documento unilateral escrito por la juventud y pase a ser un marco de objetivos intergeneracionales. Es importante señalar que, sin esta segunda fase, el trabajo de miles de jóvenes sería en vano.

Precisamente, la importancia de esta fase reside en que, en momentos de confrontación política y polarización sin precedentes como los que vivimos, es necesario realizar un primer acercamiento con los partidos políticos, instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil para que se sientan partícipes y puedan aportar su necesaria contribución. De hecho, para buscar la adhesión de todos los agentes sociales (stakeholders) es necesario que haya una primera toma de contacto en la que hagan suyas las medidas y objetivos propuestos. Sería imposible plantear el compromiso de todos los sectores de la sociedad sin antes consultar y escuchar lo que ellos tienen que contar. Huelga decir que, una vez que se obtenga el contraste de todos los actores, se procederá a la enmienda del texto del pacto y se someterá a la aprobación de todos aquellos que participaron.

La juventud muestra su descontento en redes sociales y en las calles, pero no obtiene el impacto deseado

Tras esta segunda etapa, tendrá lugar la firma del pacto en sus diferentes fórmulas atendiendo a las diversas realidades y sectores que cada actor representa. Como es obvio, un partido político, por su naturaleza, no puede exhibir el mismo nivel de afiliación que una empresa, un think tank u otra institución. Existe por tanto la posibilidad de una adhesión à la carte para que el resultado incorpore al mayor número posible de participantes independientemente de su grado de compromiso.

Anteriormente hemos expuesto el planteamiento de Talento para el Futuro con el objetivo de estrechar la insoportable brecha intergeneracional en la sociedad española. El Pacto Intergeneracional por el Futuro consiste en un paquete de objetivos y medidas implementables para el escenario 2030. Recordemos que este pacto se ha realizado gracias al trabajo de casi mil jóvenes distribuidos por temáticas que han elaborado los policy papers en los que se sustenta.

El valor único y principal del Pacto reside en su visión. Sin duda, va un paso más allá que el resto de las propuestas provenientes de la juventud. A la postre, el objetivo de la realización de un trabajo de contraste dentro del ecosistema de actores públicos, privados y sociales, es incidir y mejorar las políticas públicas españolas. La metodología aquí expuesta esperamos que acabe marcando el éxito del mayor esfuerzo de inteligencia colectiva joven hecho en España hasta el momento.

Notas

 1Resumen ejecutivo del Informe Juventud en España 2020.

 2Disponible en: https://40db.es/

 3El impacto generacional del coronavirus. Fundación Felipe González, 2020.

 4Ídem.

 5Ídem.

Bibliografía

Fundación Felipe González (2020): El impacto generacional del coronavirus. Disponible en: https://www.fundacionfelipegonzalez.org/pdf/el-impacto-generacional-del-coronavirus
INJUVE (2021): Resumen ejecutivo. Informe Juventud en España 2020. Disponible en: http://www.injuve.es/sites/default/files/adjuntos/2021/03/informe-juventud-en-espana-2020-resumen-ejecutivo.pdf
Megías Quirós, I. (2019): Protagonistas y espectadores. Los discursos de los jóvenes españoles. Disponible en: https://www.fad.es/wp-content/uploads/2020/01/protagonistas_espectadores_dos.pdf

Artículo publicado en la revista Telos 116


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Elsa Arnaiz

Presidenta y Directora General de Talento para el Futuro. Embajadora de la campaña #Aceptamoselreto de la FAD. Máster en Big Data y Business Analytics por IE Business School.


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