1 de septiembre de 2021

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Sin igualdad no salvaremos la Tierra

por Covadonga González-Pola

El desarrollo sostenible no deja de ser económico, pero también es medioambiental y social. ¿Y cómo vamos a lograr un desarrollo justo si dejamos atrás a los colectivos que más necesitan ese desarrollo y que más pueden contribuir a que este sea sostenible? ¿Podemos acabar con el hambre sin acabar con la desigualdad? Esa visión de largo plazo de las mujeres en tantas comunidades del mundo es el enfoque necesario e integrador que nos permite vernos como una gran familia diversa de la que los humanos somos una parte, pero donde cuenta todo lo que habita en la Gaia de Lovelock.

 

Hace ya muchos años que comenzaron a acuñarse las definiciones de desarrollo sostenible. Sin embargo, es habitual que el ciudadano medio crea que este desarrollo tiene una única fijación: el medio ambiente. Y olvida que la propia naturaleza nos ha enseñado que, si lo hacemos bien, todos podemos ganar.

En ecología —la “parte de la biología que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio en el que viven”, dice la RAE. Ojo, no confundir con el ecologismo, con un componente político y/o ideológico— se estudian maravillas como el mutualismo. Se trata de interacciones entre dos especies en las que ambas salen ganando. Pensemos, por ejemplo, en las abejas que obtienen néctar de las flores mientras que estas flores que son polinizadas gracias a su ir y venir de flor en flor. A pesar de la naturaleza desconfiada de algunos, tenemos que saber que con un enfoque adecuado, también en el desarrollo sostenible pueden ganar todos los ámbitos que se ven implicados: gana la economía —nos lleva a un mundo más seguro en el que siempre tengamos acceso a lo necesario—, gana la sociedad —porque puede acabarse con el hambre y con las desigualdades— y, por supuesto, gana el medio ambiente —al que dejamos de esquilmar y tratamos no solo con respeto, sino pensando en que necesitamos que nos siga proveyendo de tantísimos bienes—.

El ecofeminismo plantea que la protección y recuperación del medio ambiente no será posible si no se logra una igualdad real entre las personas, independientemente de su género

Y aquí es donde entran corrientes como el ecofeminismo. ¿Cómo definir este movimiento? Aunque podemos encontrar diferentes corrientes del pensamiento, aquí nos quedaremos con la idea de que el ecofeminismo plantea que la protección y recuperación del medio ambiente no será posible si no se logra una igualdad real entre las personas, independientemente de su género. Y viceversa: la igualdad y la sostenibilidad están estrechamente ligadas.

La ONU, desde que estableció los Objetivos de Desarrollo del Milenio —que se han traducido más adelante en los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible—, tenía claro que no se puede lograr un mundo sostenible sin empoderar a las mujeres y tampoco sin que estas tengan los mismos derechos, en todo el mundo, que sus colegas varones. Así, muchos de sus objetivos y planes persiguen no solo ayudarlas a ellas, sino también implicarlas como parte de la solución a la vez que las ayuda a resolver sus problemas.

“Las mujeres no son solo víctimas; han sido y pueden ser actores centrales en el camino hacia la sostenibilidad y la transformación ecológica. Sin embargo, esto no debe significa añadir «medioambiente» a la lista de tareas de cuidado de las mujeres, o instrumentalizarlas como las nuevas «salvadoras de la sostenibilidad». Lo que debe significar es reconocer y respetar sus conocimientos, derechos y capacidades, así como la integridad de sus cuerpos, y asegurarse de que el papel que desempeñan encaja con los derechos y el control sobre los recursos y con su poder de decisión.” Por qué las mujeres salvarán el planeta, página 127.

De hecho, en gran parte, ya son ellas las que han movido esta revolución medioambiental: “… las mujeres eran en todas partes las primeras en protestar contra la destrucción del medio ambiente”, dicen en la introducción de Ecofeminismo (1993) Maria Mies y Vandana Shiva. Tenemos ejemplos muy tempranos. Por ejemplo, el caso de las mujeres rurales de Chipko, cuyo movimiento “abrazaárboles” frenó la deforestación del Himalaya y sigue trabajando para ayudar a alcanzar la igualdad en su comunidad a la vez que progresa en iniciativas de reforestación.

Ecofeminismo y Objetivos de Desarrollo Sostenible

El de Chipko es uno de tantos ejemplos a lo largo de las últimas décadas, pero haremos hincapié en los principales objetivos que se ha marcado la ONU, qué problemas urgentes desean solucionar y en algunas brillantes iniciativas que resumen de forma muy vívida el espíritu de los pensamientos ecofeministas:

– Pobreza y objetivo de hambre cero: cada vez se habla más de la feminización de la pobreza y, de hecho, las mujeres tienen un riesgo mayor de vivir en pobreza extrema. Este se incrementa hasta un 25 por ciento en las mujeres con edades comprendidas entre los 25 y los 34 años. Si tenemos que pensar en acabar con la pobreza, las mujeres serán de las mayores beneficiarias de este esfuerzo en aras del desarrollo sostenible.

– Igualdad de género: tal es su importancia que se considera un objetivo propio dentro de este horizonte fijado por la ONU. Hemos de tener en cuenta que cada día, en el mundo, más de 137 mujeres son asesinadas por una persona cercana. Entre el 38 y el 50 por ciento de estos crímenes los cometen sus parejas.

Las mujeres son las grandes olvidadas en muchos lugares del mundo cuando hablamos de tierras, créditos, herencias, propiedad y seguridad laboral. Esto, claro, las hace más vulnerables a la ya mencionada pobreza y a la violencia machista.

La desigualdad les dificulta la salida de este infierno. Pero es un problema que perjudica a la humanidad entera. A veces, tenemos que poner las cifras en dinero para darnos cuenta de su importancia. Se estima que la violencia contra las mujeres por el hecho de serlo se puede estar llevando por delante hasta un 2  por ciento del PIB mundial. Acabar con estas desigualdades beneficiaría a todos.

– Agua limpia, saneamiento, combustible: aunque a veces se nos vende como una bonita postal, las caminatas para obtener provisiones no suelen ser un camino de rosas. Mujeres y niñas suelen ser las encargadas de caminar kilómetros para llenar su cántaro con agua para toda la familia. Son las niñas, además, las principales encargadas de conseguir leña. ¿Y dónde se producen la mayoría de asaltos y violaciones a mujeres por desconocidos? Pues en los largos caminos poco transitados y en los bosques por los que ellas deben ir solas.

Facilitar el acceso a agua y saneamiento es un objetivo beneficioso para la salud de toda la población. Pero, además, el uso de energía solar para las cocinas en estas comunidades, reduce la contaminación del aire y la deforestación. Estas iniciativas hacen que las mujeres no tengan que realizar estos recorridos y puede así evitarles un trauma de una agresión que puede dejarlas marcadas de por vida.

Incluso si solo nos importase el dinero, sigamos sumando y veremos que podemos hacer una caja considerable con todo lo que nos ahorraríamos en un mundo igualitario

– Trabajo decente y crecimiento económico: Existen en el mundo más de 2.700 millones de mujeres que tienen limitado el acceso al trabajo para realizar las mismas tareas que sus colegas varones. En 18 países los maridos aún tienen potestad legal para impedir que sus esposas trabajen. ¿Cuánto talento nos estamos perdiendo por culpa de esta realidad? ¿Y si hay una potencial ingeniera, activista medioambiental o política que podría marcar la diferencia pero que nunca llegará a ese estatus, porque la legislación o un marido retrógrado se lo impiden?

A estas pérdidas debemos añadir los doce mil millones de dólares que se estima que se pierden cada año por situaciones de acoso y violencia contra las mujeres en el ámbito laboral. Incluso si solo nos importase el dinero, sigamos sumando y veremos que podemos hacer una caja considerable con todo lo que nos ahorraríamos en un mundo igualitario.

– Acción climática: Si recordamos que los desastres climáticos afectan más a los más pobres y que las mujeres tenían mayor riesgo de estar en ese grupo, solo nos queda añadir que, cuando se ven obligadas a migrar por culpa de estas situaciones, vuelven a estar en mayor riesgo de asaltos y agresiones sexuales. Siempre tienen más razones para desear un mundo más sostenible y justo.

¿Hacia dónde nos lleva el ecofeminismo?

Una combinación de un enfoque ecofeminista con la implementación de avances tecnológicos y científicos irá, sin duda, hacia el camino de un desarrollo mejor y más sostenible para todos.

Las iniciativas planteadas son incontables. Contamos con algunas tan sencillas y eficaces como las mencionadas cocinas solares en poblaciones de regiones de Burkina Faso que, como ya se ha mencionado, permiten reducir a la vez la contaminación atmosférica y las agresiones sexuales que se producen en el bosque; contamos también con otras que nos parecen futuristas, como la extracción de agua fresca de la niebla mediante redes especiales, en comunidades vulnerables en el borde del desierto del Sáhara.

Puede que lo más interesante de un enfoque ecofeminista y de iniciativas ligadas a él sea, además de su visión de la Tierra como un hogar al que cuidar, la actitud de lucha y de constancia que se trasluce de todo ello

Los esfuerzos se mueven en todas las direcciones y tienen capacidad para impregnar a toda la sociedad humana y permitir que el avance llegue a todo el planeta, a la vez que le damos a la Tierra una oportunidad:

  • Las mujeres de Gambia fueron implicadas en un proyecto del uso de miniredes de energías renovables en áreas rurales, que las capacitó como técnicas en el uso y explotación de energías renovables. Se reduce así la pobreza energética y se les da formación y una mayor proyección de futuro y mejora de su calidad de vida e independencia.
  • Un diseño urbano de las ciudades centrado en las distancias cortas y en hacer énfasis en lo local, teniendo en cuenta el uso que hacen mujeres —especialmente las que trabajan en cuidados y en el hogar, que suelen realizar más trayectos y más cortos—, mejora las redes de ayuda entre vecinos, minimizando el impacto medioambiental y el gasto económico en combustible y desplazamientos. Eso, añadido a una planificación del transporte público más accesible permitirá, además, el acceso a la comunidad y al desarrollo del talento de las personas que suelen ver puertas cerradas por culpa de las barreras arquitectónicas.
  • El desarrollo de prendas de moda que promueven el activismo social y que han sido elaboradas reciclando carpas de campos de refugiados permite implicar a la comunidad refugiada en el debate social y promover iniciativas que les ayuden a autoabastecerse, a la vez que se da visibilidad a la grave situación que viven estas comunidades.
  • La educación y acceso a métodos de planificación familiar en países en vías de desarrollo, así como la atención a las embarazadas y madres y a los recién nacidos reduce en 67 millones los embarazos no deseados y las consecuencias derivadas de los mismos, contribuyendo además a un crecimiento de la población más meditado y más sostenible.
  • La creación de bibliotecas comunitarias de semillas —con un directorio de recursos accesible de forma digital que reduce los desplazamientos y los costes de transporte—, permite reproducir modelos de cultivos urbanos en diferentes barrios y ciudades, compartiendo conocimiento y trabajando en comunidad para facilitar el acceso a los alimentos frescos y más saludables.
  • El empoderamiento de las mujeres en la ciencia reconoce su propio potencial como científicas a la vez que permite que ellas sirvan de modelo a futuras colegas que necesitan verse identificadas en un mundo donde aún hay una mayor presencia masculina.

Son tantas las iniciativas que podrían llenarse bibliotecas con ellas. Sin embargo, puede que lo más interesante de un enfoque ecofeminista y de iniciativas ligadas a él sea, además de su visión de la Tierra como un hogar al que cuidar, la actitud de lucha y de constancia que se trasluce de todo ello. Y es que uno de los principales referentes de cualquier causa feminista son las sufragistas. Con ellas comparten esa actitud apasionada, ese compromiso de no rendirse nunca.

La Tierra y los seres que la habitan merecen que sigamos luchando.

Bibliografía

VV. AA. (2019): Por qué las Mujeres salvarán el planeta. 2019. Barcelona, Rayo Verde Editorial.

“Sin seguridad no hay desarrollo. Medium Corporation. 2019. https://medium.com/@pnud/seguridad-para-todos-sin-dejar-a-nadie-atr%C3%A1s-43df2234437f

“Qué es el ecofeminismo”. Women and Life on Earth. http://www.wloe.org/que-es-el-ecofeminismo.308.0.html

“Objetivos de Desarrollo del Mileno”, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. https://www.undp.org/content/undp/es/home/sdgoverview/mdg_goals.html

“Standing up for trees: Women’s role in the Chipko Movement”. FAO. http://www.fao.org/3/r0465e/r0465e03.htm


Covadonga González-Pola

Escritora, editora y formadora en técnicas de escritura. Acaba de editar y coordinar Aún podemos salvar la Tierra, que desarrolla relatos que nos muestran el potencial de estrategias ecologistas y ecofeministas que ya se están empezando a utilizar. Su canal de enseñanza de la escritura en Youtube, Talleres Literarios Online, fue el primero en nuestra lengua.


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