24 de junio de 2019

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Reflexiones acerca del silencio

por Amparo Gea

No se está discutiendo lo suficiente sobre el cambio climático. En los sectores populares, de donde deberían surgir las propuestas, domina el “silencio climático”. La comunicación alternativa que ofrecen Internet y el cine constituyen valiosas herramientas para analizar nuestro entorno y promover el diálogo y el debate. Socializar la acción individual e individualizar la acción social, parece ser el camino.

“Acepto que el cambio climático está causando algunos problemas: nos hace gastar miles de millones de dólares en desarrollar tecnologías que no necesitamos”, Donald Trump.

Esto afirmaba Trump en su libro de campaña América lisiada (Trump, 2015). Más tarde viajó a la Cumbre de Marrakech para romper con el Acuerdo de París. El segundo país emisor global de gases de efecto invernadero abandonó el acuerdo contra el cambio climático…. Y ahí nos quedamos, con el discurso del “America first and only America first” frente a la fundamentación científica.

Sabemos que las expectativas de desarrollo, crecimiento y sostenibilidad global pueden disminuir drásticamente en 20 o 30 años, pero los grandes grupos contaminantes tienen estrategias de persuasión más sutiles y claras para imponer su razón. Reconocen los daños pero finalmente generan dudas insidiosas sobre cierta posibilidad de error. Entonces vuelve Trump en esa línea y afirma: “Los polos se iban a derretir. Ya deberían haber desaparecido, pero están en niveles de récord”. Y acabó con la sutileza.

Trump es en este encuadre lo que Erwing Goffman llamó “antagonista” (Goffman, 1971). Según él, en la vida usamos máscaras que vamos cambiando según la situación. Las máscaras se construyen a partir de la interacción con el otro. Varían cuando estamos en el backstage (entre bastidores), donde preparamos nuestro papel para entrar en escena. Analicemos entonces las posibles estrategias de abordaje desde el backstage.

Al discurso encubridor, burdo e incluso violento, que niega el cambio climático y sus consecuencias, se podría oponer un discurso alternativo también violento pero sustentado por la verdad. Sin embargo, la sensibilización no funciona a mazazos.

Las humanidades en Occidente, según Peter Sloterdijk (Sloterdijk, 2014), han sido en gran medida el instrumento con el que se ha logrado amansar la innata ferocidad humana al mismo tiempo que se castraba su capacidad para rebelarse. Sí, históricamente el saber ha estado siempre ligado al poder…

“Si en las tierras vírgenes de los desiertos sembraran la semilla que se pierde en los poblados (…) los niños pobres (…) harían la abundante cosecha (de hombres) que en vano esperan de los corrales y de los salones de las ciudades”. Así se refería a los directores de instituto Simón Rodríguez, educador, escritor, ensayista y filósofo venezolano, tutor y mentor de Simón Bolívar.

Cuando no se sabe cómo curar una enfermedad, se intenta aliviar los síntomas. Así actuó la vigésimo primera sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), en la que 195 Estados tomaron por consenso decisiones para atenuar el cambio climático. Al respecto, Edgar Morin (Morin, 1997) afirma que “el sistema Tierra” es “incapaz de organizarse para tratar sus problemas vitales” y que “cuando un sistema es incapaz de resolver sus problemas estos se amplían y multiplican y, al fin, el propio sistema se desintegra”. Entonces propone producir menos objetos desechables y no reparables, y reciclar al máximo.

Para tales cambios se necesitan decisiones políticas mayores que deben emerger desde las bases, con una nueva toma de conciencia, con una esperanza nueva de un mundo más seguro y mejor. Se requiere de una democracia se ejerza en nuestros actos cotidianos, con mucha más vida social y menos delegación del poder. Se trata de pensar global y actuar local.

Entretanto, Maiblach denuncia que no se está discutiendo lo suficiente sobre el cambio climático. “Lo llamamos el silencio climático”1. “A diferencia de lo que sucede con el terrorismo o las drogas, no hay un enemigo claro en el cambio climático. Todos participamos en la crisis, si hay un enemigo, somos nosotros. Y es difícil estar en guerra con nosotros mismos”, afirma.

Los sectores populares, de donde deberían surgir las propuestas; o quedan estáticas o entran en pánico porque constituyen lo que Prieto Castillo llama “cultura acechada” (Castillo, 1984). Acechada desde adentro, por la precariedad de la vida cotidiana, por las deterioradas condiciones de la vida rural y urbana, por la degradación de los espacios, por la mísera distribución de los objetos, por la postergación incesante de la creatividad en función de la supervivencia, por la falta de acceso a los productos culturales que genera la humanidad. Toda estrategia de lucha para prevenir un riesgo es una estrategia de seguridad, pero crea inseguridad en el individuo.

Nos prometen seguridad pero de todos modos te “insegurizan” (Mattelart, 2009), porque finalmente la prevención del riesgo implica un horizonte de los riesgos, y entre ellos están la crisis climática, el terrorismo internacional, etcétera. Sin embargo, podemos comprobar que dentro de la sociedad hay capas que son capaces de presentar modelos donde la imaginación social puede llevar a otro proyecto de sociedad sostenible.

Mattelart nos recuerda que lo que estamos viviendo es una lucha entre proyectos de sociedad, que continuará alrededor del cambio climático o la crisis financiera

Mattelart nos recuerda que lo que estamos viviendo es una lucha entre proyectos de sociedad, que continuará alrededor del cambio climático o la crisis financiera. Desde inicios del siglo XXI, progresivamente, se intenta reconstruir un pensamiento crítico. Como prueba, los nuevos movimientos sociales, las asociaciones de profesionales de la cultura que exigen que se reconozca la diversidad cultural, la excepción cultural, etcétera; pero, como la Coca-Cola con el rock, en todos los campos encuentras nuevos actores que finalmente toman la delantera.

La escuela, como la familia, atraviesan la misma crisis; son los medios de comunicación y las tecnologías de la información los que están socializando a los adolescentes, ya que son los que actualmente les proporcionan modelos y pautas de comportamiento. Incluidos los ritos de iniciación que, si tienen mucho de frivolidad, tienen también empatía con una nueva sensibilidad que familia y escuela son incapaces de descifrar. Según Jesús Martín Barbero, la mediación tecnológica se espesa cada día más trastornando nuestra relación con el mundo, pero ese cambio es parte del proceso de racionalización. Infinidad de saberes socialmente valiosos circulan descaradamente en internet sin pedirle permiso a la institución académica.

Yo no soy las novelas que no he escrito”, Jean-Paul Sartre

La comunicación alternativa abre un amplio campo de acción desde que comprendimos que lo alternativo está en toda la sociedad. Beltrán nos recuerda que “lo alternativo viene desde los graffiti escritos en el siglo XVIII hasta los relatos populares con burlas al poder” y también por otros actores que participan en el juego de las contradicciones de cualquier sociedad. Sin embargo, el discurso alternativo puede contaminarse de elementos del discurso autoritario, no tanto por las verdades puestas en juego, sino por su estructura, por su forma de llevar la comunicación.

En cuanto al cine, nunca tanta gente ha visto tantas películas como ahora. Son jóvenes que crecieron con YouTube, memes, anime, Netflix, HBO, Amazon,… tienen una relación natural con la pantalla. Pantallas que son mucho más que escenas de la comunicación, no solo porque trasmiten productos de la cultura, representaciones de la sociedad; son lugares en que los grupos manifiestan sus temores y ansiedades, teatralizan competencias, en el doble sentido de lo que nos habilita para actuar y nos confronta.

Existen corrientes que hablan del control de la telebasura en favor de los contenidos culturales. A la vista de los memes, etcétera pienso que la producción de basura irá en aumento, pero estoy segura de la capacidad de selección que tiene la memoria cultural, la misma que frente al bombardeo de The Monkees mantiene a The Beatles, creo que debemos confiar más. Lo mismo que ha sucedido con el Aserejé posiblemente sucederá con la parodias de Movimiento Naranja, porque son herramientas de socialización. Independientemente de ello, es evidente la necesidad de un mayor apoyo a proyectos culturales, educativos y de sensibilización. Pero ahí ya hablamos de la opción de los gobernantes por tener una ciudadanía activa o anestesiada y por qué.

Infinidad de saberes socialmente valiosos circulan descaradamente en Internet sin pedirle permiso a la institución académica

Edgar Morín afirma que el cine constituye un medio para convocar y generar diálogos reflexivos. Digamos que no solo ensancha nuestra imaginación, sino también que la estrategia tradicional del relato nos confronta con realidades adversas, extrañas y afines, que genera empatía o rechazo, disconformidad o aceptación. Es por ello que constituye una valiosa e importante herramienta comunicacional para analizar nuestro entorno.

Mel Silberman, inspirado en Confucio, afirma lo que con cierta ironía algunos llaman el Credo del Aprendizaje Activo:
Cuando oigo, olvido.
Cuando oigo y veo, recuerdo un poco.
Cuando oigo, veo y pregunto o discuto con alguien más, comienzo a entender.
Cuando oigo, veo, discuto y hago, adquiero conocimientos y habilidades.
Cuando enseño a alguien más, domino la materia.

Sin embargo el marco distópico de los filmes empuja más a la gente a la negación y la desesperanza por lo que, en lugar de actuar, se paralizan. Al respecto Andrew Hoffman, de la Universidad de Michigan, comenta: “Por lo general, si realmente quieres hacer que la gente actúe, no la asustas ni la convences de que la situación no tiene remedio”.

¿Queremos que la población actúe o para que reflexione y tome sus decisiones? ¿Actuamos como los dueños del saber o nos abrimos a la participación? Tim Pastore, presidente de producción y programación original del canal National Geographic afirma que “la meta principal de los programas sobre el cambio climático es primero encontrar una nueva audiencia y dejar de predicar a los conversos. Finalmente, intentamos encontrar nuevos conversos”. Su “objetivo es asegurar que la audiencia no sienta que la estamos forzando a aceptar algo que no le gusta. No tratamos de crear una programación que sea fuente de desesperanza sino más bien de oportunidad”.

En mayo de 2006, Al Gore presentó el documental Una verdad incómoda, que se convirtió en el tercer documental más taquillero de su país. Mientras, gracias a la difusión cinematográfica de la Paramount, el cambio climático logró calar en todos los ámbitos sociales. Sin embargo, toda credibilidad se va a traste cuando pide 300.000 euros por conferencia, más los productos derivados de la comercialización de su película, predicando un nuevo modelo de desarrollo.

Su secuela, Una verdad muy incómoda: ahora o nunca (2017), es una muy urgente actualización sobre la evolución de la emergencia climática, muestra cómo varias de las predicciones hechas en el documental original se han ido cumpliendo durante estos diez años y sirve como una advertencia más del daño irreversible que la especie humana ha causado.

Proponemos como estrategia accesible vincular en las campañas de sensibilización el cambio climático a la vida cotidiana —eficiencia y ahorro energético, fuentes energéticas limpias, reciclaje de residuos, consumo responsable, decrecimiento energético, etcétera— y a las realidades cercanas; es la forma de que temas generalmente complejos resulten comprensibles y de interés directo de todos.

El camino sería, por tanto, socializar la acción individual e individualizar la acción social, poniendo al descubierto las responsabilidades en la generación del problema y en la generación de soluciones. En esta línea el cine, primero, y el storytelling (la narrativa) como herramienta inmediata y accesible a todos, promueven el diálogo y el debate, no solamente en el proceso de comunicación sino hacia otros. La construcción de redes contribuye a consolidar los procesos y el intercambio los enriquece.

Notas

 1Ryzik, M. (2017): “¿Pueden hacernos reaccionar las películas sobre el cambio climático?” en The New York Times, 7 de octubre de 2017. Disponible en: https://www.nytimes.com/es/2017/10/07/peliculas-cambio-climatico-efectividad

Bibliografía

Trump, D. (2015): Crippled America. Nueva York, Treshold Editions.

Goffman, E. (1971): Presentación de la persona en la vida cotidiana. Madrid, Amorrotu Editores.

Sloterdijk, P. (2014): Esferas II. Madrid, Ciruela.

Rodriguez, S. (1969): Extracto sucinto de mi obra sobre la educación republicana. Fondo Editorial “J. A. Segrestáa”.

Morin, E. (1997): La vía. Barcelona, Editorial Paidós.

Prieto Castillo, D. (1984): “Cultura popular, cultura acechada” en Revista Educación de Adultos. Vol. 2, núm 1, enero-marzo 1984. México. Página, 23.

Gross, L. (2009): “El cambio climático y las nuevas utopías sociales”. Entrevista a A. Mattelart. En Infoamérica: Iberoamerican Communication Review. Páginas. 79-90

Mattelart, A. (2008): Un mundo vigilado. Barcelona, Ediciones Paidós


Amparo Gea

Comunicadora popular y gestora cultural. Natural de Uruguay, lleva en España quince años introduciendo las herramientas del movimiento latinoamericano de la comunicación popular. Ha diseñado y gestado proyectos dedicados a promover la sensibilización social a través del arte: Festival Cinematográfico internacional el Ojo cojo, Festival de los pájaros pintados, Festival de los pueblos originarios y Territorio Flamenco.


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