13 de mayo de 2022

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De la despoblación rural a la smart village

por Pablo Rodríguez Canfranc

La transformación digital se considera una oportunidad de revitalización del medio rural en declive, sin embargo, el uso de tecnología no debe constituir un fin en sí mismo, sino una herramienta, y debe estar contemplado dentro de estrategias de dinamización mucho más amplias y holísticas.

Uno de los grandes problemas que enfrenta España es la falta de articulación del territorio. La población se concentra en núcleos urbanos de gran tamaño muy densamente poblados, y, en general, no abundan los enclaves de tamaño mediano que contribuyan a distribuirla a lo largo y ancho del del mapa, como ocurre en otras naciones europeas. A modo de ejemplo, en nuestro país existen treinta ciudades de más de 200 000 habitantes, seis de las cuales superan el medio millón. En cambio, Francia –con un 40% más de población- tan solo cuenta con once ciudades de más de 200 000 habitantes, y solamente Lyon, Marsella y París pasan del medio millón. Por su parte, Italia, con casi un tercio más de población, tiene dieciséis núcleos urbanos de más de 200 000, mientras que Reino Unido, con 67 millones de habitantes, presenta veintidós.

El proceso de despoblación del medio rural viene de muy atrás, aunque se ha acelerado sobremanera en los últimos treinta años, en parte (aunque no solo), por la revolución que han conocido las infraestructuras de comunicaciones del país. Paradójicamente, el haber conectado con vías rápidas los distintos puntos de nuestra geografía, tanto férreas como carreteras, ha contribuido a aislar grandes zonas del interior de la península. Por una parte, los grandes trazados del tren de alta velocidad y la red de autopistas han convertido las rutas en no lugares, siguiendo la terminología del antropólogo francés Marc Augé. Las carreteras de antes atravesaban las localidades y establecían una conexión entre el viajero y el espacio que recorría; ahora, “el paisaje toma sus distancias, y sus detalles arquitectónicos o naturales son la ocasión para un texto, a veces adornado con un dibujo esquemático”. Los ferrocarriles, incluso los de largo recorrido, antiguamente paraban en los pueblos, “las vías férreas penetraban en la intimidad de la vida cotidiana” de los lugares que atravesaban; hoy, los trenes pasan sin parar a tanta velocidad que apenas podemos leer el nombre de las estaciones que dejamos atrás. Las vías de comunicaciones ultrarrápidas han condenado al aislamiento a amplias zonas de nuestra geografía, que se han visto excluidas de las rutas que antaño vertebraban el territorio.

Las vías de comunicaciones ultrarrápidas han condenado al aislamiento a amplias zonas de nuestra geografía, que se han visto excluidas de las rutas que antaño vertebraban el territorio.

Por otro lado, los avances en las últimas décadas del transporte por carretera han supuesto que los grandes núcleos urbanos y las capitales de provincia han canibalizado una parte importante de la actividad económica del mundo rural. Frente a las carreteras de doble sentido de antes, autovías de varios carriles; frente al concepto del coche familiar como un símbolo de estatus, la posibilidad actual de que todo el mundo adquiera vehículos cada vez más rápidos y potentes. Todo ello ha llevado a que el medio rural esté mejor conectado con las ciudades, lo que, lejos de beneficiarle, ha condenado su actividad comercial. Antiguamente, recorrer distancias de entre 50 y 100 kilómetros para pasar una tarde de compras o de ocio era algo impensable por el tiempo que llevaba el desplazamiento. Hoy en día se trata de algo que hace la gente que vive en los pueblos de forma habitual, con el consiguiente efecto negativo sobre el comercio y la economía locales.

Lo cierto es que el medio rural se muere, con una población cada vez más escasa y envejecida, y sin una economía sostenible más allá de las actividades del sector primario. Las propuestas de revitalización pasan generalmente por fórmulas relacionadas con el turismo rural y con la explotación de productos regionales, pero no siempre resultan alternativas sólidas que generen empleo y oportunidades laborales suficientes que puedan frenar la despoblación. Recientemente, y especialmente después de la pandemia, se ha planteado la digitalización como palanca de crecimiento para estas regiones. De hecho, se ha llegado a acuñar el término smart village (pueblo inteligente) como espejo rural de las smart cities. Sin embargo, cualquier solución en este sentido debe tener en cuenta que la tecnología, por si sola, no resuelve nada, no es un remedio universal, y siempre debe como parte de políticas más amplias de desarrollo.

La realidad de la despoblación

A diferencia de lo que puede parecer a simple vista, la dinámica de la despoblación rural de España es muy heterogénea, y muestra un comportamiento bien distinto por regiones y tipos de municipios. En este sentido, resulta esclarecedor un estudio publicado por ESADE en febrero de 2022 que analiza la polarización territorial que ha tenido lugar en los últimos veinticinco años. El primer dato que sorprende del informe es que, entre 1996 y 2020, la población en municipios pequeños y rurales creció de media un 9,6%. Sin embargo, la distribución de este incremento es desigual: mientras que los municipios rurales de algunas regiones crecieron mucho – Madrid (45%), Murcia (34%) o Cataluña (31%)-, los de otras perdieron población de forma pronunciada: Asturias (-26,9%), Castilla y León (-19,7%), Galicia (-16,9%) o Extremadura (-9,6%). La explicación a esta dicotomía es que el crecimiento se ha concentrado en localidades pequeñas del litoral mediterráneo y las islas, en torno a las capitales de provincia y las grandes ciudades, y en los ejes principales de comunicación. Como ejemplo, el informe de ESADE comenta que en Castilla y León la mayoría de sus municipios pierden entre el 25% y el 50% de su población, pero los que colindan con capitales de provincia crecen. Y aquellos municipios cercanos a Madrid en las provincias de Guadalajara o Toledo experimentan un crecimiento superior al 50% en muchos casos.

En Castilla y León la mayoría de sus municipios pierden entre el 25% y el 50% de su población, pero los que colindan con capitales de provincia crecen

Como es de esperar, existen profundas brechas entre la España urbana y la rural. Por un lado, la demográfica: en las zonas rurales el porcentaje de población mayor de 65 años ronda el 40% mientras que en las zonas urbanas ese porcentaje es del 28%. Por otro, la económica: las regiones urbanas concentran más del 65% del empleo y son capaces de generar más del 66% de todo el PIB, mientras que las rurales congregan menos del 2% del empleo y del PIB.

La transformación digital del mundo rural

El problema de los desequilibrios territoriales y de las asimetrías que se producen en la distribución de la población y la renta entre el campo y la ciudad está muy presente en las políticas sociales y económicas. El proceso de transformación digital en el que estamos inmersos y que afecta a todos los órdenes de la sociedad se contempla como una oportunidad para la recuperación de las áreas rurales. No obstante, no se trata de exclusivamente de inundar de tecnología la España vacía y esperar a que ocurra el milagro de la repoblación. La estrategia de digitalización de ser una pieza más dentro de una iniciativa mucho más ambiciosa.

Financiado a través del programa Horizonte 2020, el proyecto DESIRA, de la Comisión Europea ha analizado los impactos socioeconómicos de la digitalización sobe la economía de las zonas rurales en dieciocho países europeos, lo que le ha permitido establecer una serie condicionantes que deben tenerse en cuenta a la hora de acometer la digitalización de regiones despobladas.

La primera conclusión alcanzada es que las infraestructuras tecnológicas no son suficientes, pues es necesario dotar a los habitantes de estas zonas de habilidades digitales, y asegurarse de que la transformación digital trae consigo beneficios económicos para ellos. Hablamos de otra posible brecha entre el campo y la ciudad, en este caso, digital. Mientras que las ingentes inversiones realizadas en los últimos años garantizan el acceso de las comunicaciones de banda ancha prácticamente a todos los rincones del país, el uso de los servicios de internet es, en ocasiones, menos intensivo en el medio rural. El envejecimiento de la población rural puede ser una explicación: de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, solamente el 34% de los mayores de 75 ha utilizado internet alguna vez en su vida. Al analizar este dato territorialmente, se pone en evidencia que solamente el 19% de los mayores de 75 de años de municipios de menos de 10 000 habitantes ha accedido a internet alguna vez, frente al 41% de los de más de 100 000 habitantes. Estas cifras no muestran tanta divergencia entre las personas de entre 16 y 74 años del campo y la ciudad.

Las infraestructuras tecnológicas no son suficientes, pues es necesario dotar a los habitantes de estas zonas de habilidades digitales, y asegurarse de que la transformación digital trae consigo beneficios económicos para ellos

Sin embargo, y ciñéndonos a la encuesta de uso de tecnología en los hogares del INE, sí que existe una gran diferencia en algunos de los usos cotidianos de las redes. Por ejemplo, el 73% de los habitantes de los núcleos más grandes ha tenido algún contacto con la Administración electrónica, cifra que entre los de menos de 10 000 habitantes desciende al 62%. El comercio electrónico que es otro ejemplo, aunque no tan acusado, pues el 73% de la población de ciudades de más de 100 000 habitantes ha comprado online alguna vez, mientras que entre la de municipios de menos de 10 000 el porcentaje es de 68%.
Igualmente, se observa una brecha entre las competencias digitales de unos y de otros. En las ciudades de mayor tamaño y capitales de provincia, el 78% de la población sabe realizar alguna tarea básica con el ordenador o el móvil, como mover ficheros de un lugar a otro, e instalar o configurar programas y aplicaciones. En los núcleos de población más pequeños solamente el 68% de la población de entre 16 y 74 años es capaz de realizar alguna de estas tareas.

Otra recomendación que emana de las conclusiones del informe del proyecto DESIRA es que los procesos y estrategias de digitalización deben estar alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Además de responder a las necesidades de los actores de las comunidades rurales, tienen que contribuir a enfrentar los grandes desafíos de las sociedades europeas. Por otro lado, hay que evitar las soluciones homogéneas y adaptar las estrategias a cada contexto territorial específico, implicando en su diseño a las propias partes implicadas locales. Resulta necesario fomentar el desarrollo de ecosistemas digitales locales que vinculen las necesidades territoriales con el conocimiento digital, seleccionando la tecnología más adecuada en cada caso y garantizando el intercambio de datos y la interoperabilidad.

Otro aspecto a destacar es que la digitalización de las zonas vacías del país requiere nuevos modelos de gobernanza, que aborden las características del mundo rural de forma coherente y consistente, en el que participen las instituciones y actores locales garantizando un equilibrio de poder. Por último, se plantea el diseño de instrumentos de política para la digitalización sostenible que apoyen a las comunidades locales en el desarrollo e implementación de planes de acción de digitalización.

Hacia los pueblos inteligentes

Como se ha visto en el epígrafe anterior, la revitalización del medio rural es uno de los objetivos de las estrategias de digitalización impulsadas por la Comisión Europea, hasta el punto de haber sido acuñado el término de smart village o pueblo inteligente. En 2017, el documento EU Action for Smart Villages incluía una definición de pueblo inteligente: “son zonas y comunidades rurales que aprovechan sus puntos fuertes y sus activos, así como las nuevas oportunidades, para la creación de valor añadido, y donde se refuerzan las redes tradicionales y nuevas por medio de la tecnología de comunicación digital, de las innovaciones y la mejora de la utilización del conocimiento en beneficio de los habitantes”.

En este sentido, el debate que tuvo lugar dentro del grupo de trabajo de la Red Europea de Desarrollo Rural (ENRD) trabajó una mayor definición del término inteligente, como una forma de aportar conocimiento sobre la transformación digital del medio rural. Una de las principales conclusiones al respecto es que las tecnologías son un medio, y no un fin, para dar respuesta a los problemas concreto que presenta cada territorio. En este sentido, deben utilizarse solamente cuando resulten apropiadas y necesarias.

Las tecnologías son un medio, y no un fin, para dar respuesta a los problemas concreto que presenta cada territorio

Por otra parte, se destaca la necesidad de que los propios actores locales tomen la iniciativa para solucionar los problemas a los que se enfrenta su territorio, y que construyan alianzas entre sí, es decir, entre las instituciones públicas, el sector privado y el municipio. Asimismo, es necesario ampliar el marco de relaciones más allá del municipio, y establecerlas con otros municipios rurales y con los núcleos urbanos. Por último, hay que tener muy presente que no existe un modelo estándar para todos los territorios, y que la transformación digital debe adoptar una visión local, que aproveche los recursos propios y endógenos.

Bibliografía

Andrés Cabello, S. (2022) “Por qué internet no salvará los pueblos”. The Conversation. Disponible en: https://theconversation.com/por-que-internet-no-salvara-los-pueblos-175859

Augé, M. (1992) “Los «no lugares». Espacios del anonimato. Una antropología de la Sobremodernidad”. Editorial Gedisa.

Delgado-Serrano, M. (2021) “¿Digitalización de las áreas rurales? Sí, pero no a cualquier precio”. The Conversation. Disponible en: https://theconversation.com/digitalizacion-de-las-areas-rurales-si-pero-no-a-cualquier-precio-162877

Díaz-Lanchas, J. (2022) “Despoblación y políticas de lugar. Un análisis con datos de la brecha demográfica, económica, y de actitudes en los últimos 25 años en España”. ESADE.

Estébanez, A. (2020) “Densidad poblacional, ordenación y transporte urbano post Covid-19” en El País. Disponible en: https://elpais.com/economia/2020/05/21/alternativas/1590055425_929526.html

Gallardo-Cobos, R. y Sánchez-Zamora, P. (2022) “Retos y oportunidades de la digitalización en el medio rural” en Mediterráneo Económico. Disponible en: https://publicacionescajamar.es/publicacionescajamar/public/pdf/publicaciones-periodicas/mediterraneo-economico/35/me-35-retos-y-oportunidades-de-la-digitalizacion-en-el-medio-rural.pdf

INE. “Encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de información y comunicación en los hogares”.


Pablo Rodríguez Canfranc

Economista especializado en el estudio del impacto de la tecnología en la sociedad. Actualmente trabaja en el área de estudios y publicaciones de Fundación Telefónica.


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