29 de marzo de 2021

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¿Nos llevará el coronavirus de vuelta al pueblo?

por Pablo Rodríguez Canfranc

Madrid ha tenido un saldo migratorio negativo durante el primer semestre de 2020 por primera vez en diez años. La pandemia ha puesto en cuestión el modelo actual de distribución de la población basado en grandes ciudades e impone nuevos modelos urbanos de menor concentración de habitantes, y más hechos a medida del ciudadano. ¿Está preparada España para rearticular su territorio y replantear el papel y la forma de sus ciudades?

Los efectos que va a producir la pandemia a medio plazo en las ciudades son todavía difíciles de determinar. Las grandes urbes han recibido de lleno el mayor impacto de la crisis sanitaria debido a su elevada densidad de población y a la tasa de movilidad de la población que registran, uno de los principales factores de expansión del virus. Un informe de Naciones Unidas calculaba a mediados de 2020 que, en todo el mundo, las concentraciones urbanas acumulaban hasta el 90% de los contagios por la COVID-191. Y, al daño producido en el tejido social en la forma de la alta mortalidad, el dolor y el sufrimiento, hay que sumarle los perjuicios económicos que ha supuesto la interrupción o, cuando menos, la ralentización de la actividad productiva y comercial.

La denominada nueva normalidad que emerja tras la pandemia probablemente traiga consigo cambios en los hábitos de vida de todos nosotros. Todo esto implica que las ciudades pueden sufrir transformaciones para garantizar una mayor resiliencia ante las posibles crisis futuras, aunque hay también quien ve en la situación actual el inicio de un proceso de redistribución de la población, y un renacimiento del mundo rural. Las posibilidades de trabajar de forma remota, gracias a las telecomunicaciones de banda ancha, que en el caso de España ya alcanzan prácticamente a todos los rincones del país en una u otro formato, pueden llegar a determinar un éxodo de la ciudad al campo, guiado por la búsqueda de una mayor calidad de vida.

Las ciudades pueden sufrir transformaciones para garantizar una mayor resiliencia ante las posibles crisis futuras

La geografía nacional cuenta con amplias zonas despobladas que podrían recuperar el vigor económico de recibir a emigrantes neorurales procedentes de las grandes ciudades. Unas buenas infraestructuras de transportes –que garanticen el acceso puntual a los núcleos urbanos- sumadas al acceso a fibra óptica y a comunicaciones móviles 5G, pueden animar al teletrabajador para que establezca su residencia allá donde lo considere adecuado, independientemente de dónde se encuentre la sede de su empresa o su clientela.

¿Llegaremos a ver en el siglo XXI una España distinta a la que hemos conocido, en donde la población no se concentre en escasos enclaves y se distribuya más homogéneamente a lo ancho y largo del territorio? Aunque el planteamiento resulta atractivo, no es fácil revertir la articulación territorial de nuestro país, que ya históricamente presenta una tendencia a la concentración poblacional muy superior a las naciones de nuestro entorno.

Adicionalmente, a pesar de que durante el confinamiento sanitario el teletrabajo ha jugado un papel crucial para evitar interrumpir la actividad laboral y la formación de niños y jóvenes, lo cierto es que no es una modalidad que pueda llevarse a cabo en numerosas profesiones, y, además, los expertos recomiendan que se combine con el trabajo presencial, en un formato híbrido, que ayude a mantener todas esas ventajas intangibles que se derivan del trabajo en equipo y del trato personal, como pueden ser el intercambio informal de conocimiento o el compartir el compromiso con los valores y objetivos de la organización.

Por último, aunque el retorno a los pueblos se contempla generalmente como algo positivo para el medio rural, no hay que olvidar el impacto en términos medioambientales que puede tener un crecimiento descontrolado de la población en zonas que no están lo suficientemente dotadas de infraestructuras para acoger grandes concentraciones de habitantes.

España concentrada

Uno de los rasgos distintivos de nuestro país frente a otros del entorno es que la población está mucho más concentrada en ciudades de gran tamaño. Tomando datos actuales, en España hay 30 ciudades de más de 200 000 habitantes, y seis que superan el medio millón. Sin embargo, si lo comparamos con la distribución de la población de nuestros vecinos europeos, nos encontramos que, por ejemplo, Francia –con un 40% más de población- tan solo cuenta con 11 ciudades de más de 200 000 habitantes, y la mitad que nosotros de más de medio millón, en concreto, Lyon, Marsella y París. Por su parte, Italia, con casi un tercio más de población, tiene 16 núcleos urbanos de más de 200 000 y seis de más de 500 000, mientras que Reino Unido, con 67 millones de habitantes, presenta 22 ciudades del primer tipo y tan solo tres del segundo2.

Pese a que España siempre es asociada con una baja densidad de población dentro de Europa, si tenemos en cuenta la relación tradicional entre el número de habitantes y la superficie que ocupa el país, una medida que tome en cuenta solamente aquellas áreas que están habitadas nos puede colocar, sorprendentemente, a la cabeza del continente en este sentido. Este indicador es lo que el profesor de la Universidad de Sheffield Alasdair Rae denomina densidad vivida (lived density), que, a diferencia de la clásica, solamente toma en cuenta para el cálculo aquella superficie del país realmente habitada. De esta manera, mientras que España presenta una densidad de población de 93 habitantes por km2, la densidad vivida –que toma en cuenta solamente el 13% habitado del territorio, – asciende hasta 737 habitantes por km2, cifra solamente superada en Europa por Mónaco, Andorra y Malta. Para hacerse una idea a través de dos ejemplos: la densidad vivida de los Países Bajos es de 546 habitantes/ km2, y la de Reino Unido de 531.

Mientras que España presenta una densidad de población de 93 habitantes por km2, la densidad vivida –que toma en cuenta solamente el 13% habitado del territorio, - asciende hasta 737 habitantes por km2

Este análisis pone en evidencia que nuestro país se caracteriza por ciudades muy densamente habitadas, y que carece en general de enclaves de tamaño mediano que contribuyan a distribuir la población a lo largo y ancho del territorio, como ocurre en otros países europeos.

El modelo de proximidad

El coronavirus ha puesto en evidencia los fallos del modelo basado en grandes urbes muy densamente pobladas, como el que predomina en nuestro país. La nueva necesidad de distanciamiento social asociada a la crisis sanitaria –que probablemente se quede con nosotros incluso una vez que haya sido superada la pandemia- subraya el valor de las ciudades menos compactas y masivas, más verdes y habitables, y, en suma, hechas a medida del ciudadano y no del vehículo particular. Por razones de su tamaño, las ciudades pequeñas ejercen relaciones más armónicas, abiertas y equilibradas con su territorio. Desde el punto de vista de la administración, constituyen centros más fácilmente gobernables y gestionables que las grandes. Igualmente, presentan una dimensión más humana, que ayuda a que el ciudadano se identifique más con su localidad. Finalmente, una menos concentración de población implica menos problemas relacionados con la congestión producida por el tráfico rodado, y una mejor calidad ambiental.

Las ciudades pequeñas ejercen relaciones más armónicas, abiertas y equilibradas con su territorio

Los estudios sobre urbanismo suelen, por regla general, considerar ciudades medianas aquellas que cuentan con entre 20 000 y 200 000 habitantes (aunque no existe una definición oficial). La crisis sanitaria ha planteado la necesidad de crear espacios urbanos autónomos basados en la proximidad y en la movilidad sostenible, frente a la gran metrópoli centralizada, capaces de adaptarse y reaccionar ante desafíos como los confinamientos o la trazabilidad de la difusión del virus. Como hemos visto, el modelo de distribución geográfica de España reposa en exceso sobre las grandes urbes, dejando más de lado a los núcleos intermedios, y completamente en situación de abandono al mundo rural.

La quimera del teletrabajo

Aparte de una articulación territorial más equilibrada, un éxodo de las grandes ciudades reposa en gran medida en la posibilidad y la capacidad de trabajar en remoto. El teletrabajo permite la deslocalización completa o parcial del puesto de trabajo, y le ofrece al trabajador la posibilidad de elegir el lugar donde vivir sin estar sujeto a la imposición geográfica del centro laboral.

Ahora bien, aunque durante los confinamientos el trabajo deslocalizado a través de herramientas digitales ha demostrado su potencial para mantener gran parte de la actividad productiva que de otra forma se hubiera interrumpido, hay que tener en cuenta que, a medio plazo, se trata de una solución que presenta limitaciones, y que no puede convertirse en algo universalmente extendido.

Por una parte, aunque de acuerdo con el informe DESI que elabora la Comisión Europea –un informe periódico que mide el grado de avance de la digitalización de los Estados miembros- España se encuentra en una excelente posición en términos de despliegue de infraestructuras digitales dentro del ranking de países, en el apartado de capital humano muestra unos resultados muy modestos. Esto en la práctica se traduce en que los españoles presentamos serias carencias en materia de habilidades digitales. El Observatorio del Trabajo a Distancia expone en su libro blanco que un informe conjunto OIT- Eurofund detectó que más de la cuarta parte de las PYME de nuestro país manifestaba encontrar dificultades para implementar el teletrabajo debido a la carencia de competencias digitales por parte de ciertos grupos de trabajadores.

Por otro lado, el trabajo en remoto es más aplicable en unos sectores de actividad económica que en otros. En general, son aquellos que no requieren tanto presencialismo, como las finanzas y los seguros, la investigación o las comunicaciones, mientras que, en otros, como el turismo, la industria manufacturera o la agricultura, tendrá mucha menor incidencia esta modalidad laboral. Por lo tanto, en gran medida, la capacidad para teletrabajar de la población de un país viene determinada por la especialización sectorial de su economía.

La capacidad para teletrabajar de la población de un país viene determinada por la especialización sectorial de su economía

Por último, y a pesar de las innegables ventajas del teletrabajo para las organizaciones, también surge una cierta preocupación en las empresas por temas como la ausencia de relación directa entre los equipos, que puede afectar tanto a la salud emocional del empleado, como al compromiso y la vinculación con la cultura de la compañía.

La utopía rural

Un último factor que pone en cuestión la idoneidad de una vuelta al campo es el impacto medioambiental. El arquitecto Ramón López de Lucio denomina “la utopía ruralista” a concebir unas sociedades que renegaran masivamente de su condición urbana, que intentaran establecerse en ambientes semirurales con densidades muy bajas, interconectadas por medios telemáticos y dependientes generalizadamente de la movilidad privada para la vida cotidiana de la mayoría de sus integrantes3. Este planteamiento idílico con toda seguridad agravaría los problemas actuales relacionados con el deterioro del medio ambiente, el cambio climático, y la relación de este con futuras pandemias.

La llegada de grandes volúmenes de población a territorios vírgenes establece la necesidad de desarrollar todo tipo de infraestructuras de urbanización –electricidad, combustibles fósiles, agua, gestión de residuos…-, que alterarían de una forma notable los ya de por sí escasos ecosistemas naturales, acelerando su contaminación y la desaparición de todo tipo de especies animales y vegetales. No parece por tanto una opción deseable, después de todo.

No se sabe todavía el alcance de los movimientos de población que trae consigo la COVID-19, y si estos se convertirán en una tendencia a medio plazo o si resultarán algo puntual y anecdótico. Por primera vez en diez años, Madrid tuvo un saldo migratorio negativo durante el primer semestre de 2020, pero habrá que esperar para ver si nos hallamos ante un cambio trascendental en la ordenación del territorio nacional. En cualquier caso, todo parece indicar que en los grandes núcleos urbanos la vida tenderá hacia soluciones de proximidad.

Notas

 1United Nations (2020) “Policy Brief: COVID-19 in an Urban World”. Disponible en: https://www.un.org/sites/un2.un.org/files/sg_policy_brief_covid_urban_world_july_2020.pdf

 2Estébanez, A. (2020) “Densidad poblacional, ordenación y transporte urbano post Covid-19” en El País. Disponible en: https://elpais.com/economia/2020/05/21/alternativas/1590055425_929526.html

 3López de Lucio, R. (2020) “COVID-19 y ciudad. Transformaciones frente al continuismo y las utopías ruralistas” en Espacios Transversales. Disponible en: https://paisajetransversal.org/2020/05/covid-19-y-ciudad-transformaciones-necesarias-continuismo-utopia-rural-resiliencia-urbana-urbanismo-crisis-climatica/

Bibliografía

García Novo, A. (2020) “Ciudades después de la pandemia: así cambiarán” en Huellas. Disponible en: https://www.huellasbysareb.es/en-primera-persona/ciudades-despues-covid/

Garrido Cumbrera, M., Rodríguez Mateos, J. C. y López Lara, E. (2016) “El papel de las ciudades medias de interior en el desarrollo regional. el caso de Andalucía” en Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles N.º 71. Disponible en: https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwikva3Bo8nvAhWoShUIHaGvBYEQFjAAegQIARAD&url=https%3A%2F%2Fdialnet.unirioja.es%2Fdescarga%2Farticulo%2F5578041.pdf&usg=AOvVaw2IMnF9P6-X418C8ZeUh9y6

López. G. A. (2008) “Geografía y ciudades medias en España: ¿a la búsqueda de una definición innecesaria?”. Disponible en: http://www.ub.edu/geocrit/-xcol/50.htm

Observatorio del Trabajo a Distancia (2020) “Libro Blanco del Trabajo a Distancia. Un enfoque orientado a la flexibilidad y el respeto de los derechos laborales.”

Palicio, M. (2020) “Las ciudades que vendrán cuando el coronavirus se haya ido” en La Nueva España. Disponible en: https://afondo.lne.es/mas-domingo/las-ciudades-que-vendran-cuando-el-coronavirus-se-haya-ido.html

Rae, A. (2018) “Think your country is crowded? These maps reveal the truth about population density across Europe” en The Conversation. Disponible en: https://theconversation.com/think-your-country-is-crowded-these-maps-reveal-the-truth-about-population-density-across-europe-90345

 


Pablo Rodríguez Canfranc

Economista especializado en el estudio del impacto de la tecnología en la sociedad. Actualmente trabaja en el área de estudios y publicaciones de Fundación Telefónica.


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