24 de junio de 2021

L

La brecha del librepensamiento en la sociedad digital

por Cristina Risueño

El librepensamiento debe estimularse desde la escuela hasta la Universidad y desde los campos de conocimiento de las Ciencias y las Humanidades, para poder generar individuos conscientes de la sociedad en la que viven, fruto del avance cultural y tecnológico.

 

Es curioso que exista aún el debate acerca de si Ciencia y Humanidades son áreas de conocimiento totalmente divergentes. La digitalización ha permitido democratizar el acceso a la cultura, tanto a la generación millenial -nacidos entre 1982 y 1994 (Prensky 2001)- como a la nueva generación Z, más nativa digital aún que la anterior. Sin embargo, el interés por la cultura -y por cultura me refiero a las ramas de conocimiento que podrían englobarse dentro de la categoría Humanidades: cultura clásica, historia, literatura, arte, etcétera-.; o la propia divulgación científica, es dispar entre generaciones e incluso entre miembros de la misma generación. ¿Cómo podría explicarse esta diferencia?

En primer lugar, deberíamos analizar cuáles son los hábitos de consumo de los jóvenes de entre 18 y 30 años dentro de la Red. Por lo general, la Red se utiliza con fines de entretenimiento y comunidad entre pares. Las actividades más demandadas son principalmente la utilización de redes sociales (Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, …), el consumo de cine y televisión ofrecido por las plataformas digitales, y la mensajería instantánea. Cabe destacar además que las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea forman el lugar de encuentro entre usuarios dónde, en mayor medida, se comentan tanto las publicaciones de los propios usuarios, sus experiencias diarias, como se habla de los contenidos audiovisuales que consumen (Teso Alonso, 2014; Jiménez, Tur-Viñes y Ruiz, 2018). Por el contrario, la demanda de noticias e información sobre la actualidad es casi residual y está desplazada hacia medios más convencionales como la televisión. Además, algunos autores destacan que este consumo de información periodística es muy superficial y en algunos casos también enfocada hacia el entretenimiento (Jiménez, Tur-Viñes y Ruiz 2018; Vizcaíno-Laorga, Catalina-García y López De Ayala-López, 2019).

Nos situamos entonces ante un nuevo paradigma cultural, en el que tanto emisor y receptor son intercambiables y por tanto el flujo de contenidos es horizontal: “La relación directa entre emisor y destinatario, hasta ahora asociada exclusivamente a las relaciones físicas cara a cara, es intercambiable y fluida en el espacio virtual. (…) Cualquier usuario de la Red puede acceder a la producción, reproducción y distribución en serie de mensajes. La capacidad del usuario no discrimina la actividad de producción cultural. El recíproco intercambio de las funciones emisora y receptora no necesita una tecnología reservada o solo disponible por las industrias complejas de grandes capitales” (Núñez Ladevéze, Torrecillas Lacave y Irisarri Núñez, 2019).

Sin embargo, aunque de primeras parezca un modelo interactivo y democratizador, este nuevo paradigma sigue respondiendo a una cultura de masas que impone una estandarización de gustos y demandas. Un claro ejemplo de este fenómeno se describe en el artículo Los Hijos de Instagram. Marketing editorial. Poesía y Construcción de nuevos lectores en la era digital (Sánchez García y Aparicio Durán, 2020)1, donde claramente el like se ha convertido en el motor del mercado cultural. Perfiles en redes sociales con miles de seguidores o followers dictan cuales son las nuevas modas, aunque eso pueda significar mediocrizar la cultura y romper con los cánones de estilo por ejemplo de la literatura. ¿Entonces, se están convirtiendo las redes sociales en las nuevas bibliotecas-espacios culturales de los jóvenes? ¿Si cada usuario puede crear y difundir contenido sin respetar las normas de estilo, cómo podemos diferenciar lo singular de lo mediocre, lo verdadero de lo falso? Aquí radica el problema.

El modelo educativo

Es necesario mencionar que esta situación viene alimentada por una estructura social mucho más pesada, el sistema educativo. Por todos es sabido que, en España, cada legislatura supone un cambio en el modelo de enseñanza reglada. A lo largo de la democracia, se han desarrollado diversos planes educativos que más que intentar explotar al máximo las capacidades individuales de los alumnos, se han pisado y corregido entre ellos para responder a fines electorales y políticos.

Entre estos intereses se pueden mencionar por ejemplo, desde la Ley Orgánica de Derecho a la Educación (LODE) de 1985, la libertad de enseñanza por parte de cada centro, la independencia de los padres a la hora de elegir qué educación dar a sus hijos y la disponibilidad de una formación religiosa o ética de acuerdo a criterios individuales (Jes y Mart, 2019). Por otro lado, es necesario destacar que tanta reforma educativa en tan poco tiempo, cada 4 años aproximadamente, deja a las instituciones sin mucho margen de maniobra para actualizarse correctamente, lo cual degenera en un arrastre de prácticas de enseñanza anticuadas que no responden a las necesidades de los alumnos para aprender y formarse, y que también acaba derivando en que estas nuevas leyes promuevan que los alumnos puedan pasar de curso aún con asignaturas troncales suspensas (Jes y Mart, 2019 ; Antelm Lanzat et al., 2018). A este contexto de reformas continuas y de incapacidad de adaptación a los nuevos planes educativos también hay que sumar la elección temprana de los alumnos para continuar con una enseñanza donde predominan las asignaturas de ciencias o las asignaturas de humanidades. En mi opinión, esta segregación de campos favorece que el alumnado pierda completamente el interés por la rama de conocimiento que no ha elegido (ciencias o humanidades), y en algunos casos, favorece cierto clasismo hacia los alumnos contrarios, considerados como diferentes y ajenos, a veces incluso, menos listos.

Necesitamos modelos educativos de perspectiva holística que primeramente se adapten a los perfiles cognitivos de los estudiantes para que puedan entender las distintas disciplinas científicas y humanísticas

En conjunto, una estructura educativa incapaz de adaptarse a las necesidades individuales de los alumnos para aprender, que responde a intereses políticos y que se empeña en segregar los campos de conocimiento, está derivando en que los jóvenes, en muchos casos, por pura supervivencia, aprueben asignaturas simplemente para pasar de curso sin retener ningún tipo de conocimiento, como puede ocurrir en las asignaturas dentro de la categoría STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés). Además, la segregación de la que se viene hablando en este artículo también favorece que todo lo que sea ajeno a la rama de especialización escogida sea completamente invisible para el propio individuo.

Todo esto está generando nuevas generaciones muy especializadas en sus campos concretos pero deficientes en cultura general o divulgación científica, lo cual se está manifestando con el auge de las fake news y los movimientos negacionistas desde la esfera digital de las redes sociales (Catalán-Matamoros, 2020), esos espacios herméticos dónde fluye libremente la opinión y el (sin)criterio, muchas veces, de la gente.

El librepensamiento como escape

A modo de conclusión, la sociedad actual y futura no puede construirse sin individuos que posean realmente un pensamiento crítico. Esto debe estimularse tanto desde las etapas más tempranas de la educación como en los estudios avanzados o universitarios, con modelos educativos de perspectiva holística que primeramente se adapten a los perfiles cognitivos de los estudiantes para que puedan entender las distintas disciplinas científicas y humanísticas, como por ejemplo desde un aprendizaje basado en la resolución de problemas (Veli, 2014).

En segundo lugar y fundamentalmente, estos modelos deben estimular la curiosidad, la racionalidad y el librepensamiento, siempre desde estas ramas de conocimiento, para en conjunto, generar individuos con una visión real y completa del entorno presente en el que viven, que entiendan y conozcan los antecedentes culturales y científicos que han dado lugar a ese entorno y puedan analizar los cambios futuros que vendrán, fruto del nuevo conocimiento generado desde esas ramas humanísticas y tecnológicas, sin dejarse alienar por el hermetismo de los nuevos espacios digitales de encuentro como las redes sociales.

Notas

 1Disponible en: https://publicaciones.unirioja.es/ojs/index.php/contextos/article/view/4265

Bibliografía

Antelm Lanzat, A.M., Gil López, A.J., Cacheiro Gonzalez, M.L. y Pérez Navío, E. Causas del Fracaso Escolar, Un Análisis Desde la Perspectiva del Profesorado y del Alumnado, en Enseñanza & Teaching, 2018, vol. 36, pp. 129-149.

Catalán-Matamoros, D. La comunicación sobre la pandemia del COVID-19 en la era digital: manipulación informativa, fake news y redes sociales, en Revista Española De Comunicación En Salud, 2020, vol. Suplemento, pp. 1-5.

Jes, M. y Mart, G.P. 40 años de Leyes y didácticas educativas. Intervencionismo político en la educación española, en Anuario Jurídico y Económico Escurialense, 2019, vol. LII, pp. 559-572.

Jiménez, A.G., Tur-Viñes, V. y Ruiz, Y.P. Media consumption by adolescents and young people. News, audiovisual contents and audience measurement, en Icono14, 2018, vol. 16, no. 1, pp. 22-46.

Núñez Ladevéze, L., Torrecillas Lacave, T. y Irisarri Núñez, J.A. Audiencias y redes: pautas de consumo de industria cultural en España, en Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 2019, vol. 25, no. 1, pp. 421-441.

Prensky, M. Digital Natives, Digital Immigrants Part 1, en On the Horizon, 2001, vol. 9, no. 5, pp. 1-6.

Sánchez García, R. y Aparicio Durán, P. Los hijos de instagram. Marketing editorial. Poesía y construcción de nuevos lectores en la era digital, en Contextos Educativos. Revista de Educación, 2020, vol. 25, no. 25, pp. 41-53.

Teso Alonso, G. y Piñuel Raigada, J.L. 2014. Multitarea, Multipantalla y Práctica social del consumo de Medios entre los jóvenes de 16 a 29 años en España, en Revista Latina de Comunicacion Social, 2014, pp. 1-15.

Veli, B. The effects of a problem based learning approach on students attitude levels: A meta-analysis, en Educational Research and Reviews, 2014, vol. 9, no. 9, pp. 272-276.

Vizcaíno-Laorga, R., Catalina-García, B. Y López De Ayala-López, M.C. Participation and commitment of young people in the digital environment. Uses of social networks and perception of their consequences, en Revista Latina de Comunicacion Social, 2019, vol. 74, pp. 554-572.


Cristina Risueño

Actualmente trabaja en CICbiomaGUNE y CICbioGUNE como estudiante de doctorado en el campo de la virología estructural y biofísica. Graduada en Biotecnología (UEM), máster en Biotecnología Industrial (UCM) y Periodismo y Comunicación de la Ciencia (UC3M), antigua becaria en TELOS.


Comentarios