11 de diciembre de 2019

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Humanidades digitales, poshumanidad y neohumanismo

por Nuria Rodríguez-Ortega

Las preguntas sobre qué sean las Humanidades digitales, cuáles sus delimitaciones respecto de unas supuestas Humanidades tradicionales o analógicas, qué espectro cubren y cómo deben practicarse constituyen un campo de discusión teórica desde hace décadas.

 

[ILUSTRACIÓN: ANA GALVAÑ ]

En el debate sobre qué son las Humanidades digitales encontramos desde visiones reduccionistas que circunscriben las Humanidades digitales a un plano meramente instrumental, una moda efímera basada en la simple aplicación de tecnologías diversas, hasta concepciones utópico-progresivas que hacen de ellas el nuevo mesías que vendrá a redimir a las Humanidades de su supuesto estado de postración respecto de las áreas de conocimiento STEM1.

Para evitar estos polos extremos, es conveniente pensar en las Humanidades digitales como un espacio esencialmente de problematización donde la techne que define nuestro tiempo se confronta con los procesos de producción, representación, comunicación y circulación del conocimiento sobre los hechos culturales y el devenir histórico de la humanidad.

De este modo, el asunto sobre el que giran las Humanidades digitales no reside en decidir qué tecnología aplicamos, qué recursos digitales construimos o cómo competimos y nos asimilamos a las disciplinas STEM; la pregunta nuclear que se plantean las Humanidades digitales es cómo pueden reformularse las preguntas fundamentales que hasta ahora nos hemos planteado sobre el desarrollo cultural e histórico de la humanidad y cómo afrontamos las problemáticas y circunstancias de su devenir—pasado, presente y futuro— desde el paradigma tecno-epistémico, que define nuestra contemporaneidad y en relación dialógica con los paradigmas científico-técnicos que son propios de nuestro tiempo.

En este sentido, las Humanidades digitales representan un ámbito de convergencia inter y transdisciplinar cuyo objetivo es indagar de qué modo la aplicación de tecnologías digitales y metodologías computacionales, junto con las categorías del pensamiento a ellas asociadas, contribuyen a expandir los horizontes epistémico-metodológicos en los que hasta ahora se había fundamentado el estudio de las producciones y de los procesos culturales, haciendo posible la construcción de nuevas categorías de análisis e interpretación a partir de procesos de hibridación epistemológica. Esta dimensión de las Humanidades digitales reviste enorme interés pues implica una apropiación de los desarrollos tecnológicos para generar nuevo conocimiento en el territorio de los valores simbólicos y subjetivos inherentes a los campos de producción cultural sobre los que se proyectan las disciplinas humanísticas.

Se hace importante pensar qué Humanidades y qué humanismo necesitamos para explicar el ser humano en este nuevo contexto

Así, la práctica de las Humanidades digitales se ha confrontado con cuestiones específicas que afectan a estos ámbitos, como las problemáticas asociadas al análisis de la complejidad cultural y las distintas dimensiones y escalas en las que se da la producción de sentido; las condiciones de incertidumbre, vaguedad o discontinuidad que caracterizan la trazabilidad de los registros de la cultura; o la necesidad de materializar las diferencias culturales y la diversidad de identidades en los sistemas tecnológicos que permean nuestra vida, dando lugar al desarrollo de modelos y metodologías específicas para afrontar estas circunstancias y sus dificultades.

De manera complementaria, las Humanidades digitales también han propiciado una exploración sistemática de espacios de hibridación entre áreas tradicionalmente alejadas en nuestro sistema de conocimiento heredado de la modernidad, fomentando una reflexión sobre la artificiosidad de estas lindes epistémicas y la necesidad de situarse en campos fronterizos o transfronterizos. Este trabajo está dando lugar a la producción de una nueva hermenéutica, síntesis entre lo cuantitativo y lo cualitativo, que ha de entenderse en el marco de la elaboración de síntesis superadoras de un pensamiento binario basado en categorías antinómicas, lo cual, en un mundo tendente a la polarización y radicalización de posturas extremas, resulta esencial.

 

 

El campo de las Humanidades digitales también cuenta con una amplia tradición de discurso crítico al incorporar los enfoques de la teoría crítica de la cultura, las teorías poscoloniales, las metodologías decoloniales, las teorías feministas y la perspectiva de género como parte de su programa de pensamiento y acción, dando lugar a distintos posicionamientos epistémico-políticos conocidos como Humanidades digitales poscoloniales (Poscolonial Digital Humanities), Humanidades digitales globales (Global Digital Humanities) y, más recientemente, Ciencias Sociales y Humanidades digitales del Sur (Social Science and Digital Humanities of the South).

Así pues, las Humanidades digitales también han tomado conciencia del papel que pueden/deben jugar como discurso crítico e instrumento de emancipación frente al pensamiento y las prácticas totalizadoras, neocoloniales y hegemónicas que se han ido elaborando en torno a la tecnología como dimensión configuradora del mundo, la cultura y la humanidad.

A través de estos planteamientos, las Humanidades digitales contribuyen al desarrollo de una conciencia más crítica sobre los problemas sociales, culturales, políticos, económicos, ecológicos, biológicos, cognitivos y epistemológicos asociados al mundo hipertecnologizado e hiperconectado en el que vivimos, conminándonos a reflexionar sobre las nuevas preguntas que debemos plantearnos y sobre los nuevos espacios en los que debe desenvolverse el discurso crítico: las nuevas estructuras que vehiculan las relaciones de poder; las nuevas formas de la hegemonía y la subalternidad cultural; los nuevos colonialismos y dependencias epistemológicas; las nuevas modalidades de producción, apropiación, privatización y mercantilización del capital simbólico; o las nuevas precariedades y alienaciones del ser humano.

Por su parte, debido a su intenso proceso de institucionalización como ámbito de investigación específico
—bastante más difuso en España, hay que decirlo—, las Humanidades digitales también han devenido en un territorio de contestación y acción política que opera a un doble nivel: desde un nivel nacional-local, buscando la conformación de consorcios e iniciativas que fortalezcan su posición frente a los actores gubernamentales a los que se les insta a poner a disposición de la investigación humanística recursos e infraestructuras necesarios para acometer su labor y a nivel internacional-global, buscando la configuración de estructuras transnacionales basadas en procesos de colaboración.

No obstante, estas acciones y actuaciones no están exentas de problemas relacionados con diferencias en acceso, disponibilidad de recursos económicos y tecnológicos, políticas estatales referentes a la agenda digital, culturas investigadoras y desbalanceos en la posibilidad de representación geopolítica en estas corporaciones transnacionales.

De qué forma las Humanidades digitales pueden ayudar a formar a la humanidad que queremos construir y al mundo futuro al que aspiramos

Sin menoscabo de la importante labor desarrollada por las Humanidades digitales, la transición de la revolución digital a la sociedad posdigital y el advenimiento del denominado Second Digital Turn2 por Mario Carpo nos obligan a una reconsideración de las problemáticas sobre las que hasta ahora ha girado este ámbito de investigación y nos exigen proponer un salto cualitativo. Si bien durante las últimas décadas el problema de las Humanidades digitales ha sido la techne y sus intermediaciones en los procesos de producción cultural, política, social y epistémica, la cuestión que fundamentalmente confrontamos en la actualidad, aunque asociada irremediablemente al desarrollo tecnológico contemporáneo, lo trasciende al situar en el centro del debate la posibilidad de un nuevo concepto de Humanidad y la emergencia futura de un nuevo tipo de ser humano.

Así, las tecnologías emergentes NBIC (Nano, Bio, Info y Cogno), la inteligencia artificial, la vida sintética, la edición genética, los procesos de automatización robótica y el mejoramiento humano auguran una disrupción en el desarrollo evolutivo de la humanidad que, de acuerdo con determinados planteamientos tecno-utópicos, desembocará en un sujeto poshumano caracterizado por la superación de los límites que hasta ahora habían definido la la condición humana3.

Por su parte, el desarrollo de la inteligencia artificial confrontará al ser humano —si no lo hace ya— con un nuevo tipo de alteridad al hacer posible la existencia de inteligencias y dispositivos creativos no orgánicos, distintos a la inteligencia y creatividad humana.

A este respecto, Mario Carpo nos recuerda que si el primer giro digital tuvo que ver con bits y átomos, dando lugar a procesos de transformación física —en torno a los que ha girado el debate sobre la materialidad e inmaterialidad de la Red, Internet y las producciones digitales durante todos estos años—, el segundo giro digital tiene que ver con neuronas y, por tanto, con una transformación de los procesos de cognición.

Esta circunstancia hace de la inteligencia artificial y el paradigma neurocientífico en el que se basa fuerzas motrices en la configuración de nuestro mundo, presente y futuro, avanzando la posibilidad de una súperinteligencia o hipercognición. En este contexto, el sujeto humano ha de resituarse en un nuevo sistema ontológico en el que debe convivir con otras inteligencias y dispositivos creativos, perdiendo la posición central que había detentado hasta ahora en los procesos de producción de conocimiento y generación de valores simbólicos.

Asimismo, la ubicuidad tecnológica, cada vez más agudizada, también ope- ra en este proceso de transformación de la condición humana. En la actualidad, existen pocas dimensiones vitales de los individuos y las comunidades que queden fuera de la intermediación tecnológica en las ciudades del primer mundo. La computación, el software y los algoritmos tienen capacidad para modelar casi todo, desde los comportamientos sociales, a las decisiones políticas, pasando por los juicios estéticos.

La hipertecnologización y la hiperconectividad redimensiona los comportamientos sociales y culturales, intensificando y complejizando los procesos de globalización, cambio de escala, flujos sociales, identidades fluidas, redes culturales distribuidas o interdependencias económicas.

Las Humanidades digitales contribuyen al desarrollo de una conciencia más crítica sobre problemas sociales, culturales, políticos, económicos, ecológicos, biológicos y cognitivos

La generación de realidades otras que coexisten con la realidad física que hemos conocido hasta ahora también contribuye a dar un nuevo sentido a las nociones de ser y estar. Al mismo tiempo, los millones de datos que producimos cada segundo, tanto los que se vierten en el espacio digital, como los que se capturan a través de los múltiples sensores que pueblan nuestro espacio vital, han dado lugar a que prácticamente todos los aspectos de nuestra vida sean susceptibles de ser cuantificados y descritos mediante métricas y nuestros comportamientos conformados en virtud de modelos predictivos.

Es cierto que la cuantificación de la realidad no es un fenómeno nuevo4, pero no es menos cierto que en los albores de la tercera década del siglo XXI la cuantificación ha adquirido un poder sin precedentes como principio de descripción e interpretación de la realidad, y como parámetro en la toma de decisiones de toda índole5.

De igual modo, no podemos olvidar que las métricas y los ránquines son discursos legitimadores que tienen un efecto directo sobre la vida de las personas, que acaba siendo planificada para cumplir con los criterios de valor sustanciados en estas jerarquías algorítmicas. Nuestras aspiraciones, expectativas y frustraciones vienen marcadas por ellas.

Esta cuestión no es baladí, por el contrario, conlleva hacernos preguntas esenciales sobre qué es lo relevante y para quién es lo relevante, qué es valor para la sociedad contemporánea, cómo se gene- ra y crea ese valor. En definitiva, implica confrontarnos con la cuestión crucial de cuál debiera ser el proyecto axiológico de las Humanidades y de la práctica cultural
en general en el siglo XXI6.

Este descentramiento experimentado por el ser humano no es solo fáctico; es también teórico al ponerse en cuestión por parte de las teorías poshumanistas y/o transhumanistas la existencia de una condición idiosincrásica del ser humano como entidad sustantiva y diferenciada. De este modo, el sujeto humano pasa a ser únicamente una especie intermedia hacia una forma de vida superior —vida 3.0 o tecnológica (Tegmark, 2017)— o un simple eslabón graduativo en el proceso evolutivo de los seres orgánicos, manteniendo, además, una relación de simetría ontológica con el mundo inanimado de la materia física7.

Este escenario de avances tecnológicos y planteamientos teóricos ha dado forma a la pregunta clave en torno a la que se nuclea el debate contemporáneo: qué significa ser un ser humano en el siglo XXI. Así pues, lo que está en juego es, ni más ni menos, que la cuestión sobre los paradigmas teóricos que vamos a utilizar para su definición y resignificación en el mundo futuro. Se hace, pues, necesario pensar qué tipo de Humanidades y qué tipo de humanismo necesitamos desarrollar para poder explicar el ser humano en este nuevo contexto y ofrecer respuestas sobre el lugar que puede/debe ocupar en él. Entiendo aquí humanismo en el sentido de resituar al ser humano en el centro del problema, no en el centro del mundo —lo que nos llevaría a la reedición de un pensamiento antropocéntrico que ya no resulta operativo—. Esta es, a mi parecer, la conversación fundamental en torno a la cual las disciplinas humanísticas deberían centrar sus propuestas teóricas, críticas y metodológicas en los próximos años.

Nos encontramos, así, ante un proceso de desplazamiento de los problemas asociados a la tecnología y sus efectos; a los problemas asociados al ser humano, su definición, significado y papel en el mundo. Es en este contexto en el que considero que las Humanidades digitales deberían dar un salto cualitativo para empezar a pensar de qué modo podrían transformarse en un proyecto para la construcción de un nuevo humanismo que responda a las circunstancias del ser humano en este nuevo escenario8.

En definitiva, si entendemos la Humanidad como destino, esto es, no como un atributo innato sino como una cualidad que adquirimos, es importante pensar de qué modo las Humanidades digitales pueden llegar a ser un actor que nos ayude a dar forma a la humanidad que queremos construir y al mundo futuro al que aspiramos.

Notas

 1STEM de Science, Technology, Engineering y Mathematics, tiene como equivalente español la sigla CTIM, de las correspondientes Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas.

 2Carpo, M. (2017): The Second Digital Turn. Design Beyond Intelligence. Boston, MIT Press.

 3Cortina, A.; Serra, M.-A. (2016): Humanidad infinita: Desafíos éticos de las tecnologías emergentes. Madrid, Ediciones Internacionales Universitarias.

 4Crosby, A. W. (1998): The Measure of Reality: Quantification in Western Europe, 1250-1600. Cambridge, Cambridge University Press.

 5Crosby, A. W. (1998): The Measure of Reality: Quantification in Western Europe, 1250-1600. Cambridge, Cambridge University Press.

 6Rodríguez Ortega, N. (2018): “Design Thinking y metodologías de prototipado para repensar procesos de crítica y acción en el ámbito artístico-cultural” en Calderón Roca, B.; Choque, A.
y Quiles, F. Nuevas tecnologías e interdisciplinariedad en la comunicación del Patrimonio Cultural. Sevilla-Córdoba- Lima, Universidad Pablo de Olavide, Universidad de Córdoba, Universidad Peruana Simón Bolívar. pp. 46-75.

 7Grusin, R. (2015): The NonHuman Turn. Minneapolis, Minnesota University Press.

 8Rodríguez Ortega, N. (2018): “Cinco ejes para pensar las Humanidades digitales como proyecto de un nuevo humanismo digita”, introducción al número especial de Artnodes. Journal on Art, Science
and Technology “Humanidades digitales: sociedades, políticas, saberes”, n. 22, UOC, pp. 1-5.

Bibliografía

Galina, I. et al. Humanidades digitales (3 vol.). México, Bonilla Artiga Editores.

Gold, M. K. (2016): Debates in Digital Humanities. Minneapolis, University of Minnesota Press.

Tegmark, M. (2017): Vida 3.0. Qué significa ser humano en la era de la inteligencia artificial. Barcelona, Taurus.

Artículo publicado en la revista Telos 112


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Nuria Rodríguez-Ortega

Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Málaga y especialista en Humanidades digitales por la Universidad de Castilla La Mancha. Es presidenta de la Asociación Humanidades digitales Hispánicas (HDH).


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