7 de septiembre de 2020

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La recuperación de la economía global será digital

por Pablo Rodríguez Canfranc

La reconstrucción después de la crisis pasa necesariamente por la digitalización para desarrollar una economía inteligente garante de altos niveles de productividad y competitividad.

La pandemia ha causado un daño a la economía mundial sin precedentes en tiempos recientes. Ni siquiera la crisis de 2008 tuvo efectos tan devastadores como los que ha causado el confinamiento de una parte importante de la población mundial, con unas consecuencias terribles sobre la demanda de bienes y servicios, el comercio internacional, y el volumen de producción, que se ha contraído prácticamente en todo el planeta. En junio, el Fondo Monetario Internacional calculaba que el valor de la producción de bienes y servicios global caerá en 2020 casi en el 5%. España e Italia serán los países que más acusarán este está disminución del producto interior bruto, pudiendo suponer en el caso de nuestro país casi un 13%.

En junio, la OCDE planteaba dos escenarios de recuperación, en función de la existencia o no de una segunda oleada de virus. Sin una segunda crisis, la economía mundial habría iniciado una senda de crecimiento en el tercer trimestre de 2020; en caso contrario, sufriría una nueva recaída, y no comenzaría la recuperación hasta 2021. En ambas situaciones, los niveles del PIB global previos a la crisis no se volverán a alcanzar hasta dentro de dos años.

La temida segunda oleada de Covid-19 parece que está en marcha, por lo menos en países como España o Francia, dado que el número de contagios que había descendido notablemente a finales de junio ha vuelto a repuntar con virulencia. Quizá el sector económico más afectado por la pandemia ha sido el turismo, uno de los pilares tradicionales de la economía española. El número de estancias hoteleras en julio ha caído en un 73% respecto del mismo mes de 2019.

Los niveles del PIB global previos a la crisis no se volverán a alcanzar hasta dentro de dos años

No obstante, son muchas otras, aparte del turismo, las actividades afectadas por las crisis, aunque difiere en cada caso las perspectivas de futuro que presentan una vez que la emergencia sanitaria haya pasado. En algunos casos no se trata más que de esperar una recuperación de la demanda a los niveles del año pasado, pero en otros, los cambios en los usos y las costumbres que han tenido lugar, o bien la penetración de la digitalización –que se ha acelerado notablemente en los últimos meses-, pueden cambiar por completo el funcionamiento o la naturaleza de sectores económicos enteros.

En este sentido, un reciente informe firmado por la consultora Arthur D. Little ha clasificado el impacto económico producido por el Covid-19 en cuatro grandes bloques o categorías: rebote, sustitución, proceso y revolución. En el primero, rebote (rebound), se incluyen situaciones y actividades que volverán a ser como eran antes de la crisis una vez que esta haya pasado. Por ejemplo, la necesidad de llevar mascarillas desaparecerá cuando el virus haya sido erradicado. Sectores cuya demanda se ha visto seriamente contraída, como la hostelería, los viajes o los espectáculos, es previsible que vuelvan a crecer una vez que se haya esfumado el peligro de contagio.

El segundo epígrafe, denominado sustitución (substitution), hace alusión por el contrario a cambios permanentes o semipermanentes en la demanda de bienes y servicios. En gran medida estos cambios han sido provocados por la sustitución de actividades analógicas por otras digitales a través de plataformas. Un ejemplo puede ser el auge que ha tenido el comercio electrónico, las compras a través de internet, durante el confinamiento, que probablemente se mantenga como una costumbre más de la población, a pesar de que ya se puede acudir a los establecimientos físicos. Igualmente, muchos restaurantes que iniciaron servicios de comida a domicilio durante la crisis han mantenido después esa línea de atención, en paralelo a la oferta de restauración tradicional.

En el apartado de proceso (process) los autores incluyen los cambios que han tenido lugar en los procesos y las formas de trabajo derivados de la necesidad de distanciamiento social y de las restricciones. Quizá el mejor ejemplo de esto es la fuerte penetración que ha tenido el teletrabajo en el modo de funcionar de las empresas, que con toda seguridad permanecerá, en distintos formatos, en lo sucesivo. El informe de Deloitte menciona transformaciones que han tenido lugar en el campo del cuidado de la salud, como, por ejemplo, el uso de robots para realizar tareas mecánicas en los hospitales (limpieza, llevar comida o medicación a los pacientes), o la aplicación de la inteligencia artificial en el apoyo a la diagnosis de enfermedades.

Lo digital debe ser un tema transversal que esté presente en todas las estrategias de desarrollo

Finalmente, la categoría revolución (revolution) comprende casos en los que la sustitución y los cambios en los procesos ocurren en paralelo, de forma que los sectores afectados deben reinventarse para adaptarse a una nueva demanda y optimizar sus procesos, haciéndolos más eficientes. Para Deloitte, el ejemplo perfecto de esto son el turismo de cruceros y el transporte aéreo de pasajeros. Las aerolíneas han sufrido como nadie en sus cuentas las restricciones de la movilidad, y su supervivencia pasa por construir ofertas cada vez más completas y atractivas, para recuperar al viajero, y, desde los procesos, intentar ser más sostenibles desde el punto de vista medioambiental, y más sólidas y eficientes desde el financiero, por ejemplo, llevando a cabo fusiones dentro del sector.

Hacia una economía inteligente

Cada vez existe más consenso en que la recuperación económica pasa por la digitalización. La adopción de tecnologías digitales por parte de las empresas y los ciudadanos ya era antes de la crisis provocada por el Covid-19 una profunda tendencia de cambio, pero ahora se perfila como una condición indispensable para la reconstrucción.

Una economía digital presenta una serie de características generales:

  • Autónoma, elimina o limita la interacción humana.
  • Aumentada, potencia la efectividad y la eficiencia de las acciones humanas.
  • Es ágil y rápida en la ejecución, y además escalable.
  • Está representada digitalmente, de forma que permite adquirir conocimiento a través de la analítica de datos.
  • Está interconectada y es compatible, permitiendo que los dispositivos se comuniquen entre sí y aprendan unos de otros.

La pandemia no es más que un eslabón dentro de una cadena de transformación que tiene un abanico temporal mucho más amplio. El objetivo es lograr crear a medio plazo una economía inteligente, y, para ello, lo digital debe ser un tema transversal que esté presente en todas las estrategias de desarrollo. Es preciso impulsar una infraestructura de comunicaciones de banda ancha, tanto móvil como fija, capaz de soportar servicios de datos cada vez más avanzados y vanguardistas. Por otro lado, las acciones a emprender deben ser inclusivas para no dejar a ningún colectivo al margen, y deben tener en cuenta los principios de sostenibilidad ambiental. Es igualmente preciso promover la alfabetización digital entre trabajadores, cuyos entornos de trabajo van a ser cada vez más tecnológicos, y entre los ciudadanos, para que puedan beneficiarse y aprovechar al máximo los servicios que ofrece la sociedad digital.

La Europa digital

En febrero de este año, poco antes de la explosión de la pandemia, la Comisión Europea publicó el documento Dar forma al futuro digital de Europa, que establece las directrices que deben guiar la transformación digital del continente. El principal postulado de esta declaración es que el futuro de Europa debe ser verde y digital, y por ello, aboga por un cambio de rumbo hacia el desarrollo de soluciones medioambientalmente sostenibles.

Frente a las formas de progreso impuestas desde el exterior, la Comisión defiende una sociedad digital anclada en los valores europeos, que beneficie a todos los ciudadanos enriqueciendo sus vidas, y permitiéndoles desarrollarse, tomar decisiones y elegir, sin excluir a nadie (“La transformación digital solamente puede funcionar si funciona pata todos y no solo para unos pocos”). La estrategia europea tiene un horizonte temporal de cinco años, y se asienta sobre tres grandes principios:

  • Una tecnología que redunde en beneficio de las personas.
  • Una economía justa y competitiva.
  • Una sociedad abierta, democrática y sostenible.

Dentro de su visión digital, Europa se postula como líder en el campo de la inteligencia artificial, de forma que esta sea segura y fiable. Esta línea la ha plateado en el libro blanco publicado en febrero de este año, que plantea basar en un marco de colaboración público y privado la movilización de recursos a lo largo de toda la cadena de valor, con el fin de acelerar la implantación de la inteligencia artificial en todo el tejido productivo. Todo ello debe realizarse dentro de un “ecosistema de confianza”, de forma que los sistemas inteligentes que operen en la UE deben estar regidos por la normativa comunitaria, incluyendo los derechos fundamentales de las personas, y los derechos de los consumidores.

La Comisión defiende una sociedad digital anclada en los valores europeos que beneficie a todos los ciudadanos enriqueciendo sus vidas

En paralelo, la Comisión apuesta por reforzar la superioridad europea en el dato, planteando un mercado único de datos, para que estos fluyan libremente por toda la Unión Europea y entre sectores, en beneficio de las empresas, los investigadores y las administraciones públicas. Para ello, entre las primeras medidas propuestas figura la creación del marco regulador en materia de gestión de los datos, del acceso a ellos y de su reutilización entre empresas, entre administraciones y entre empresas y administraciones. Por otra parte, se fomentará el desarrollo de los sistemas tecnológicos y de la siguiente generación de infraestructuras, lo que permitirá a la UE y a todos los actores aprovechar las oportunidades que brinda la economía de los datos. Todo ello irá acompañado de políticas orientadas a sectores específicos para estimular la creación de espacios de datos concretos, por ejemplo, en torno a la fabricación industrial, la salud o la movilidad.

Una agenda para España

Alineada con la agenda digital europea, el Gobierno de España ha hecho público recientemente el plan España Digital 2025, que pretende impulsar la transformación de nuestro país, y convertirse en una de las palancas fundamentales para relanzar el crecimiento económico tras la crisis actual, además de estimular la productividad económica y reducir la desigualdad.

El documento reconoce los esfuerzos que se han llevado a cabo en las últimas décadas y que han convertido a España en un país líder en infraestructuras de telecomunicaciones, en el que destacan empresas punteras en sectores como la salud, agroalimentación, movilidad, turismo o finanzas. Pero, también señala las carencias que experimentamos en temas como la digitalización del tejido productivo –con especial incidencia en la pequeña y mediana empresa-, la investigación y el desarrollo, o la capacitación tecnológica de la población.

La estrategia España Digital 2025 ha sido articulada en torno a diez ejes:

  1. Garantizar una conectividad digital adecuada para el 100% de la población, promoviendo la desaparición de la brecha digital entre zonas rurales y urbanas.
  2. Continuar liderando en Europa el despliegue de la tecnología 5G, incentivando su contribución al aumento de la productividad económica, al progreso social y a la vertebración territorial.
  3. Reforzar las competencias digitales de los trabajadores y del conjunto de la ciudadanía.
  4. Reforzar la capacidad española en ciberseguridad, consolidando su posición como uno de los polos europeos de capacidad empresarial.
  5. Impulsar la digitalización de las Administraciones Públicas.
  6. Acelerar la digitalización de las empresas, con especial atención a las microPYMEs y las start-ups.
  7. Acelerar la digitalización del modelo productivo mediante proyectos tractores de transformación sectorial que generen efectos estructurales.
  8. Mejorar el atractivo de España como plataforma europea de negocio, trabajo, e inversión en el ámbito audiovisual.
  9. Favorecer el tránsito hacia una economía del dato, garantizando la seguridad y privacidad y aprovechando las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial.
  10. Garantizar los derechos de la ciudadanía en el nuevo entorno digital.

Por último, desde el sector privado Telefónica ha presentado en julio su Pacto Digital, una propuesta de la compañía para reconstruir mejor nuestras sociedades y economías. Con esta iniciativa se pretende contribuir a que las personas y las sociedades puedan beneficiarse de los cambios que está generando la digitalización, para que nadie se quede atrás en este acelerado nuevo mundo tecnológico. Este año es contemplado como un punto de inflexión, de reinicio para la reconstrucción tras la crisis, que nos ofrece la oportunidad de diseñar mejor el mundo en el que queremos vivir en el futuro.

Bibliografía

Arthur D. Little (2020) “Putting digital at the heart of the economic recovery”.

European Commission (2020) “Shaping Europe´s Digital Future”. Disponible en:  https://ec.europa.eu/info/sites/info/files/communication-shaping-europes-digital-future-feb2020_en_4.pdf

European Commission (2020) “White Paper On Artificial Intelligence. A European approach to excellence and trust”. Disponible en: https://ec.europa.eu/info/sites/info/files/commission-white-paper-artificial-intelligence-feb2020_en.pdf

Kalish, I. (2020) “Weekly global economic update. August 2020” en Deloitte Insights. Disponible en: https://www2.deloitte.com/us/en/insights/economy/global-economic-outlook/weekly-update.html?id=us:2em:3pa:economic-outlook:eng:di:031120&nc=1

OCDE (2020) “A collapse in GDP and an uncertain recovery”. Disponible en: http://www.oecd.org/coronavirus/en/data-insights/a-collapse-in-gdp-and-an-uncertain-recovery

Telefónica (2020) “Un Pacto Digital para reconstruir mejor nuestras sociedades y economías”. Disponible en: https://www.telefonica.com/documents/341171/145919232/Pacto-Digital-Telefonica.pdf/fc1fa600-43c2-13f4-39b6-b010bc3d3c2f


Pablo Rodríguez Canfranc

Economista especializado en el estudio del impacto de la tecnología en la sociedad. Actualmente trabaja en el área de estudios y publicaciones de Fundación Telefónica.


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