7 de junio de 2021

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La desinformación como arma misógina

por Pablo Rodríguez Canfranc

Dentro de la amenaza que suponen las fake news para la sociedad digital, existe un tipo de desinformación de género que persigue minar la credibilidad de mujeres que ocupan posiciones de liderazgo político, económico o mediático. Generalmente, se trata de acciones que persiguen objetivos operativos a corto plazo, pero que pueden llegar a minar el desarrollo de una sociedad verdaderamente democrática e inclusiva.

 “Propiamente hablando, las fakes news no son opiniones falsas sino falsas opiniones. [..] la legitimidad de la lucha contra la desinformación no se basaría en la falsedad de la información, ya que creer en algo erróneo y difundirlo está protegido por el derecho a la libertad de expresión. Debe poderse constatar que no se trata de una opinión y no que sea falsa, es decir, ha de probarse que no quiere contribuir al debate público sino manipularlo. Una democracia soporta bastante bien las opiniones falsas pero no tanto las falsas opiniones1. El filósofo Daniel Innerarity identifica en esta cita la desinformación como aquella información falsa orientada a manipular el debate público. El problema no es tanto su grado de veracidad, sino la intención que esconde su difusión.

En un estudio llevado a cabo hace unos pocos años en Estados Unidos, los ciudadanos señalaban la desinformación como uno de los problemas más graves a los que se enfrentaba su país, por encima de la violencia criminal, el cambio climático o el racismo. Un 68 % de los mismos pensaba que este fenómeno tiene un gran impacto en la confianza de los americanos en el Gobierno y el 54 % consideraban que afecta la confianza mutua entre ciudadanos2. En suma, las fake news socaban los cimientos mismos de la democracia y de la convivencia.

El poder de la desinformación es sólido y real. De acuerdo con Reuters Institute for the Study of Journalism, globalmente, el 56 % de los ciudadanos se consideran preocupados sobre la dificultad para distinguir las noticias reales de las falsas en internet, y este porcentaje aumenta notablemente en aquellos países donde el uso de los medios sociales es alto y las fuentes de información tradicionales están menos extendidas, y también en los muy polarizados políticamente3.

Dentro del uso actual de la información para hacer daño o manipular a través de medios digitales, existe un campo que apunta en exclusiva a las mujeres. La denominada desinformación de género es la difusión de información engañosa o imprecisa para perjudicar la reputación de mujeres que han destacado en el campo de la política, de los medios de comunicación o de cualquier otro lugar de la esfera pública, trazando una narrativa basada en la misoginia y en los estereotipos de género. Por una parte, persigue alterar la percepción pública sobre la persona en cuestión –generalmente con fines políticos a corto plazo-, y, por otra, desincentivar la aspiración de las mujeres de acceder a puestos de liderazgo y responsabilidad dentro de la sociedad.

La denominada desinformación de género es la difusión de información engañosa o imprecisa para perjudicar la reputación de mujeres que han destacado en el campo de la política, de los medios de comunicación o de cualquier otro lugar de la esfera pública

Un conocido ejemplo de esta práctica retorcida es el que protagonizó en 2017 la joven parlamentaria ucraniana Svitlana Zalishchuk, cuando pronunció un discurso ante las Naciones Unidas denunciando los efectos que estaba produciendo la guerra contra Rusia sobre las mujeres de su país. A pesar de recibir el aplauso internacional, días después comenzó a circular por las redes un falso tuit en el que se le atribuía haber afirmado que correría desnuda por las calles de Kiev si el ejército ucraniano perdía una batalla clave. La intención de esta campaña estaba clara: desacreditarla como política y devaluar el valor de sus palabras. La periodista y activista georgiana Tamara Chergoleishvili también fue víctima de una acción de este tipo, en su caso, a través del deep fake, es decir, de un vídeo manipulado a través de la inteligencia artificial. En dichas imágenes aparentemente aparecía practicando sexo con otras dos personas, sin embargo, estas eran completamente falsas, pues, como informó la propia Chergoleishvili con cierta sorna, los autores de la falsificación no sabían que ella tiene desde hace tiempo un inmenso tatuaje en la espalda que no aparecía en la filmación.

Un problema de seguridad nacional

Las autoras de un informe llevado a cabo por Brookings Instititution, Lucina Di Meco y Kristina Wilfore, han llegado a calificar la desinformación de género como un problema de seguridad nacional para los Estados Unidos, proponiendo su inclusión en la agenda política de Joe Biden y Kamala Harris con el objeto, no solo de avanzar en la defensa de los derechos de las mujeres, sino de alcanzar igualmente objetivos relacionados con la seguridad nacional, la política exterior del país y el mantenimiento de la democracia.

La cantidad de ataques contra mujeres en el mundo de la política a través de la desinformación es desproporcionada, comparada con el volumen de los que se dirigen hacia figuras públicas masculinas. El objetivo abiertamente sexista de estas acciones es presentar a los cargos públicos femeninos como poco fiables, sin la inteligencia necesaria para asumir la responsabilidad que reciben, o demasiado emocionales o libidinosas como para ocupar puestos relevantes. Un estudio llevado a cabo con la inteligencia artificial de la empresa Marvelous AI en las elecciones primarias previas a la campaña presidencial de 2020 en EE.UU. concluyó que las cuentas en medios sociales de menor credibilidad –incluyendo bots y trolls– se cebaron con ataques a las candidatas del Partido Demócrata en una tasa mucho más elevada que con sus colegas masculinos, y, además, se trataba de acometidas más concentradas en la persona que en las ideas políticas. Por ejemplo, la narrativa en torno a la actual vicepresidenta del país, Kamala Harris, giraba en torno a sus antecedentes penales y a que su carrera profesional había sido propulsada gracias a los favores de hombres poderosos.

Expulsar a la mujer de la arena política es un primer paso dentro de una estrategia mucho más ambiciosa tendente a erosionar el sistema democrático y los derechos humanos

Di Meco y Wilfore defienden que el expulsar a la mujer de la arena política es un primer paso dentro de una estrategia mucho más ambiciosa tendente a erosionar el sistema democrático y los derechos humanos. De hecho, la desinformación de género es una de las armas preferidas de la que denominan “nueva ola de líderes autoritarios” que recorre el mundo, y en la que estarían incluidas figuras como las de Vladimir Putin en Rusia, Rodrigo Duterte en Filipinas, Viktor Orban en Hungría, o Recep Tayyip Erdogan en Turquía, entre otros. Todos tienen en común una abierta política antiliberal, el ataque indiscriminado a la mujer en la política y la oposición frontal al feminismo.

En última instancia, los regímenes autoritarios, al minar los derechos de las mujeres, conspiran por acabar con los derechos individuales de toda la sociedad. Para el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, “la corrosión de los derechos humanos de la mujer es la prueba de fuego para el nivel de derechos humanos de toda la sociedad4.

La responsabilidad de las plataformas

Las principales plataformas de internet, como Facebook, Twitter, Instagram o YouTube, disponen de una normativa contra el abuso y el discurso de odio, así como medidas para frenar aquellos comportamientos agresivos y ofensivos en las redes. No obstante, un estudio llevado a cabo por Wilson Center sugiere que la desinformación de género es un fenómeno aparte de otros tipos de comportamientos negativos, y que, por tanto, debería recibir respuestas concretas efectivas por parte de los responsables de estos medios.

La creatividad maliciosa que hay detrás de estas acciones, que incluye el uso de memes textuales y visuales y de contenido “socialmente codificado”, hace que la mala intención en el ataque sea muy difícil de identificar, aislar y neutralizar, al no hacer saltar las alarmas automáticas establecidas, puesto que a veces requiere de un conocimiento más profundo del contexto y de la coyuntura para poder ser detectada. De hecho, mucho es estos ataques contra mujeres no violan las condiciones de uso de las plataformas, dado que en sus normativas no están definidos ni contemplados como tales. Al final, dada la ausencia de medidas automatizadas para frenar la desinformación de género, es la propia víctima de las campañas la que tiene que denunciar y reportar el abuso cometido contra su integridad, así como bloquear o demandar a los responsables, sufriendo un coste psicológico y personal muy elevado.

Los espacios como Google, Facebook o Apple no pueden negarse a aceptar su papel en el control de este fenómeno, y tienen que asumir su responsabilidad legal al respecto

Por todo ello, Wilson Center recomienda que las plataformas y medios sociales deberían incluir la posibilidad de realizar informes de incidencias que permitiesen a las mujeres denunciar a la vez muchos mensajes ofensivos individuales, para poder generar un contexto del ataque que están sufriendo y tener una visión más holística del mismo. En otro orden de cosas, también deberían actualizar más regularmente el acervo de palabras clave que reflejan la creatividad maliciosa que se esconde detrás de las campañas de desinformación, para poder identificarla cada vez con mayor precisión, y perfeccionar los métodos automáticos detección. Finalmente, se propone la creación de un consorcio de plataformas para poder detectar y responder de forma colectiva a la desinformación misógina que circula por la red, de la misma manera que existen otros relacionados con la vigilancia del extremismo o del terrorismo.

Los espacios como Google, Facebook o Apple no pueden negarse a aceptar su papel en el control de este fenómeno, y tienen que asumir su responsabilidad legal al respecto. Por fortuna, la legislación empieza a marcar con fuerza las normas u obligaciones del mundo digital –por lo menos en Europa-, y ya no vale la excusa de antaño de que internet es un medio incontrolable y que está por encima de todo, incluso de las leyes de los estados, dibujándose como una jungla.

Foto de Anete Lusina en Pexels

Notas

 1Fundación Telefónica (2021) “Sociedad Digital en España 2020-2021. El año en que todo cambió”. Disponible en: https://www.fundaciontelefonica.com/cultura-digital/publicaciones/sociedad-digital-en-espana-2020-2021/730/

 2Pew Research Center (2019) “Many Americans say made-up news is a critical problem that needs to be fixed”.

 3Reuters Institute for the Study of Journalism (2020) “Digital News Report”.

 4United Nations (2018) “Report of the Working Group on the issue of discrimination against women in law and in practice”. Disponible en: https://undocs.org/A/HRC/38/46

Bibliografía

Di Meco, L. y Wilfore, K. (2021) “Gendered disinformation is a national security problem” en Brookings. Disponible en: https://www.brookings.edu/techstream/gendered-disinformation-is-a-national-security-problem/

Jankowicz , N. (2017) “How Disinformation Became a New Threat to Women” en World Policy. Disponible en: http://worldpolicy.org/2017/12/20/how-disinformation-became-a-new-threat-to-women/

Jankowicz, N. y otros (2021) “Malign Creativity. How gender, sex, and lies are weaponized against women online”. Wilson Center. Disponible en: https://www.wilsoncenter.org/sites/default/files/media/uploads/documents/Report%20Malign%20Creativity%20How%20Gender%2C%20Sex%2C%20and%20Lies%20are%20Weaponized%20Against%20Women%20Online_0.pdf

#She persisted Global. Tackling gendered disinformation & online attacks against women in politics. Disponible en: https://www.she-persisted.org/


Pablo Rodríguez Canfranc

Economista especializado en el estudio del impacto de la tecnología en la sociedad. Actualmente trabaja en el área de estudios y publicaciones de Fundación Telefónica.


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