17 de febrero de 2026
por
Gabriel Lozano Reina
Laura Pérez García
Gregorio Sánchez Marín
[ ILUSTRACIÓN: DENIS NOVIKOV/ ISTOCK ]
Durante la última década, el término NEET (referido comúnmente a jóvenes que ni estudian ni trabajan) se ha instalado en el debate público como una de las etiquetas más utilizadas —y también más simplificadoras— para describir una de las situaciones más preocupantes de las sociedades actuales. En 2023, más de 280 millones de jóvenes en el mundo se encontraban en esta situación, según la Organización Internacional del Trabajo. En Europa, aunque las cifras varían mucho entre países y regiones, el fenómeno sigue afectando de manera persistente a millones de jóvenes, con especial intensidad en aquellos territorios que combinan mercados laborales frágiles y sistemas educativos poco conectados con el empleo.
A menudo, la mirada dominante sobre estos jóvenes los presenta como desmotivados, poco esforzados o responsables de su propia exclusión. Sin embargo, la evidencia empírica muestra una realidad mucho más compleja. Los resultados de nuestro estudio, publicado recientemente en la revista Journal of Youth Studies, muestran que la condición de NEET es el resultado de una combinación de factores estructurales, familiares e individuales, profundamente condicionados por el territorio en el que se vive. Esta mirada permite entender por qué políticas centradas únicamente en “activar” a los jóvenes, sin atender a su contexto social y económico, suelen ofrecer resultados limitados.
Factores determinantes de jóvenes NEET

Fuente: Elaboración propia.
Uno de los principales errores que cometemos al hablar de jóvenes NEET es asumir que forman un grupo homogéneo. Bajo esta etiqueta conviven realidades muy distintas. Algunos jóvenes están desempleados y buscan activamente trabajo; otros están fuera del mercado laboral porque cuidan de familiares, han perdido la esperanza de encontrar empleo o atraviesan problemas de salud; y existe también un grupo minoritario que se encuentra fuera del sistema de forma voluntaria y temporal.
Esta heterogeneidad es clave porque implica necesidades, trayectorias y riesgos muy diferentes. No es lo mismo un joven que busca empleo sin éxito durante meses que alguien que abandona el mercado laboral por responsabilidades de cuidado o que se retira temporalmente del sistema educativo por falta de recursos. Ignorar estas diferencias conduce a diagnósticos erróneos y a políticas poco ajustadas a la realidad. Tratar a todos los jóvenes NEET como si compartieran los mismos problemas no solo reduce la eficacia de las intervenciones, sino que también puede resultar injusto, al invisibilizar situaciones de vulnerabilidad muy distintas bajo una misma etiqueta estadística.
El primer nivel de explicación se encuentra en los factores estructurales (o de nivel macro). La evidencia es clara: los países y regiones con altas tasas de desempleo juvenil y mercados laborales precarios presentan mayores tasas de jóvenes NEET.
Las crisis económicas agravan esta situación. Tras la crisis financiera de 2008, y más recientemente durante la pandemia de covid-19, muchos jóvenes quedaron atrapados en trayectorias laborales inestables, encadenando contratos temporales o directamente excluidos del empleo. En este contexto, el problema no es solo la falta de trabajo, sino la precariedad: empleos mal remunerados, inseguros y con escasas oportunidades de aprendizaje que no facilitan una integración duradera. La investigación disponible indica que estas experiencias tempranas aumentan el riesgo de desconexión prolongada del mercado laboral.
Además, el lugar importa. Las regiones rurales o periféricas, con economías poco diversificadas y menor acceso a servicios públicos, concentran mayores riesgos de exclusión juvenil que las áreas metropolitanas, con mercados laborales más dinámicos. Las diferencias territoriales no solo afectan a la disponibilidad de empleo, sino también a la calidad de las instituciones, al acceso al transporte, a la oferta educativa y a los servicios de apoyo a la juventud.
Un segundo nivel de factores tiene que ver con el entorno familiar, social y educativo. La evidencia acumulada muestra que el nivel educativo de los padres, la estabilidad económica del hogar y el acceso a redes de apoyo influyen de manera decisiva en las trayectorias juveniles. Las desventajas tienden a acumularse, reproduciendo desigualdades sociales entre generaciones.
El sistema educativo también desempeña un papel central. El abandono escolar temprano, la escasa conexión entre formación y mercado laboral, o la debilidad de la formación profesional aumentan significativamente el riesgo de convertirse en NEET. Los países y regiones con sistemas de formación profesional sólidos y buenas políticas de transición al empleo logran reducir este riesgo. La experiencia comparada muestra especialmente la importancia de los programas que combinan formación y experiencia laboral, facilitando una transición menos abrupta entre los periodos de estudio y de trabajo.
La conciliación es otro elemento clave en las trayectorias juveniles. Para muchas mujeres jóvenes, las responsabilidades de cuidado suponen una salida forzada del empleo o de la formación. En contextos donde existen servicios de atención infantil accesibles y políticas de apoyo a las familias, este abandono deja de ser un destino casi inevitable y se convierte en una situación mucho menos frecuente.
A nivel individual, existen características que influyen en la probabilidad de convertirse en NEET, entre las que destacan la edad y el momento en que se produce la salida del sistema educativo. El riesgo aumenta cuando esta transición se realiza de forma temprana o abrupta, sin mecanismos eficaces de inserción laboral, y en contextos de mercado caracterizados por la inestabilidad. Las dificultades en esta primera etapa de la vida adulta tienden a acumularse, haciendo más probable una desconexión prolongada del empleo o de la formación.
El género y el nivel educativo introducen diferencias adicionales en estas trayectorias. En muchos países, las mujeres jóvenes presentan tasas más altas de inactividad, una brecha que refleja itinerarios educativos y laborales más discontinuos y una mayor exposición a salidas tempranas del sistema. Al mismo tiempo, aunque el nivel educativo suele actuar como factor de protección, no lo hace de manera automática: los jóvenes con baja cualificación encuentran mayores barreras de acceso al empleo, pero también existen jóvenes con estudios superiores que permanecen como NEET debido a la sobrecualificación y a la falta de oportunidades acordes a su formación, lo que cuestiona la idea de que más educación, por sí sola, garantice una integración laboral exitosa.
Uno de los elementos menos visibles en el debate público es el papel del territorio. Nuestro estudio muestra que los factores que explican el fenómeno NEET no actúan de la misma manera en todos los contextos. Las oportunidades educativas, el tipo de empleo disponible, la calidad de las instituciones y el acceso a servicios públicos varían enormemente entre regiones. Estas diferencias territoriales condicionan las trayectorias de jóvenes con perfiles similares que viven en áreas metropolitanas o en regiones periféricas. Las políticas que no incorporan esta dimensión tienden a reproducir las brechas existentes, al aplicar soluciones homogéneas a realidades económicas y sociales profundamente distintas.
La investigación acumulada converge en una conclusión clara: no existen soluciones simples para un fenómeno tan diverso como el de los jóvenes NEET. Las políticas más eficaces son aquellas que combinan medidas económicas, educativas y sociales, y que se adaptan a los contextos territoriales en los que se insertan. Los programas que integran formación, experiencia laboral remunerada, acompañamiento personalizado y apoyo social muestran mejores resultados que las intervenciones aisladas. Del mismo modo, distinguir entre jóvenes desempleados y jóvenes inactivos resulta fundamental, ya que sus trayectorias y necesidades son claramente diferentes.
En definitiva, lejos de ser un problema de actitud individual, el fenómeno NEET pone de manifiesto fallos estructurales en los sistemas educativos, los mercados laborales y las políticas sociales. Reconocer esta complejidad no es solo un ejercicio analítico, sino una condición necesaria para abandonar los estigmas y avanzar hacia respuestas públicas más justas, eficaces y ajustadas a la realidad de los jóvenes.
Eurostat. Statistics on young people neither in employment nor in education or training. Versión 2024. Luxemburgo, Eurostat, 2024. Disponible en: https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Statistics_on_young_people_neither_in_employment_nor_in_education_or_training
Lozano-Reina, G., Pérez-García, L., & Sánchez-Marín, G. “Lost in transition! Factors leading to NEET status in youth populations” en Journal of Youth Studies (2026, 1–25). Disponible en: https://doi.org/10.1080/13676261.2026.2618070
Organización Internacional del Trabajo. Global employment trends for youth 2024: Middle East and North Africa. ILO brief. Ginebra, OIT, 2024. Disponible en: https://researchrepository.ilo.org/esploro/outputs/encyclopediaEntry/995379293102676#abstract
Organización Internacional del Trabajo. Tendencias mundiales del empleo juvenil 2024. Ginebra, OIT, 2024. Disponible en: https://doi.org/10.54394/GFEA7064
Es profesor de Organización de Empresas en la Universidad de Murcia. Su investigación se centra, entre otras líneas, en recursos humanos, gobierno corporativo y empresa familiar. Actualmente participa en proyectos competitivos sobre emprendimiento y transformación digital universitaria.
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Es profesor de Organización de Empresas en la Universidad de Murcia. Su investigación se centra, entre otras líneas, en recursos humanos, gobierno corporativo y empresa familiar. Actualmente participa en proyectos competitivos sobre emprendimiento y transformación digital universitaria.
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Es graduada en Derecho y ADE por la Universidad de Murcia. Actualmente, estudiante del Máster Universitario en Tributación y Asesoría Fiscal en la Universidad Loyola y del Máster Universitario en Acceso a las profesiones de Abogacía y Procura en la UNED.
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Es graduada en Derecho y ADE por la Universidad de Murcia. Actualmente, estudiante del Máster Universitario en Tributación y Asesoría Fiscal en la Universidad Loyola y del Máster Universitario en Acceso a las profesiones de Abogacía y Procura en la UNED.
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Es catedrático de Organización de Empresas en la Universidad de Alcalá. Especialista en dirección de recursos humanos, pymes y empresas familiares. Ha publicado numerosos trabajos académicos y participa activamente en tareas de edición científica (es director de la Editorial UAH), evaluación de la investigación (es editor jefe de la revista Small Business International Review) y divulgación del conocimiento. Ha sido subdirector de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA).
Es catedrático de Organización de Empresas en la Universidad de Alcalá. Especialista en dirección de recursos humanos, pymes y empresas familiares. Ha publicado numerosos trabajos académicos y participa activamente en tareas de edición científica (es director de la Editorial UAH), evaluación de la investigación (es editor jefe de la revista Small Business International Review) y divulgación del conocimiento. Ha sido subdirector de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA).
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