9 de mayo de 2026

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Destejer el arcoíris

por Almudena Martín Castro

Esta pregunta encabeza algunos de los versos más conocidos que se han escrito sobre ciencia y, por desgracia, no ofrecen una visión halagüeña. En su poema “Lamia” (1820), John Keats acusaba a Newton de “destejer el arcoíris” e inscribirlo en el “insulso catálogo de las cosas comunes”. Creía que explicar la luz era una forma de reduccionismo inaceptable: claridad obtenida a costa de profundidad.

No era el único. Muchos pensadores románticos se rebelaron contra la hegemonía de la razón ilustrada. Acusaban a la ciencia de reduccionismo, de presentar la naturaleza como un objeto inerte y manipulable. Fueron voces como la suya las que contribuyeron a fijar la imagen de la física y las matemáticas como disciplinas frías, ajenas a la estética, vacías de emoción e imaginación.

Pero ¿destruyó realmente Newton la magia del arcoíris?

En 1802, gracias a un prisma mejorado, William Wollaston detectó una serie de líneas negras sobre el espectro del arcoíris, que habían pasado desapercibidas. Una década más tarde, Joseph von Fraunhofer profundizó en la técnica y catalogó centenares más. Al arcoíris le habían salido grietas, para desconsuelo de John Keats.

Solo en el siglo XX pudimos entender su significado. Estas líneas oscuras son la sombra de los átomos, la huella de fotones absorbidos por la materia en las capas externas de las estrellas. Cada elemento químico absorbe longitudes de onda precisas, dejando su firma en la luz que viaja hasta nosotros. Al analizarlas, no solo encontramos la escalera cuántica de los orbitales atómicos, también accedemos a la composición de los soles más remotos, confirmando que la materia comparte un alfabeto universal.

Así, cuando Newton destejió el arcoíris, encontró el hilo que lo ata a las estrellas. De paso, abrió las puertas a un nuevo universo que no es solo fáctico, sino también narrativo. En él ya no habitan duendes, sino espines, orbitales, entrelazamientos y bosones. Y esto, lejos de ser frío o insulso, resulta profundamente bello, y más conmovedor y misterioso que cualquier truco de magia.

 

Ilustración inspirada en el prisma de Newton, la portada de The Dark Side of the Moon (1973), el disco más vendido de Pink Floyd, es obra del colectivo británico Hipgnosis: “El espectáculo de luces de los Floyd era considerado muy poderoso, y el prisma parecía una buena manera de reflejarlo gráficamente”.

Telos 129

Artículo publicado en la revista Telos 129


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Autor

Es licenciada en Bellas Artes y graduada en Física, su interés por la ciencia y la tecnología la ha llevado a desarrollar una intensa actividad divulgadora por la que ha recibido, entre otros, el Premio Tesla de divulgación científica en 2017.

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