11 de febrero de 2026
por
Beatriz Feijoo
Arantxa Vizcaíno-Verdú
Patricia Lafuente Pérez
[ ILUSTRACIÓN: WOOCAT/ ISTOCK ]
En los últimos años, la sociedad ha desarrollado una mayor sensibilidad hacia el uso de un lenguaje inclusivo, especialmente en cuestiones relacionadas con la imagen corporal. Sin embargo, informes recientes sobre acoso escolar siguen planteando una paradoja: en el 54,9 % de los casos, el aspecto físico continúa siendo uno de los motivos principales de discriminación y agresión entre menores. Entonces, ¿qué ocurre en un escenario de aparente libertad de expresión como las redes sociales? ¿Cómo hablan y se relacionan con el cuerpo? ¿Hay más respeto o más crueldad?
El aspecto físico continúa siendo uno de los motivos principales de discriminación y agresión entre menores
El body shaming, frase en inglés que define la acción de burlarse, criticar o ridiculizar el cuerpo de otras personas de manera directa o indirecta, es un fenómeno aprendido que se interioriza y se reproduce, en parte, a través de la imitación. En el entorno digital, los adolescentes hacen también lo que ven hacer a otros, al igual que en el hogar o en clase.
Sin embargo, nuestra reciente investigación apunta en otra dirección. En el contexto digital, los menores no solo «copian» conductas por lo que escuchan o ven. Ver este tipo de contenidos no implica automáticamente comportarse igual. Lo que sí les empuja a reproducir el body shaming son factores emocionales como haber tenido experiencias negativas previas o vivir con miedo a ser criticados o ridiculizados. En ambos casos, la implicación en burlas a terceros es mayor, incluso cuando adoptan formas aparentemente inofensivas, como reaccionar o compartir ese contenido.
Además, hemos identificado que es el propio clima de inseguridad y vulnerabilidad de las redes sociales el que facilita que estas dinámicas se mantengan, contagiándose de un usuario a otro.
En el estudio comprobamos que la mayoría de adolescentes no insulta directamente ni crea contenidos para ridiculizar per se. Sí participa muchas veces sin ser plenamente consciente en pequeñas formas de burla: un “me gusta”, un meme reenviado a un grupo privado o perfil público, una reacción cómplice. Interacciones mínimas, casi invisibles, que no suelen percibirse como problemáticas, pero que, con el tiempo, contribuyen a que la burla corporal se perciba como algo natural y aceptable.
Este tipo de participación “de baja intensidad” cumple una función importante en la difusión del body shaming. Al no percibirse como agresión explícita, rara vez genera rechazo social, reflexión o autocrítica. Al contrario, suele integrarse en las dinámicas cotidianas de interacción en redes sociales: comentar, reaccionar, compartir. Así, la burla se convierte progresivamente en una forma «más» de estar en redes, diluyendo la responsabilidad individual y reforzando la idea de que “no pasa nada”.
Nuestros resultados muestran adicionalmente diferencias relevantes si atendemos al género de los menores. Las chicas tienden a manifestar niveles más altos de temor a la exposición corporal y mayor preocupación por cómo será percibido su cuerpo en redes sociales. Es decir, viven con más intensidad la presión de mostrarse “adecuadamente” en espacios marcados por ese juicio y comparación permanentes.
Las chicas tienden a manifestar niveles más altos de temor a la exposición corporal y mayor preocupación por cómo será percibido su cuerpo en redes sociales
Por el contrario, son los chicos quienes presentan una mayor implicación en determinadas prácticas de burla, fundamentalmente en aquellas que son más visibles, como comentar, reenviar y compartir contenidos que han creado otros usuarios para ridiculizar el aspecto físico de otra persona. Esta combinación genera una dinámica desigual, ya que mientras ellas soportan una mayor carga emocional asociada a la (auto)vigilancia y la inseguridad corporal, ellos alientan esta práctica ofensiva.
Estos patrones de género no suceden al margen del contexto. Se desarrollan en entornos digitales que amplifican las inseguridades y convierten la comparación corporal en una experiencia de constante escrutinio.
Imaginemos una situación cotidiana. Alguien hace un comentario sobre nuestro cuerpo. Tal vez menciona nuestros abdominales o su falta de definición. Por curiosidad (o por inseguridad) buscamos ese rasgo en redes sociales y comenzamos a consumir contenidos similares. A partir de ahí, el algoritmo hace su trabajo: aparecen más vídeos, más imágenes, más cuerpos normativos. La pantalla se llena de referencias y reacciones. Todo el mundo parece encajar. Menos nosotros.
Lo que comienza como una búsqueda ingenua puede convertirse en un bucle difícil de romper que contagia con sigilo y en mayor medida a los usuarios más jóvenes. Conviene considerar que los sistemas de personalización de estas plataformas, en apariencia diseñados para organizar el contenido, refuerzan esa comparación y alimentan la sensación de que el propio cuerpo (o el ajeno) está fuera de lugar, ya sea por su idealización o filtrado, como por su estigmatización.
Esto plantea un desafío verdaderamente complejo para familias, gobiernos, docentes y las propias plataformas. Si el problema no es solo lo que se ve, sino cómo se experimenta en redes, no basta con prohibir, vigilar o censurar. Es necesario enseñar a los adolescentes a reconocer sus inseguridades, a cuestionar las comparaciones y a entender el impacto de sus gestos, aunque sean pequeños, en el entorno digital.
Es necesario enseñar a los adolescentes a reconocer sus inseguridades, a cuestionar las comparaciones y a entender el impacto de sus gestos, aunque sean pequeños, en el entorno digital
La educación de las nuevas generaciones no puede limitarse a normas y recomendaciones técnicas: debe también integrar la empatía, el pensamiento crítico y la responsabilidad colectiva. Solo así será posible romper un clima contagioso en el que el body shaming se ha vuelto rutina para sustituirlo por formas más respetuosas de convivir en línea.
Fundación ANAR & Fundación Mutua Madrileña. VII Informe “La opinión de los estudiantes”. Informe sobre la percepción del acoso escolar en los centros educativos. Madrid, Fundación ANAR y Fundación Mutua Madrileña, 2025. Disponible en: https://www.anar.org/actualidad/informes/vii-informe-la-opinion-de-los-estudiantes/
Lafuente-Pérez, P., Ladrón-de-Guevara, B., & Feijoo, B. “La construcción social del rechazo corporal: Influencia de las redes sociales, familia y amigos en la gordofobia adolescente” en Doxa Comunicación. Revista Interdisciplinar De Estudios De Comunicación y Ciencias Sociales (2026, 42, pp. 419-435). Disponible en: https://doi.org/10.31921/doxacom.n42a2971
Es doctora en Comunicación y licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas y Comunicación Audiovisual por la Universidade de Vigo. Profesora Titular y con sexenio de investigación activo, ha sido previamente docente e investigadora en la Universidad de los Andes (Chile), en la Universidad Internacional de la Rioja y en la Universidade de Vigo. Autora de casi un centenar de publicaciones y artículos científicos, editora de libros sobre comunicación y menores e IP de proyectos de investigación financiados sobre esta misma temática.
Es doctora en Comunicación y licenciada en Publicidad y Relaciones Públicas y Comunicación Audiovisual por la Universidade de Vigo. Profesora Titular y con sexenio de investigación activo, ha sido previamente docente e investigadora en la Universidad de los Andes (Chile), en la Universidad Internacional de la Rioja y en la Universidade de Vigo. Autora de casi un centenar de publicaciones y artículos científicos, editora de libros sobre comunicación y menores e IP de proyectos de investigación financiados sobre esta misma temática.
Ver todos los artículos
Es doctora en Comunicación y profesora Contratada en la Universidad Internacional de La Rioja. Su formación académica y experiencia profesional combinan la comunicación, la publicidad y la alfabetización mediática. Es Key Regional Leader de la red TikTok Cultures Research Network, así como Editora de Sección y Coordinadora de redes sociales de la Revista Mediterránea de Comunicación. Forma parte del grupo de investigación COYSODI (UNIR), es colaboradora externa del grupo COMPUBES (UA) y alumni del IERLab. Su trabajo aborda la alfabetización mediática y las dinámicas de la cultura digital, enfocándose en cómo los menores y jóvenes interactúan con el contenido generado por usuarios, los influencers y las narrativas participativas en plataformas digitales.
Ver todos los artículos
Es doctora en Comunicación y profesora Contratada en la Universidad Internacional de La Rioja. Su formación académica y experiencia profesional combinan la comunicación, la publicidad y la alfabetización mediática. Es Key Regional Leader de la red TikTok Cultures Research Network, así como Editora de Sección y Coordinadora de redes sociales de la Revista Mediterránea de Comunicación. Forma parte del grupo de investigación COYSODI (UNIR), es colaboradora externa del grupo COMPUBES (UA) y alumni del IERLab. Su trabajo aborda la alfabetización mediática y las dinámicas de la cultura digital, enfocándose en cómo los menores y jóvenes interactúan con el contenido generado por usuarios, los influencers y las narrativas participativas en plataformas digitales.
Ver todos los artículos