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La interculturalidad en los estudios culturales latinoamericanos


Por Cíntia Sanmartin FernandesMicael Herschmann

Se analiza el lugar que ocupa el concepto de interculturalidad en la obra de Néstor García Canclini, tratando de contribuir a una comprensión más clara del papel que desempeñan sus reflexiones en la renovación no solo de un marco teórico-metodológico para los estudios culturales latinoamericanos, sino también de una teoría de la comunicación más comprometida con la crítica y la transformación de la realidad.

Se trata de un intelectual que transita entre la ‘Tierra del Sol’ (México) y la ‘Tierra del fuego’ (Argentina), llevando en su equipaje las prácticas, las artes, los saberes, los simbolismos y los imaginarios latinoamericanos, conducido por los trazos, marcas y enunciaciones de las sociedades que están presentes especialmente en América Latina. García Canclini, por medio de su vasta obra, iniciada en la década de 1970, ha investigado y analizado de forma comprometida la diversidad y la multiculturalidad (sin caer en una perspectiva ‘bolivarista’ simplista) de esta macrorregión, problematizando la agenda económica y sociocultural que se está construyendo en el contexto de la globalización, enfatizando las dificultades y el desafío de enunciar las narrativas polifónicas de esta localidad.

Trayectoria del autor

Doctor en filosofía por la Universidad de París, profesor e investigador del departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana (de la Ciudad de México) -donde dirige el Programa de Estudios sobre Cultura desde la década de 1990-, García Canclini está considerado como uno de los mayores exponentes de los estudios culturales latinoamericanos. Sus primeros trabajos, marcados por la inquietud epistemológica y metodológica en sus análisis de la relación entre las artes populares y la cultura hegemónica capitalista, lo condujeron a problematizar las teorías de la modernidad tan fuertemente marcadas por las narrativas de los países centrales europeos y norteamericanos.

Esta problemática llevó al autor a un diálogo constante con la antropología, la sociología, el arte y los estudios literarios y los estudios de políticas culturales que al final de 1980 dieron inicio al debate más intenso sobre la globalización: una reflexión más profunda sobre su dinámica y la relación con las culturas locales. Entre ‘apocalípticos e integrados’, los trabajos de García Canclini destacan por seguir el curso intermedio, por romper con la dicotomía analítica y sumergirse en el entre; por lo tanto, ya se anunciaba desde sus primeros escritos el esfuerzo por construir una reflexión intercultural y transdisciplinar que marcará el conjunto de su obra.

En sus libros(1) se encuentra la riqueza de un debate que estimula al lector a navegar entre las posibilidades de comprensión de las dinámicas socioculturales más allá de los discursos que, eligen o bien solamente la ‘autenticidad’ de las identidades locales, o bien la integración de los referenciales identitarios con la cultura global; como también localizamos una preocupación por revisar los conceptos de ciudadanía e identidad, reflexionando sobre ellos desde una lógica que da preferencia a un análisis de la diversidad y de los hábitos de consumo de los bienes y servicios culturales de los países latinoamericanos.

Desde una perspectiva que privilegia el contexto latinoamericano, García Canclini defiende una postura epistemológica y metodológica posicionada en lo que ha denominado espacio ‘inter’ (interdisciplinar) con base en los trabajos antropológicos, sociológicos y comunicacionales. Además, dialoga con los estudios culturales británicos y latinoamericanos(2). Para el autor esa postura es decisiva, pues permitiría elaborar una reflexión intercultural y transdisciplinar que construye una narrativa equilibrada que transita ente lo descriptivo y lo interpretativo.

Investigar el fenómeno cultural -especialmente en los espacios urbanos- para García Canclini es empeñarse en la comprensión de cómo se procesa una constante interacción de lo local con las redes y flujos nacionales/transnacionales, los cuales ganan gran visibilidad principalmente a través de los procesos comunicacionales multimediáticos.

Conforme el autor argumenta en varios de sus artículos y libros, es preciso también romper con la cacofonía de considerar al individuo como un ser diluido en la masa y en el anonimato de la metrópolis. Es necesario interpretar las prácticas culturales de las ciudades a partir de las comunidades ‘periféricas’, pues estas crean vínculos locales de afectividad y pertenencia. Pertenencia que en estas estructuras microsociales parece distanciarse de los valores político-partidarios y utópicos de la modernidad.

Así, este artículo pretende contribuir a una comprensión más clara del locus ocupado por García Canclini en la construcción de un marco teórico-metodológico para los estudios culturales latinoamericanos; también procura señalar la importante contribución de la obra del autor al campo de la comunicación. Por tanto, teniendo en cuenta los objetivos trazados, este ensayo está dividido en dos partes. En la primera se evalúa la perspectiva intercultural asumida por García Canclini -por medio del ejercicio dialógico tanto con el monoculturalismo como el multiculturalismo-, la cual adquirió una condición de centralidad en sus últimos trabajos. En la segunda parte se analiza la articulación entre globalización, interculturalidad y propuestas de reformulación de políticas culturales para América Latina, en el conjunto de su obra.

La interculturalidad como saber y práctica

García Canclini, en Culturas híbridas -considerado como el mejor libro de América Latina de 2002 por la Latin American Studies Association-, presentó el concepto de hibridación como una alternativa para comprender la complejidad de los procesos culturales dentro del contexto latinoamericano, puesto que para él «[…] la noción de hibridación implica considerar las intersecciones entre culturas y establecer como propósito del trabajo de las ciencias sociales situarse entre las culturas, en los lugares de cruce, fusión, conflicto y contradicción» (García Canclini, 2006, p. 8).

El autor, por tanto, ha considerado el concepto de hibridación como una noción también descriptiva, la cual «[…] caracterizaría los procesos sociales en que se dan cruces, intersecciones, sin permitirnos establecer el carácter de estas intersecciones o de esas hibridaciones […]. Cuando alguien quiere imprimirle una mayor especificidad, como en el caso de Homi Bhabha, tiene que agregarle un suplemento y hablar de hibridación de dominación o hibridación de resistencia, en los procesos de colonización en el oeste de la India y los modos como las culturas locales, nacionales o populares resistieron esa hibridación impuesta por la colonización».

La noción de hibridación, por tanto, resulta útil al autor por el hecho de permitir «[…] reunir varios procesos que fueron estudiados de forma separada, porque el término sincretismo casi siempre se aplica a los procesos religiosos o de mestizaje, a los procesos interétnicos, especialmente cuando se trata también de criollización» (García Canclini, 2006, p. 9).

Empeñado en subrayar esa diversidad de procesos de fusión o de cruces, García Canclini apostó en la noción de hibridación «[…] que no sólo reúne esas formas históricas de organización heterogénea, como otras, modernas, como pueden ser las articulaciones o mezclas de lo culto con lo popular y lo masivo o de lo moderno con lo tradicional» (García Canclini, 2006). Sin embargo, preocupado con el anquilosamiento de esa noción o autor, en textos posteriores defendió el uso de ese concepto asociado a otros de las ciencias sociales como, por ejemplo, los de negociación, contradicción, exclusión e interculturalidad.

En Diferentes, desiguales y desconectados destaca la interfaz entre las disciplinas con las que trabaja: antropología, sociología y comunicación. En relación con los enfoques antropológicos, García Canclini elige la antropología como la teoría que nos ayuda a reflexionar desde la diferencia; las teorías macrosociológicas son de extrema valía para el autor, porque se organizan a partir de explicaciones e interpretaciones sobre la desigualdad social (toma el instrumental teórico elaborado por Pierre Bourdieu, pero no deja de apoyarse en otras concepciones macrosociológicas, especialmente marxistas); y las teorías comunicacionales que analizan la organización social -a través de la conexión (inclusión) o de la desconexión (exclusión) de los lenguajes, herramientas, contenidos y condiciones de acceso a los medios de comunicación-, que son esenciales para reflexionar sobre cuestiones de ciudadanía y las políticas culturales en la actualidad. Para García Canclini esas tres formas de ver la organización social, la interacción entre clases, países, culturas o grupos sociales (García Canclini, 2006) le ayudaron en la construcción de una análisis intercultural útil para reconsiderar las diferencias y desigualdades existentes en América Latina.

Se podría destacar que el autor, después de Culturas híbridas se encaminó hacia un conjunto de argumentos e interpretaciones que lo situaron en el centro de las discusiones latinoamericanas de las últimas décadas y que privilegia cuestiones cruciales como, por ejemplo, diferencias, desigualdades, conectividades/desconectividades y políticas culturales de reconocimiento. Es a partir de ese reposicionamiento desde donde defiende la perspectiva intercultural como método de investigación y análisis que permitiría reconsiderar los desafíos enfrentados por América Latina.

Analizando el debate establecido en las últimas décadas en el medio académico, es posible constatar que García Canclini despierta polémica entre intelectuales que defienden perspectivas políticas tanto monoculturales como multiculturales-comunitaristas, especialmente en lo que atañe al encaminamiento de cuestiones que están relacionadas con temas fundamentales, como por ejemplo, ‘ampliación de la ciudadanía’ y ‘renovación de las políticas culturales’. Es el caso de autores como Walsh, Mignolo o Vasconcelos, que se proponen problematizar la interculturalidad de una perspectiva no solo más propositiva (y hasta educativa), sino también más comprometida directamente con los desafíos enfrentados por segmentos sociales indígenas y negros (Walsh, 2006 y 2009; Mignolo, 2003 y 2006; Vasconcelos, 2010).

Hay también autores que descalifican la argumentación de García Canclini, como Follari (2000 y 2002), quien argumenta que conceptos centrales de la obra de este autor -como culturas híbridas e interculturalidad- se apoyan en una propuesta epistemológica débil. Cabe esclarecer que este artículo no tiene la pretensión de presentar las diferentes interpretaciones del concepto de interculturalidad o agotar este debate (que sigue bastante acalorado en el ámbito académico y político). El artículo tiene como reto central analizar la contribución de García Canclini a este tema de gran relevancia social en la actualidad.

Límites de la multiculturalidad

García Canclini entiende el fenómeno del multiculturalismo como un valor cultural basado en el ‘relativismo’ originario del respeto a las diferencias culturales: lo considera una expresión de la existencia de diferentes grupos sociales que desarrollan prácticas, relaciones, tradiciones, valores e identidades culturales -individuales o colectivas- distintas y propias dentro de una misma comunidad política. El multiculturalismo trata de afirmar que los ciudadanos tienen derecho a luchar por sus derechos según sus necesidades e intereses particulares (bajo la bandera del género, etnia y/o sexo); es más, que pueden y deben luchar según sus intereses particulares por la constitución de sus modos de vida específicos para que se garantice un ambiente cultural seguro que ofrezca algún nivel de autonomía individual.

Las perspectivas multiculturales insistirán en el hecho de que para ser reconocido hay que generar recursos de ciudadanía, lo que quiere decir que es necesario que se reconozca a cada uno el derecho a ser tratado con igual consideración y respeto. Es necesario generar un valor cultural basado en el ‘relativismo’ del que partir hacia una construcción del respeto a las diferencias.

El problema del reconocimiento está en el hecho también de que dadas las diferencias sociales y económicas entre las diferentes culturas, el efectivo reconocimiento y la integración igualitaria de las diferentes particularidades de los diversos grupos socioculturales -desde el punto de vista político del Estado democrático y de derecho- exige un tratamiento diferenciado de los grupos ‘minoritarios’, mediante la concesión de ventajas competitivas en el acceso a los bienes y servicios públicos.

De este modo, el multiculturalismo discute algunas cuestiones fundamentales de la filosofía y la política contemporáneas, como por ejemplo el dilema de cuestionar el ideal universalista frente a las demandas particulares de los diversos grupos socioculturales; de forma que el cuestionamiento central gira en torno a la posibilidad de conciliar la búsqueda por el reconocimiento de las diferencias y la consecuente concesión de ventajas competitivas a ciertas minorías culturales con el principio del (re)establecimiento de la igualdad inherente a la construcción y mantenimiento del Estado moderno y democrático.

Esta cuestión va más allá de las instituciones públicas y sus políticas. Este desafío ‘entró’ en el debate académico, en el cual surgieron tensiones principalmente en lo que se refiere: a) a los procesos de individualización y pluralización, constitución del ‘yo’ y su relación con la comunidad y con los procesos sociales globales; b) al contraste entre la neutralidad de las instituciones públicas y las políticas del bienestar común (originarias en el debate de la ciudadanía republicana) y c) la integración política, legitimación y ciudadanía como fuerte presencia de la discusión sobre el concepto de alteridad y sus desdoblamientos principalmente en lo concerniente a las políticas de inclusión social, cultural y política.

Hacia la interculturalidad

El problema para García Canclini es que el reconocimiento plural y diverso del otro es difícil de alcanzar(3). Para el autor, el multiculturalismo adopta medidas compensatorias que no permiten alcanzar el objetivo del reconocimiento. Así, las perspectivas multiculturales insistirán en el hecho de que para ser reconocido es preciso generar recursos de ciudadanía por medio de las políticas compensatorias, y así para el autor no conseguirían desprenderse de las narrativas constructivistas, para las cuales el relativismo absolutizado también legitima las exclusiones socialmente existentes.

Otra diferencia fundamental entre la perspectiva desarrollada por García Canclini y los estudios multiculturales está en el hecho de que el autor propone que se reconsidere el propio concepto de cultura. Al contrario de una cultura pensada como un ‘sistema de significados’ (Geertz, 1992), propone que esta se comprenda como el «[…] conjunto de procesos a través de los cuales dos o más grupos representan e intuyen imaginariamente lo social, conciben y generan las relaciones con otros, o sea, las diferencias ordenan su dispersión y su inconmensurabilidad mediante una delimitación que fluctúa entre la orden que hace posible el funcionamiento de la sociedad, las zonas de disputa (local y global) y los actores que la abren a lo posible» (García Canclini, 2004a, p. 49).

Esa definición ampliada y dialéctica de la cultura ya presente en La globalización imaginada subraya la preocupación de García Canclini por sopesar en qué medida en el mundo globalizado, de fuertes trazos neoliberales, se estarían dando niveles de integración (y desintegración) sociocultural entre los países latinoamericanos con los Estados Unidos y Europa o incluso entre los propios países latinoamericanos. O sea, trata de valorar en qué grado se desarrollaría algún reconocimiento estimulado por los valores interculturales.

De acuerdo con el autor, la intensificación de los intercambios comunicacionales, económicos y migratorios entre EEUU y América Latina enriqueció el conocimiento recíproco entre estas sociedades. Las diferencias regionales/locales fueron ganando contornos nítidos, lo que llevó a la superación de las definiciones difusas en relación a las identidades nacionales que fueron construidas por una narrativa que las concebía como esencias atemporales, autocontenidas y ‘amenazadas’ por el contacto con los otros. Sin embargo, este conocimiento del otro no se tradujo propiamente en integración o reconocimiento.

A lo largo de sus investigaciones, García Canclini identificó que, si por un lado las facilidades de comunicación y la doctrina económica de libre comercio adoptados por los acuerdos económicos (que formaron el Mercosur, Nafta, UE, etc.) aumentaron el contacto entre los países -lo que no necesariamente se tradujo en integración, en la formación de circuitos culturales latinoamericanos-, por otro, se reforzaron viejos estereotipos en el contexto actual (de los gringos invasores, de los latinos indolentes, entre otras imágenes marcadas por la intolerancia y la xenofobia). Al mismo tiempo, el autor argumenta que las fronteras nacionales y globales se van diluyendo por la formación de bloques económicos y por la libre circulación de bienes culturales (desde los años 1980 y 1990 los intercambios de flujos se realizan a mercados desregulados), es decir, fueron marcadas y redibujadas territorialidades en nombre de la legitimación, identidad y seguridad de los ciudadanos de los países centrales.

Evidentemente, García Canclini no niega que hubo aproximaciones, pero defiende la idea de que todavía hay mucho que hacer en términos de políticas culturales. La cultura aún emerge no tanto como una forma de potencializar ese contacto, sino como una barrera/obstáculo a esa integración. Cabe destacar que un mayor intercambio con el otro hace emerger con más fuerza las cuestiones referentes a las políticas del reconocimiento, de la diversidad cultural y del derecho intercultural (recordando que las identidades solo pueden construirse por medio de prácticas dialógicas, cuyos valores culturales están comprometidos por la construcción de la ciudadanía como fruto de las experiencias sociales y procesos de intercambios e interacciones intersubjetivas). Por tanto, es a través del contacto con el otro como se construyen las identidades específicas, individuales y colectivas (Barth, 1976).

Las narrativas culturales, por tanto, están siendo recreadas constantemente, dislocándose y re-imaginándose con y por medio de las relaciones con los otros. Es por este movimiento de descentramiento por lo que García Canclini afirma -al analizar las diversas narrativas sobre la globalización- que se vio ante la necesidad de reconceptualizar los ‘modos sustancialistas o intranacionales de concebir la cultura’. Para el autor, la interculturalidad auxilia a la comprensión del paso de las «identidades culturales más o menos autocontenidas a procesos de interacción y negociación entre sistemas socioculturales diversos» (García Canclini, 2004a, p. 49) presentes en las interacciones y experiencias socioculturales contemporáneas.

García Canclini, por tanto, propone que la cultura sea repensada en sus definiciones y comprendida a partir de la lógica construida por los actores sociales en lo cotidiano. Y sugiere que debemos considerar «[…] no sólo las definiciones múltiples sobre lo cultural dadas por las ciencias humanas y sociales, sino también las conceptualizaciones hechas por los gobiernos, mercados y movimientos sociales. Los modos como se están reorganizando la producción, la circulación y los consumos de los bienes culturales no son simples operaciones políticas o mercantiles; instauraron modos de entender lo que es cultural y cuáles son sus desempeños sociales» (García Canclini, 2004a, p. 49).

Es en este punto cuando afirma que el papel del antropólogo sería de gran valía para los análisis sobre el capitalismo globalizado. Según el autor, la antropología desarrolló métodos para trabajar con situaciones interculturales, así que por qué no utilizar estos valiosos instrumentos para «tornar visible lo que sucede bajo el predominio actual de la producción industrial y de la circulación masiva y

El autor propone adoptar una agenda de investigación interdisciplinar que construya una significativa interfaz con varios campos disciplinares. De este modo, defiende una perspectiva interdisciplinar(4) para los estudios culturales, como medida que ayudaría a desvelar el paroxismo contemporáneo entre los proyectos socioculturales aún muy pautados, por un lado, por las concepciones sociales y universales modernas (expresadas en los valores mono y multiculturales); y por otro, por los avances mercantiles y tecnológicos de las últimas décadas que están guiando las nuevas formas no solo de inclusión y exclusión, sino también de explotación socioeconómica (a través de procesos interculturales).

Globalización, interculturalidad y políticas culturales

García Canclini reconoce que tratar de temas como cultura e identidad implicaría analizar también las interfaces con el mercado, pues es así -de forma interrelacionada- como estas temáticas se presentan en el día a día de las sociedades moderna y contemporánea. Desde Consumidores y Ciudadanos defiende esa tesis, que fue muy debatida y a veces malentendida por las ciencias sociales (García Canclini, 1990). Hablar de esa relación y tener en cuenta las articulaciones y tensiones entre mercado, identidades culturales locales/regionales y procesos comunicacionales presentes en esas relaciones sociales o en los circuitos -producción y consumo- culturales. A partir de un conjunto de cuestionamientos en torno al papel desempeñado por el consumidor, algunas indagaciones aparecen de forma recurrente y orientan la obra de García Canclini, tales como: ¿Cuál es la capacidad de penetración de los circuitos locales o regionales en los bloques económicos? ¿Cuál es el impacto de una cultura extranjera en diferentes territorios? ¿Cómo grupos sociales de otros países se agencian una manifestación de la cultura transnacional? Y ¿en qué medida aún sería posible considerar los discursos de colonialismo cultural o de dependencia cultural en un debate que envuelve autoridades, intelectuales y liderazgos locales?

En este sentido, ha tratado de construir un recorrido histórico a partir de las narrativas que tratan de ese encuentro entre europeos, norteamericanos y latinoamericanos, que traducen conflictos y tensiones culturales entre esas regiones. Subrayando que Europa en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX fue protagonista de un intenso flujo migratorio hacia América y que su cultura, lógicamente, penetró en el continente, García Canclini destaca las narrativas que enuncian este ‘encuentro cultural’. Subraya en particular que este encuentro es distinto del que se vive en la contemporaneidad, pues en aquel periodo el flujo de inmigrantes que se establecían en América era definitivo y, en la actualidad son temporales, fluidos, pues el emigrante de hoy está más en contacto con su territorio de origen (dinámica facilitada por los sistemas y tecnologías de transporte y comunicación). Estos sistemas comunicacionales hicieron el mundo menor, promoviendo así una interculturalidad de cuño también mediático.

Es justamente en torno a este conjunto de cuestiones donde el autor se aproxima a los estudios de Martín-Barbero. En De los medios a las mediaciones, este autor defiende la tesis de que los medios de comunicación, más allá de transmitir lo que llamó el ‘pensamiento único’, promueven mediaciones políticas, sociales y culturales intra y entre las culturas. Martín-Barbero constata también que es en los circuitos culturales locales donde los autores consiguen a veces construir movimientos de perfiles contra hegemónicos (Martín-Barbero, 1998).

Para García Canclini evidentemente las relaciones entre EEUU y Europa no fueron tan solo de carácter cultural, sino también mercantil. A pesar de todo, demuestra que muchas veces el estereotipo que se construyó en el pasado fue el de que Europa tenía un capital cultural/humanista y EEUU un capital económico, o sea, este último emergía en el imaginario básicamente como una potencia económica. Estos estereotipos no fueron enteramente desterrados del imaginario local. Hasta el día de hoy, conforme subraya el autor, hay denuncias hechas por intelectuales sobre la permanencia de la lógica colonial en la lógica del discurso de las autoridades; es decir, hay una absorción de esos valores en las narrativas construidas por los Estados europeos y norteamericano. A esto se suma que todavía hay una lectura llena de prejuicios en estos estados en relación a los países latinoamericanos: las sociedades allá presentes -en varias oportunidades- son vistas como incapaces de realizar la autogestión.

En La globalización imaginada, el autor pone en evidencia esas narrativas construidas actualmente. Son las siguientes:
– Binarismo maniqueo, que se traduce en la mirada de los países desarrollados sobre América Latina como territorio de barbarie. Ese discurso está presente en la relación entre Europa y América y, a otra escala, en los propios países latinoamericanos como, por ejemplo, menciona las relaciones entre las ciudades modernas y el campo.
– Discurso del encuentro cultural o narrativa conciliadora que reconoce en parte la cultura del otro, sus valores, pero niega las tensiones entre las regiones (discurso que emergió con mucha fuerza en las celebraciones de los 500 años de la llegada de Colón a América, muy criticado por los intelectuales preocupados con la colonización cultural de los países latinoamericanos.
– Fascinación por lo distante o discursos que exaltan el exotismo, la cual se muestra bastante evidente en la forma como los europeos han fantaseado sobre América Latina, valorizando lo exótico e identificando una fuerza ‘mágica’ o ‘primitiva'(5).

Estas narrativas, por tanto, estarían asociadas directamente a las cuestiones de identidad. Para García Canclini el ‘tráfico de identidad’ es un laberinto de aproximaciones y distanciamientos: para el autor las estructuras transnacionales y de comunicación contribuyen a las aproximaciones que se hacen especialmente por medio de los bienes y servicios que circulan en el mercado global. Estas aproximaciones y distanciamientos pueden comprenderse, según el autor, no solo por el análisis de las ‘identidades inconmensurables emergentes’, sino también por la idea de ‘americanización de los latinos’ (o incluso ‘latinización de los EEUU’) o incluso a través del entendimiento de ‘relaciones amistosas entre países vecinos'(6).

Por tanto, si por un lado, los acuerdos económicos entre países/continentes, la presencia intensa de los media en el día a día y el proceso de globalización afectaron a esas relaciones promoviendo aproximaciones; por otro, es necesario fijarse en el hecho de que hay también mucha resistencia a integrar culturalmente a estas regiones (insiste en que desgraciadamente estereotipos y prácticas xenofóbicas también están presentes en el día a día). Así, García Canclini defiende la tesis de que la proximidad y la interacción entre las diferentes culturas incitan también narrativas que refuerzan identidades locales. De ese modo, la interculturalidad no se puede pensar como algo que pueda ser simplemente aplicado, sino como una perspectiva metodológica que debe ser empleada de forma cautelosa para analizar la relación tensa y compleja entre culturas diversas, en las que se dan los procesos de intercambio tanto en el plano simbólico como en el concreto.

Los estudios sobre la economía de la cultura

El autor, desde sus trabajos publicados en la década de 1990, pone en evidencia el importante papel de los estudios de economía de la cultura para los países latinoamericanos. Él reconoce en estos estudios la construcción de mapas y diagnósticos importantes para que estos países puedan valorar y construir alternativas de cooperación con los acuerdos internacionales de los bloques económicos ya firmados y promovidos por EEUU y Europa. En estos trabajos se subraya que el problema es también endógeno a América Latina, pues la diversidad sociocultural y económica entre los países latinoamericanos dificultaría la construcción de una política transnacional para la macrorregión: la consolidación de un macrocircuito cultural entre estos países.

García Canclini recuerda también que hay que estar atento a los sistemas de comunicación multimedia, ya que estos pueden contribuir no solo a la construcción del circuito cultural (y forma de cooperación) latinoamericano (mediando procesos interculturales), sino también, lamentablemente, a la aceleración de los procesos de homogeneización cultural. En otras palabras, en el mundo globalizado los medios de comunicación pueden actuar de forma afirmativa, auxiliando tanto en la visibilidad de América Latina como también en la circulación de los bienes culturales de los diversos países (que pueden estar integrados en este circuito). Para este autor existiría no solo una diversidad cultural, sino también una economía de la cultura que debe ser priorizada por los investigadores -comprometidos con la realidad social y la renovación epistemológica- de los estudios culturales latinoamericanos.

A través de un posicionamiento intercultural, el autor postula que los investigadores -comprometidos con la realidad social adversa- deben mirar críticamente hacia la trama cotidiana y la dinámica de producción y de consumo cultural (especialmente los circuitos culturales desarrollados en el ámbito local, nacional y global), buscando alternativas al contexto actual, en el que los países latinoamericanos aparecen -salvo raras excepciones- tan solo como mercados consumidores de productos globales. Asumir una posición crítica a partir de la interculturalidad es desarrollar un método que permitiría comprender mejor cómo los actores sociales se relacionan con los bienes y servicios; es decir, cómo interactúan con la oferta cultural en un mundo globalizado (García Canclini, 2006, p. 9).

Consideraciones finales

No solo en su artículo titulado El malestar en los estudios culturales (1997), sino también en su libro Latinoamericanos buscando lugar en este siglo (2002), el autor señala que los estudios culturales latinoamericanos pueden estructurarse sobre la prerrogativa epistemológica fundada en la discusión entre paradigmas y teorías científicas en busca de una racionalidad interculturalmente compartida que dé coherencia a las interpretaciones y que compare las diferentes realidades de esta macrorregión. El autor subraya la importancia de estos estudios, que permitirían reconsiderar el conocimiento canonizado que versa sobre la realidad sociocultural de esos países. Se podría afirmar que este autor, en última instancia, procura desarrollar políticas ciudadanas que se basan en una ética intercultural que considere las confrontaciones y los intercambios económicos y comunicacionales vividos en tiempos de globalización.

En suma, al analizar la obra de García Canclini nos encontramos con un intelectual inquieto, riguroso y comprometido con la transformación de la realidad social latinoamericana. Y aun más; cuando hacemos un balance de su producción académica identificamos a un investigador que no permite que su agenda de investigación se reduzca a un empobrecedor ‘textualismo’, frecuentemente practicado por los estudios culturales y al mismo tiempo tan criticado por otras corrientes teóricas (Mattelart y Niveau, 2004).

La obra de García Canclini es una referencia importante para el campo de la comunicación y para los estudios culturales latinoamericanos porque ‘asume riegos’: su producción construye, de forma cautelosa y rigurosa, interpretaciones ‘totalizantes’, generando así una especie de ‘mapa nocturno’ (Martín-Barbero, 2002) del contexto sociocultural latinoamericano. Como él mismo afirma, los estudios culturales como narrativa de cuño científico deben renunciar «[…] a la parcialidad del propio punto de vista, para reivindicar un lugar como sujeto no delirante de la acción política» (García Canclini, 1997, p. 60).

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Notas

(1) Arte popular y sociedad en América Latina (México: Grijalbo, 1977); La producción simbólica (México: Siglo XXI, 1979); Las culturas populares en el capitalismo (México: Nueva Imagen, 1982); ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de lo popular? (Montevideo: CLAEH, 1986); Cultura transnacional y culturas populares (Lima: Ipal, 1988, antología coordinada con Roncagliolo); Culturas híbridas (México: Grijalbo, 1990); Cultura y comunicación (La Plata, Ediciones de Periodismo y Comunicación, 1997); Las industrias culturales en la integración latinoamericana (organizado con Moneta, Buenos Aires: Eudeba, 1999); La globalización imaginada (Barcelona: Paidós, 1999); Imaginarios Urbanos (2ª ed., Buenos Aires: Eudeba, 1999); Consumidores y ciudadanos (México: Grijalbo, 1995); Latinoamericanos buscando lugar en este siglo (Barcelona: Paidós, 2002); Diferentes, desiguales y desconectados (Barcelona: Gedisa, 2004); Lectores, espectadores e internautas (Barcelona: Gedisa, 2007).

(2) Las siguientes obras aparecen con gran frecuencia en los trabajos de García Canclini e indican el diálogo teórico-metodológico establecido: Williams, R. (1963); Geertz, C. (1992); Adorno, T. W. y Horkheimer, M. (1973); Bourdieu, P. (1991); Sarlo, B. (1994); Hall, S. (2003); Martín-Barbero, J. (1998 y 2002).

(3) García Canclini diverge no solo de los comunitaristas, que afirmaban que el reconocimiento no ocurre ‘naturalmente’, y que se hacen necesarias políticas afirmativas (Taylor, 1994), sino también de los liberales que a través de sus teorías de afirmación esencialista, universalista e igualitaria apuestan por el juego del libre mercado sociocultural (Kymlicka, 1989).

(4) Con el paso de los años -especialmente frente a las complejidades socioculturales, económicas y políticas emergentes con el fin del socialismo real, de la guerra fría, de la bipolaridad ideológico-política y el inicio de la globalización con el proceso de mundialización del capitalismo-, temas como las migraciones y las diásporas, la comunicación de masas, la diversidad cultural, el multiculturalismo, las redes socioculturales y económicas y los nuevos movimientos sociales claramente ya no se pueden analizar e interpretar desde una disciplina aislada. Fue justamente en ese ‘entre’ donde emergieron los cultural studies, tanto como los estudios culturales latinoamericanos con sus vocaciones interdisciplinares: configuraron lo que el autor llamó ‘no-disciplinas’ por haberse dislocado de las ‘ortodoxias teóricas’ y de las ‘rutinas del pensamiento’. Para García Canclini, los estudios culturales «[…] encontraron, entrando por la puerta de la filosofía, caminos para la antropología, y que lo que se aprendía en letras, economía o sociología servía para introducirse, aunque fuera por la ventana, en ciertos edificios […] [por tanto], edificios sedimentados por saberes institucionalizados y ensimismados, lugares en los cuales otras formas de hacer interpretativas y comprensivas eran rechazadas. Así, los estudios culturales en cierta forma abrieron nuevas perspectivas o ‘salidas de emergencia’ transversales, las cuales permitieron renovar el análisis y los estudios culturales. En cierto sentido, se constituyeron como ‘puertas giratorias’: a partir de las cuales […] se podía entrar derridiano y salir homibhabhiano, comenzar logocéntrico y volverse desconstructivista, pasar del análisis textual de la puerta al debate sobre la performatividad de sus biseles» (García Canclini, 2004a, pp. 152-153). García Canclini destaca además que esta práctica científica es malinterpretada por intelectuales conservadores, bastante enraizados en sus campos disciplinares. Lamentablemente, no se valora que esta perspectiva interdisciplinar frecuentemente trae consigo un compromiso para desarrollar una interpretación abierta a la alteridad (García Canclini, 2004a).

(5) Esos países, según el autor, frecuentemente importan modelos e ideas e intentan implantarlas, especialmente la élite dirigente; es el caso del liberalismo, fascismo, nazismo, etc. Brasil, por ejemplo, por su intensa fascinación por el extranjero, es muy abierto y, por tanto, considerado por algunos autores como ‘bovarista’ (García Canclini, 1993a).

(6) García Canclini comprende las ‘identidades inconmensurables’ como desdoblamiento de la penetración de los productos culturales norteamericanos en todo el mundo. El ejemplo utilizado por el autor son las series de televisión y su amplia recepción en varios países, en los que en la recepción ocurre -a través de apropiaciones o agenciamentos- la hibridación de los productos. Sin embargo, la ‘americanización de los latinos’ o la ‘latinización de los estadounidenses’ para el autor sería resultado de las penetraciones, resistencias y muchas hibridaciones y agenciamentos que afectan a la escena cultural norteamericana. La relación entre EEUU y México, por ejemplo, indica que hay mucho prejuicio y resistencia, lo que lleva a una negociación permanente de la frontera cultural entre estos países. No obstante, aunque existan niveles de negociación cultural, hay una abertura para la integración entre las industrias culturales de América Latina y Estados Unidos. Y, finalmente, evalúa con frecuencia la ‘relación amistosa entre países vecinos’: repiensa la convivencia entre EEUU, Canadá y México y prueba que las relaciones de EEUU con a Europa son más tensas de lo que se imagina (García Canclini, 1999a).

Artículo extraído del nº 94 de la revista en papel Telos

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Cíntia Sanmartin Fernandes


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