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Acentos informativos sobre la radio


Por Manuel Alonso Erausquin

A comienzos del presente año la limitada producción editorial española de obras de estudio y reflexión sobre el fenómeno radiofónico se ha visto incrementada con una doble aportación que da pie a que aprovechemos su aparición para, además de considerar particularmente los títulos concretos,llevar la vista más allá, y plantear una mínima revisión de sus antecedentes próximos y no tan próximos, tanto en contenido material como en el momento de su publicación.

Se trata de la última de una serie de entregas de Mariano Cebrián (1) fundamentalmente centradas en el análisis de la teoría y la práctica de la información radiofónica, por un lado, y de una importante y ambiciosa inmersión en las peculiaridades expresivas generales de la radio, llevada a cabo por Armand Balsebre (2), por otro.

REVISIÓN REFORZADA

En su nuevo volumen, refunde Cebrián parte de sus anteriores trabajos en torno al tema y amplía con nuevas aportaciones algunos aspectos de él, cuyo abordaje no había afrontado previamente en aquéllos. Consta el libro de cuatro partes que responden fielmente a los cuatro referentes conceptuales manejados en el título de la obra: mediación técnica, caracterización informativa del medio, lenguaje y estilo informativos en la radio, y programación y programas informativos.

La primera parte (pp. 29 a 148) distingue cuatro etapas en la evolución de la radio en función del avance técnico y de su vinculación con la regulación de la radiodifusión, caracteriza la mediación técnica y profesional, retomando, revisando y ampliando una línea discursiva marcada claramente con anterioridad (3); considera los modos de manejo físico de la realidad sonora con igual pauta (4) y con la presencia de los últimos avances (digitalización de procesos, informatización de redacciones o telefonía móvil, p.e.), y también lo hace respecto a la transmisión (5), teniendo ahora más en cuenta el satélite, el sistema radio-data o la banda ancha, y respecto a recepción (6) con bastante más revisión en profundidad y con atención destacada a la evolución de los radiorreceptores y de las actitudes de los oyentes.

El interés de esta primera parte no reside tanto en la reconsideración de los recursos técnicos puestos en juego y en la consiguiente divulgación tecnológica, sino en la búsqueda de las repercusiones que los avances referidos ejercen sobre los usos y productos comunicativos, tanto a la hora de elaborar como a la de consumir los contenidos radiofónicos. Una faceta de interrelación entre la técnica disponible y las prácticas observadas que siempre ha sido atendida con esmero por el autor.

La segunda parte (pp. 149 a 268) arranca precisamente de la consideración de los cambios tecnológicos como factores de exigencia de las sucesivas reconversiones del medio radiofónico, dentro del cual las cadenas y las emisoras deben buscar y lograr las identidades que les resulten características y distintivas en cada caso. Pero entra inmediatamente en la consideración de la casilla informativa ocupada por la radio dentro de la oferta multimedia y en la consideración de lo informativo como contenido radiofónico primordial. Caminando desde lo general a lo particular, caracteriza brevemente la información radiofónica de actualidad y revisa sus vinculaciones con la estructura del medio radiofónico español, plasmada en la concreta realidad empresarial y normativa del momento, en el modelo imperante de hecho. Para pasar a revisar, desde un punto de vista eminentemente expositivo y sin las trabazones causales o de influencia que con los imperativos del referido modelo hubieran sido de agradecer, las tipologías teóricas de las coberturas, así como las de las audiencias, y las posibilidades y modos de investigar los comportamientos de los oyentes.

La tercera parte (pp. 269 a 416) entra en el lenguaje y estilo radiofónicos con una perspectiva integral, empujando el concepto de lenguaje más allá del limitado terreno de la palabra y situando los componentes expresivos de la radio dentro de un sistema sonoro ya presentado previamente como tal por el autor (7). Se completa con tres capítulos centrados en la narratividad y las pautas de estilo, en los que hace interesantes aportaciones de sistematización teórica al hilo de la observación práctica de lo que está ocurriendo cotidianamente en el tráfico hertziano. Sin embargo, pierde la oportunidad de vincular el estilo a todo el manejo de los elementos sonoros, en paralelo a cómo plantea la función informativa de todos ellos, lo cual deja la resultante concepción de estilo demasiado entroncada con el decir, y poco sujeta o vinculada al uso intencional y convergente del resto de los elementos del sistema sonoro.

La cuarta parte (pp. 417 a 532) aborda la parcela de la programación informativa, desde su concepto, a partir del de programación radiofónica general,hasta la consideración de tipologías de programas (noticiarios y magazines fundamentalmente). Es la parte más novedosa respecto a sus trabajos anteriores (8) y aborda, además, un territorio carente de aportaciones específicamente centradas en el quehacer informativo.


Con esta Información radiofónica cierra Cebrián no solamente un ciclo de su trabajo reflexivo y sistematizador en torno a la radio como medio de información, sino que, como ha ido sucediendo en otros momentos con las aportaciones de otros autores en parcelas cercanas del territorio comunicativo, echa el telón sobre lo más básico y permanente, sobre lo menos volátil y cambiante de la cuestión. Queda cubierto el discurso fundamental sobre la radio informativa, un paso más allá del apreciable trabajo, ya de amplias miras generales, que nos ofreció Arturo Merayo hace dos años (9). En él aparecían también -inevitablemente- numerosos items de los tratados por Cebrián, aunque no todos, y se presentaban apegados más a lo que cabe tomar como una adaptación del periodismo a la radio que a una opción radiofónica informativa de pleno carácter.


En cualquier caso, tras ambas obras, se ven menores, meramente funcionales y limitadas, algunas otras previas, como son las editadas tiempo atrás por el IORTV (10) u otras vinculadas a las tareas de enseñanza universitaria en la vertiente de instrucción periodística (11). No obstante, permanecen escasamente estudiados aspectos de la realidad radiofónica española sobre los que cabe hacer una investigación más fuerte, profunda y continuada, como son la importancia y evolución de las rutinas profesionales (12) y la verdadera influencia de la estructura empresarial del medio sobre las diversas facetas de su funcionamiento (13).

LA PLENA EXPRESIÓN RADIOFÓNICA

Pero con estas últimas consideraciones hemos rebosado el campo propio de la radio informativa, para adentrarnos en el de la radio sin apellidos, la radio en sí. Ahí, la carencia de estudios analíticos y sistematizadores de las características teóricas y reales de funcionamiento del medio es aún mayor. De tal manera que la citada obra de Balsebre supone el primer acercamiento amplio, exclusivo y sistemático a la cuestión, que se ha llevado a cabo en España. Y es un acercamiento que también cierra oportunidades a otras obras del mismo carácter, a no ser que sus orientaciones resultasen ser sensiblemente divergentes.

La obra El lenguaje radiofónico se desarrolla a partir de un esquema básico de concepción del “sistema semiótico radiofónico” que, desde un planteamiento pragmático, abarca el lenguaje radiofónico propiamente dicho (palabra, música, efectos y silencio), la tecnología como factor alterador del mensaje y como “recurso expresivo de la reproducción sonora” y el oyente en cuanto que protagonista de la percepción radiofónica. Estos elementos se analizan y estudian bajo una preocupación preponderante: la comprensión de su universo significativo como “fenómeno acústico, donde los sonidos y los mensajes se clasifican en función de su perceptibilidad” (pág. 27, subrayado en el original).

En la consideración de la palabra (pp. 33 a 88), destaca la valoración tanto de sus aspectos tonal y melódico como del ritmo, ya en relación con la conversación (diálogo, coloquio o entrevista) ya con las lecturas compartidas. Las consideraciones sobre la caracterización estereotipada de los actantes por los respectivos tonos de voz, sobre el enmascaramiento de las voces y sobre la periodificación de los parlamentos encierran notable interés.

La presencia de la música en la radio (pp. 89 a 115) es revisada, a partir de su inevitable extorsión al desligarla de la escucha directa y presencial (problema sólo aminorado por la creciente fidelidad de los equipos que componen el canal), en sus relaciones de dominio/cooperación con la palabra, en sus funciones expresiva y descriptiva, y en su efecto comunicativo, sobre el que se afirma: “En el código imaginativo-visual de la música radiofónica,la asociación estética se articula a partir del montaje músico-verbal que estructura el ritmo melódico y el ritmo armónico. La semejanza o analogía rítmica entre la música y la palabra, que sucesiva o simultáneamente expresadas constituyen un determinado relato radiofónico, suscitará en el oyente la producción de una imagen auditiva no convencional, generadora de una relación afectiva muchas veces más intensa” (pág. 107). Sin embargo, este planteamiento, de alcance general, no se concreta de forma suficiente con la bajada a una casuística práctica, a una ligazón con los usos reales o posibles en diferentes tipos de programas radiofónicos.

Para los efectos sonoros (pp. 117 a 133) distingue el autor las funciones ambiental o descriptiva (identificación de actantes a través de una imagen sonora generada por su sonoridad o ruido convencionales), narrativa (forma de paso o nexo, e identificación de acciones), expresiva (afectividad) y ornamental (estética ambiental en el conjunto sonoro), sin establecer distinciones entre la grabación de ambientes reales (físicamente existentes) y la generación artificial de ambientes sonoros. Y el silencio (pp. 135 a 139) se reclama como agente rítmico y como creador de un “cierto código imaginativo-visual”.

Los elementos del lenguaje radiofónico son entrelazados en definitivos textos sonoros a través del montaje, que se entiende como conjunción de las unidades significativas de ese texto de acuerdo con el modelo de construcción narrativa de Lotman (pp. 141 a 176). Aborda la necesidad de construir a un tiempo, en virtud del montaje, la secuencialidad (dimensión temporal) y la simultaneidad (dimensión espacial), y de hacerlo a través del guión. Pero no entra en taxonomía, ni en técnicas concretas de ensamblaje de los distintos elementos sonoros. Y tampoco se detiene, después de citarla como contexto de la narración radiofónica, en la repercusión de la programación en los programas y viceversa (15). Lo que sí aborda es la integración de elementos en el radiodrama (pp. 177 a 195) en la parte más aplicada de las tesis mantenidas por la obra.

En la consideración del oyente como perfeccionador del mensaje en su recepción, contempla Balsebre los elementos que contribuyen a despertar la imaginación del radioescucha y se refiere a la memoria y a la atención, desde la acera psico-fisiológica, a la familiaridad con el código radiofónico, desde la acera estrictamente comunicativa, y a los “universales semánticos” en el escalón social.

UNA DISCUSIÓN ABIERTA

Sin menoscabo alguno de la seriedad del esfuerzo desplegado en El lenguaje radiofónico y de la alta valía de su resultado, considero conveniente señalar un lunar brumoso que entronca con la fuerte y adecuada defensa de la calidad estética para la totalidad del quehacer radiofónico, que la obra sostiene. Se trata de la admisión (e incluso alabanza) de la recreación informativa con parámetros de ficción, más allá incluso del docudrama. Esta actitud, presente más o menos explícitamente en diversos pasajes del libro, está emparentada también con la ausencia de distinción entre las músicas y los efectos de carácter diegético, por un lado, y las músicas y efectos de incorporación posterior y externa a un documento informativo primigenio, por otro. La distinción entre ambiente y ambientación, crucial en productos informativos.

De la lectura de El lenguaje radiofónico cabe deducir que la reconstrucción dramatizada de los sucesos cuya existencia se desea difundir tiene, sin condiciones, valor informativo equiparable (o superior) al relato objetivista narrado y carente de reconstrucción. Y eso se mantiene sin discusión, con un rápido apuntalamiento de orden estético, no informativo. Sin embargo, es ésa una discusión que no conviene orillar. Puesto que con prácticas como las reconstrucciones audiovisuales de sucesos en los reality-shows se atropella frecuentemente la irrenunciable búsqueda del máximo grado de objetividad que resulte posible en cada caso. La espectacularidad de las recreaciones (también factor estético) puede tener que ver, y mucho, con innecesarias y perjudiciales tergiversaciones o deformaciones de lo acontecido. A este respecto, podía haber discutido Balsebre anteriores indicaciones efectuadas por Cebrián en un sentido distinto al que él mantiene. Pero no lo cita. Ni siquiera para rebatirlo. Es un debate que, por ahora, queda en manos del lector.

(1) CEBRIAN, M.: Información radiofónica. Mediación técnica, tratamiento y programación, Síntesis, Madrid, 1994, 542 págs.

(2) BALSEBRE, A.: El lenguaje radiofónico, Cátedra, Madrid, 1994, 254 págs.

(3) CEBRIAN, M.: La mediación técnica de la información radiofónica, Mitre, Barcelona, 1983, 216 págs; pp. 33 a 63.

(4) Idem, pp. 69 a 102.

(5) Idem, pp. 153 a 170.

(6) Idem, pp. 171 a 174.

(7) Idem, pp. 103 a 135. Y, del mismo autor: La información audiovisual, un servicio a la sociedad, Forja, Madrid, 1983, págs 38 y ss.

(8) Pueden encontrarse ciertos parentescos con la obra del mismo autor Géneros informativos audiovisuales (Ciencia 3, Madrid, 1992).

(9) MERAYO, A: Para entender la radio. Estructura del proceso informativo radiofónico. Universidad Pontificia, Salamanca, 1992, 406 págs.

(10) Entre estas obras, que se quedan en manuales de iniciación para estudiantes del medio, señalaremos la de George HILLS (Los informativos en Radiotelevisión, 1983) y la de César GIL y J. Javier MUÑOZ (La radio, 1986).

(11) En concreto, PRADO, E.: Estructura de la información radiofónica, ATE, Barcelona, 1981; y BAREA, P. Y MONTALVILLO, R.: Radio: Redacción y guiones. Universidad del País Vasco, Bilbao, 1992, 100 págs: y FAUS, A.: La radio: introducción a un medio desconocido, Eunsa, Pamplona, 1973, fundamentalmente en su segunda parte, pues la primera parte, al ser de carácter histórico, no corresponde a la revisión aquí efectuada.

(12) Véase, en este aspecto, BUSTAMANTE, E. y otros: Fabricar noticias, Mitre, Barcelona, 1987, 158 págs.

(13) Véanse en este aspecto FRANQUET, R.: Radio: un oligopolio en transformación, en VV.AA.: Las industrias culturales en España, Akal, Madrid, 1988, 324 págs; pp. 77 a 107.

(14) Victoriano FERNÁNDEZ ASIS consideró parcialmente diversas cuestiones relativas al asunto en Radiotelevisión. Información y programas. (RTVE, Madrid, 1986). Pero siempre en conexión con la televisión y desde un modo de exposición fragmentado y un tanto impresionista.

(15) Con respecto a la programación radiofónica general, hemos de recordar, nuevamente, la penuria de aportaciones relevantes. Destaca sobre todas ellas la de J. Mª MARTI (Modelos de programación radiofónica, Feed-Back Ediciones, Barcelona, 1990, 145 págs.), que se centra en el asunto, abordando, tras una introducción histórica, las conexiones entre la programación y la producción, las tipologías convencional y especializada de programas, y los formatos principales o más implantados.

 

 

Artículo extraído del nº 38 de la revista en papel Telos

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Manuel Alonso Erausquin

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