¿Nuevas Fuenteovejunas digitales?


Por María Cristina Menéndez

A partir del análisis de diferentes acontecimientos sociopolíticos ocurridos en todo el mundo, y con mayor incidencia en casos argentinos, se aborda el uso y la capacidad de cambio social y de relación entre ciudadanos y entre estos y la esfera política, de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), principalmente Internet y la telefonía móvil

Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) se diferencian de los medios de comunicación de masas por una serie de características tales como la representación numérica, la transcodificación, la variabilidad, la interactividad y la modularidad (Manovich, 2005, pp. 63-95) Por su parte, las formas de comunicación que permiten estas tecnologías presentan características tales como digitalización, hipertextualidad, multimedialidad, reticularidad e interactividad (Scolari, 2008, p. 78). Este trabajo retiene especialmente las dos últimas características para plantear sus efectos sobre el sistema político1.

La aplicación de las leyes del modelo tetrádico de McLuhan al análisis de las tecnologías, aparatos o ideas (McLuhan y Powers, 1996, pp. 26-29 y 167-174) centrado en cuatro opciones simultáneas (recuperar, caducar, invertir y realzar) es pertinente para comprender los efectos de las TIC sobre la dimensión política. Así, la Web 2.0 ha hecho caducar la pasividad del telespectador frente a la pantalla televisiva -extensiva a la baja participación ciudadana propia de períodos políticos no electorales-, mientras que ha promovido o recuperado la actividad de los receptores, ahora convertidos en usuarios, reemplazando el modelo de comunicación uno a muchos por muchos a muchos y ha aumentado la participación ciudadana propia de la democracia.

Ciudadanía y TIC, ¿control social o fuerza democrática?

No obstante, llevada al límite, la participación ciudadana promovida por las TIC también puede invertir su aporte al sistema democrático, promoviendo movilizaciones espontáneas, deslegitimando al Estado y a las instituciones políticas democráticas y generando anarquía.

En este sentido la variabilidad de estas aproximaciones al cambio tecnológico centrado en Internet y la telefonía móvil coincide con la diversidad de estudios acerca de sus efectos. Estos estudios se distribuyen en ejes cuyas variables extremas son la brecha digital y el control estatal por un lado y la alfabetización digital, auto programación y la autonomía, por otro lado.

Por ello, al analizar los efectos sociales de las TIC se encuentran desde autores que advierten sobre los mayores recursos de control sobre la población que este medio provee al Estado, recreando para ilustrar sus temores la metáfora de un ‘orwelliano bigbrother‘, hasta aquellos otros autores que focalizan su interés en los aspectos democráticos de Internet presentando a tal fin la figura de una posible operación de un ‘habermasiano cybercafé’ (Ainsworth, Hardy y Bill, 2005, pp. 120-145).

Así, para unos los efectos de Internet agravan las inequidades y aumentan las posibilidades de control gubernamentales (May, 2002; Yang, 2003); para otros Internet es una fuerza democrática que promueve el debate, el acceso a la información, junto a la transformación de la apatía y el cinismo de la ciudadanía (Nye, Zelikowy King, 1997; Putnam, 2000; Rheingold, 1993). En esta línea también se incluyen quienes consideran las posibilidades que otorga este medio para ejercer poder tanto como para presentar resistencias (Warf y Grimes, 1997; Wood y Smith, 2001; Ainsworth, Hardy y Bill, 2005).

En este sentido, según la sistematización que Hall realizara en 1999, la comunidad académica se encuentra dividida en tres posiciones al respecto: la utópica, la realista o pesimista y la utilitaria.

La utópica se enfoca en la posibilidad que brinda Internet de extender la esfera pública y actuar como una fuerza democrática que activa la participación y amplía la información (Hall, 1999, p. 43; Lim, 2002, p. 383; Chadwick, 2003, p. 448; Kollock y Smith, 1995; Leadbetter, 1999).

Esta perspectiva es refutada por los realistas y pesimistas, quienes señalan las limitaciones que tienen las masas empobrecidas e iletradas para acceder a estas complejas TIC: la profundización de la inequidad, las diferencias entre las personas, regiones, razas, géneros y clases, el rechazo al otro como identidad distinta en un mundo multicultural que se pretende global desde la dimensión económica tecnológica y la utilización de estas tecnologías con propósitos de control autoritario (Kampen y Snijkers, 2003; May, 2002; Postman, 1992; Castells, 2001; Peled, 2001; Chen, Boase y Wellman, 2002; Ebo, 1998; Hurwitz, 1999; Streck, 1998; Wellman y Haythornthwaite, 2002; Wolton, 2000 y 2004; Lim, 2002; Yang, 2003; Menéndez, 2010).

Por último, el enfoque utilitario o tercera perspectiva de análisis sobre la denominada ‘e-democracia’ es optimista, aunque no utópico. Reconoce que Internet puede ser utilizada con propósitos positivos o negativos como cualquier otra tecnología: para incluir y generar sociedades abiertas o para controlar y excluir. A partir de esta proposición le reconocen a Internet capacidad para promover formas de democracia participativa proveyendo nuevos canales para la información, interacción y comunicación entre los ciudadanos y con sus representantes a través de una variedad de foros virtuales. Resaltan su capacidad de producción del sentido de comunidad e incremento del capital social. Observan la producción autónoma de textos, imágenes y testimonios que luego pueden ser subidos a la Red. Por ello concluyen considerando que la cuestión significativa es garantizar el acceso al espacio cibernético y la participación ciudadana como vías alternativas para ganar autonomía y capacidad de poder por parte de quienes son marginales en los sistemas políticos existentes (Steyaert, 2000; Resnick, 1998; Kavanaugh y Patterson, 2002; Quan-Haase, Wellman, Witte y Hampton, 2002; Loader, 1997; Chadwick, 2003; Hogan y Green, 2002; Kampen y Snijkers, 2003; Lim, 2002; Steyaert, 2000).

La telefonía móvil

Por otro lado, estas consideraciones se hacen extensivas a la telefonía móvil. Es que la convergencia entre Internet y telefonía móvil se muestra cuando las producciones de los usuarios alcanzan visibilidad global a través de MySpace, YouTube o Flickr, amplificando la difusión de aspectos ignorados o desconocidos por los canales tradicionales.

Por esta vía los ciudadanos se convierten en testigos oculares y actúan como periodistas, como ya ha sido estudiado en los casos del ataque a las Torres Gemelas en 2001, el tsunami en Asia y el ataque con bombas en Londres. En este sentido, permiten el acceso global a esta información y reciben al instante los comentarios o apoyos de sus receptores construyendo redes sociales (Castells, Fernández-Ardèvol, Lunchuan Quiu y Sey, 2007; Griffiths, 2009, p. 1033). Todo lo cual promueve la participación ciudadana al tiempo que dificulta el control político.

La telefonía móvil también está configurando un espacio híbrido donde se conectan el espacio móvil y el espacio social. Por ello la condición estática del espacio se ha transformado en móvil. Así esta nueva tecnología muestra capacidad para coordinar acciones sociales en tiempo real. Lo significativo es que no se trata solo de microcoordinaciones entre individuos, sino de macrocoordinaciones que pueden observarse en la emergencia de movimientos espontáneos o manifestaciones políticas (Souza e Silva, 2006, p. 296).

En este contexto Internet y la telefonía móvil han impactado sobre la participación ciudadana, han construido nuevos procesos de comunicación y de distribución de recursos simbólicos (Murdock, 1992, pp. 20-21), han creado nuevos foros de discusión, han permitido soslayar la interacción face to face en un lugar compartido común (Thompson, 1995, p. 256), han posibilitado la construcción de alianzas sobre la localización geográfica y las fronteras nacionales; como mostraron los casos de Chiapas y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el ataque gubernamental chino sobre los estudiantes en la plaza de Tiananmen y el intento de golpe en Rusia en 1991 (Russell, 2001, pp. 202-203).

Como conclusión, si la regulación de los conflictos en democracia requiere la confianza y reciprocidad interpersonal, la desagregación de cuestiones polémicas y la construcción de capital social, Internet y la telefonía móvil se revelan como un canal para la construcción de redes sociales y, en este sentido, mejora de la calidad democrática.

En otros términos: las TIC representan un canal virtual para la construcción de redes sociales y una nueva táctica de la acción social colectiva. Porque las redes sociales on line reconfiguran virtualmente los vínculos sociales que ya Tarrow señalara como condición necesaria para que todo grupo bien organizado no solo actúe, sino también supere los malos tiempos aun sin contar con el beneficio que provee una organización (Tarrow, 1997, p. 110).

Las TIC presentan otras características, tales como instantaneidad, falta de permanencia y desorganización, mayor capacidad de información, de difusión, de imitación y de agregación para diferentes causas.

Por otra parte, la falta de permanencia y la desorganización de las primeras acciones sociales colectivas reseñadas por Tarrow -entre otros autores- parecen tener una continuidad histórica con las acciones sociales colectivas de protesta promovidas a través de las redes de Internet. Aunque en un segundo nivel, esta desorganización instalada sobre un trasfondo reticular propio de la morfología de Internet permite su reconstrucción ante el estímulo de nuevos conflictos, o ante la urgencia por presentar demandas sociales o inputs al sistema político, a través de la activación de antiguas redes sociales o comunidades virtuales.

Las TIC y la acción social colectiva como operación de la función de integración mediática

Ante esto proponemos que existe una conexión entre las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) centradas en Internet, la telefonía móvil y las redes sociales virtuales y la política. Designaremos a esta relación como la función latente de integración a través de la visibilidad mediática de las demandas, de los sectores emergentes o de los excluidos del centro dominante.

Las nuevas tecnologías como canales de información y comunicación se convierten en recursos estratégicos de la acción social colectiva para expresar el conflicto social; y en el supuesto de que alcancen su regulación luego de lograr visibilidad mediática, terminan mejorando la calidad democrática.

Internet y el correo electrónico, como los SMS mensajes de texto y la telefonía móvil, cumplen en parte la función de creación de redes sociales. Estas redes, constituidas como comunidades invisibles electrónicamente sustentadas, permiten que la sociedad civil supere el aislamiento y la apatía política detectados por los autores sociales que se refieren a sociedades individualistas, posmodernas, líquidas o light.

Es que, como han señalado Castells, Fernández-Ardèvol, Lunchuan Quiu y Sey (2007, p. 289), la telefonía móvil ha generado canales independientes de comunicación autónoma, de persona a persona, con mayor credibilidad para el receptor, personalización e interactividad, lo cual también ha producido efectos políticos. Ha brindado ‘voz’ al descontento de la población contra los poderes establecidos y ha permitido realizar ‘movilizaciones relámpago’. Turbas relámpago o flash mobs, en la terminología de Howard Rheingold.

Por ello, acciones instantáneas construidas a partir de estas redes, manifestaciones espontáneas autoconvocadas o ‘cacerolazos’ manifiestan el cambio en el repertorio de la acción social producida por la inclusión de las TIC y aparecen como la posibilidad del retorno de una Fuenteovejuna de base digital2.

En razón de esto, el análisis de las TIC requiere el registro del cambio cualitativo político que están produciendo. La apatía política del ciudadano en el sistema político democrático representativo, solo quebrada en períodos electorales, está comenzando a sufrir las transformaciones propias de una cultura política participativa de sustento digital, lo cual se hace visible en el desarrollo de las acciones sociales colectivas contemporáneas.

Permanecen subyacentes en la memoria colectiva, parecen olvidadas en períodos de tranquilidad o extrema represión política, pero vuelven a ser imitadas en momentos críticos o de conflicto. Así, en el caso argentino tuvieron su primera expresión en el fenómeno conocido como ‘cacerolazo’, una acción social colectiva realizada ante las medidas gubernamentales de congelamiento de los depósitos bancarios en el año 2001, que utilizó una vía virtual de comunicación a través de Internet para coordinar las asambleas de vecinos3 (Menéndez, 2003, pp. 211-214). Más tarde estas asambleas se disolvieron y el orden democrático se restableció, pero esta táctica quedó incorporada como parte del repertorio de la acción social en la memoria colectiva y volvió a ser operada al producirse un conflicto entre el campo y el gobierno en 2008, fenómeno sobre el que volveremos más adelante.

La función de integración mediática se actualiza así a través de las TIC, que se convierten en táctica de la acción social colectiva. Por ello esta función latente de integración considerada en sus dos aspectos de visibilidad mediática y consecuente respuesta política presenta una tendencia a consolidarse, como efecto sociopolítico del cambio tecnológico, de la revolución de las TIC de fines del siglo XX, de la e-alfabetización y de la emergencia de la denominada ‘generación digital’, ‘nativos digitales’ o ‘generación e‘, que actúa como mediadora de las generaciones mayores.

El caso argentino

Las características de instantaneidad y credibilidad, junto a la exponencial expansión de la telefonía móvil entre todos los sectores sociales y las redes sociales presentes en la Red, permiten reconstruir virtualmente una aldea de contactos directos, un ágora con efectos políticos. Cuestión que ya ha sido estudiada en el caso de Filipinas con la destitución del presidente José Estrada, acusado de corrupción; en el caso Nosamo de Corea del Sur, para promover la elección del presidente Roth Moo Hyun en el año 2002; y en el caso español de 2004, con respecto a los actos terroristas y como resistencia a los intentos de manipulación de la información gubernamental para atribuir el ataque a ETA (Castells, Fernández-Ardèvol, Lunchuan Quiu y Sey, 2007, pp. 292-315).

También han sido analizados otros casos donde por diferentes motivos no se observó el impacto del uso de la telefonía móvil e Internet, como fueron el de la Convención Nacional Republicana en Nueva York en 2004, la crisis de la SARS en China en 2003 o el de la comunicación inalámbrica en Japón (Castells, Fernández-Ardèvol, Lunchuan Quiu y Sey, 2007, pp. 321-323). Sin embargo, años después, en ocasión del terremoto y tsunami que azotó este país en 2011, las redes sociales se activaron y sus usuarios actuaron como prosumers, es decir como productores y consumidores de noticias subiendo a Internet vídeos registrados con sus celulares o cámaras caseras y entrevistas a los damnificados.

El análisis de casos también muestra que la confianza es un factor decisivo en la efectividad de la comunicación virtual. Es que los mensajes colectivos son tratados por los usuarios como spam y no registran efectos políticos. Así fue en el caso de Italia, cuando se enviaron 13 millones de mensajes personales a teléfonos móviles para lograr votos en las elecciones regionales de junio de 2004 y, sin embargo, Silvio Berlusconi perdió por un porcentaje mayor al previsto.

Este año 2011, el caso de ‘los indignados de España’ y la caída de Mubarak en Egipto luego de 30 años de poder, precedido por la proliferación de bloggers y redes sociales en Internet, volvió a poner la atención académica sobre el impacto que la Web 2.0 y el modelo de comunicación par a par está produciendo en la política.

En síntesis, esta breve introducción de casos permite observar la metamorfosis de la democracia representativa y el mayor grado de participación ciudadana en situaciones críticas o conflictivas a través de la comunicación on line horizontal y la telefonía móvil, como también de la nueva configuración híbrida del espacio político, donde se entremezclan el espacio físico y el espacio virtual, permitiendo la convergencia con otros medios, todas cuestiones sobre las que no nos extenderemos más en honor a la brevedad.

El caso argentino también agrega prueba empírica sobre la vinculación entre las TIC y la política democrática. Se trata de un caso que se desató como un conflicto entre el campo y el gobierno en marzo de 2008, cuando el gobierno anunció un esquema de retenciones móviles a las exportaciones de soja, girasol, trigo y maíz. La reacción del agro no se hizo esperar y se generó una dinámica característica del ‘modelo del tributo, paga o verás’4 que pudo operar a través de los contactos cara a cara, pero también a través de la construcción de redes sociales y sitios web en Internet que generaron una comunidad virtual de intereses.

Los productores agrícolas, usualmente pasivos políticamente, se configuraron como actores del conflicto y consensuaron sus diversas posiciones sustentadas en su diferente calidad de productores, pequeños o grandes, centrales o periféricos en una Mesa de Enlace Agropecuaria que unió a las cuatro entidades más importantes del sector: la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y la Confederación Intercooperativa Agropecuaria.

A partir de marzo comenzaron a realizarse movilizaciones y cortes de rutas y se organizaron redes sociales a través de Internet5, mientras el gobierno intentaba conciliar un acuerdo de precios. El desarrollo del conflicto mostró su carácter policlasista y una gran extensión etaria como también los intereses divergentes entre los propios ruralistas. Correlativamente, otros actores sociales, como el gremio de los camioneros, afirmaron su poder al mostrar al oficialismo su capacidad de choque. Más tarde las organizaciones ‘piqueteras’6 también mostraron su apoyo al gobierno.

Sin embargo, tal como señalara Tarrow en sus estudios acerca de la acción social colectiva, la variedad de los actores implicados en este conflicto excluye una única explicación clasista. Como lo mostró el hecho de que mientras había ‘piqueteros’ que apoyaban al gobierno, otros sectores reformistas radicales y de izquierda como la Corriente Clasista Combativa, el Partido Comunista Revolucionario, el Movimiento Socialista de los Trabajadores y el trotskista Partido Obrero dudaron acerca de las intenciones gubernamentales o directamente apoyaron al campo.

En tanto, otros sectores de izquierda se mantuvieron en una posición crítica acerca del tratamiento conjunto de los intereses de los grandes y pequeños productores y plantearon la necesidad de redistribuir la riqueza y revisar el plan económico gubernamental, como fue el caso del Partido de los Trabajadores Socialistas, el Partido Comunista, el Frente Popular Darío Santillán, el Movimiento al Socialismo, los movimientos campesinos de Santiago del Estero y Córdoba integrantes del Movimiento Nacional Campesino Indígena y el Bloque Piquetero Nacional. Incluso otro actor social importante como la Iglesia, intervino pidiendo un ‘gesto de grandeza’ al gobierno, lo cual motivó la reacción oficial.

Pero, como contrapartida y pese a la complejidad del enfrentamiento, el análisis de los discursos de los sectores que apoyaban al gobierno mostró su interpretación clasista del conflicto.

No realizaremos una crónica detallada de los hechos, pero en relación al tema redes sociales y democracia se observó que desde el principio del conflicto en marzo hasta su finalización con el veto de la Resolución 125 en julio, los canales de comunicación entre los ruralistas fueron las redes sociales virtuales, la construcción de sitios web para informar, persuadir, discutir en foros y programar nuevas protestas y cortes de rutas y especialmente la telefonía móvil, entre otros. Esto último revelado en las entrevistas realizadas a informantes claves, para quienes la telefonía móvil fue insustituible en la vinculación con sectores opositores distantes, con baja conectividad o escasa formación en las habilidades requeridas para el uso de Internet. Por ello, según los informantes, la telefonía móvil permitió que el conflicto alcanzara una extensión territorial que de otro modo no habría logrado. Todo esto independientemente de los contactos cara a cara.

Las convocatorias a realizar ‘cacerolazos’ a través del correo electrónico y por medio de mensajes en diversos foros y blogs, además de otros canales; los planes de movilización anunciados en el sitio web www.vivalecampo.com: las invitaciones de los medios de comunicación on line, como www.Clarin.com, a que los participantes enviaran vídeos y fotos de la protesta, convirtiéndolos en eventuales periodistas; vídeos que se subieron a los sitios web Arriba Campo, Viva el Campo y YouTube mostraron la construcción de una vía de información y comunicación alternativa para las movilizaciones y discursos que no siempre aparecían en los medios escritos. Por todo ello las TIC se convirtieron en una táctica de acción social colectiva y transformaron la tradicional relación entre gobierno y oposición en el sistema democrático representativo mediada por los partidos políticos.

La participación ciudadana en pro de diferentes demandas en períodos no electorales no era una práctica extendida, pero a través de estas nuevas herramientas de comunicación e información se observó una nueva forma de e-participación que combinaba los contactos cara a cara, las movilizaciones, las redes sociales y las comunidades virtuales.

En cuanto al conflicto, la crónica de los hechos permitió observar su progresiva extensión, desde los intereses particulares de los productores agropecuarios hasta los planteos y tomas de posiciones políticas no solo por parte del gobierno y el Poder Legislativo, sino también de los gobernadores e intendentes.

En el caso del campo, este paso desde lo local hacia lo general unió a propietarios y arrendatarios sustentado en antecedentes tales como el ‘Grito de Alcorta’, rebelión agraria en 1912 de los arrendatarios de campos contra las condiciones leoninas de contratación.

Otro aspecto de esta extensión del conflicto fue el resurgimiento del histórico conflicto entre federales y unitarios del siglo XIX, actualizado en el reclamo de las provincias afectadas por la desagregación de funciones que anteriormente había tenido el estado nacional sin la correspondiente delegación de recursos económicos.

La agregación de demandas también se observó con la inclusión en el discurso de sitios web opositores, como www.arribacampo.com.ar, de expresiones tales como ‘defensa de la democracia’.

Por su parte, el análisis del discurso oficial mostró que su objetivo era plantear la cuestión como una pugna entre los intereses particulares y los intereses generales que afectaba al bien común, subrayando que el monto de las cuestionadas retenciones estaba dirigido a la construcción de hospitales, viviendas y caminos. Mientras tanto, el ex presidente Néstor Kirchner denunciaba la intención opositora de realizar un golpe y la oposición se organizaba para otro ‘cacerolazo’ en distintas ciudades del país, a través de mensajes de texto y mails ante la escalada del conflicto a partir de la detención de un dirigente ruralista (Clarín, 16 de junio de 2008).

Como conclusión, el efecto sociopolítico de la convergencia de todos estos intereses reconstruyó una Fuenteovejuna digital, donde gracias a la comunicación on line y móvil aparecieron entre los ruralistas muchos otros actores enfrentados al gobierno. Su manifestación fue la movilización en las rutas de miles de productores, la realización de paros agropecuarios y más de 250 puebladas donde el reclamo incluía no solo a los grandes y pequeños productores, sino también a los excluidos del modelo, trabajadores, estudiantes, profesionales, pequeños empresarios y economías regionales.

Otros actores informales fueron los llamados auto convocados, que utilizaron las mismas TIC para reunirse de modo espontáneo, extendiendo su convocatoria a toda la ciudadanía para que se realizaran apagones, marchas y bocinazos en contra del gobierno.

Estas convocatorias llegaban a los celulares de cientos de personas y fueron construyendo redes sociales, las que como antaño las barricadas en las acciones sociales colectivas de protesta relacionaron a los opositores a través de una cadena de mensajes de texto y pusieron en contacto a personas que no se conocían o no estaban en el mismo espacio físico. En otras palabras, se generó una táctica política on line para establecer redes sociales en función de objetivos comunes.

Pero el desarrollo del caso argentino también mostró las posibilidades ambivalentes de Internet fundadas en el anonimato del emisor que permite el flujo de mensajes apócrifos, como fue una supuesta convocatoria de la Federación Agraria a un plebiscito para reclamar la renuncia de la presidenta Cristina Fernández (La Capital, 26 de marzo de 2008) .Ya en las postrimerías del desarrollo del conflicto, la presidenta Cristina Kirchner anunció que las retenciones móviles pasarían a ser debatidas por el Poder Legislativo. Ante ello, como expresión de los contactos cara a cara, se instalaron siete carpas a favor del gobierno y tres a favor del agro frente al Congreso.

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http://www.arribacampo.com.ar

Notas

1 Este artículo reconoce como antecedente la ponencia presentada por la autora en el IX Congreso Nacional de Ciencia Política de la República Argentina y publicada en 2009 bajo el título Centros y Periferias: equilibrios y asimetrías en las relaciones de poder por la Sociedad Argentina de Análisis Político; Universidad Nacional del Litoral y Universidad Católica de Santa Fe.

2 Fuenteovejuna, la famosa obra de Lope de Vega simbolizaba la rebelión popular ante la injusticia ejercida por el poder político. Situada entre los siglos XV y XVI, representa el levantamiento del pueblo contra el abuso del poder del comendador. En aquel tiempo, Lope de Vega imaginaba una aldea enardecida y unida solidariamente para que no se pudiese detectar al autor de las muertes del comendador y sus sirvientes, sus vínculos los establecía la proximidad física.

3 Al respecto, la autora ha analizado el sitio www.elcacerolazo.org, donde observó la comunicación horizontal entre vecinos y el cronograma de realización de las asambleas de autoconvocados, cuyos puntos de reunión excedían la ciudad capital, extendiéndose a lo largo del país.

4 El modelo del tributo ha sido desarrollado como modelo de simulación por Robert Axelrod (1997) utilizando técnicas de los sistemas adaptativos complejos. La idea clave es que los actores desarrollan grados de compromisos recíprocos, que son causados por la opción de pagar o pelear. Lo cual influye a su vez sobre cómo pagarán o pelearán en el futuro (véase Axelrod, 2004, pp. 94-116 y 173-174).

5 A tal efecto hemos analizado dos páginas de Internet: la primera, Viva el campo, creada el 25 de marzo de 2008, pocos días después de que comenzara el conflicto; la segunda, Arriba campo, creada el 12 de mayo de 2008.

6 Alusión a la realización de piquetes para lograr el mantenimiento de huelgas, luego extendido al corte de calles o rutas.

Pero simultáneamente las redes sociales on line opositoras convergieron en diversos foros on line, como muestra el análisis de contenido de los sitios web www.vivaelcampo.com y www.arribacampo.com.ar. Finalmente, luego de una tensa y prolongada sesión, el Senado rechazó el proyecto oficial tras un empate que se resolvió en contra de la propuesta gubernamental por el ‘voto no positivo’ del presidente de la Cámara, el vicepresidente ingeniero Julio Cobos. Su consecuencia social fue que nuevamente se mostrara la relación entre redes sociales on line y participación democrática a través de la telefonía móvil. Es que a través de sus celulares los sectores opositores fueron coordinando su presencia para saludar y agradecer al vicepresidente en los diversos pueblos agrícolas por donde pasaba el recorrido de su automóvil hacia su ciudad natal, Mendoza (La Razón, 18 de julio de 2008).

Por otro lado, al analizar el impacto cuantitativo registrado, resultó más claro el impacto de la telefonía móvil que el de Internet. Es que según los registros del INDEC (Instituto de Estadísticas y Censos) los mensajes enviados por cuenta de correo electrónico habían tenido un aumento sostenido entre junio de 2006 y septiembre de 2008, pero su registro trimestral no permitía observar el comportamiento del flujo de correo electrónico en los momentos críticos del conflicto.

No obstante, cabe agregar que el impacto cualitativo de Internet también se encuentra en la formación de conciencia de los intereses en juego a través del acceso a foros de discusión espontánea, firmas de petitorios al gobierno y enlaces con blogs temáticos y encuestas on line sobre el conflicto.

Por su parte, el registro del flujo de los mensajes de texto de la telefonía móvil permitió observar claramente su impacto. En tal sentido, la Gerencia de Control de la Comisión Nacional de Comunicaciones en su informe sobre la cantidad de SMS mes a mes correspondientes al año 2008, mostró un aumento sostenido en los meses claves del conflicto. Los mensajes de texto aumentaron desde la iniciación del conflicto y registraron su pico en julio, mes en el que se produjo el tratamiento en el Senado de la Resolución 125 correspondiente a las retenciones móviles.

Este impacto también fue corroborado a través de diversas entrevistas realizadas a informantes claves, según las cuales sin la existencia de esta nueva posibilidad de comunicación telefónica móvil tampoco hubiera sido posible realizar una protesta tan extendida en el tiempo y el espacio.

Sin embargo, aunque estas nuevas tácticas propias de acciones espontáneas, instantáneas y esporádicas se observaron en el caso argentino, también mostraron que no alcanzan a lograr la organización estructural que brinda el sistema de partidos aunque viabilicen la presentación de inputs al sistema político democrático. Así, quienes en pleno conflicto habían logrado convocar a 300.000 personas el 25 de mayo en Rosario y otro tanto en la convocatoria en la Capital Federal el día previo al tratamiento de la Resolución 125, poco después solo lograban reunir a unas 2.000 personas frente al Congreso. Mientras tanto, por el contrario, el sistema de partidos como institución nuclear de la democracia representativa mantuvo su entramado institucional y su función de canal para la presentación de demandas al sistema político.

No obstante, la eficacia de Internet y la telefonía móvil como táctica de la acción social colectiva fue registrada en la memoria colectiva para ser utilizada en caso de que fuera necesario.

Conclusiones

En función de los casos presentados puede señalarse que existen una serie de variables que influyen en esta nueva táctica de la acción social colectiva en sistemas democráticos y también diferencian la efectividad de la telefonía móvil y de Internet para construir redes sociales. A saber:
– Las oportunidades otorgadas por el contexto social y el sistema político.
– El grado de acceso a la telefonía móvil y a Internet.
– El grado de conectividad en las zonas rurales.
– La penetración territorial en la provisión de fuentes alternativas de información a las tradicionales y oficiales.
– El flujo de la comunicación on line, medido en la frecuencia del correo electrónico, la creación de foros, blogs y sitios en Internet.
– La existencia de liderazgos sociales u organizaciones previas que medien en el acceso a las TIC con respecto a sectores desconectados.
– La formación de conciencia acerca de los intereses generales compartidos.
– La baja dispersión de los objetivos sectoriales.
– La confianza y veracidad existente en la comunicación entre los miembros de la Red.
– La credibilidad de los mensajes en función de la relación de conocimiento personal entre emisor y receptor.
– La participación de las generaciones jóvenes, llamados e-generación o nativos digitales, habituadas al uso de las TIC, particularmente Internet y la telefonía móvil.
– La interconexión de la telefonía móvil e Internet con otras tácticas de la acción social colectiva, tales como los contactos cara a cara y las reuniones grupales.
– La capacidad de control estatal sobre Internet, la telefonía móvil y las movilizaciones sociales.
– El tipo de gestión de los mensajes de texto (centralizada o descentralizada).

Por último, así como se han analizado las fortalezas y potencialidades de esta táctica para activar la participación política en períodos no electorales y la posibilidad de ejercicio del poder contra hegemónico en un juego abierto de acción y reacción, es necesario plantear también como temática para la reflexión crítica sus principales debilidades. A saber:
– El escaso campo que brindan para la deliberación cívica.
– La brecha digital y la penetración social limitada de Internet.
– La tarea inconclusa de la e-alfabetización.
– El anonimato de los emisores, la posibilidad de hachear la información, la desinformación o baja confiabilidad de sus contenidos, salvo que exista una red social previa de conocimiento y comunicación.
– La promoción de una agenda concentrada en los intereses sectoriales de quienes ya tienen acceso a Internet y la telefonía móvil.
– Las características generales de instantaneidad, espontaneidad, discontinuidad y reticularidad de las comunicaciones on line, que no favorecen la institucionalización política de la acción colectiva y solo proveen apoyos coyunturales a los actores sociales, aunque se incluyan como táctica de su repertorio.

 

Artículo extraído del nº 89 de la revista en papel Telos

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María Cristina Menéndez

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