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La historieta en Asia


Por Jörg Becker

Los tebeos, las caricaturas y los chistes, es decir, las historietas, no fomentan el analfabetismo ni son medios exclusivamente infantiles, ni son económicamente poco interesantes en el sector de los medios de comunicación, y ciertamente sus orígenes no son americanos. Si consultamos una historia americana del cómic, las primeras historietas que probablemente encontraremos son los Katzenjammer Kids de 1897. Y si miramos una historia alemana de la historieta, empezará naturalmente con Max y Moritz de 1865. Las historietas tienen las siguientes características: son caricaturas o sátiras, son festivas, mordazmente graciosas, humorísticas y alegres, y cuentan historias en secuencias de imágenes. En este sentido, existen buenas razones para buscar a los predecesores de la historieta en Asia. En el arte mogol indio, por ejemplo, se nos muestra un dibujo caricatura de una noble y corpulenta dama de Dekkan titulado La gorda Begum (1625), el artista chino Zhu Da parodiaba a los funcionarios imperiales de su época como altaneros pavos reales (1690), y en el siglo XII, el monje japonés Tuba plasmó en imágenes singulares competiciones de pedos y penes. Libros con sentimentales historias chinas ilustradas de finales del siglo XIX -en un formato ancho característico de 12,5 x 9 centímetros y de aspecto externo similar al de las alemanas Sigurd Heftchen de los años 1950- se siguen imprimiendo y siguen siendo populares hoy en día entre los trabajadores chinos.

La nueva ola del manga japonés

La Media Development Authority (www.mda.gov.sg), con sede en Singapur y de carácter muy oficial, sabía ciertamente lo que se traía entre manos al invitar a gente de Singapur a asistir a una conferencia sobre el “Arte asiático de la historieta” a principios de septiembre de 2004. Sin recursos materiales propios, la ciudad-estado de Singapur ha vivido siempre del comercio y de las transacciones empresariales. No obstante, desde que el National Computer Council invocó la visión de una “isla inteligente” en su Libro verde, de 1992, sobre el futuro de las tecnologías de la información en Singapur, el país ha invertido enormes sumas de dinero en telecomunicaciones, Internet y el comercio a través de los medios de comunicación de masas. Las historietas juegan un papel aún mayor en este comercio con bits electrónicos. Dado que la extremadamente lucrativa industria japonesa de historietas manga –basada en el número de ejemplares y en el volumen de negocio–, en combinación con la tecnología japonesa de la información, han producido entre tanto una industria cinematográfica japonesa de animación que hace que los estudios de Walt Disney en California parezcan anticuados y pequeños, muchos países del sureste asiático desean ahora subirse a la ola de este planetario éxito japonés.

En la ola con Japón, pero también en competencia con ese país, Singapur no es el único implicado. “Japón ganó la guerra, nosotros entre tanto casi hemos perdido nuestra identidad”, subraya Miel Prudencio Ma, principal caricaturista del famoso The Straits Times de Singapur. Miel dirige sus dardos no solamente hacia Japón, sino también hacia Estados Unidos. Y cualquiera que conozca Singapur y su amistad y vínculos con EEUU sabe que la crítica hacia ese país es casi impertinente. Pero desde el 11 de septiembre de 2001 y la guerra contra de Irak, también las antiguas certidumbres están siendo cuestionadas en Singapur. En una de sus caricaturas contra la guerra, Miel dibujó un busto de Napoleón sobre el soporte de un cañón. Encima de la imagen aparece la palabra “BUSHnaparte”. En el comentario añade: “Estamos esperando su Waterloo”.

Dado que en Singapur más del 80 por ciento de todas las historietas son mangas japonesas, mientras que el 20 por ciento restante se divide entre Malaisia y Taiwan, la batalla frente a Japón se asemeja a la de David contra Goliat. Lim Li Kok, directora de la editorial de libros de historietas Asiapac Books, en funcionamiento desde 1983, y directora también del National Book Development Council de Singapore ve las cosas de forma muy parecida a la de Miel. Asiapac (www.asiapacbooks.com) ha publicado más de 400 libros de historietas para personas de “elevadas aspiraciones”, así como una serie de filosofía de éxito internacional, con títulos como El arte de la guerra, de Sun Tsu o La sabiduría de Confucio. “En la economía actual”, argumenta Lim Li Kok, en un tono similar al del Libro verde gubernamental de 1992, “el conocimiento es el factor decisivo para el éxito tanto de los individuos como en los negocios”. La señora Lim Li Kok sabe bien que la economía del conocimiento del siglo XXI requiere empresarios con un fuerte ego, pero ya no con una personalidad colectiva tradicional. Su atrevido tebeo infantil titulado El señor Kiaszu representa a un héroe que “lo quiere todo e incluso más”. Aunque el totalmente antiautoritario y hedonista héroe Kiaszu ha provocado la cólera de todos los pedagogos de Singapur, este antihéroe ha sido recibido con simpatía por el Singapur oficial.

Valores sociales y tebeos

Al igual que muchas telenovelas, las historietas en Asia tienen a menudo una inclinación hacia lo social; quieren educar e ilustrar. Nigar Nazar, la única mujer dibujante de historietas de Pakistán, defiende este planteamiento, al igual que Lat (Malasia), la joven Yandhie Dono Pratopa (Singapur) con sus carteles ilustrados al estilo manga (www.hexavibe.com) en los que hace llamamientos en favor de las donaciones de sangre, y Fang Cheng (China). Aunque las caricaturas de Fang Cheng son graciosas y también algo “insulsas”, sus encantadoras mofas durante la Revolución Cultural no le favorecieron. En los años 1960, se le prohibió practicar su profesión en China, pero más adelante se convirtió en director artístico del Diario del pueblo. En Pakistán, la joven heroína de las historietas de Nigar Nazar se llama Gogi. Recientemente, los dibujos de Gogi (www.gogicomics.com) pueden verse también en los autobuses públicos de Islamabad. Abordan temas políticos difíciles, por ejemplo un entorno limpio y los derechos de los niños, y asuntos delicados como el acoso sexual.

Al igual que Gogi en Pakistán, el héroe de cómic extremadamente popular de Lat, “Kampung Boy”, en Malaisia, lucha también por la unidad nacional, la armonía étnica y el amor al país, y por la conservación de la autenticidad y la naturalidad de la vida rural malaya tradicional frente a un modernismo que adopta la amenazadora forma de una empresa metalúrgica transnacional. Lat, oriundo de Ipoh (Malasia), y cuyo nombre completo es Dato’ Mohd Nor bin Khalid, es el héroe secreto de esta conferencia organizada por la Media Development Authority. Durante los descansos, los jóvenes estudiantes de arte se apiñan a su alrededor. En una mano sostienen ejemplares de su historieta superventas. Kampung Boy, que publica desde 1979 la poderosa editorial Berita de Singapur, con la esperanza de conseguir un autógrafo. En la otra mano llevan grandes carpetas con innumerables historietas propias y esperan atraer la atención y los comentarios favorables de su “gran maestro”.

Atención que logró suscitar, por ejemplo, el joven estudiante Sonny Liew por su historieta Malinky Robot, basada en un submundo de fantasía (www.sonnyliew.com). En el ejemplar titulado “Stinky Fish Blues” (“El blues del pescado apestoso”) los amigos Atari y Oliver tienen su extraña aventura en el mugriento distrito de San’ya, entre el constante hedor de pescado, absentismo escolar, obreros y putrefacción. Atari, con sus dos trenzas chinas en punta a izquierda y derecha, es un punki chino al estilo de Robert Crumb. La Media Development Authority tiene razones más que suficientes para sentirse satisfecha con su conferencia: con dibujantes como Sonny Liew, este país está desarrollando su propio arte de la historieta.

Traducción: Antonio Fernández Lera

Artículo extraído del nº 62 de la revista en papel Telos

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