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Hacia una refundación de los Estudios Culturales


Por Blanca Muñoz

Editorial Amorrortu. Stuart Hall y Paul De Gay (Comps.). Cuestiones de identidad cultural
Buenos Aires, 2003

Stuart Hall y Paul de Gay emprenden una labor de reconstrucción culturalista después de la embestida que la deconstrucción postmoderna emprendió contra las ciencias sociales y las ciencias de la comunicación. La desestructuración de los paradigmas teóricos y de los conceptos básicos de la sociología y de la comunicología ha sido “el deporte” y la diversión más evidente de los pensadores –mal denominados– de la postmodernidad. Y al clasificar a tales pensadores no hay que olvidar, de ninguna de las maneras, que bajo la etiqueta de “postmoderno” hay corrientes de pensamiento tan dispares como los Estudios Culturales, la teoría postcolonial de Edward Said, los estudios feministas y postfeministas, o esas variedades paradójicas y chocantes como son la teoría queer o el “neosadismo” de Michael Grumley. Pero no sólo tal desestructuración postmoderna se ha cernido como otro “chapapote” contaminante sobre las ciencias sociales, también en los campos del Arte, la Arquitectura, la Literatura, e incluso la Música –de forma elitista considerada como “clásica”– nos encontramos con los efectos de la naturaleza inestable y fragmentada de la moda de este postestructuralismo que es la postmodernidad.

Precisamente, ante el alud de movimientos y teorías, a menudo incompatibles entre sí, que amenaza con hundirnos en la moda y en lo banal, Stuart Hall retoma los temas irrenunciables del pensamiento y presenta un libro que trata de volver a definir y estructurar los conceptos y cuestiones que estuvieron en el origen de los Estudios Culturales. En Cuestiones de identidad cultural se retorna al problema de problemas que estuvo en la génesis del pensamiento culturalista y comunicológico de la Escuela de Birmingham: el de la identidad y sus articulaciones. Para ello, los diez estudios que componen el libro retoman los debates donde habían quedado en la década de los años 80 cuando Hall y los continuadores de Birmingham publicaron su fundamental libro Culture, Media, Language (Hutchinson, Londres, 1980), en el que se encuentra uno de los textos determinantes del culturalismo contemporáneo: «Encoding/Decoding», reflexión casi programática de las nuevas direcciones que iban a emprender los análisis sobre «la recepción y el papel activo del consumo cultural y comunicativo por grupos de audiencia».

En efecto, un sucinto acercamiento a los planteamientos más relevantes de los Estudios Culturales de la Escuela de Birmingham nos conduce a la compleja articulación de la identidad en las sociedades posindustriales, avanzadas, de capitalismo tardío o informacionales, según la perspectiva desde la que nos situemos teóricamente. Lo cierto, sin embargo, resulta del hecho según el cual el papel activo de los receptores se impone a partir de la multiplicidad, casi como un prisma multifacético, de los ciudadanos en su cotidiana existencia real y mediática. Así, las dos generaciones –y ya casi tres, e incluso cuatro– de la Escuela de Birmingham se enfrentan a una reconstrucción de la cotidianidad desde la formación plural de las identidades colectivas –clase, género, etnia o cultural–. De este modo, entender al receptor-consumidor en su vida cotidiana requiere comprender, a la vez, “los universos de sentido” a partir de los cuales edifican sus relaciones con su entorno y, especialmente, con ese “campo de batalla” que son los medios de comunicación para masas. Será, en consecuencia, en este punto en el que el libro de Stuart Hall y Paul du Gay se sitúa, esto es: ¿cómo se enmarcan las identidades múltiples en unas sociedades en las que todo es cambiante y susceptible de destrucción y anulación en un muy corto plazo de tiempo?

La identidad en un mundo social y político socavado simbólicamente

El gran tema del libro de Hall y du Gay proviene, pues, del intenso esfuerzo por rehabilitar a “los sujetos” ante el envite que las subjetividades han sufrido en un orden social y político postmoderno. En la Primera Generación de Birmingham (Edward P. Thompson, Raymond Williams, Richard Hoggart y el mismo Stuart Hall) los temas de la clase social, la explotación laboral, la ideología dominante o la cultura popular constituyeron los inequívocos cimientos de la creación de la identidad colectiva. Sin embargo, a este estado de sobreexplotación (no hay un libro tan esclarecedor sobre este proceso como el de Thompson La formación histórica de la clase obrera. Inglaterra: 1780-1832), se superpone una “sobrealienación mediática” que impone unas subjetividades cotidianas caracterizadas por una crisis de identidad como resultado del socavamiento simbólico y valorativo que identifica a los sujetos en los tiempos de la sociedad global.

La crisis de identidad, entonces, se convierte en el hilo conductor de este libro. Y así, desde el estudio de Zygmung Barman «De peregrimo a turista, o una breve historia de la identidad» hasta «El ciudadano y el hombre de mundo» de James Donald, pasando por los sugerentes «Identidades que se interpelan: Turquía/Europa» de Kevin Robins o «Música e identidad» de Simon Frith, entre otros, nos encontramos con una pormenorizada y minuciosa reflexión sobre qué nos está pasando y, sobre todo, qué están haciendo con nosotros, los ciudadanos plurales y múltiples convertidos, ahora, en meros receptores-consumidores de “dudosa identidad”.

Por tanto, en Cuestiones de identidad cultural Stuart Hall replantea el significado reconstructivo que los Estudios Culturales mantuvieron de una posición teórica que devolviese la objetividad a las ciencias sociales y comunicativas. Y esta objetividad reaparece saliendo de la confusión postmoderna a partir de la reflexión racional sobre los fundamentos de la formación de nuestra identidad social y cultural. Nacionalidad, clase, etnia, género…, conforman las “comunidades de pertenencia”, pero también estamos marcados por nuestras “comunidades de conciencia”. Comunidades que precisan una muy seria indagación porque en ellas, a la par, están nuestra “pertenencia a clase” e, implícitamente, nuestra “pertenencia a grupo”. O como se expresa en el libro: «la inscripción del sujeto minoritario en algún lugar entre lo demasiado visible y lo no suficientemente visible». En efecto, en esa dialéctica entre lo visible y lo invisible se reinterpreta la reconstrucción de la cotidianidad compleja de nuestros días. Cotidianidad en la que la “exclusión” gravita como el finisterre de los procesos globales económicos, políticos y culturales. Para Stuart Hall –no olvidemos su origen jamaicano–, sobre la identidad cultural se erigen, en definitiva, los problemas del presente y, especialmente, del futuro (nacionalismos, fundamentalismos, etnocentrismos…). Es por ello por lo que en las sociedades posindustriales transnacionalizadas se hace tan imprescindible, otra vez, reflexionar sobre las condiciones sociales y sobre la construcción de las subjetividades sociales y de sus imaginarios: ser social y conciencia. En este binomio se expresa «el campo comunicativo-cultural» –en terminología de Bourdieu– de los nuevos Estudios Culturales que se presentan en este libro.

¿Hacia una nueva formulación de la teoría cultural de los Estudios Culturales?

Hemos dejado para el final esta cuestión porque en ella se resume el propósito último que recorre las páginas de Cuestiones de identidad cultural. Desde sus comienzos la Escuela de Birmingham se planteó el efecto ideológico de la sociedad mediática, tal y como se expresaba en un famoso artículo del mismo Hall titulado «La cultura, los medios de comunicación y el efecto ideológico». En la sociedad de nuestros días, y tras el ataque de la ideología postmoderna, se hacen imprescindibles otras teorías culturalistas ante las nuevas modalidades culturales y comunicativas mediáticas. Esta posición es la que se percibe de un modo evidente en el libro de Hall y Du Gay. Se podría afirmar, con todas las cautelas ante la evolución futura de los autores que componen esta obra, que estamos ante la búsqueda de “una nueva vía” para los problemas de identidad que la cultura de masas ha provocado al desbordar la cotidianidad posindustrial.

Los mensajes publicitarios, la organización monopolística transnacional de la cultura y la producción rutinaria del cine, la música y los espectáculos, entre otras recientes formas de serialización mercantil de la comunicación y la cultura, están en el sustrato de los diez estudios del libro comentado. Se trataría, en consecuencia, de profundizar en el tema que dio tanta relevancia a la Escuela de Birmingham: el análisis de la dominación colectiva y sus necesarias resistencias en la recepción comunicativa. Esta situación se hace muy expresa en artículos como el dedicado a «Identidad, genealogía, historia» de Nikolas Rose, «Organización de la identidad: gobierno empresarial y gestión pública» de Paul du Gay o el interesante «¿Habilitar la identidad? Biología, elección y nuevas tecnologías reproductivas» de Marilyn Strathern. En todos ellos se trata de romper con la oposición que siempre se le ha achacado a los Estudios Culturales de su separación entre lo económico y material y la acción simbólica de las representaciones colectivas. Al retomar los procesos empresariales y económicos, Hall expresa la necesidad de salir de los tópicos que se han dirigido a la Escuela de Birmingham y, sobre todo, de la frivolización que un cierto sector de autores de la Segunda Generación introdujo, casi “postmodernamente”, en los Estudios Culturales.

Por tanto, el autor de «Encoding/Decoding» retoma el conflicto ideológico en la sociedad global. Conflicto ideológico que tiene en el tema de la identidad colectiva su núcleo determinante. Es por ello que Stuard Hall asume, de nuevo, la responsabilidad de devolver a los Estudios Culturales su sentido de aclaración racional ante los gravísimos problemas que nos acechan en esta sociedad global que consolida y genera nuevas desigualdades y dominaciones colectivas. Así, pues, el esfuerzo de “reconducir” el pensamiento surgido en la Primera Generación hacia su genuina veta creadora, dejando las influencias postmodernas que la Segunda Generación introdujo distorsionadamente, se muestra como el gran objetivo de este “refundador” libro sobre las “cuestiones de identidad cultural”. Su lectura, aunque difícil y a veces compleja, se hace por tanto apasionante porque nos devuelve el significado emancipador del análisis cultural y comunicativo. Análisis tan necesario e imprescindible en estos complicados tiempos en los que retomar el pensamiento no sólo se hace inevitable para salir de esa “era del vacío” a la que se refería Gilles Lipovetsky, sino, incluso, porque como afirma irónicamente en el presente libro Gina Arnold: debemos seguir pensando críticamente «porque la vida es tan cruel y la televisión tan vil». En suma, frente a la vileza y la dominación Stuart Hall sigue siendo “el resistente activo” de un paradigma tan sugerente y contemporáneo como fue, y sigue siendo, el de la Teoría Cultural de la Escuela de Birmingham.

Artículo extraído del nº 61 de la revista en papel Telos

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