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De la plantación de aldea a la plantación global


Por Eliseo Colón Zayas

Un acontecimiento mediático precipitó el auge de navegar por Internet en Puerto Rico: en enero de 1996 circuló a través de la Red de la Universidad de Puerto Rico la foto de una chica desnuda. Todos los medios de comunicación de la isla se volcaron a cubrir el evento. Durante meses la chica de Internet ocupó gran parte de la agenda de los medios y de la opinión pública. Un año después de este incidente, un estudio llevado a cabo por la agencia publicitaria Badillo Nazca Saatchi & Saatchi colocó a Puerto Rico como el país de mayor tasa de participación en Internet en América Latina, con más de 210.000 internautas. Dos años más tarde, en 1998, el número de personas navegando en la Red había aumentado un 43 por ciento, con una cifra estimada de 300.000 personas conectadas.

Durante la última década del siglo XX, cuando se consolidó en los circuitos internacionales la Sociedad de la Información (SI), Puerto Rico pretendía un protagonismo cultural “global”, que quedó plasmado en su participación en la Expo 92 de Sevilla. Un pabellón de forma cilíndrica, como furgón de mercancías, propuso una metáfora de las estrategias neoliberales que el gobierno de la isla, bajo el liderato del Partido Popular Democrático, había adoptado a partir de 1984. Tras las elecciones de 1992, y con la entrada en escena del Partido Nuevo Progresista, el aparato gubernamental se volcó contundentemente hacia un neoliberalismo radical. Entre 1984 y 1992 se intentó modernizar las estructuras gubernamentales mediante la privatización de agencias públicas y el desmantelamiento del Estado benefactor, con una vocación cultural vertida hacia el fortalecimiento de la identidad colectiva y la inserción de Puerto Rico en los circuitos globales económicos, culturales y de comunicación. A partir de 1992, y hasta enero de 2001, el nuevo gobierno intensificó su incorporación a las exigencias neoliberales mediante la reorganización del juego político, a través de formas autoritarias de poder y corrupción.

Hay que dejar claro que al igual que a finales del siglo XIX, momento del apogeo liberal, el afán de modernidad de estos regímenes neoliberales del Puerto Rico de finales del siglo XX no se proponía la construcción de un Estado nacional y sus instituciones. Buscaba sólo de forma periférica una inserción en el mercado mundial. En ambos momentos, las nuevas concepciones de espacio y tiempo, los nuevos paradigmas cognitivos, éticos y políticos, y los nuevos itinerarios históricos se organizaron desde subjetividades novedosas y precarias, moviéndose inciertamente dentro de límites coloniales pero movilizados por un militante deseo y voluntad de modernidad, más que por elites volcadas hacia la funcionalidad del Estado o mercado nacional. Así en plena época de la SI y de economía neoliberal, los residuos de una cultura de plantación subsisten en Puerto Rico, a pesar del flujo de computadoras, faxes, correos electrónicos, bancas electrónicas, telefonía móvil, sistemas de televisión e Internet por cable y por satélite.

Una SI en un entorno de contradicciones

En Puerto Rico, la SI se da en una economía que muestra las contradicciones inherentes a su desarrollo económico, con unos niveles de crecimiento y de productividad aceptables, pero cuya economía depende de las transferencias de EEUU para programas sociales, a la vez que posee altos niveles relativos de pobreza. Dentro de este escenario, el desarrollo de las tecnologías de la información, telecomunicaciones, informática y de los servicios relacionados con la innovación tecnológica, pone énfasis en una inversión internacional que fortalezca la infraestructura científica y tecnológica, como, por ejemplo, la industria farmacéutica.

Puerto Rico se insertó en la red de Internet en 1988 a través de UPRnet. Esta era una red administrada por la Universidad de Puerto Rico que interconectaba todas las unidades académicas de la Universidad. UPRnet fue el primer proveedor de servicios de acceso a Internet en Puerto Rico. La isla tiene alrededor de 3.897.960 habitantes, en un espacio geográfico de 8.959 km2. Según datos divulgados por la Oficina Central de Inteligencia de EEUU, cifras del año 2002 indican que ese año había en Puerto Rico 600.000 usuarios de Internet, 1.329.500 usuarios de telefonía fija, mientras que en 2001 ya había 1.211.111 usuarios de telefonía móvil.

Aunque estas cifras arrojan un panorama de gran desarrollo e inversión, Puerto Rico sólo dedica 0,3 por ciento de su Producto Interior Bruto al desarrollo de cualquier estrategia de inversión en ciencia y tecnología. El arraigo masivo de estas tecnologías de la información por la población se debe en gran medida a dos factores importantes: 1) el alto poder adquisitivo del puertorriqueño promedio en comparación con el resto de la región latinoamericana (en 2002 el ingreso anual per cápita fue de 11.069 dólares, sin incluir lo que aporta la economía sumergida); y 2) el discurso tecnológico proveniente de las industrias farmacéuticas, electrónicas y de elaboración de alimentos.

Aunque el sector manufacturero de la isla está formado por industrias de alta tecnología, éstas invierten apenas un décimo del uno por ciento para la innovación científica y tecnológica de la isla. Su ubicación en lugares estratégicos ha servido para promover todo un discurso de, y sobre, la tecnología que penetra mucha de las transformaciones socioeconómicas del Puerto Rico contemporáneo. Por un lado, toda una gama de formaciones discursivas vinculadas al consumo sirve para afianzar los diversos accesorios y productos vinculados a la SI; y, por otro, se torna oficial el discurso desde las instituciones gubernamentales y universitarias que promueve la interrelación entre SI, cultura de trabajo y desarrollo.

Finalmente, en un intento de afianzar el desarrollo informático de la isla, la gobernadora, Sila María Calderón, señaló, en un discurso en enero de 2004, tres asuntos prioritarios para lograr la inserción de la isla en las nuevas tendencias económicas: 1) invertir en la infraestructura física, en laboratorios de investigación científica donde se desarrollen nuevos productos para la medicina, las comunicaciones y la informática; 2) contar con un lugar donde se explore cómo manufacturarlos, y 3) desarrollar una nueva infraestructura legal de patentes y derechos sobre estos productos.

Artículo extraído del nº 61 de la revista en papel Telos

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