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La “mala salud de hierro” de la escena española


Más espectadores e ingresos de taquilla, gracias al tirón de los musicales. Éste es el diagnóstico de las artes escénicas en España durante la temporada 2002-2003, según el balance anual que elabora el Centro de Documentación Teatral. Su director, Julio Huélamo, lo resume con la elocuente expresión de «la mala salud de hierro del teatro», consciente de que el éxito de los grandes musicales "falsea" la realidad de la escena.

El número de espectadores que asistieron al teatro en Madrid durante la pasada temporada fue de 3.011.805 personas, 300.000 más que en la temporada anterior (un 11 por ciento más). En Barcelona, la cifra fue de 2.208.192 espectadores, lo que supone un incremento de algo más de 200.000 personas con respecto al último registro (un 14 por ciento más). También aumentaron las recaudaciones: en Madrid se pasó de 59 a 74 millones de euros (nada menos que un 25 por ciento más), y en Barcelona, de 37 a 45. Estos datos, que en sí mismos parecen positivos, pierden fuerza si se cotejan con el número de funciones, que en Madrid descendió de 10.276 a 10.127 y en Barcelona apenas aumentó en 43 representaciones más que la temporada anterior. Esto significa que el aumento de la recaudación se apoyó básicamente en el precio de las entradas y, como el propio director del Centro de Documentación Teatral (CDT / www.mcu.es/mensup/rcd/cdteatro), Julio Huélamo, reconoce, en el auge de los musicales, cuyas localidades son más caras que las de otros espectáculos teatrales.

El tirón de los musicales

De hecho, en Madrid, los espectáculos más vistos fueron obras musicales. Encabeza la clasificación El fantasma de la ópera, que fue disfrutado por 391.467 espectadores en 376 funciones. En segundo puesto, aunque de lejos, se sitúa otro musical, My fair lady, con 215.670 espectadores y 252 funciones. El tercer lugar es para 5mujeres.com (147.447 espectadores), aunque tras esta obra sigue, de nuevo, otro musical, el espectáculo de percusión Mayumaná; luego viene la comedia La cena de los idiotas y, tras ella, el último montaje de la bailaora Sara Baras, Mariana Pineda.

Más curiosa es la lista de Barcelona, donde el puesto de honor no lo ocupa un musical sino Sit, la nueva creación sin palabras de los Tricicle, que atrajo a 140.198 espectadores a lo largo de 134 funciones. Le pisa los talones ¡Mamaaá!, con 119.305 espectadores pese a haber tenido bastantes más funciones, 255. En tercer puesto, Pel davant y pel darrera, que fue visto por 75.973 personas, y en cuarto puesto 5mujeres.com, que registró un éxito menor que en Madrid, con 69.581 espectadores. Las cifras, según insiste Andrés Amorós, director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM / http://wwwinaem.mcu.es) del que depende el Centro de Documentación Teatral, «invitan a un moderado y razonable optimismo, pero sin exageraciones». Y es que los musicales son, a la luz de estos datos, el motor que ha revitalizado la escena española.

Barcelona prefiere el género lírico

Así lo ponen de manifiesto los datos de recaudación, al menos en Madrid, donde el 41 por ciento de los ingresos de taquilla provino de los musicales, mientras que los dramas supusieron un 25,5 por ciento de la recaudación, y la ópera y la zarzuela sólo atrajeron al 13,5 por ciento. De nuevo en Barcelona la situación es distinta: los montajes líricos fueron la principal fuente de ingresos (33,7 por ciento), seguidos del género dramático (29 por ciento) y del musical (10,6 por ciento).

Julio Huélamo lo tiene claro. El auge del musical, aunque ha bajado un poco en la última temporada, «es un fenómeno que habrá que estudiar, porque puede significar una mayor diversificación de la oferta». Y es que ya sea teatro, musicales, danza, ópera o zarzuela, todo son artes escénicas. Andrés Amorós, por su parte, lamenta que los grandes autores dramáticos españoles, como Calderón o Lope de Vega, Valle-Inclán o Benavente, sigan obteniendo mucho mejores resultados que los autores vivos. «En estos últimos está el problema», señaló.

Desde la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE), que es la que proporciona gran parte de los datos en los que se basa el informe, su director, Alfredo Carrión, insiste en que no todo el mérito es de los musicales. «En Madrid nos fijamos en esos grandes montajes que son como franquicias que nos llegan del extranjero, como Cats, pero es evidente que estos musicales no se mueven de Madrid y, sin embargo, en todas las comunidades ha aumentado la recaudación», asevera. Por si las cosas aún no estuvieran claras, añade: «El fantasma de la ópera se ha hecho en España, como se hace Cats; pero El fantasma de la opera, que es de Lloyd Webber, es lo mismo: es importado, es una franquicia. Salvo Siete novias para siete hermanos, donde sí ha intervenido SGAE porque es una producción española, lo otro son producciones extranjeras en España con actores españoles. Cuando decimos que ha aumentado la recaudación, ha aumentado al margen de My fair lady, al margen de El fantasma de la ópera, al margen de Cabaret. Y si la recaudación aumenta y aumenta el número de espectadores, pues verde y con asas».

Un público nuevo

El incremento del número de espectadores tiene un valor especial, según Carrión. «Yo tengo la sensación de que el público de los musicales no es el público habitual del teatro. En ese sentido valoro el aumento de la recaudación. No tengo datos, pero sospecho que el público objetivo que va a los musicales es público nuevo, pero esto es una impresión. Es prometedor el hecho de que a pesar de los musicales, los datos de recaudación hayan mejorado», explica.

Sin embargo, lo cierto es que el género dramático sigue siendo, en términos generales, el que más atrae al público: en Madrid, al 40 por ciento de los espectadores que asistieron al teatro durante la temporada 2002-2003, y en Barcelona, al 41 por ciento. Tras el género dramático, Madrid se decanta por el musical, que congregó al 24,4 por ciento del público. Sin embargo, la Ciudad Condal prefiere el género lírico (15,4 por ciento del público) antes que los musicales (10,6 por ciento), al que sigue de cerca la danza (9,5 por ciento). Volviendo a Madrid, tras el género dramático y el musical se sitúan el género lírico (disfrutado por el 9,4 por ciento del público), la danza (8,8 por ciento), los espectáculos para público infantil (5,2 por ciento) y los recitales (1,8 por ciento).

«Algo se mueve»

También es interesante comparar los datos de ocupación de los teatros en ambas ciudades, que crecieron, pero muy ligeramente: en Madrid pasó del 44,4 al 47,7 por ciento, y en Barcelona del 45 al 47,4 por ciento, pese a que en Madrid hay siete espacios teatrales más que en la Ciudad Condal (51 y 44, respectivamente). En la capital española, el Lope de Vega, el Coliseum y el Real fueron los teatros más visitados; en Barcelona, el Liceo, el Victòria y el Poliorama.

«Algo se mueve. Los datos demuestran que hay una cierta revitalización de las artes escénicas», valora Huélamo. «El teatro, que tiene esa mala salud de hierro, tiene bonanza en su salud, aunque estos son datos que hay que ver al trasluz, cotejando las cifras de varias temporadas, y en ellos destacan ciertos signos de dinamismo, como son el crecimiento de las cifras en cuanto al número de espectadores y de recaudación, en los que ha primado, esencialmente, los musicales, aunque eso no quiere decir que el resto de las artes escénicas no haya aumentado. El musical se ha estabilizado en sus cifras en Madrid, mientras que en Barcelona ha bajado», asegura el director del CDT, que insiste en que el futuro que se vislumbra es prometedor.

En ese optimismo coincide Carrión: «Lo de la mala salud de hierro es en realidad una expresión positiva; Yo siempre he oído que el teatro está en crisis, pero si han aumentado el número de espectadores y la recaudación, pues es lógico que digamos que el teatro tiene una mala salud de hierro». Sin embargo, matiza: «Otra cosa es que se quejen nuestros autores españoles de que se estrena poco. Si miras la cartelera, salvo Inés desabrochada, de Antonio Gala, Dakota, de Jordi Galcerán, pues hay muchos autores extranjeros, y es lógico que los españoles se quejen de lo poco que le estrenan. Ahora bien, globalmente y descontando los grandes musicales, han aumentado la recaudación y el número de espectadores, evidentemente». El director de Artes Escénicas de la SGAE (www.sgae.es) zanja la conversación con un deseo especial para esta temporada que ya ha comenzado: «Tenemos datos objetivos de que la situación va mejorando. Que sigamos así».

Mª Luisa Roselló

Artículo extraído del nº 59 de la revista en papel Telos

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