José Manuel Ballester
Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid en 1984, leyó su tesina acerca de la Reconstrucción del proceso técnico de las escuelas italiana y flamenca en 1985; ha dirigido el Seminario de Arte Contra el manual. Una lectura crítica del Arte y contexto artísticos: 1945-1985 y ha colaborado en un seminario de la profesora de Historia del Arte Victoria Combalía en 1987 y en el seminario «Las vanguardias históricas: 1940-1990 organizado por Francisco Calvo Serraller en 1989 y en el Ciclo Solitarios del Arte, dirigido por Juan Manuel Bonet en 1995, todos ellos celebrados en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ha expuesto de manera individual y colectiva en multitud de galerías y museos de España, además de en Alejandría y El Cairo (Egipto), Atenas (Grecia), Berlín, Bruselas, Clermont-Ferrand (Francia), Ljubliana (Eslovenia), Glasgow y Edimburgo (Escocia); Hamburgo, Insbruck y Köln (Alemania); Japón, Chátillon (París), Medellín (Colombia); México, Chicago, Miami y Nueva York (Estados Unidos), Varsovia, etc.
La obra: Galerías de Luz
Espacio y tiempo son dos dimensiones que nos determinan directamente: espacio físico y espacio mental, la realidad que nos rodea y la ficción o recreación virtual creada en nuestro cerebro.
El tiempo como sucesión indefinida-infinita de segundos y también como apreciación del espacio-mundo que configura nuestra mente. La luz, hasta hace poco tiempo, considerada constante en su velocidad, interviene en ambos: llenando el espacio de colores y midiendo el tiempo en el universo. En Galerías de luz intento retratar la luz y el vacío con obsesión. Busco en espacios públicos y privados: habitaciones, hospitales, aeropuertos, restaurantes, museos y por supuesto en los interminables pasillos, lugares que sirven de enlace entre espacios y mundos distintos. Lo interior con lo exterior, lo grande con lo pequeño, lo natural con lo artificial. Al fin y al cabo, espacios que aunque estén llenos de vacío -el vacío como instrumento para retratar lo invisible, lo que queda fuera de nuestros sentidos y de nuestro conocimiento, el misterio de lo que no está a nuestro alcance- y de luz, también hablan de nuestra vida.
Cada arquitectura responde a una forma de vida, a una forma de apreciar el mundo. Elaboramos un entorno artificial acorde a nuestras necesidades. En la escenografía contemporánea se manifiestan las virtudes y los defectos de nuestra cultura. Cada sociedad nos enseña su perfil a través de la fisonomía de sus ciudades, de sus laberintos artificiales. Necesitamos tener una idea concreta de nuestro universo, de cómo es y cómo funciona. Esta necesidad nos conduce por túneles que nos desplazan de una concepción a otra. La ciencia nos abre a nuevos mundos y nos plantea nuevos interrogantes. Pasamos de una situación a otra sin reparar en el proceso hasta que descubrimos el cambio. Incluso nuestra mente, en lo que concierne a la memoria y a la imaginación, recorre innumerables túneles que nos trasladan a nuestro pasado y a nuestro futuro, ofreciéndonos cierta capacidad de predicción, facultad que siempre ha tenido en nosotros un fuerte carácter mágico.
El momento histórico actual nos induce a pensar que estamos atravesando un túnel colectivo de incertidumbre que genera inquietud porque nos ofrece diferentes opciones de cambio y exige de nosotros el tener que decidir sobre cuál de ellas garantiza mejor nuestra futura existencia. Encontrar la salida más apropiada de este laberinto de galerías es el desafío constante al que se ve sometida la condición humana.
Artículo extraído del nº 60 de la revista en papel Telos