TELOS - Fundación Teléfonica

Detalle Artículo

Estás en:

Libros

Revista número 105 - Octubre 2016 - Enero 2017

Magazine number 105

Nombre magazine 105

Magazin nummer105

Numero pubblicazione 105

Autor/es:
Marta García Sahagún
Pasión por el cine. Los entramados de la puesta en escena

Libro. Del papel al plano

Del papel al plano. El proceso de la creación cinematográfica

Rafael R. Tranche

Madrid: Alianza, 2015, 378 p.

ISBN: 978-84-9104-172-6

________________________________________

Hay libros de temática cinematográfica que no se conforman con mantener la curiosidad del lector satisfecha, sino que además instruyen la mirada para que ese mismo placer se prolongue hacia la experiencia audiovisual y fabrican, de esta manera, mejores creadores y espectadores de cine. Este es el caso del nuevo libro de Rafael R. Tranche, Del papel al plano. El proceso de la creación cinematográfica, editado por Alianza Editorial.

Tranche, coautor junto a Vicente Sánchez-Biosca de otros títulos destacados como NO-DO. El tiempo y la memoria (Cátedra, 2006) o El pasado es el destino. Propaganda y cine del bando nacional en la guerra (Cátedra, 2011), se adentra en los entresijos de un campo que maneja con especial soltura -aparte de guionista y realizador es, desde hace más de veinte años, profesor de Dirección Cinematográfica en la Universidad Complutense de Madrid- y nos obsequia con el cautivador libro que tenemos entre manos.

Puesta en escena y puesta en imagen

Los pilares fundamentales que vertebran Del papel al plano. El proceso de la creación cinematográfica son la puesta en escena y la puesta en imagen. La lectura comienza introduciéndonos en este universo vagamente delimitado y de orígenes confusos que el autor se propondrá esclarecer a lo largo de sus páginas. Distingue, así, entre dos dimensiones: mise-en-scène y mise-en-cadre. La primera es entendida como un «trabajo de concreción del espacio donde la impronta de la dirección artística, el diseño de producción, sería predominante» (p. 25), mientras la segunda se encuentra relacionada «a partir de lo anterior, con la determinación del encuadre y la fragmentación de la escena en planos. Algo así como una ‘puesta en imágenes' que asumirá, ya exclusivamente, el director» (p. 25).

Ante la pregunta sobre si tiene o no sentido hablar hoy en día de la puesta en escena, Tranche nos redirige a la siguiente reflexión: «Por un lado, el sistema industrial que propició un hacer artesanal, caldo de cultivo de la puesta en escena, ha desaparecido prácticamente. Por otro, el cine actual parece mayoritariamente condenado a una disyuntiva: cine de efectos especiales o cine de guion» (p. 28). El autor demuestra, durante el transcurso de este estudio que se concibió en un primer momento como tratado, que «esa hipoteca literaria debería ser tan solo un punto de partida, cuya liberación creativa se desplegaría a través de la puesta en escena» (p. 46).

Para sus siguientes reflexiones, Tranche se fundamenta principalmente en tres libros que han devuelto el debate sobre la puesta en escena al ámbito teórico: La puesta en imágenes. Conceptos de dirección cinematográfica (Catalá, 2001), Le Cinéma et la mise en scène (Aumont, 2006) y Figures Traced in Lights. On Cinematoc Staging (Borwell, 2005). Según el autor, es este último el que relaciona de manera más efectiva mise-en-scène y mise-en-cadre, poniendo énfasis en el segundo como eje principal del estilo del director.

Para el análisis de la puesta en escena de las películas seleccionadas, se embarca en una labor detectivesca y arqueológica: a las piezas aisladas útiles que restan de los rodajes añade una técnica, la ‘arqueografía', que se basa en recomponer, a partir de la observación de los puntos de vista utilizados en cada secuencia, la planta de realización. Este proceso sirve para deducir, más que la mera disposición del espacio, cómo se ha articulado la escena. También trabaja a la inversa: tomando como referencia el decoupage, aísla cada elemento de la secuencia para analizar su misión narrativa.

Conceptos, técnicas y herramientas

A continuación, el autor se adentra en los distintos interrogantes sobre la puesta en escena: definiciones de la mano de distintos creadores, la dicotomía autor-supervisor o la singularidad de su fórmula cinematográfica. Así, Tranche resume: «La puesta en escena cinematográfica es un proceso creativo que, partiendo de un texto, formula soluciones audiovisuales para plasmar los conflictos dramáticos latentes en la narración» (p. 54). Sin embargo, cada autor ejercita su práctica estableciendo varios modos de afrontar la puesta en escena. De esta manera, nos encontramos con los que mantienen un control estricto sobre esta -Hitchcock, Kubrick, Ozu...-, los que buscan lo inesperado -Godard, Rossellini, José Luis Guerin...- o los que realizan un trabajo de depuración, desplazando el ensayo, la puesta en escena al propio rodaje -Mizoguchi, Chaplin, Tati...-.

Tras un recorrido por las raíces históricas de la puesta en escena en el teatro, donde destaca la presencia de manifiestos, figuras fundamentales -como Appia y Craig- y, en definitiva, las nociones aplicadas al cine verdaderamente deudoras de sus precedentes teatrales, Tranche abordará los fundamentos principales del objeto de estudio. Así, la composición del espacio, la percepción espacial, las estructuras temporales, la dirección de actores o el espacio sonoro tomarán protagonismo como ingredientes propios de la puesta en escena.

En el siguiente apartado se presentan las características esenciales de las obras de ciertos artistas en relación con la concepción global de escena. Tranche analizará la reformulación del tableau de Méliès en Le voyage dans la lune (1902), donde el director explora «sus dimensiones y límites, concibiendo espacios contiguos, disponiendo acciones continuas entre ellos y desarrollando, en consecuencia, dispositivos temporales que los integren en un relato único» (p. 177), así como «la fragmentación como solución estable para obtener del espacio la plena significación narrativa» (p. 193) en D. W. Griffith; la articulación del espacio dramático para C. T. Dreyer; el espacio fuera de campo de Bresson; las microacciones de Tati que nos obligan a examinar continuamente el plano de un lado a otro en busca de acción; la disolución del espacio ilusorio y la búsqueda de la imagen primigenia de Godard; la descomposición narrativa del espacio de Antonioni, o la capacidad de Angelopoulos para «convulsionar la unidad espaciotemporal de la secuencia y, lo que es más importante, articular el tiempo narrativo a partir de soluciones espaciales destiladas desde un milimétrico diseño del movimiento de cámara» (p. 276).

Finalmente, señala las herramientas necesarias para abordar un puesta en escena: bocetos, localizaciones, plantas de decorados, maquetas, storyboard -desde el punto de vista de su factura podemos hablar tanto de story del director como de story profesional-, plantas de realización y guion técnico; para terminar presentando una serie de casos que sirven, por su valor ejemplar, como patrones de actuación en cuanto a la puesta en escena se refiere. Entre ellas me gustaría destacar, por su claridad y por la utilidad de los gráficos que las acompañan, el doble triángulo de cámara y acción representado en la planificación en planta de Los violentos años veinte (R. Walsh, 1939), la articulación del espacio en 360º de Okasan (N. Naruse, 1952) y la propuesta de reescritura del cine actual en Caníbal (M. Martín Cuenca, 2013), que augura un prometedor lugar para la puesta en escena contemporánea.

Cuidar los detalles

Del papel al plano. El proceso de la creación cinematográfica recopila las nociones fundamentales de la puesta en escena desde sus inicios hasta la actualidad, ocupando un lugar poco transitado y conservando parte del espíritu de tratado con el que fue concebido en un principio. La selección de títulos -así como de autores- evidencia el gusto exquisito de Tranche por el buen cine y sus exponentes, que se expande más allá del contenido cinematográfico para imprimir emoción incluso a los aspectos menores de un libro, como son los textos y citas introductorias.

A través de imágenes y gráficos, la lectura clara y concisa se ejemplifica y contrasta, enriqueciendo el contenido del estudio con especial esmero y dedicación. Todo ello no muestra sino una pasión por el tema que se percibe en la lectura e incita a la placentera ilustración. Estamos, pues, ante un libro imprescindible en la puesta en escena que se aproxima con propuestas contundentes y reflexiones minuciosamente detalladas al misterioso mundo de la creación artística, útil tanto para cinéfilos como para principiantes o curtidos cineastas.