5 de julio de 2021

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Emergencia digital: entre la fractura y la inclusión

por Cristina Colom

Las emergencias climática y sanitaria han colisionado en impacto y en tiempo. La concienciación y, sobre ella, la acción son claves para afrontarlas… y no podemos bajar la guardia. Porque tenemos otra que afrontar rápidamente: la emergencia digital.

 

La vida sin tener un teléfono móvil en la mano o sin el sinfín de información al alcance de un clic nos puede sonar a Edad de Piedra, pero tampoco hace tanto. Lo que está claro, es que nuestra cotidianidad es radicalmente diferente gracias a la entrada masiva de la tecnología en nuestro día a día. ¿Masiva? Sí, masiva… pero no universal. Las innumerables oportunidades que nos ofrece el mundo digital no están al alcance de todos. No dejar a nadie atrás de los avances tecnológicos, y del propio uso y acceso de la tecnología, es —o debería ser— un mandato universal por parte de gobiernos, empresas y entidades representantes de la sociedad civil que deben sumar esfuerzos para mitigar los impactos de la emergencia digital.

El mundo está experimentando una profunda transformación, moldeada por fuertes tendencias que están revolucionando nuestro presente y determinando nuestro futuro. La digitalización es, sin duda, el proceso más rápido, transformador y disruptivo de esta era. Y, más concretamente, las tecnologías emergentes, por su potencial de cambiar radicalmente las economías, las sociedades y el entorno.

La disrupción y las tecnologías emergentes

A nivel mundial, se han detectado cinco mega tendencias que están definiendo las prioridades de nuestra sociedad, de acuerdo con la inversora Blackrock y la consultora PwC: la rápida urbanización, el cambio social y demográfico, los cambios en el poder económico mundial, el cambio climático y la escasez de recursos y los avances tecnológicos. Estas macrotransformaciones, dado que están redefiniendo la forma en que funciona el mundo y cómo será el futuro, se convierten en desafíos globales que deben abordarse con soluciones también globales.

Desde Digital Future Society prestamos especial atención a los retos y dilemas a los que, como sociedad, debemos hacer frente a raíz de la implementación de las tecnologías emergentes y la innovación, que, a su vez, son claves para resolver o acelerar cada uno de estas cinco megatransformaciones, especialmente el cambio climático y la escasez de recursos, los cuales están poniendo en peligro la sostenibilidad del planeta.

El uso y el impacto de la digitalización en el mundo, la globalización y la omnipresencia de la tecnología han fomentado la adopción de nuevas tecnologías revolucionarias, como los vehículos eléctricos, el comercio electrónico, los paneles solares, la robótica, el blockchain, la informática en la nube, el streaming o las redes eléctricas inteligentes, por mencionar solo algunas. Juntas, están desencadenando una ola de cambios drásticos en todos los sectores y economías, al tiempo que generan vulnerabilidades que desafían a nuestra sociedad y el planeta como nunca antes.

Alerta

Si estas vulnerabilidades no se abordan con celeridad y con un enfoque global, corremos el riesgo de incrementar las desigualdades y la exclusión de diversos segmentos de la población. En este sentido, desde Digital Future Society, sostenemos que nos enfrentamos a una emergencia digital. La digitalización, protagonista de la era en la que vivimos, marca un período histórico caracterizado por la innovación, el desarrollo, la transformación y el progreso. Las tecnologías emergentes y la innovación ofrecen un amplio abanico de oportunidades, por su capacidad para agilizar y automatizar procesos, potenciar la productividad y el uso eficiente de los recursos, pero también esconden desafíos que, si no se abordan de la manera correcta y de forma urgente y prioritaria, pueden generar más desequilibrios, especialmente en grupos sociales más vulnerables.

Estos retos tienen que ver con el acceso, uso, implementación e impacto desigual de la tecnología, por ello se define como emergencia digital. Una situación que requiere una actuación rápida y coordinada para garantizar la equidad y la protección de los derechos humanos, así como reducir o mitigar el impacto medioambiental de la propia tecnología. Una realidad que exige que la comunidad internacional, gobiernos, empresas y sociedad civil tomen conciencia sobre esta crisis y pasemos a la acción antes de que las consecuencias sean irreversibles.

La crisis por el coronavirus ha puesto de manifiesto que las tecnologías emergentes y la digitalización pueden ser las herramientas y las grandes aliadas contra la pandemia. Pero la situación actual ha subrayado la vulnerabilidad mundial existente, acrecentando desigualdades y poniendo sobre la mesa retos en materia de justicia social, igualdad y sostenibilidad que, si bien ya existían, ahora se han agrandado.

Más rápido que el futuro

Teniendo en cuenta todos estos retos urgentes que tenemos por delante, Digital Future Society ha querido ir un paso más allá analizando de la mano de expertos mundiales algunos puntos clave que marcarán nuestro futuro… incluso nuestro presente. Así nace Faster than the future. Facing the digital age1, que repasa en diez capítulos el desarrollo e implantación desigual de la revolución tecnológica, y que reflexiona sobre cómo modular el impacto de la era digital de forma controlada y proporcionada.

El texto nos acerca conceptos y fenómenos que, aunque algunos puedan resultar ajenos y desconocidos, forman parte e impactan ya en nuestro presente. Nos referimos a elementos que interfieren en ámbitos de nuestra realidad cotidiana como el trabajo, la movilidad o la educación; y en principios y derechos fundamentales que forman parte de nuestros sistemas democráticos como la privacidad, el derecho a la información o la forma de comunicarnos y relacionarnos.

Si algo tienen los análisis de los expertos es su llamamiento a una mayor ética, transparencia, imparcialidad y diversidad, responsabilidad y rendición de cuentas, como principios que imperen en el diseño, fabricación e implementación de cualquier tecnología. Unas reflexiones imprescindibles en todos los ámbitos, pero, en esta ocasión, nos queremos centrar en el corazón de esta emergencia digital: las brechas digitales.

Las brechas digitales, el gran obstáculo a combatir

Entre las vulnerabilidades a las que nos enfrentamos a nivel global, quizás las brechas digitales —efectivamente, en plural— son a las que deberíamos poner mayor atención.

El término brecha digital empezó a usarse en la década de los años 90 haciendo referencia a la distancia que separa a quienes tienen acceso a los dispositivos digitales, a Internet y a otras tecnologías de la información y la comunicación (TIC) de quienes no la tienen. Este concepto ha ido evolucionando durante estas tres décadas haciendo hincapié en las limitaciones existentes en el camino hacia la inclusión digital de toda la población, sin dejar a nadie atrás. Las brechas son muy diversas y abarcan todas las complejidades de la desigualdad digital —posibilidades económicas, seguridad, capacidad personal, aptitudes y conocimiento, capacidad individual y colectiva…—, por ello, nos referimos al concepto en plural.

Están presentes incluso en las sociedades más digitalizadas. Se trata de un complejo reto social que está dejando al margen a importantes segmentos de la población, esencialmente aquellos más vulnerables. Brechas que se acrecientan por motivos económicos, por edad, por género, por discapacidad, por contenido, por educación, por ubicación o por competencias y comprensión.

Una de las cuestiones primordiales a resolver es cómo reconvertir esta sociedad digital en un ecosistema que proteja a los seres humanos, los empodere y promueva su participación en la transformación social. Para los expertos Virginia Dignum y Bennie Mols, empoderar a los seres humanos significa capacitarlos para desenvolverse bien en la sociedad digital. En este sentido, el acceso al conocimiento, la inclusión y la superación de las brechas digitales son herramientas que pueden empoderar a los seres humanos. Aunque en la historia de la informática destacan los grandes logros de mujeres ya desde los inicios. Por ejemplo, el pensamiento pionero sobre la codificación de Ada Lovelace en el siglo XIX, el número de mujeres informáticas en los países occidentales ha caído en picado después del momento álgido que se vivió a finales de la década de 1970 y principios de 1980. Lo mismo puede decirse del sector industrial de las tecnologías de la información: a nivel mundial, el porcentaje de mujeres prominentes en TI solo alcanza el nueve por ciento. Ahora que la digitalización ha cobrado tanta fuerza en todo el mundo, la lucha por la inclusión de las mujeres debería ser una parte fundamental del empoderamiento. Las organizaciones sin ánimo de lucro de Estados Unidos Girls Who Code y Girls in Tech o los premios Women in IT Awards representan iniciativas que luchan por reducir la brecha informática de género.

Más cerca de casa, el Gobierno de España lanzó recientemente la Alianza STEAM (por las siglas en inglés para Science, Techonology, Engineering, Arts and Math) por el talento femenino para fomentar vocaciones científicas en niñas y jóvenes o el Plan Dona TIC de la Generalitat de Catalunya aprobado en 2020 con el objetivo de promover el talento y el liderazgo de las mujeres en el ámbito tecnológico, son iniciativas que pretenden reducir estas brechas.

Otro ejemplo que dificulta el avance hacia la inclusión digital es la preocupante difusión de desinformación o noticias falsas en el mundo online, esencialmente a través de las redes sociales. La falta de competencia y comprensión digital puede disminuir el poder de decisión de las personas y las comunidades frente a la desinformación, lo que en última instancia contribuye a una sociedad menos informada e inclusiva. De acuerdo con Aurélie Filippetti y Christian Salmon, aunque a los grandes medios de comunicación les gusta asumir el papel de guardianes de las noticias, no destacan por su credibilidad.

Confiar en unas noticias y desconfiar de otras se ha convertido en un acto de fe. Lo que está en juego no es la lucha de la verdad contra la mentira, sino la capacidad de separarlas. La sospecha ha invadido la economía del discurso. El narrador está desprestigiado. El término fake news no solo alude a la proliferación de noticias falsas, sino que también es sospechoso en sí mismo. Todas las fuentes son imperfectas, todos los autores, ya sean políticos, científicos o religiosos, están desacreditados. Es un proceso inexorable: la proliferación de historias ha arruinado la confianza en el relato, socavando así la democracia.

Estos son solo dos ejemplos del origen e impacto de brechas digitales, pero la lucha contra ellas ha cobrado fuerza este año con la crisis del coronavirus. Tal y como señalan Natasha de Teran y Federico Guerrini, la pandemia parece haber dado un impulso inesperado a la adopción de servicios y herramientas digitales en áreas y segmentos de la población que estaban rezagados. En el ámbito de la educación, los centros de enseñanza y los alumnos confinados se han visto obligados a realizar las clases a distancia; y las familias que nunca habían utilizado las redes sociales ahora lo hacen. En el ámbito sanitario, se ha reclutado a voluntarios con los que se contacta a través de aplicaciones; se comparten bases de datos y se han diseñado aplicaciones de ‘rastreo de contactos’ para controlar la propagación del virus que se están probando en todo el mundo, lo que en el futuro podría considerarse un hito crucial… son los primeros ejemplos de servicios digitales desplegados de forma masiva por los gobiernos a través de los teléfonos inteligentes.

Son muchos los retos a los que nos enfrenta la emergencia digital que vivimos, pero está en nuestras manos, y en la colaboración de instituciones públicas y empresas privadas, poder salir adelante antes de que sea demasiado tarde. Sin dejar a nadie por el camino.

Notas

 1Disponible en: https://digitalfuturesociety.com/es/fasterthanthefuture/

Bibliografía

De Teran, N. y Guerrini, F.  (2020): “Towards a digital cold war” en  Faster than future: Facing the digital age. Pág. 90-105. Disponible en: https://digitalfuturesociety.com/es/fasterthanthefuture/

Digital Future Society (2020): Tecnologías emergentes: riesgos y oportunidades en la década del clima. Barcelona, España. Disponible en: https://digitalfuturesociety.com/es/report/risks-and-opportunities-of-emerging-tech-in-the-climate-decade/

Dignum, V. y Mols, B. (2020): “The role of humans in the digital society” en Faster than future: Facing the digital age. Pág. 126-143. Digital Future Society. Disponible en: https://digitalfuturesociety.com/es/fasterthanthefuture/

Filippetti, A. y Salmon, CH. (2020) “Post-truth, fake news and alternative facts” en Faster than future: Facing the digital age. Pág. 44-55. Digital Future Society. Disponible en: https://digitalfuturesociety.com/es/fasterthanthefuture/

PwC (2016): Five Megatrends And Their Implications for Global Defense & Security. PwC. Disponible en: https://www.pwc.com/gx/en/government-public-services/assets/five-megatrends-implications.pdf

 


Cristina Colom

Cristina Colom es licenciada en económicas, con formación de postgrado en asuntos europeos y en social media, así como experta en comunicación corporativa, marketing y redes sociales. Colom tiene más de 20 años de experiencia en organizaciones internacionales multilaterales como la Comisión Europea y Naciones Unidas (desde su Comisión Regional en Latinoamérica). Actualmente es directora de Digital Future Society.


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