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Construir la utopía


Por Gilberto Gil

Las tecnologías digitales fomentan la interacción cultural, el desarrollo de energías creativas. Los programas culturales del Gobierno de Brasil pretenden afrontar esta convergencia, tanto en términos tecnológicos como políticos.

Gilberto Gil, Músico, compositor. Ministro de Cultura de Brasil

Hay muchos aspectos que conciernen a la nueva realidad de la cultura digital. La novedad que yo quiero introducir tiene que ver con el Estado. Soy Ministro de Cultura en mi país, Brasil, y voy a referirme a cómo el Estado se involucra en esta discusión de una forma u otra. Quiero compartir mi experiencia en el Ministerio de Brasil. Puede decirse que mi punto de vista representa a las personas, ciudadanos y artistas, como es también mi caso.

Presentaré un resumen de nuestra experiencia política y cultural, un trabajo que nos ha abierto muchas puertas. Esta experiencia intenta establecer un nuevo punto de vista sobre la cultura en el que la creatividad simbólica va más allá de la producción individual para convertirse en un proceso colectivo.

Esta experiencia es la elaboración de un programa para la cultura digital que estimula proyectos que utilizan tecnologías digitales gratuitas para el desarrollo local de grupos y comunidades. Me refiero a mi experiencia como Ministro y a las ideas que tengo sobre las tecnologías y la creatividad. Esta experiencia comenzó hace aproximadamente cuatro años gracias a muchas personas y activistas en Brasil quienes, a través de la adopción efectiva de las herramientas digitales multimedia, utilizan software gratuito mediante el programa Puntos de Cultura.

La experiencia con esta tecnología fomenta la interacción cultural y provoca la formación de una red interactiva de nuevos productos que crece cada día. Este proceso ha dado lugar al reconocimiento de las tecnologías digitales y a los dispositivos como eventos culturales, fuentes de referencia diversificadas, así como plataformas para la creación estática y para la simbolización en el ciberespacio.

Esta simbolización sociocultural en esos entornos tecnológicos ha desarrollado un ambiente de sensibilidad y nos ha propuesto modelos efectivos para compartir información y para desarrollar la autonomía de los creadores en la alta gestión política. Esta convergencia tecnológica está llegando a ser un moderno hito cultural con muchas dimensiones diferentes y diversas consecuencias.

La tecnología digital tiene en su código genético una proyección del nuevo paradigma del siglo XXI. La tecnología es un lenguaje ‘biopolítico’ que permite la estructura de procesos vitales como un conjunto digital dentro de un entorno de elementos biológicos. Las redes dinámicas, los procesos colaborativos, compartir canales y las posibilidades de la reproducción son adopciones culturales cada vez más comunes en la vida diaria de las personas y su impacto es inmenso en todos los campos humanos.

Esta situación cultural contemporánea es tan compleja como en la construcción de espacios urbanos hace años que marcaron política, estética, científica y técnicamente la organización vital de las sociedades y civilizaciones. Aunque hace algunos años lo virtual no fuese considerado real, ahora los elementos virtuales pertenecen a nuestra verdadera realidad.

Hoy estamos ante un desarrollo desatado de energías creativas que, simultáneamente, abren un gran abanico de posibilidades y perspectivas que se pueden conseguir en el mismo tiempo y espacio. Ésta es la simultaneidad subjetiva y objetiva que ha comentado Maurizio Lazzarato, un autor italiano perteneciente a este nuevo movimiento internacional de izquierdas. Él destacó en su libro The Revolutions of Capitalism: «Estamos experimentando la formación de una guía social abierta a la creación de nuevos mundos o nuevas formas de modelos de vida organizados que pueden convertirse en el poder actual y que, junto con la movilidad territorial, crean un nuevo escenario para individuos y sociedades: la vía para el renacimiento de la diversidad y las múltiples maneras de conseguir todo» (el ‘todo’ al que Peter Hall se refiere).

Esta nueva realidad nos está forzando a volver a pensar en los estándares de los derechos de propiedad individual y los copyrights. Vivimos en una era en la que la representación interpersonal y la nueva estructura social pueden ser altamente productivas y creativas, dando lugar a procesos que pueden generar nuevos valores y nuevos productos.

Los procesos de intermediación

La materialización de los artículos representados por la imagen de la industria moderna nos ofrece la fantástica posibilidad de democratizar el acceso a la información, a sus sistemas codificados y a las diversas formas de producción y distribución de dicha información y bienes, lo que permite gozar de nuevos contenidos y recursos que, a su vez, sirven de materia prima para ser digitalmente manufacturada y una maquinaria tecnológicamente virtualizada.

Los métodos y disciplinas (herramientas de educación encaminadas a mejorar las capacidades productivas) son, hoy día, una concentración de conocimiento que automáticamente experimentan con las herramientas tecnológicas, los idiomas y sus diferentes modos de funcionamiento. Nuestras habilidades intelectuales están cada vez más formadas a través del uso operativo de ingeniosos sistemas, lo que facilita el acceso del mundo digital al real.

Este mundo cada vez más experimentado por la humanidad en la conexión a la Red muestra a los usuarios su propia constitución de la economía, el potencial asociativo y las posibilidades de innovación. La música, el cine y la televisión, por ejemplo, viven en la actualidad un nuevo ciclo de redefinición en vías de desarrollo creando nuevos formatos de eventos de comunicación y estéticos, especialmente como fenómeno cultural de extensa distribución y simbólica penetración.

La revolución del ocio mediante las herramientas de comunicación ha aumentado las relaciones profesionales, un nuevo movimiento de intermediaciones creativas que afecta al acabado de sus productos.

Estas intermediaciones crean, suministran, distribuyen y reproducen, así como también cambian formatos. Esto es debido a la participación de la gente que ya no establece convencionalmente los intereses y objetivos: gente que interacciona a través de emociones y afectividad. Una película en YouTube, por ejemplo, puede ofrecer un rápido volumen de versiones de un mismo contenido, tratadas y establecidas de un modo diferente y de manera caótica por quien diseña y rediseña su formato final.

No es tanto un problema de falsificación de algo original, sino la información del mismo producto a través de una incesante multiplicación y mutación. Lo mismo ocurre con las mezclas y presentaciones de disc jockeys, quienes operan infinitas recreaciones de una misma composición o secuencias de una canción; normalmente, insertan sus propias interferencias provocando otras interferencias hasta llegar a una composición que nunca termina en el mismo género o estilo.

Considero que los procesos de intermediación son una interminable reconfiguración mediante la interferencia y la remezcla. Asimismo, pienso que este proceso afecta incluso a la escritura y literatura producida hoy día. Podemos escribir juntos y añadir párrafos e ideas donde destacamos información, o borrar construcciones o ideas donde todavía no hemos madurado. Además, el mismo texto puede ser objetivo de muchas mentes y manos que tienen una voz destacada y que, virtualmente, han rotado desde un archivo compartido interfiriendo en diferentes direcciones y alcanzando un resultado que afecta a todo lo que decimos.

En nuestro mundo contemporáneo, todo nos afecta cada vez más. En el siglo XIX, el alemán Bertolt Brecht solía decir que muchas otras cabezas pensaban en su propia cabeza. Veo esto en los escritos de Caetano Veloso (mi colega de Brasil) especialmente en su libro Verdad Tropical, caracterizado por una escritura en muchas direcciones, tiempos y voces, y con una radicalización del debate libre e indirecto tratado por Pasolini. Todo el tiempo habla en primera persona (el ‘Yo’ de Caetano) y siempre de diferentes modos, expresando un ‘Yo’ común a través de su voz.

Lo mismo sucede en el libro de Chico Buarque, que también contiene algo de esto, especialmente en sus caracteres móviles y psicología fragmentada que refleja esta condición contemporánea de movilidad y creatividad tecnológica. El hecho mismo de que algunos escritores tengan tanta intensidad a la hora de escribir y usen sus habilidades de modulación en los textos conlleva este perfil difuso que afirma que la tecnología posee la facilidad de sus claves omnipresentes.

Esta nueva realidad, incómoda para muchos, fuerza a cualquiera a cambiar su vida y su manera de actuar de forma radical. Existen muchas grandes empresas y sectores del Gobierno que se han posicionado de un modo conservador y que están bloqueando la realidad de la promoción de las tecnologías digitales. Para ellos, representan problemas de seguridad, de negocios y de control social. Esperemos que este bloqueo tecnológico se resuelva. Debido a la continua reposición de estas nuevas tecnologías, llegará el día en que no recordemos aquellas barreras e impedimentos.

Hoy día un teléfono móvil hace fotos, organiza nuestras vidas, recibe las últimas noticias, publica en Internet, podemos ver un canal de televisión, además de usarlo como teléfono. Se trata de un dispositivo de consumo que promete una vida dinámica estrechamente conectada con el mundo y, además, una herramienta cada vez más destinada a los ciudadanos para tener una actividad política y que pone a disposición de éstos una fuente de creación y publicación de ideas. Esta milagrosa herramienta de participación social en la vida pública reduce su coste casi a cero con el incremento de su uso.

Incluso, en contra de todas las expectativas, no hay ningún sector de la actividad humana que no se haya revolucionado como resultado de la convergencia en la tecnología digital. Nadie puede ignorar esta realidad, especialmente los gobiernos y, además, necesitamos politizar estas nuevas tecnologías. Esto ha sido comprendido de forma inteligente por la figura contemporánea del sociólogo brasileño, Laymert García Dos Santos, en su libro Politizar las nuevas tecnologías.

Sin embargo, cualquier solución nos conduce a una nueva pregunta. Por un lado, las tecnologías son un instrumento muy querido para conseguir producción y creación de ideas. Ayudan a actualizar los procesos educativos, por ejemplo, haciéndolos más atractivos y lúdicos. Por otro lado, estas tecnologías pueden ser usadas con propósitos maliciosos; esto sólo prueba que las herramientas necesitan un concepto. Por ello, debemos humanizar el uso de las herramientas tecnológicas, politizando la discusión sobre sus usos.

El programa Puntos de Cultura

En los años sesenta, escribí una canción llamada El cerebro electrónico, que habla del tema que al que me estoy refiriendo. La escribí en la cárcel mientras estuve preso desde diciembre de 1968 hasta enero-febrero de 1969. La canción se refiere a un cerebro electrónico que puede hacer todo menos hablar, un ordenador incapaz de sentir. En la actualidad, en el Ministerio de Cultura de Brasil, tenemos que humanizar estas tecnologías politizándolas, haciendo de ellas herramientas políticas para la sociedad y para cada ciudadano. Ésta es la idea detrás del programa de Cultura Viva. Lo que llamamos cultura digital es una posibilidad abierta para avanzar en la expansión de fronteras que dramáticamente limitan el acceso a la información y a la tecnología.

Hemos creado un departamento de cultura digital dentro del Ministerio de Cultura que actúa en dos frentes. Primero, induciendo al diálogo y a la discusión de estas nuevas realidades que necesitan ser reflejadas en el entorno gubernamental, en la sociedad, en las universidades y en los foros internacionales. Y, segundo, estamos enfocando todos estos temas y discusiones en línea con acciones prácticas e innovadoras en el programa cultural Puntos de Cultura.

La inversión en recursos humanos y tecnológicos moderniza las actividades que realizan las comunidades, como sus proyectos culturales locales de enorme relevancia social. Estas pequeñas instituciones son equipos locales públicos que suministran gran cantidad de servicios a quienes viven alrededor. Trabajan con lenguajes artísticos que consiguen que el individuo se familiarice con la música, el teatro, las artes visuales, el cine, la poesía y la danza, entre otras muchas actividades.

Estas instituciones abren un amplio abanico de posibilidades para enriquecer las tradiciones en numerosos ámbitos. Permiten la interacción de estas prácticas en formas culturales con herramientas multimedia, promoviendo la inclusión digital de sus participantes e integrándolos en actividades relacionadas con el ámbito turístico y de conservación del patrimonio que arrastran a las culturas populares, difuminando la frontera entre lo tradicional y las artes vanguardistas.

Estas ONG, y comunidades a las que proporcionamos apoyo financiero durante un periodo inicial de dos años y medio, enseguida proyectan su aprendizaje creando una expansión local que posteriormente crece. Además, les proporcionamos kits multimedia, así como tecnologías de reciclaje gratuitas. Los talleres disponibles persiguen la creación de una autonomía tecnológica, lo que les permite llegar a dominar estas herramientas y dispositivos de comunicación, además de usarlos libremente para toda su creatividad.

Estas herramientas multimedia les proporcionan los medios. En Brasil existen comunidades tradicionales, tales como los quilombos y otras tribus que viven por los ríos en el Amazonas llamados riverinos, que graban sus canciones en CD o graban en vídeo su trabajo cultural. Esta brisa de aire fresco está desencadenando nuevas ideas vitales y nuevas producciones innovadoras, a la vez que se genera un proceso de fortalecimiento real en esta sociedad creativa emergente.

El desafío de la exclusión digital

Este proceso está fomentando e induciendo la formación de una nueva red de productores multimedia en Brasil, que pronto se consolidará en una nueva generación de autores y artistas que produzcan nuevas formas de distribución, independencia, autogestión y protagonismo. Hemos descubierto que es bastante fácil para las comunidades que todavía viven en la realidad del siglo XX entender el paradigma del siglo XXI, ya que no tienen que deconstruir la cultura del siglo XX, entendiendo lo que es más contemporáneo en la anterior cultura industrial de consumo.

Así, disponemos de laboratorios que permiten manipular y recrear las nuevas condiciones de este siglo. Este trabajo del Ministerio de Cultura revela que es posible disponer de otras formas de consonancia, algo radicales, una simbiosis entre el Estado y la sociedad civil.

Conseguir que la convergencia sea un hecho es un reto. Debemos enfrentarnos a ella en términos tecnológicos y políticos. Es un desafío al que debemos enfrentarnos, ya que la exclusión digital puede ser mucho más violenta y perjudicial para la sociedad que el actual sufrimiento, debido a la exclusión económica.

Tanto el Gobierno como la sociedad pueden hacer uso de estas tecnologías para fortalecerse potencialmente. La mente social es un entorno abierto al intercambio, es el camino hacia otra dimensión en la política que puede rebasar los meros clichés ideológicos. Todo esto presenta una enorme oportunidad para conseguir una provechosa experimentación. Por ello, estamos creando el Observatorio Internacional de Cultura Digital que se desarrolla más allá de las fronteras nacionales en esta nueva dinámica tecno-cultural.

Para un portal de Internet trilingüe como es éste (portugués, español, inglés), es esencial ser la plataforma anfitriona para acoger estas acciones abiertas y debates sociales. Este lugar virtual enseñará los cambios y progresos en diferentes ubicaciones y será un entorno observable para los nuevos movimientos dinámicos. Este portal u observatorio que estamos intentando crear también tendrá un espacio para el debate de teorías originadas de todos los proyectos desarrollados en los puntos más lejanos de esta amplia red de información mediante la búsqueda de una metodología replicable, algo que es posible en el caótico modelo de organización.

En especial, estamos creando nuevas inteligencias que son fuentes vitales de conocimiento (ya tenemos estudiantes interesados en este proyecto y espero que pronto seamos muchos más). Espero que el observatorio llegue a ser una institución internacional, concebida de los experimentos que estamos llevando a cabo en Brasil. Para ello necesita la cooperación de los ciudadanos del mundo actual.

Me gustaría invitar a todos a compartir esta experiencia con nosotros, una experiencia que no puede ser sólo nuestra. El Observatorio necesita convertirse en un órgano independiente y dinámico capaz de liderar, inspirar y enseñar y que pueda ser, con la ayuda de todos, un lugar del completo conocimiento de la convergencia tecnológica, política, social, humana y espiritual.

Espero que la cultural digital contemple el principio de que cada individuo puede ser el centro de su propia percepción, así como la fuente de su producción. Muchas redes pueden derribar muros. Deseo que la cultura digital pueda ser la clave para construir nuestra utopía.

Coloquio: Nuevas políticas públicas culturales

MANUEL CASTELLS

Ministro Gilberto Gil: es un privilegio ver que las ideas y proyectos que existen en nuestras mentes no sólo existen como sueños, sino también como proyectos que se están convirtiendo en realidad en uno de los países más grandes del mundo. Para tener una visión más clara de lo que se está haciendo en Brasil, tengo tres preguntas. Usted, que ha apoyado incondicionalmente los movimientos de software libre en Brasil, siendo un claro ejemplo para otros movimientos del mundo, ¿cómo ve la relación entre el desarrollo cultural/digital y el software libre?

Al fin y al cabo, usted es Ministro de Cultura y está al tanto de todo lo que está ocurriendo en el país. Partiendo del hecho de que usted es Ministro y es persona, ¿cómo ve la relación entre la industria y la cultura, no sólo en Brasil, sino en el resto de los países?

Mi tercera pregunta va enfocada al hecho de que Brasil no es sólo Brasil, sino también es líder de nuevos proyectos, sobre todo en el mundo desarrollado, y existe un movimiento social para discutir un nuevo reglamento relacionado con los hechos de propiedad intelectual y, sobre todo, el Acuerdo de TRIPS, que afecta directamente a la misma. Sin revelar ningún secreto de estado, ¿cómo puede negociar esta relación con el debate global sobre los TRIPS?

GILBERTO GIL

Voy a pedirle que especifique un poco más en esta última pregunta.

MANUEL CASTELLS

El TRIPS se considera, sobre todo, como una protección muy estrecha, no sólo de los derechos de propiedad intelectual, sino de las marcas de comercio. En la cultura digital, se percibe como una protección de los intereses de las grandes multinacionales y no permite a las personas utilizar la propiedad intelectual libremente, obligando a los países a pagar niveles extraordinarios de comisiones para apropiarse, no sólo de estas tecnologías culturales, sino también de las propias tecnologías. Ha habido varios intentos por conseguir que la definición de TRIPS de propiedad intelectual se ajuste más a la realidad tal y como es hoy, sin tener que obligar a seguir las reglas tan estrictas que existen actualmente. Lo que quería saber es si usted tiene algo que ver con las negociaciones comerciales sobre la propiedad intelectual.

GILBERTO GIL

He estado muchas veces en Ginebra como miembro del Gobierno de Brasil, tres veces durante los últimos cuatro años, como miembro de la delegación brasileña en el proceso continuo y duro de negociación con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Por esta idea, deseo y necesidad, me gustaría conseguir que los reglamentos y los hechos sean más flexibles y actualizados. La autonomía de mi país, y la de todos los países, debería ser mayor para poder adaptar un proceso de formación de políticas que favorezca este proceso evolutivo claramente necesario.

Ese es mi deseo; yo diría que no sólo es una posición mía como ministro, también lo quieren los productos farmacéuticos, las patentes… Brasil se ha posicionado como un elemento de palanca para promover cambios en la legislación que afectan a la propiedad intelectual. No sólo yo, sino el Gobierno entero de mi país y el Presidente, se han comprometido y, por lo tanto, estamos haciendo esfuerzos para ser una referencia, no sólo para nuestra propia sociedad de Brasil, sino para la sociedad internacional.

La segunda pregunta está relacionada con el proceso de administración pública como ministerio, en cuanto a la presión que siento yo como Ministro del Gobierno como parte del sistema corporativo, de las multinacionales y, por lo tanto, cuánta presión recibe el gobierno de estas mismas fuentes. Yo diría que hay mucha presión. Hace casi dos años, intentamos controlar esta situación porque éramos conscientes de este proceso convergente de nuevas tecnologías y nuevos intereses corporativos.

Por ello, intentamos crear una agencia reguladora en Brasil que fuera más allá de una simple regulación de la industria del cine, cosa que ya tenemos. Tenemos una agencia para el cine, pero queríamos ir más allá y, no solamente regular las industrias cinematográficas, sino también todo el mundo audiovisual, las nuevas tecnologías, las compañías de telecomunicaciones, las nuevas emisiones por Internet, por teléfono móvil, la música, el teatro, la fotografía y todos los demás contenidos que aparecen en este dispositivo.

Se desencadenaron reacciones muy fuertes en el sector empresarial. Ellos entienden que hace falta crear un sistema regulador; su código genético es bastante reactivo y les condujo a una reacción irracional en cuanto a sus propios intereses y sus propias perspectivas de supervivencia. Siempre es difícil gestionar este tipo de situaciones y, por ello, durante mi presentación, he estado hablando de la necesidad de politizar el proceso de debate, los usos y los abusos de la nueva tecnología.

La primera pregunta era acerca del software libre y el pago de licencias a las empresas que publican nuestro software. El Gobierno de Brasil, a través de nuestro ministerio, ha hecho un esfuerzo por mostrar el interés del Estado para involucrarse cada vez más en estas cuestiones. Hemos adoptado un proyecto de software libre dentro del Gobierno, no sólo dentro de mi ministerio, sino de otros ministerios de la Administración.

Está claro que nos enfrentamos a muchas dificultades; no estamos logrando mucho hasta ahora pero, por lo menos, el Gobierno ha adoptado una posición en cuanto al movimiento de software libre y también lo hemos incorporado como elemento de discusión en todo nuestro proceso de formulación de políticas. Dentro del ministerio, nos hemos comprometido en estas líneas pero, en mi propio caso, también existen mis propias preocupaciones personales como creador. Sin embargo, además de ser creador, soy miembro de la Administración y representante del Estado y, por lo tanto, me he esforzado por actualizar nuestra plataforma de organización de políticas.

LARRY LESSIG

Señor Gil, quienes estaban involucrados en la negociación del Acuerdo TRIPS dijeron que éste fue redactado por un grupo de 35 personas y que los países lo adoptaron sin ser conscientes de los posibles efectos y sin experiencia alguna. Me pregunto si existe alguna tendencia para reconsiderar ciertos aspectos de TRIPS, o para reabrir ciertos puntos de este acuerdo.

GILBERTO GIL

Este aspecto está siendo cuestionado en muchas de las reuniones diplomáticas en los diferentes países. Están pidiendo que haya más flexibilidad, una civilización y una apertura de este acuerdo. Me pregunto cuánto tardarán en traducir todo esto en manifestaciones públicas, en reconocimiento público y en opinión pública. Eso se ha reducido en cierta medida a las dimensiones de un problema más bien burocrático, pero se puede apreciar también una tendencia a hacer de esto una discusión política y creo que han surgido varios ejemplos prácticos de distintas maneras en que se puede mejorar este proceso.

Por ejemplo, la actitud adoptada por Brasil en el caso de las patentes de los medicamentos y nuestro enfoque sobre la importancia del conocimiento tradicional, que es también un área muy importante de actividad gubernamental del Gobierno de Brasil. Esto ha servido para contagiar a ciertos países africanos. Lo que diría yo es que la política de esta nueva realidad está haciéndose cada vez más patente; llevará algo de tiempo pero, como ya he mencionado anteriormente, las nuevas tecnologías se posicionan como una resistencia a las actitudes tradicionales. Aun así, es posible realizar cierto progreso; estoy seguro de que vamos a progresar.

ANTONIO DAMASIO

Solamente quería expresar mi profundo acuerdo con algo que acaba de decir en relación con este tema que llevamos cierto tiempo discutiendo. Si se permite a las personas permanecer en una posición criminal de forma que crezcan con la noción de que no vale la pena acatar la ley, el mundo va a ir de mal en peor, y acabaremos perdiéndolo todo.

Todos los argumentos que presenta usted hoy son contundentes, pero más contundente es que, si se fomenta esta falta de respeto hacia la ley entre los jóvenes, siendo precisamente las nuevas generaciones las que tienen el poder, vamos a acabar en un mundo absolutamente trágico sin ningún tipo de normas éticas.

Será imposible tener suficientes abogados para controlarlo todo. Creo que es un argumento muy importante y se debe usar como clave para presentar este caso. Por otro lado, hay algo que comentó que me ha desconcertado. Yo pensaba que la gran tradición que tenemos en EEUU con las prohibiciones ha sido el problema desencadenante y ahora, en vista de las leyes europeas, me doy cuenta de que no solamente es la tendencia a prohibir ciertos aspectos como las drogas, el alcohol o incluso el sexo. No parece ser un fenómeno exclusivamente estadounidense; es mucho más amplio.

LARRY LESSIG

Sí, estoy de acuerdo. No sólo se trata de la cultura norteamericana, aunque se hace especialmente patente en la cultura estadounidense debido a su tradición. En Alemania, donde estuve un año, me di cuenta de varios aspectos que hasta el momento desconocía. La mayor parte de los países no consideran la guerra como algo positivo. En EEUU, sin embargo, nos encantan las guerras. Tenemos la guerra contra la droga, contra la piratería, contra la pobreza… de las que casi siempre salimos perdedores. Sin embargo, ni siquiera nos damos cuenta de ello, y me parece completamente inapropiado usar ese vocabulario sumamente peligroso.

Poseemos esta idea romántica acerca de la gran guerra; la gran guerra para nosotros fue la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que hay que luchar cueste lo que cueste y debemos cuestionarnos si las cosas realmente merecen la pena. En EEUU, ¿cuál es la diferencia entre robar un CD en una tienda de discos y descargarlo de la Red? La primera opción sería una infracción leve con una multa de 2.000 dólares en EEUU y, la segunda, constituiría un crimen cibernético y estaría sujeto a una multa de un millón y medio de dólares. Esta diferencia es absurda y ridícula.

Artículo extraído del nº 77 de la revista en papel Telos

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