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La ausencia del Tercer Mundo en las revistas de comunicación


Por Daniel E. Jones

La primera constatación que podría hacerse es que el Tercer Mundo (es decir, los países, las personas, los problemas y los fenómenos comunicativos de las tres cuartas partes del planeta) no existe en los temarios de las revistas académicas de comunicación de los países ricos y desarrollados. De sobra conocido es que, aproximadamente, un 20 por ciento de la población mundial acapara el 80 por ciento de la renta disponible, con todo lo que esto conlleva desde el punto de vista no sólo económico, sino también político, social, cultural, educativo, sanitario, etc. Pero, sin duda, los desequilibrios son aún más evidentes en cuanto al desarrollo tecnológico y científico. No sólo las tecnologías digitales más sofisticadas (Internet, cable, satélite, DVD, CD-ROM, telefonía móvil, UMTS) suponen una brecha mucho mayor que las más tradicionales (prensa, radio analógica, vídeo doméstico, casetes), sino que en el campo científico el abismo es todavía mayor, sobre todo debido a los diferentes niveles de renta y desarrollo humano.

En los países más avanzados, en particular en los anglosajones, la producción académica y científica en el campo de la comunicación y las industrias culturales es infinitamente superior a la que se realiza en el Tercer Mundo, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo. En los países ricos, la redundancia en los estudios científicos es un fenómeno fácilmente constatable en las revistas especializadas. Además, la cantidad de artículos (y también de libros, tesis doctorales, informes, ponencias, etc.) que se publican sobre temas francamente irrelevantes supera lo imaginable.

Sin embargo, Occidente se mira el ombligo una y otra vez. Da vueltas y vueltas sobre la misma noria. Podría hablarse incluso de un despilfarro académico, en un sistema perverso que exige publicar de manera compulsiva para poder entrar en el circuito profesional y, una vez en él, no salir a toda costa, repitiendo una y otra vez los mismos conceptos, haciendo “refritos” de lo que han dicho otros, quienes, a su vez, han copiado y reformulado las ideas de los primeros. De esta manera, se publican miles y miles de documentos, muchos de los cuales son intrascendentes o no aportan ninguna idea nueva, que se almacenan en las librerías, bibliotecas, hemerotecas y, por supuesto, también entran en los circuitos digitales, pero que muy pocos leen. Esto es lo que viene pasando en los últimos años con las revistas académicas especializadas en comunicación e industrias culturales. Se publican cientos de títulos cada año (sobre todo en inglés, pero también en otras lenguas más próximas como el español o el catalán) que incluyen en su seno miles de nuevos artículos que es imposible leer, sobre todo porque en un mar tan amplio existen pocos referentes de calidad y originalidad que permitan separar el grano de la paja.

Dentro del temario de las revistas de comunicación, como decimos, existe, sin embargo, un vacío enorme sobre el Tercer Mundo. Hay muy pocas revistas especializadas en comunicación internacional y, entre ellas, que se interesen específicamente por estos temas, como las británicas Gazette: The International Journal for Communication Studies (SAGE Publications) y Media Development (World Association for Christian Communication), la norteamericana International Communication Bulletin (University of Alabama) y la australiana The Journal of International Communication (Macquarie University). Estas publicaciones analizan con mayor o menor acierto los fenómenos comunicativos de los países subdesarrollados sobre todo desde perspectivas políticas, sociales y económicas.

Sin embargo, las revistas europeas o norteamericanas pasan de puntillas sobre la comunicación en el Tercer Mundo. Se trata de artículos aislados y por tanto descontextualizados. No existe un claro interés de revisión periódica de los diferentes aspectos que afectan a estos inmensos y variados colectivos humanos. Tampoco aparecen casi nunca estudios internacionales de carácter comparativo. Los europeos se comparan entre sí o con los norteamericanos y éstos lo hacen a su vez con los japoneses. Es decir que siempre se quedan en el Primer Mundo.

Pero esta ausencia se extiende también a los colectivos de inmigrantes (cada vez más numerosos, sobre todo en la Unión Europea y en Estados Unidos), que son invisibles a los estudiosos occidentales. Las necesidades comunicativas de estos colectivos (quizá con la excepción de los Estudios Culturales en el Reino Unido) prácticamente nunca aparecen en las revistas especializadas. Por ejemplo, los millones de hispanos en Estados Unidos, los millones de magrebíes en Francia o los millones de turcos en Alemania. En España, particularmente, aunque se publique muy poco sobre América Latina, no se analiza casi nada a los latinoamericanos que viven en el país (no obstante ser un colectivo con el que existen lazos aparentemente más estrechos que con otros).

De esta manera, las revistas académicas especializadas en comunicación e industrias culturales no están respondiendo a necesidades reales de estudio. Podemos leer artículos sobre cualquier pequeño periódico local e intrascendente del siglo XIX, pero no sabemos nada de lo que ocurre en el panorama internacional más allá de las fronteras comunitarias y, menos aún, de los colectivos cada vez más numerosos que viven (algunos de ellos desde hace décadas) en los países ricos, como es ahora España. Estos colectivos humanos tan heterogéneos no sólo constituyen un “problema de orden público”, sino que necesariamente están cambiando el mapa étnico, social, lingüístico y religioso de estos países, y por tanto también alterarán, se quiera o no, el actual orden comunicativo y cultural.

Artículo extraído del nº 54 de la revista en papel Telos

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